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Terrazas del Rodeo

ABC - Ciencia

Ciencia
  • Imagine por un instante que está sentado tranquilamente frente a su casa y que, de repente, un objeto metálico de una tonelada y media cruza el cielo a treinta veces la velocidad del sonido, envuelto en llamas, y termina estrellándose a pocos kilómetros de su hogar. No es ciencia ficción, ni el inicio de una película de catástrofes de Hollywood. Es una realidad estadística cada vez más palpable. La cuestión es que, y a pesar de que el cielo, literalmente, se nos está cayendo encima, hasta ahora no hemos sido del todo conscientes de ello. Y esto se debe, en parte, a que hemos estado casi ciegos a la hora de saber dónde caerían exactamente los fragmentos de antiguos satélites... Ver Más
  • Un nuevo estudio recién publicado en 'PLOS Biology' por un equipo de investigadores de la Universidad de Australia Occidental acaba de confirmar lo que muchos ya sospechaban: el tamaño del pene sí que importa . Tanto a hombres como a mujeres. Durante décadas, la cultura popular, la psicología de autoayuda y un sinfín de artículos bienintencionados han repetido como un mantra aquello de que 'el tamaño no importa', o que lo fundamental es 'cómo usar' el instrumento, y no su tamaño. Un loable intento de consuelo para el ego masculino, una suerte de pacto de no agresión social para evitar comparaciones odiosas. Pero la biología evolutiva no entiende de corrección política ni de paños calientes. La evolución es despiadada, eficiente, y si un rasgo físico perdura, e incluso se exagera, a lo largo de los milenios, detrás suele haber una razón de peso. En este caso concreto, la razón ha resultado ser doble: atracción sexual y competición pura y dura. No hay que llevarse a engaño. Los biólogos llevaban tiempo rascándose la cabeza ante una evidencia anatómica que no lograban comprender del todo: entre los primates, el ser humano es el que posee el pene más grande en relación con su tamaño corporal. Y si realmente el tamaño fuera irrelevante, ¿por qué la naturaleza nos dotó de un atributo tan visible y costoso energéticamente en comparación con nuestros primos evolutivos, los chimpancés o los gorilas? El nuevo estudio, liderado por la doctora Upama Aich, viene a poner los puntos sobre las íes. Lejos de las encuestas tradicionales, los investigadores utilizaron tecnología de generación de imágenes por ordenador. Reclutaron a más de 600 hombres y 200 mujeres y les mostraron figuras masculinas tridimensionales variando tres factores clave: la altura, la forma del torso (la famosa proporción hombros-cadera) y, por supuesto, el tamaño del pene flácido. Los resultados son un jarro de agua fría para los creyentes del 'no importa'. Las mujeres, sin paliativos, calificaron como más atractivos sexualmente a los hombres que presentaban una mayor estatura, un torso en forma de 'V' y, efectivamente, un pene más grande. Aunque aquí hay un matiz importante que aporta elegancia al hallazgo: no vale cualquier tamaño. El estudio, de hecho, detectó que, a partir de ciertas dimensiones, la atracción por parte de las mujeres empezaba a disminuir. Es decir, existe un punto de saturación donde más centímetros no equivalen necesariamente a más éxito, aunque la preferencia por un tamaño superior al promedio es innegable. Con todo, lo realmente novedoso de esta investigación no es solo lo que piensan ellas, sino lo que sienten ellos. Y el estudio sugiere que el pene no evolucionó únicamente como una herramienta de seducción, sino como una señal de advertencia para los machos rivales. Cuando los varones participantes evaluaron las mismas figuras, calificaron a aquellos con genitales más grandes como 'más amenazadores', tanto en una hipotética pelea física como en la competencia por una pareja. «Los hombres calificaron a los rivales con penes más grandes como más amenazantes físicamente y más sexualmente competitivos», asegura la doctora Aich en sus conclusiones. Es algo parecido al tamaño de la cornamenta de los ciervos o la longitud de los colmillos de los elefantes. Según la investigación, además, los varones tienden a sobreestimar la importancia de estos rasgos con respecto a las mujeres. Es decir, mientras que ellas mostraron tener un límite en sus preferencias, los hombres percibieron, en su mayoría, a los rivales con penes exagerados como una amenaza mayor. Es un mecanismo primitivo: un pene grande, junto con una gran estatura, podría haber servido en la prehistoria como un 'anuncio' de altos niveles de testosterona y, por ende, de una mayor capacidad de lucha. Como explica Michael D. Jennions, coautor del estudio: «Si bien el pene humano funciona principalmente para transferir esperma, nuestro resultado sugiere que su tamaño inusualmente grande evolucionó como un adorno sexual para atraer a las mujeres, en lugar de puramente como una insignia de estatus para asustar a los machos, aunque hace ambas cosas». Dicho de otro modo, la evolución favoreció el crecimiento del órgano por dos razones: para gustar más y para asustar mejor. Ahora bien, antes de sacar el metro del cajón o caer en una absurda vanidad antropocéntrica, conviene aplicar una severa 'cura de humildad' biológica. Es cierto que el hombre, en cuanto al tamaño del pene se refiere, gana al resto de los primates, pero eso no ocurre si ampliamos el foco al resto del reino animal. Pensemos, por ejemplo, en la ballena azul. Su pene puede alcanzar los 2,5 o incluso 3 metros de longitud, y con un diámetro de 30 centímetros. En términos absolutos, no hay competición posible. Pero si hablamos de tamaño relativo (porcentaje respecto al cuerpo), el ser humano queda aún peor parado. El percebe, ese crustáceo que disfrutamos en Navidad, posee un pene que puede llegar a tener hasta ocho veces la longitud de su propio cuerpo. Si un humano tuviera esa proporción, tendríamos que lidiar con un órgano de unos 14 metros de largo. Una imagen, desde luego, bastante grotesca. Y no olvidemos al pato de lago argentino (Oxyura vittata), un ave modesta que esconde un secreto descomunal: posee un pene en forma de sacacorchos que, al desenrollarse, es tan largo como su propio cuerpo (unos 40 centímetros). En comparación, la 'gran' herramienta evolutiva de Homo sapiens parece más bien un órgano modesto. El nuevo estudio demuestra que nuestra anatomía, pene incluido, es el resultado de millones de años de presiones selectivas invisibles. Inevitablemente, la selección sexual (lo que prefieren las hembras) y la competencia intrasexual (la lucha entre machos) han esculpido el cuerpo del hombre moderno. El tamaño importa porque durante milenios fue una señal de salud, vigor y capacidad reproductiva en un mundo sin ropa ni estatus financiero. Y hoy, aunque nos vistamos con trajes caros y conduzcamos coches deportivos para simular poder, nuestro cerebro primitivo sigue evaluando a los demás con los mismos baremos que usábamos en las cavernas. La ciencia no juzga, solo expone los hechos; y el hecho es que, evolutivamente hablando, cada centímetro cuenta.
  • Como es habitual, los astronautas de la NASA Zena Cardman y Michael Fincke, junto con el astronauta japones Kimiya Yui y Oleg Platonov, de la agencia espacial rusa Roscosmos, han ofrecido una rueda de prensa para comentar su estancia en la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). Sin embargo, esta no era una comparecencia al uso: lo que hacía especial esta cita era que esta es la primera tripulación que ha tenido que ser evacuada del laboratorio orbital por un problema médico de uno de ellos. Pero, a pesar de la expectación, nada más comenzar la rueda de prensa, Cardman dejaba claro que no se desvelaría ni la identidad del afectado ni la afección del mismo. «Obviamente, hemos vuelto antes de lo que esperábamos. No obstante, no vamos a identificar al afectado ni a hablar del pronóstico ni de los detalles del problema para respetar su identidad», señalaba la comandante de la misión. «Solo voy a resaltar el trabajo de toda la tripulación y la implicación de los miembros del equipo de control en tierra, además de nuestros médicos y los equipos de NASA y SpaceX, que se han esforzado para minimizar el riesgo». Los cuatro miembros de la misión Crew-11 aparecieron sonrientes, remarcando la importancia del trabajo que se realiza en la ISS, sin que ninguno de ellos mostrase signos de enfermedad, y agradeciendo el trabajo de sus compañeros, tanto en la Tierra como en el espacio. «La decisión fue la correcta y estoy bastante segura de que tendremos muchas lecciones importantes que aprender de esta experiencia», apostilló. Las alarmas se encendieron cuando la NASA comunicó un día antes de anunciar la evacuación de la tripulación el aplazamiento de la primera caminata espacial del año, en la que debían participar Cardman y Fincke. La agencia no reveló entonces el nombre del astronauta ni compartió detalles sobre su problema médico, alegando cuestiones de privacidad, pero sí indicó que estaba estable. En la rueda de prensa posterior se volvió a recalcar que el afectado estaba en buenas condiciones, si bien existía «cierto riesgo persistente», por lo que se acordó el regreso de la tripulación «por cautela», para que sea fuese tratado en la Tierra. «Una vez que la situación en la estación se estabilizó, tras cuidadosas deliberaciones, tomamos la decisión de retornar a la tripulación 11, garantizando al mismo tiempo un impacto operativo mínimo en el trabajo en curso a bordo de la estación espacial», apostilló Amit Kshatriya, administrador asociado de la agencia. «No obstante, no existe una emergencia inmediata y la vuelta se producirá en los próximos días». «Llevar a cabo nuestras misiones de forma segura es nuestra máxima prioridad, y hemos evaluando activamente todas las opciones. Y ante el problema médico hemos decidido finalizar anticipadamente la misión de la Crew-11», indicó también en rueda de prensa el administrador de la NASA, Jared Isaacman. «Estas son las situaciones para las que la NASA y nuestros socios se entrenan y se preparan para ejecutarlas de forma segura». La tripulación 11 llegó a la ISS el 2 de agosto de 2025 y su estancia programada era de seis meses, por lo que la vuelta, que se produjo el pasado 14 de enero, no acortó demasiado su misión. Tras su amerizaje en el Pacífico, fueron trasladados al hospital, donde todos permanecieron hasta el sábado 17. Ese día, sonrientes, salieron por su propio pie hacia el Centro Espacial Johnson de la agencia en Houston, donde continuaron con la aclimatación regular después del regreso de los astronautas de la ISS. Normalmente, los problemas médicos que se dan en el laboratorio orbital se atajan en las mismas instalaciones espaciales -los astronautas reciben instrucción sanitaria para solucionar 'in situ' estos casos, e incluso pueden llevar a cabo pequeñas intervenciones, como sacar muelas o pequeñas suturas si se requiere-. Y, hasta el momento en el que la Crew-11 volvió a la Tierra, jamás se había dado la evacuación de ninguna tripulación por problemas médicos. «Contamos con un conjunto muy completo de equipos médicos a bordo de la ISS, pero no tenemos la cantidad completa de equipos que tendría en el servicio de urgencias para completar la evaluación del paciente», dijo al respecto James Polk, director médico y de salud de la NASA en rueda de prensa. «En este incidente en particular, el suceso médico fue lo suficientemente grave como para preocuparnos por el astronauta y nos gustaría completar la evaluación. Y la mejor manera de hacerlo es en tierra, donde contamos con todo el equipo necesario». En 2020 se publicó un estudio que relataba otra situación de emergencia médica en el espacio, pero que pudo tratarse allí mismo: a un astronauta se le detectó un trombo en el cuello cuando llevaba dos meses en la ISS. El problema se descubrió por casualidad, mientras el afectado, del que nunca se llegó a saber su identidad, participaba en experimento sobre cómo se redistribuyen los fluidos corporales en microgravedad. Así, se detectó que sufría una trombosis venosa profunda (TVP) en la yugular de la que no había dado señales previamente. Rápidamente, la NASA, que no tenía un protocolo específico para este problema, se puso en contacto con el doctor Stephan Moll, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, quien dio indicaciones a la tripulación para tratar la patología. Después de 90 días de medicación, el astronauta volvió a la Tierra sin ningún incidente más ni requirió de intervenciones especiales. Una situación parecida se dio en octubre de 2024, cuando un miembro de la misión Crew‑8 fue hospitalizado tras regresar de la ISS a la Tierra por un problema médico no especificado. A los pocos días se informó de su alta médica, pero tampoco se desveló ni la identidad ni las causas del ingreso.
  • Tres manos humanas en negativo con los dedos extrañamente alargados como si fueran garras son, hasta donde se tiene registro, la obra de arte más antigua de la humanidad. La impresión, dejada en la pared de una cueva de la isla de Muna, cerca de Sulawesi (Célebes, Indonesia) hace al menos 67.800 años, supera en 15.000 a la pintura de tres personas y un cerdo salvaje descubierta en 2024 en la región por el mismo equipo y considerada hasta ahora como la más antigua. La composición, rodeada de arte rupestre mucho más reciente, fue descubierta en la zona sureste de Sulawesi, prácticamente inexplorada desde que en 1977 se informó por primera vez de que contenía arte rupestre. El equipo internacional,... Ver Más
  • Durante décadas, la región de Afar, en el norte de Etiopía, ha sido la 'zona cero' de la paleoantropología mundial. Es ahí, en efecto, donde siempre se han producido los mayores y más espectaculares hallazgos de restos de nuestros ancestros: desde los Ardipithecus, que aún pasaban tiempo en los árboles, hasta los famosos Australopithecus (la familia de la célebre Lucy) y los primeros representantes de nuestro propio género, Homo. Sin embargo, en ese álbum familiar tan completo faltaba una foto. Una ausencia tan notoria que se había convertido en un verdadero quebradero de cabeza para los científicos. Faltaban los Paranthropus. Este género de homínidos, conocidos coloquialmente como los 'cascanueces' por sus enormes mandíbulas y molares, parecía no haber pisado nunca el norte de África . O por lo menos eso es lo que se había pensado hasta ahora. Pero un nuevo estudio dirigido por Zeresenay Alemseged, de la Universidad de Chicago y recién publicado en ' Nature ', acaba de dinamitar esa creencia. De hecho, una mandíbula inferior parcial de hace 2,6 millones de años hallada en el yacimiento Mille-Logya, en Afar, no solo rellena ese hueco en el mapa, sino que extiende la distribución geográfica conocida de estos parientes lejanos 1.000 kilómetros hacia el norte. El descubrimiento obligará a reconsiderar lo que creíamos saber sobre la competencia entre especies y la capacidad de supervivencia de nuestros antiguos parientes africanos. Desde que el linaje humano se separó del de los chimpancés hace unos 7 millones de años , la evolución no ha sido una línea recta hasta nosotros, sino más bien una auténtica maraña de líneas que se cruzan por todas partes de forma desordenada. En el registro fósil identificamos generalmente cuatro grupos principales: los bípedos facultativos (que caminaban a ratos pero vivían en árboles), los bípedos habituales (como los Australopithecus), los bípedos obligados (nosotros, el género Homo, con cerebros grandes y herramientas) y, finalmente, los homínidos robustos o Paranthropus. A estos últimos siempre se les había colgado la etiqueta de 'especialistas extremos' debido a sus inconfundibles características físicas: molares gigantescos cubiertos de un esmalte muy grueso y una musculatura facial potente diseñada para una masticación brutal. Una perfecta maquinaria biológica hecha para triturar. Esta peculiar anatomía llevó a la comunidad científica a una conclusión que ahora, a la luz del nuevo estudio, se revela como errónea: se pensaba que los Paranthropus eran comedores muy especializados, restringidos a una dieta muy específica (probablemente alimentos duros como nueces o raíces fibrosas) y que, por tanto, sólo podían vivir en entornos muy concretos del sur y el este de África. «Cientos de fósiles que representan más de una docena de especies -explica Alemseged- habían sido encontrados en la región de Afar, por lo que la aparente ausencia allí de Paranthropus era notoria y desconcertante para los paleoantropólogos». Muchos expertos, sencillamente, asumieron que el género «nunca se aventuró tan al norte». Otros, más pesimistas, llegaron incluso a sugerir que los Paranthropus no podían competir con los Homo, supuestamente más inteligentes y versátiles. Pero el nuevo fósil de Mille-Logya demuestra que «ninguno de los dos casos era cierto», afirma el investigador. Paranthropus no solo estaba allí, sino que era «tan generalizado y versátil como Homo». Su ausencia en los registros anteriores no era una prueba de su debilidad, sino un simple capricho de la suerte en la conservación de los fósiles, un 'artefacto' del registro arqueológico. Al cambiar radicalmente la narrativa de 'perdedores' y 'ganadores', la aportación del nuevo estudio con respecto a trabajos anteriores es enorme. Paranthropus vivió en el mismo vecindario que los primeros Homo (nuestros antepasados directos). Ambos linajes, por tanto, encontraron formas distintas pero igualmente exitosas de sobrevivir durante millones de años en el mismo entorno, diverso y cambiante. O dicho de otro modo, no fueron desplazados inmediatamente por una supuesta superioridad intelectual de los humanos, sino que coexistieron con ellos. «Si queremos comprender nuestra propia trayectoria evolutiva como género y especie -asegura Alemseged-, necesitamos entender los factores ambientales, ecológicos y competitivos que dieron forma a nuestra evolución. Este descubrimiento es mucho más que una simple instantánea de la presencia de Paranthropus: arroja nueva luz sobre las fuerzas impulsoras detrás de la evolución del género». Tras recuperar los fragmentos en el duro terreno etíope, Alemseged y su equipo los trasladaron a Chicago para someterlos a un análisis exhaustivo. Para lo cual utilizaron escáneres de micro-CT (tomografía computarizada) de alta potencia, que permiten mirar 'dentro' del fósil, analizando la estructura interna y la morfología dental, sin dañar la pieza. En palabras del propio Alemseged, esto supone «un nexo notable: una tecnología ultramoderna aplicada a un fósil de 2,6 millones de años para contar una historia que es común a todos nosotros». Los datos confirman que, desde sus orígenes más tempranos, estos «cascanueces» podían procesar mucho más que nueces. Su dieta y su adaptación al medio, en efecto, han resultado ser más amplias de lo que dictaban los libros de texto. Dicho en pocas palabras, ocupaban un nicho ecológico flexible. Pero si Paranthropus era tan versátil, tan extendido y tan capaz como Homo en aquellos tiempos remotos, ¿por qué nosotros seguimos aquí y ellos no? ¿qué fue exactamente lo que nos hace 'humanos'? Según el estudio, la cuestión no se puede zanjar con un simple 'éramos más listos'. Puede que las diferencias clave estuvieran en matices que ahora debemos investigar con nuevos ojos: tipos de dieta muy específicos en momentos de crisis, adaptaciones sociales o el uso sistemático de herramientas , algo que los Paranthropus quizás hacían también, aunque de forma distinta. «El nuevo descubrimiento -concluye Alemseged- nos da una idea de las ventajas competitivas que tenía cada grupo». De modo que ahora sabemos que la 'partida de ajedrez' evolutiva en el gran tablero de África fue mucho más compleja de lo que creíamos. No había un solo jugador dominante en el norte. Había dos grandes linajes, cara a cara, adaptándose a un mundo hostil de formas muy diferentes. Y durante mucho tiempo, ambos fueron ganadores.
  • La astronauta Sunita Lyn Williams, más conocida como Suni Williams, se retira de la NASA tras 27 años como astronauta. Así lo ha confirmado la agencia espacial estadounidense en un comunicado en el que se explica que Williams dejó su puesto el pasado 27 de diciembre. En su palmarés, 608 días en el espacio entre tres misiones a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), incluido el polémico vuelo de prueba de la Starliner , la nave de Boeing que debía permanecer tan solo unos días en el laboratorio orbital, pero que debido a diferentes fallos hizo que su estancia se alargase hasta los nueve meses. «Suni Williams ha sido pionera en los vuelos espaciales tripulados, forjando el futuro de la exploración con su liderazgo a bordo de la estación espacial y allanando el camino para las misiones comerciales a la órbita baja terrestre», señala en el comunicado el administrador de la NASA, Jared Isaacman. «Su labor en el avance de la ciencia y la tecnología ha sentado las bases para las misiones Artemis a la Luna y el avance hacia Marte, y sus extraordinarios logros seguirán inspirando a generaciones a soñar en grande y a superar los límites de lo posible. Felicitaciones por su merecida jubilación y gracias por su servicio a la NASA y a nuestra nación». Nacida en Ohio el 19 de septiembre de 1965, aunque criada en Massachusetts y con raíces indias y eslovenas, desde sus primeros años, Williams mostró interés por la ciencia y la aviación. Tras graduarse de la Needham High School en Massachusetts en 1983, ingresó a la United States Naval Academy, donde obtuvo una licenciatura en ciencias físicas en 1987. Más tarde completó una Maestría en Ingeniería de Gestión en el Florida Institute of Technology en 1995, que consolidó su base técnica antes de entrar en servicio activo. Después de graduarse en la Academia Naval, Williams se convirtió en aviadora naval y piloteó helicópteros en diversas misiones de apoyo y combate en el Mediterráneo, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico. También participó en operaciones de ayuda humanitaria tras el huracán Andrew en 1992. Posteriormente, fue seleccionada para la Escuela de Pilotos de Prueba de la Marina, donde amplió su experiencia volando más de 30 tipos de aeronaves y acumulando más de 3,000 horas de vuelo en aviones y helicópteros. En junio de 1998, la NASA seleccionó a Williams como parte del Grupo 17 de astronautas, lo que marcó el inicio de una carrera extraordinaria en el programa espacial estadounidense. Su entrenamiento incluyó instrucción técnica en sistemas del transbordador espacial y de la ISS, supervivencia en tierra y mar, entrenamiento con jets T-38, y trabajo con la Agencia Espacial Federal Rusa (Roscosmos) para comprender los sistemas orbitales compartidos. Williams voló por primera vez a la ISS el 9 de diciembre de 2006 a bordo del Space Shuttle Discovery. Como ingeniera de vuelo, realizó cuatro caminatas espaciales que sumaron más de 29 horas fuera de la estación, en ese momento un récord femenino. Su estancia superó los 195 días en el espacio y captó la atención mundial, si bien no sería la última vez. Su siguiente misión tuvo lugar a partir del 15 de julio de 2012, cuando despegó en la nave rusa Soyuz. Durante esa rotación, Williams llegó a ser comandante de la ISS, y completó tres caminatas espaciales adicionales para reparar un sistema de energía y solucionar una fuga de amoníaco. Esta misión duró 127 días y consolidó su reputación como líder en operaciones de larga duración en órbita. El capítulo final de su carrera activa llegó con la misión del Boeing Starliner en junio de 2024. Debido a su gran bagaje profesional, fue elegida junto con el también veterano Butch Wilmore -que se retiró también hace unos meses- para pilotar el primer vuelo tripulado de la nave Starliner. Tras varios retrasos, finalmente la cápsula, llamada junto a las Crew Dragon de SpaceX a ser el nuevo transporte de los astronautas de la NASA a la ISS, despegó con éxito en junio de 2024. Sin embargo, tras alcanzar la órbita, empezaron los problemas: algunos propulsores de la sonda fallaron y se registraron varias fugas. Tras atracar en el laboratorio orbital, Williams y Wilmore comenzaron con las pruebas en el espacio para intentar resolver qué había ocurrido, mientras de forma paralela se llevaban a cabo test en tierra. Finalmente, el vehículo regresó a la Tierra sin tripulación, mientras Wilmore y Williams continuaron su estancia en la ISS. «Todos hemos volado antes y sabíamos que las cosas podían salir mal», declaró Williams tras el anuncio de que la NASA les dejaría un tiempo más en el laboratorio orbital. «Estábamos totalmente preparados. Cuando algo no sale como esperabas, simplemente tienes que mirar a tu alrededor y notar todas las cosas maravillosas que hay a tu alrededor» Allí vivieron el cambio de presidente y cómo se politizó su situación, a pesar de que ellos intentaron quedarse al margen. Incluso la NASA tuvo que emitir un comunicado por los rumores que apuntaban a un grave deterioro físico de la astronauta. Finalmente ambos regresaron a casa en marzo de 2025 a bordo de una nave Crew Dragon de SpaceX. En total, Williams acumula 608 días en el espacio, lo que la coloca entre los astronautas con más tiempo de permanencia en órbita de la NASA. Además, sus nueve caminatas espaciales suman 62 horas y 6 minutos, el registro más alto entre mujeres astronautas y uno de los más altos en la historia de la agencia. «Cualquiera que me conozca sabe que el espacio es mi lugar favorito», señala la propia Williams en el comunicado. «Ha sido un honor increíble haber servido en la Oficina de Astronautas y haber tenido la oportunidad de volar al espacio tres veces. Tuve una increíble carrera de 27 años en la NASA, y eso se debe principalmente al maravilloso amor y apoyo que he recibido de mis colegas. La Estación Espacial Internacional, la gente, la ingeniería y la ciencia son realmente inspiradoras y han hecho posible los próximos pasos de la exploración a la Luna y Marte. Espero que las bases que sentamos hayan facilitado un poco estos audaces pasos. Estoy muy emocionada por la NASA y sus agencias asociadas en estos próximos pasos, y estoy deseando ver cómo la agencia hace historia».
  • El agua es, sin lugar a dudas, la sustancia más extraña y fascinante del universo conocido. A diferencia de casi cualquier otro material, se expande al congelarse en lugar de contraerse, lo que permite que el hielo flote sobre un refresco en lugar de hundirse hasta el fondo. Es el disolvente universal, la cuna de la vida y, sin embargo, sigue guardando secretos que traen de cabeza a los físicos desde hace siglos. Pero si el agua líquida es compleja, su 'hermano' sólido, el hielo, es una auténtica pesadilla termodinámica. Piense por un momento en los cubitos de su congelador. Es hielo, desde luego, pero su estructura no se parece en nada a la de los cristales únicos que se... Ver Más
  • Las aurora boreales, un fenómeno propio del Círculo Polar Ártico, han iluminado esta madrugada los cielos de gran parte de España debido a una poderosa tormenta geomagnética, la más potente en 22 años. Las luces nocturnas también han podido ser observadas en distintos países europeos, desde Francia a Polonia, y en parte de EE.UU. «Cerca de la una de la madrugada se ha visto un resplandor rojizo en el cielo, aunque no ha sido tan espectacular como las auroras nórdicas, que aparecen con una claridad excepcional, y la nubosidad ha estropeado un poco el espectáculo», ha explicado José María Madiedo, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). La aurora pudo ser registrada por el Complejo Astronómico La Hita en La... Ver Más
  • No hay herramienta más humilde… ni más universal. El martillo acompaña a la humanidad desde un tiempo tan remoto que parece anterior, incluso, al lenguaje. Antes de que existieran templos, monedas o escritura, alguien -un homínido anónimo, de mirada curiosa y manos torpes- sostuvo una piedra y la golpeó contra otra. En ese instante nació algo más que un utensilio: nació la idea de herramienta, la extensión consciente del cuerpo. El primer martillo no fue una invención deliberada, sino un accidente afortunado, un caso clásico de lo que hoy llamamos serendipia. El golpe fue el origen del pensamiento técnico. Retrocedamos unos 2,6 millones de años a las llanuras orientales de África, donde nuestros antepasados -probablemente Homo habilis- vagaban en busca de alimento. Entre huesos, ramas y piedras la selección no era cuestión de estética sino de supervivencia. Algunas piedras servían mejor para romper frutos o huesos y otras se partían en las manos. De esa observación trivial una chispa cognitiva se encendió: ciertas piedras podían hacer cosas. El hallazgo no fue planificado. Ningún Homo habilis se propuso inventar una herramienta, simplemente intentaba abrir una nuez dura o fracturar el fémur de un animal muerto para extraer el tuétano. Pero cuando descubrieron que al golpear una piedra contra otra surgían filos afilados, su mundo cambió. Ese gesto, repetido una y otra vez, generó la llamada industria olduvayense, el primer conjunto de herramientas fabricadas conscientemente. El martillo de piedra estaba entre ellas: un guijarro resistente, sin tallar, usado para golpear y moldear otros objetos. Nuestros antepasados habían aprendido a golpear con intención. El eco de esos golpes se expandió durante generaciones. Cada impacto entre dos piedras era una lección de física elemental: masa, velocidad y ángulo. Sin fórmulas, pero con experiencia. De manera serendípica el martillo se convirtió en un mediador entre la mente y la materia. La arqueología nos habla de una lenta evolución. Los primeros martillos eran simples percutores de piedra. Luego, hacia los 1,7 millones de años atrás, con el Homo erectus aparecen piezas más elaboradas, con formas escogidas para maximizar la fuerza y dirigir el golpe. El proceso había dejado de ser azar puro, la observación se volvía aprendizaje y el aprendizaje, tradición. Ya no se trataba solo de tener una piedra dura: había que escogerla bien. Evidentemente, aquellos martillos no tenían mango. Bastaba una piedra del tamaño de un puño, cómoda, que se pudiera sostener de forma correcta. Pero las manos sufrían, los golpes duros dejaban marcas y los huesos de los dedos se rompían. Tal vez, un día cualquiera, una rama se cruzó en el camino de un percutor. Alguien, por ensayo o por cansancio, ató la piedra a la rama con fibras vegetales. No sabemos si aquella unión resistió mucho, pero sí sabemos que cambió para siempre la manera de golpear. Ese gesto -atar una piedra a un palo- marcó un salto simbólico. No se trataba solo de adaptar la materia, sino de combinarla, de prever un resultado distinto de la mera suma de partes. Aparecía, tímidamente, la ingeniería. De hecho, casi todas las reconstrucciones de martillos arcaicos hallados en yacimientos como Olduvai , Koobi Fora o Zhoukoudian muestran una transición progresiva: piedras sueltas, luego piedras con surcos tallados para atarlas mejor y, finalmente, auténticos cabezales insertados en mangos. El azar había abierto la puerta, pero la curiosidad humana se encargó de ampliarla. El martillo no solo resolvía problemas prácticos. También modificó la mente de quienes lo empuñaban. Según el paleoantropólogo André Leroi-Gourhan el uso de herramientas como el martillo reestructuró la relación entre mano y cerebro, favoreciendo la coordinación, la planificación y la anticipación. Cada golpe requería calcular la trayectoria, la fuerza y el objetivo. En otras palabras, exigía pensar antes de hacer. Esa necesidad de previsión impulsó un salto evolutivo: la manufactura de herramientas se volvió un proceso mental tan importante como el resultado material. En cierto modo, el primer martillo fue también el primer maestro de lógica práctica: enseñar a distinguir entre causa y efecto, esfuerzo y resultado, error y mejora. Con el paso de cientos de miles de años, este aprendizaje se transmitió oralmente, luego por imitación, hasta fijarse en la cultura. Cada niño que veía a su grupo tallar aprendía, sin saberlo, una de las primeras lecciones de ciencia empírica: la repetición y la observación conducen al descubrimiento. Lo verdaderamente fascinante del martillo no es su perfección actual, sino el modo en que nació. Su historia es una cadena de accidentes afortunados: un golpe mal dado, una piedra que se rompe de forma útil, una rama anudada que resulta práctica. La serendipia actuó aquí como fuerza creativa. Los homínidos no buscaban un martillo, buscaban alimento, pero el accidente reveló algo inesperado: el poder de modificar la naturaleza a voluntad.
  • Ahí fuera, en la silenciosa inmensidad del sistema solar exterior, los planetas hacen gala de fenómenos meteorológicos extraños, nunca vistos en la Tierra y que, casi siempre, llenan de dudas las mentes, y las pizarras, de los astrónomos que tratan de entenderlos. Entre los más desconcertantes está sin duda el observado hace ya años en el polo norte de Saturno, donde una monstruosa tormenta no gira en forma de círculo o espiral, como sería lógico pensar, sino que dibuja un hexágono perfecto. Se trata de una estructura geométrica colosal que gira majestuosamente sobre un abismo de gas. Un hexágono que mide casi 30.000 km de parte a parte y cuyos lados superan en longitud el diámetro de nuestro propio planeta.... Ver Más

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