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Terrazas del Rodeo

ABC - Ciencia

Ciencia
  • La caza de grandes ballenas comenzó mucho antes de lo que se creía y en un lugar inesperado. Una nueva investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona(ICTA-UAB) revela que comunidades indígenas del sur de Brasil ya capturaban grandes cetáceos hace 5.000 años, unos mil años antes de las primeras evidencias documentadas en las sociedades del Ártico y del Pacífico Norte. Hasta ahora se creía que los orígenes de la caza de grandes ballenas se encontraban entre sociedades posglaciales del hemisferio norte, hace entre 3.500 y 2.500 años. Sin embargo, el nuevo estudio, publicado en 'Nature Communications', muestra que los pueblos de la región de la bahía de Babitonga (Santa Catarina) ya desarrollaban tecnologías especializadas para esta tarea Los investigadores analizaron centenares de restos óseos de cetáceos y herramientas elaboradas en hueso procedentes de sambaquis, unos montículos monumentales de conchas construidos por los indígenas, en la bahía de Babitonga y actualmente conservados en el Museo Arqueológico de Sambaquis de Joinville (Brasil). Muchos de estos yacimientos ya no existen, lo que convierte a esta colección en un archivo único de una historia que de otro modo no podría reconstruirse. El equipo combinó de zooarqueología, análisis tipológico y técnicas moleculares de última generación (ZooMS, zooarqueología mediante espectrometría de masas) para estudiar los huesos y objetos fabricados con hueso de cetáceo. Se identificaron restos de ballenas francas australes, ballenas jorobadas, rorcuales azules, rorcuales sei, cachalotes y delfines, muchos con claras marcas de corte asociadas a su despiece. También se documentaron grandes arpones realizados con hueso de ballena, algunos de los más grandes hallados en Sudamérica. Su presencia, junto a la abundancia de huesos de ballena, su inclusión en contextos funerarios y la presencia de especies costeras, aporta una evidencia sólida de caza activa y no de un aprovechamiento oportunista de animales varados. «Los datos demuestran claramente que estas comunidades desarrollaron el conocimiento, las herramientas y las estrategias especializadas necesarias para cazar grandes ballenas miles de años antes de lo que suponíamos», afirma Krista McGrath, autora principal del estudio, del ICTA-UAB. Los resultados también ofrecen datos ecológicos clave. La presencia abundante de restos de ballena jorobada sugiere que su distribución histórica alcanzaba zonas mucho más al sur que las principales áreas de cría actuales frente a la costa de Brasil. «El reciente aumento de avistamientos en el sur de Brasil podría reflejar, por tanto, un proceso histórico de recolonización, con implicaciones para la conservación. Reconstruir cómo se distribuían las ballenas antes del impacto de la caza industrial es esencial para comprender sus dinámicas de recuperación» señala Marta Cremer, coautora del estudio. Además de reescribir los orígenes de la caza temprana de ballenas, el estudio ofrece nuevas claves sobre las economías, tecnologías y formas de vida de las sociedades posglaciales a lo largo de la costa atlántica sudamericana. Según André Colonese, autor sénior del estudio, «esta investigación abre una nueva perspectiva sobre la organización social de los pueblos sambaqui. Representa un cambio de paradigma, ahora podemos ver a estos grupos no solo como recolectores de mariscos y pescadores, sino también como balleneros». Dione Bandeira, arqueóloga brasileña con más de 20 años de experiencia trabajando en sambaquis, explica que «los resultados revelan una práctica que contribuyó de manera significativa a la presencia prolongada y densa de estas sociedades a lo largo de la costa brasileña». Los pueblos sambaqui integraron los recursos marinos en sus sistemas culturales y desarrollaron una sofisticada cultura marítima caracterizada por tecnologías especializadas, cooperación colectiva y prácticas rituales asociadas a la captura de grandes animales marinos. Esta historia indígena no escrita ha sobrevivido gracias a las colecciones museísticas y al trabajo de quienes se esfuerzan por preservar los sitios sambaqui que han escapado al impacto de la urbanización de Brasil a lo largo de los últimos siglos.
  • Un problema médico de uno de los astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) «lo suficientemente grave como para preocuparse por él» ha motivado la vuelta anticipada de la tripulación de la misión Crew-11. Así lo confirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman en una rueda de prensa junto con Amit Kshatriya, administrador asociado de la agencia, y James Polk, director médico y de salud de la NASA, desde sus cuarteles generales en Washington. «Ayer, 7 de enero, un miembro de la tripulación a bordo de la estación experimentó una situación médica, aunque ahora se encuentra estable», relató sin dar muchos más detalles concretos el actual administrador de la agencia en su primera intervención en el cargo. Ya este miércoles, la NASA comunicó el aplazamiento de la primera caminata espacial del año prevista para el jueves debido a este mismo motivo. La NASA no reveló entonces el nombre del astronauta ni compartió detalles sobre su problema médico, alegando cuestiones de privacidad, pero sí indicó que estaba estable. En la rueda de prensa se volvió a recalcar que el afectado, del que se sigue sin revelar la identidad, está en buenas condiciones, si bien «existe cierto riesgo persistente», señaló Polk, por lo que se acordó el regreso de la tripulación «por cautela», para que sea tratado en la Tierra. «Una vez que la situación en la estación se estabilizó, tras cuidadosas deliberaciones, tomamos la decisión de retornar a la tripulación 11, garantizando al mismo tiempo un impacto operativo mínimo en el trabajo en curso a bordo de la estación espacial», apostilló Kshatriya. «No obstante, no existe una emergencia inmediata y la vuelta se producirá en las próximas 48 horas». «Llevar a cabo nuestras misiones de forma segura es nuestra máxima prioridad, y hemos evaluando activamente todas las opciones. Y ante el problema médico hemos decidido finalizar anticipadamente la misión de la Crew-11 », indicó Isaacman. «Estas son las situaciones para las que la NASA y nuestros socios se entrenan y se preparan para ejecutarlas de forma segura». La tripulación cuenta con la nave Crew Dragon de SpaceX con la que volaron el verano a la ISS lista para regresar a la Tierra en caso de emergencia, como es el caso. Normalmente, los problemas médicos que se dan en el laboratorio orbital se atajan en las mismas instalaciones espaciales -los astronautas reciben instrucción sanitaria para solucionar 'in situ' estos casos, e incluso pueden llevar a cabo pequeñas intervenciones, como sacar muelas o pequeñas suturas si se requiere-. «Contamos con un conjunto muy completo de equipos médicos a bordo de la ISS, pero no tenemos la cantidad completa de equipos que tendría en el servicio de urgencias para completar la evaluación del paciente», dijo al respecto Polk. «En este incidente en particular, el suceso médico fue lo suficientemente grave como para preocuparnos por el astronauta y nos gustaría completar la evaluación. Y la mejor manera de hacerlo es en tierra, donde contamos con todo el equipo necesario». En 2020 se publicó un estudio que relataba otra situación de emergencia médica en el espacio, pero que pudo tratarse allí mismo: a un astronauta se le detectó un trombo en el cuello que llevaba dos meses en la ISS y que no podía regresar a la Tierra para el tratamiento oportuno. El problema se descubrió por casualidad, mientras el afectado, del que tampoco se llegó a saber su identidad, participaba en experimento sobre cómo se redistribuyen los fluidos corporales en microgravedad. Así, se detectó que sufría una trombosis venosa profunda (TVP) en la yugular de la que no había dado señales previamente. Rápidamente, la NASA, que no tenía un protocolo específico para este problema, se puso en contacto con el doctor Stephan Moll, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, quien dio indicaciones a la tripulación para tratar la patología. Después de 90 días de medicación, el astronauta volvió a la Tierra sin ningún incidente más ni requirió de intervenciones especiales. Por lo tanto, esta es la primera evacuación por problemas médicos en la Estación Espacial Internacional desde su inauguración en el año 2000. La situación más parecida se dio en octubre de 2024, cuando un miembro de la misión Crew‑8 fue hospitalizado tras regresar de la ISS a la Tierra por un problema médico no especificado. A los pocos días se informó de su alta médica. La Crew-11 es la última misión tripulada a la ISS de SpaceX. Está formada por Zena Cardman y Michael Fincke de la NASA, la astronauta japonesa Kimiya Yui y Oleg Platonov, de la agencia espacial rusa Roscosmos. La caminata espacial prevista para el jueves debía ser realizada por Cardman y Fincke. Todos volverán en las próximas 48 horas, según confirmaron desde la NASA. La tripulación 11, que llegó llegó a la ISS el 2 de agosto de 2025, se encuentra en la recta final de una estancia de seis meses. Por lo tanto, traer a los cuatro de vuelta en los próximos días no acorta demasiado la duración de la misión. En teoría, y aunque la dolencia solo parece afecta a un miembro de la tripulación, todo el grupo regresará a la vez, pues si solo bajase uno no habría asientos para todos en las naves atracadas en la ISS en caso de nueva emergencia. Actualmente, también hay otros tres astronautas en la ISS: Christopher Williams, de la NASA, y los cosmonautas Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikayev, quienes llegaron al laboratorio orbital a bordo de la nave espacial rusa Soyuz el 27 de noviembre.
  • La mayoría de los perros entienden órdenes como 'siéntate', 'túmbate' o 'dame la patita', pero 'Basket' va mucho más allá. Este collie de siete años y medio que vive con sus dueños en EE. UU. reconoce los nombres de unos cien juguetes, lo que lo convierte en uno de los canes más inteligentes del mundo. Si se le pide la 'raya', correrá a la habitación contigua y recogerá con sus fauces el pez de peluche de entre un montón de objetos tirados por el suelo; si se le pregunta por el 'armadillo', desaparecerá para volver con un muñeco gris acorazado. Los perros superdotados , muchos de los cuales han participado en estudios en el campo de la cognición animal, pueden... Ver Más
  • Hace cuatro o cinco años, a finales de 2019 y principios de 2020, el mundo entero contuvo el aliento. Betelgeuse, la inmensa y brillante estrella rojiza que marca el hombro del cazador en la constelación de Orión, empezó a apagarse. Y no de una forma sutil. Su brillo cayó en picado de una forma tan dramática que, a simple vista, parecía obvio que algo no iba demasiado bien allí arriba. Las especulaciones se dispararon de inmediato. ¿Estábamos ante la antesala de una supernova? ¿Iba Betelgeuse a estallar ante nuestros ojos, convirtiéndose en un segundo sol en el cielo nocturno? La idea, desde luego, resultaba seductora, casi cinematográfica. Sabemos que Betelgeuse es una supergigante roja en la fase final de su... Ver Más
  • Podríamos comparar la historia de nuestros orígenes a un viejo libro al que le faltan páginas enteras, de modo que nos cuesta trabajo entender por completo el sentido de la narración. Del mismo modo, el estudio de antiguos fósiles y de restos de ADN nos ha proporcionado hasta ahora una imagen valiosa, sin duda, pero fragmentaria, de los pasos evolutivos que llevaron hasta Homo sapiens. A veces, por fortuna, un hallazgo único nos devuelve un fragmento crucial, una página suelta que, de repente, da sentido a un capítulo entero. Y eso es justo lo que acaba de ocurrir en una cantera de Casablanca, en Marruecos, donde un equipo internacional de científicos ha sacado a la luz unos restos fósiles que no solo son excepcionales por su antigüedad (unos 773.000 años) sino porque nos colocan, con una precisión asombrosa, ante el umbral mismo del origen de nuestra propia especie. El hallazgo, recién publicado en ' Nature ', consiste en mandíbulas, dientes y vértebras desenterrados en la cueva 'Grotte à Hominidés', en el sitio arqueológico de Thomas Quarry I. Los huesos pertenecen a una población que vivió justo en el momento en que los linajes humanos de Europa y África empezaban a separarse para seguir caminos evolutivos separados. Hasta ahora, había una enorme laguna en el registro fósil africano entre el final del Pleistoceno inferior y el principio del Medio. Sabíamos que algo importante había ocurrido hace entre 800.000 y 700.000 años, pero no teníamos a los protagonistas. En Europa, sin embargo, gracias al yacimiento de Atapuerca, en Burgos, sí que contábamos con un representante de ese periodo, Homo antecessor, de unos 850.000 años de antigüedad. Pero en África, la cuna de la humanidad , el registro de esa misma época ha sido, hasta ahora, casi inexistente y extremadamente difuso. Los nuevos fósiles de Casablanca rompen ese silencio y nos ofrecen, por fin, una 'contraparte' africana. Durante décadas, la narrativa sobre el origen de Homo sapiens ha ido cambiando constantemente. Hace años, se pensaba en una evolución lineal y sencilla. Luego, la genética nos dijo que el último ancestro común que compartimos con los neandertales y los denisovanos vivió hace entre 765.000 y 550.000 años. Pero, ¿dónde estaba ese ancestro? ¿En Europa? ¿En África? Los hallazgos de 2017 en Jebel Irhoud , también en Marruecos, ya sacudieron los cimientos de la paleoantropología al retrasar el origen de nuestra especie hasta los 300.000 años. Pero seguía faltando el eslabón anterior, la población base de la que ese sapiens, y todos nosotros, surgimos. Y aquí es donde entra en juego la nueva investigación, liderada por Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania. Los fósiles de Thomas Quarry I son mucho más antiguos que los de Jebel Irhoud, y su morfología, además resulta especialmente reveladora. De hecho, los huesos muestran lo que los expertos llaman una 'evolución en mosaico', es decir, una mezcla de rasgos primitivos, propios de homínidos más arcaicos como Homo erectus, combinados con características dentales más modernas y que ya apuntan hacia Homo sapiens. Según Hublin y su equipo, esta 'mezcla' sugiere que, hace alrededor de 770.000 años, la 'fábrica' evolutiva en el norte de África ya estaba 'trabajando' en el prototipo del hombre moderno, mientras que, al otro lado del Mediterráneo, en Atapuerca, se cocinaba una historia diferente, la de los neandertales. «En sus formas y rasgos -explica Shara Bailey, coautora del estudio- los dientes de Grotte à Hominidés conservan muchas características primitivas y carecen de los rasgos característicos de los neandertales. Los análisis morfológicos dentales indican que las diferencias regionales en las poblaciones humanas podrían haber estado ya presentes a finales del Pleistoceno Temprano». Uno de los aspectos más delicados a la hora de estudiar fósiles muy antiguos es determinar con precisión su antigüedad. Y en este caso, para averiguar la edad de los huesos de Casablanca los investigadores se basaron en el reloj magnético de la Tierra. Nuestro planeta funciona como un imán gigante, y cada cierto tiempo sus polos magnéticos (a no confundir con los polos geográficos) se invierten, de forma que el norte pasa a ser el sur y viceversa. Y resulta que la última gran inversión, conocida como la transición Matuyama-Brunhes, ocurrió precisamente hace 773.000 años, y que ese evento quedó 'grabado' en los sedimentos de la cueva marroquí. La transición Matuyama–Brunhes, constituye uno de los marcadores más precisos tanto para geólogos como para arqueólogos. «Ver la transición Matuyama–Brunhes registrada con tal resolución en los depósitos de Thomas Quarry I -asegura Serena Perini, coautora del estudio- nos permite anclar la presencia de estos homínidos dentro de un marco cronológico excepcionalmente preciso». De lo que no cabe duda es de que el hallazgo pone de manifiesto el papel fundamental desempeñado por el noroeste de África en la historia evolutiva temprana del género Homo, en una época en la que las oscilaciones climáticas abrían periódicamente corredores transitables a lo largo de lo que hoy es el Sahara. En palabras de Denis Geraads, coautor del estudio: «La idea de que el Sahara era una barrera biogeográfica permanente no se sostiene para este periodo. La evidencia paleontológica muestra conexiones repetidas entre el noroeste de África y las sabanas del Este y el Sur». Especial relevancia tiene el hecho de que los restos de Homo antecessor de la sierra burgalesa sean contemporáneos de los nuevos fósiles marroquíes. ¿Pero eran parientes? ¿Formaban parte de la misma especie? José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca y coordinador del Programa de Paleobiología del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, se muestra, a la vez, cauto y optimista. Para él, estamos ante un trabajo «excelente» y admite sin problema que «los fósiles de ThI-GH podrían estar cerca del último ancestro común de los neandertales y los humanos modernos (LCA), como es el caso de los fósiles de Homo antecessor». A pesar de lo cual, Bermúdez de Castro plantea una hipótesis alternativa. Tanto España como Marruecos, dice, son, geográficamente, «callejones sin salida», ambos situados en los extremos de los continentes. «Sigo pensando -asegura- que el Cercano Oriente, nexo entre África y Europa, es una región ideal para encontrar el LCA». Es decir, que es posible que el verdadero 'padre' de todos nosotros viviera en esa encrucijada entre continentes, y que lo que vemos tanto en Casablanca como en Atapuerca sean sus descendientes directos que emigraron al oeste«. Mucho más optimista se muestra Juan Ignacio Morales, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social. «Los homíninos de Casablanca -explica- pueden leerse como un 'equivalente africano' del Homo antecessor de Atapuerca: dos ventanas casi paralelas a ambos lados del Mediterráneo, con evolución en mosaico, pero con TD6 (Gran Dolina) apuntando más hacia la trayectoria neandertal y Casablanca hacia la africana». Todo lo anterior significa que hace casi 800.000 años, aunque podía haber contactos esporádicos, las poblaciones de Europa y África ya habían empezado a divergir. El Estrecho de Gibraltar no era solo una barrera geográfica, sino el límite entre dos futuros distintos: el de los neandertales al norte y el 'nuestro' al sur. A pesar de la indudable importancia del hallazgo, no hay que olvidar que los restos encontrados (mandíbulas, dientes, vértebras...) son fragmentarios y que aún falta lo más importante: el cráneo y la cara. Por eso, Carles Lalueza Fox, director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y una autoridad mundial en paleogenética, recuerda un viejo dicho entre los 'cazadores' de fósiles: «mientras que el cráneo es la creación de Dios, la mandíbula es obra del diablo. Así que seguramente tendremos que esperar a descubrir cómo era el cráneo de estos individuos para clarificar las posibles relaciones con Homo antecessor». Aún así, Lalueza-Fox reconoce que el hallazgo «certifica diferencias entre los fósiles del norte de África y de Europa hace unos 800.000 años». Sea como fuere, y estemos o no en presencia del ancestro común entre los neandertales y los humanos modernos, los fósiles de Casablanca están extraordinariamente cerca del punto de separación entre los linajes africanos y euroasiáticos. Lo que convierte a Marruecos en la cuna más antigua conocida hasta ahora de nuestra especie.
  • Aunque a muchos les pueda parecer un lujo moderno, el sueño ya formaba parte de la vida mucho antes de que existieran los mamíferos, los pájaros o incluso los cerebros complejos. Y no en tierra firme, sino en un mundo tan ajeno a nosotros como el océano. Un estudio publicado en la revista ' Nature Communications ' revela que medusas y anémonas de mar duermen de una manera sorprendentemente parecida a la nuestra y que ese descanso cumple una función esencial: proteger el ADN de las neuronas. La idea de una medusa durmiendo puede resultar chocante, ya que no tienen cerebro, ojos y ni siquiera un sistema nervioso centralizado. Sin embargo, los investigadores han demostrado que estos animales primitivos entran en estados de reposo bien definidos, con menor actividad física y una mayor dificultad para reaccionar a estímulos. Además, si no duermen, se muestran 'torpes' y necesitan 'recuperar' el sueño perdido, igual que nos pasaría a nosotros. Cumplen todos los criterios que la ciencia utiliza para definir este estado de reposo total. El trabajo ha sido codirigido por los laboratorios de Lior Appelbaum y de Oren Levy en la Universidad Bar-Ilan (Israel). De hecho, el primero de ellos ya demostró en peces cebra , unos animales ideales para este tipo de estudios por su cuerpo transparente, que las neuronas acumulan daño en el ADN durante la vigilia y necesitan dormir para recuperarse. Ahora Appelbaum y Levy se han fijado en dos especies distintas de cnidarios (uno de los grupos animales más antiguos con neuronas): la medusa Cassiopea andromeda y la anémona marina Nematostella vectensis. Tras observarlas durante días, tanto en laboratorio como en su entorno natural, descubrieron que ambas duermen aproximadamente un tercio del día, una proporción muy similar a la de los seres humanos. Eso sí, lo hacen con horarios distintos: la medusa Cassiopea, de hábitos diurnos, duerme principalmente por la noche y se permite pequeñas siestas alrededor del mediodía; la anémona Nematostella, en cambio, descansa sobre todo durante el día y aumenta su actividad al amanecer y al atardecer. Cada una sigue su propio ritmo circadiano (ciclo biológico interno que regula el sueño y la vigilia, entre otros factores), pero la cantidad total de sueño se mantiene constante: unas ocho horas de media. El estudio también revela que los mecanismos que regulan el sueño ya estaban presentes hace cientos de millones de años. En las medusas, el descanso está controlado sobre todo por la luz ambiental y por la llamada presión homeostática del sueño: cuanto más tiempo permanecen despiertas, mayor es su necesidad de dormir. En las anémonas, además de esa presión, interviene un reloj circadiano interno similar al nuestro. Incluso la melatonina -la hormona que en los humanos se asocia al sueño nocturno- tiene un efecto conservado: administrada en el momento de mayor actividad, llevó al descanso tanto a medusas como a anémonas, independientemente de si eran diurnas o crepusculares. Pero el hallazgo más relevante va más allá de los horarios. Se conoce que durante la vigilia se crea daño en ADN por múltiples causas, entre ellas la actividad neuronal, el estrés oxidativo, el metabolismo y la radiación. Aunque este daño es perjudicial para todas las células, las neuronas requieren el sueño para evitar agresiones al genoma, posiblemente porque son células únicas que no se dividen. En la medusa y la anémona, los autores observaron que el sueño, efectivamente, reduce significativamente ese deterioro. Por el contrario, cuando se les priva de dormir, el daño genético aumentaba. Los autores también probaron a incrementar de forma artificial el deterioro con radiación ultravioleta o sustancias químicas mutagénicas (que hacen cambiar al ADN), y observaron que tanto la medusa como la anémona dormían más para compensarlo. «Este comportamiento, conocido como rebote del sueño, permitía la recuperación y la reducción de los niveles de daño en el ADN», explican los autores en un comunicado. La conclusión es clara: el sueño actúa como un mecanismo de mantenimiento celular, especialmente crucial para las neuronas, incluso aunque tenga contrapartida negativa. «Dormir tiene un coste evidente: nos deja indefensos», señalan los autores. Por ello, la persistencia del sueño a lo largo de la evolución ha sido uno de los grandes enigmas de la biología. Según este estudio, la función indispensable del sueño, que además de la reparación del ADN sirve para el descanso físico y emocional, así como 'fábrica' de recuerdos -mientras dormimos, fijamos nuestros recuerdos-, apareció muy pronto en la evolución animal y es tan crucial que compensó sus peligros inherentes. De hecho, son tan esenciales que ya estaban presentes en algunos de los primeros animales con neuronas del planeta. «Nuestros hallazgos sugieren que la capacidad del sueño para reducir el daño en el ADN neuronal es un rasgo ancestral ya presente en algunos de los animales más simples con sistema nervioso», señala Appelbaum. «El sueño pudo haber evolucionado originalmente para proporcionar un periodo consolidado de mantenimiento neuronal, una función tan fundamental que se ha conservado en todo el reino animal». En palabras de Appelbaum: «Dormir no es importante solo para el aprendizaje y la memoria, sino también para mantener sanas nuestras neuronas. El impulso evolutivo de conservar las neuronas que observamos en medusas y anémonas de mar es quizá una de las razones por las que el sueño sigue siendo esencial para los seres humanos hoy en día».
  • En la historia de los soportes de escritura el pergamino ocupa un lugar intermedio fascinante: no es tan frágil como el papiro, no es tan cotidiano como el papel y, durante siglos, fue el material predilecto para los libros que importaban de verdad, desde códices religiosos a grandes compilaciones jurídicas. Lo que resulta especialmente sugerente, si se piensa en clave de serendipia, es que el paso decisivo hacia el primer libro en pergamino no fue un proyecto planificado de cero, sino una confluencia de necesidad, ensayo, error y descubrimientos afortunados que se fueron encadenando. El pergamino se conocía como material desde antiguo, pero el salto a concebirlo como base de un libro completo -y no sólo como soporte ocasional- fue,... Ver Más
  • Se dice pronto, pero la hazaña de la ratona número 154 (o quizá fue la 186, los informes citan cuatro candidatos) pasará a los libros de historia de la biología espacial. Y no es para menos. Cuatro pequeños roedores lanzados al vacío espacial, a 400 kilómetros de altura, sometidos a la microgravedad y la radiación, regresan a la Tierra y, apenas un mes después, la vida se abre paso. El pasado 10 de diciembre, una de las hembras de la misión Shenzhou-21 se quedó embarazada tras su regreso y dio a luz a nueve crías. Seis de ellas han sobrevivido, están sanas y crecen con normalidad. Puede parecer una anécdota, pero Wang Hongmei, investigadora de la Academia China de Ciencias,... Ver Más
  • Ya no se trata sólo de que seguimos encontrando cada vez más ' galaxias imposibles ' cerca del origen del Universo, con estructuras sorprendentemente complejas y maduras en una época en la que, por lo que sabemos, no habrían tenido aún tiempo para desarrollarse. Ahora la cosa se complica aún más y en lugar de 'individuos', los astrónomos han empezado a encontrar grupos enteros de ellas. Eso es precisamente lo que acaba de hacer un equipo internacional de astrónomos bajo la dirección de científicos de la Universidad de British Columbia, en Canadá, al descubrir algo que el Universo no debería tener: un cúmulo de galaxias a pleno rendimiento , repletas de gas caliente y ardiendo apenas 1.400 millones de años... Ver Más
  • Retrocedamos por unos instantes al amanecer del siglo XX: lavar ropa era una epopeya de terror que devoraba dos días enteros por semana. Las mujeres, porque siempre eran ellas, debían cargar cubos de agua hirviendo sobre fogones de leña que ennegrecían techos y pulmones. Tenían que sumergir sábanas sucias en jabón corrosivo, restregarlas contra tablas de madera astillada, enjuagarlas en agua gélida una docena de veces y, finalmente, exprimir las prendas empapadas. Una vez lavada la ropa y colgada en cuerdas improvisadas tardaba una eternidad en secarse. En definitiva, el lavado de ropa no era un problema de higiene, sino de supervivencia. Surgieron artilugios primitivos con cilindros de madera girados a mano, barriles con paletas accionadas por manivelas o baldes con piedras para 'frotar' por inercia. Pero todos fallaban estrepitosamente en lo esencial: rompían botones, salpicaban espuma jabonosa por las paredes y dejaban todo el trabajo a las operarias. En 1908, Alva J. Fisher -un ingeniero de Chicago- patentó lo que pasa por ser la primera lavadora eléctrica comercial: el 'Thor'. Se trataba de un tambor de madera con paletas internas impulsadas por un motor de un caballo de fuerza, montado en una base metálica. La Hurley Machine Company lo lanzó al mercado a bombo y platillo: «¡Agitación pendular mágica para tu colada!», prometían los folletos publicitarios. Pero Thor era un Frankenstein doméstico. Costaba 120 dólares –aproximadamente unos dos meses de un sueldo medio-, pesaba una tonelada, rugía como un avión despegando y no exprimía, la ropa salía chorreando, lo que obligaba a las mujeres a escurrirla a mano. Thor se vendía más a lavanderías industriales que a las cocinas humildes, las amas de casa estadounidenses lo miraban como un capricho de ricos, inalcanzable para sus hogares. Fisher había encendido la mecha eléctrica, pero el fuego no prendía. Un año antes, en 1907, John Frederick Maytag, un granjero de Newton (Iowa) que fabricaba arados había comprado los derechos de la 'Jewel', un barril de madera con asas giratorias inventado por dos electricistas locales. Durante el verano las ventas de aquella lavadora se dispararon, debido al calor infernal de los fogones, pero con la llegada del invierno el inventario se pudría en los almacenes. No había forma de vender ninguna unidad. Afortunadamente, la serendipia estalló una noche de nevada: Maytag vio a su esposa batallando con el barril manual y, maldiciendo el invento. El granjero bajó al sótano, enchufó un motor de aspiradora al eje y, sin pensarlo dos veces, ató un par de zapatillas de tenis raídas a las paletas internas. Después de un enorme zumbido, las suelas de goma revolotean, crearon un torbellino jabonoso perfecto: limpiaba a fondo, no rompía tejidos delicados y amortiguaba el estruendo como un silenciador improvisado. Esas zapatillas no eran el diseño concienzudo de un ingeniero, pero resolvieron tres contrariedades que impedían el éxito: las gomas golpeaban sin destrozar camisas o lanas, la turbulencia era óptima –se creaba un remolino jabonoso que penetraba en fibras imposibles- y el ruido era tolerable. Esa misma noche Maytag probó su invento con una colada familiar -camisas sucias y sábanas mugrientas- y el resultado fue impecable. Aun así, tuvieron que pasar cuatro años más que patentara su invento: el 'Maytag Multi-Motor'. En 1911 nació la Pastime Washer, una versión pulida con escurridor manual tipo prensa y un enjuagador adicional. Pero el bombazo definitivo llegó en 1922 con la comercialización de la Maytag Power Washer. Esta lavadora ya disponía de un pequeño motor para centrifugado que expulsa agua a chorro, secando en un suspiro lo que antes eran horas de tendedero. Durante las dos décadas siguientes hubo una competencia feroz. Aparecieron modelos con agua caliente de caldera y temporizadores; lavadoras que se llenaban solas, lavaban, enjuagaban y centrifugaban de forma independiente. Aunque estas sinfonías suenan a música celestial la verdad es que estas lavadoras vibraban como un terremoto y necesitaban mucha agua y energía para llevar a cabo su labor. La Segunda Guerra Mundial aceleró el desarrollo de las lavadoras, debido a que las mujeres se incorporaron al mundo laboral por la escasez de hombres. En la postguerra llegarían las descargas en jabón espumoso, detergentes sin fosfatos, ciclos fríos y sensores capaces de ajustar carga y agua. Así que ya saben, cada vez que pulsen 'start' en su lavadora high-tech con WiFi y vapor antibacterias recuerden que ese zumbido suave no es obra de un sabio con bata blanca, sino el eco de un par de zapatillas de tenis raídas y atadas con rabia en un sótano hace más de un siglo.

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