Cuando el megacohete SLS despegue con la nave Orion Integrity en la punta, no antes del domingo 8 de febrero , el comandante Reid Wiseman y el piloto Victor Glover, de la NASA, estarán sentados en los dos asientos delanteros, frente a las pantallas. Detrás, viajarán los especialistas de misión Christina Koch, también de la agencia espacial estadounidense, y Jeremy Hansen, de la canadiense. Los cuatro han sido entrenados durante años para afrontar los múltiples desafíos de la misión Artemis II, destinada a volar alrededor de la Luna durante diez días y ensayo general de Artemis 3, que previsiblemente alunizará en 2028 por primera vez en más de medio siglo. Los estadounidenses, muy experimentados, suman entre todos más de 600 días en la Estación Espacial Internacional (ISS). Para Hansen, sin embargo, será su primera vez en el espacio. Esta tripulación, diversa e internacional, es también muy diferente a las que conformaron el programa Apolo. Los 24 astronautas que volaron a la Luna entre 1968 y 1972 -doce de ellos pisaron la superficie- eran todos varones, blancos y estadounidenses, muchos de ellos pilotos de pruebas. En su lugar, ahora viajarán una mujer, un afroamericano y un canadiense. Artemis II es un ensayo a lo grande para Artemis III, la misión que llevará previsiblemente a la primera mujer y a la primera persona afroamericana a la superficie lunar. Sin embargo, la eliminación de los programas de diversidad, igualdad e inclusión en las agencias federales por parte de la administración Trump también han afectado a la NASA, desde diciembre a cargo del multimillonario Jared Isaacman, designado por la administración de Donald Trump. En la web de la agencia espacial se han eliminado las alusiones de género y diversidad. Se asegura el regreso a la Luna, pero no que una mujer la pise por primera vez. Por el momento, Wiseman, Glover, Koch y Hansen, ahora en cuarentena, inician la cuenta atrás para un viaje de diez días que, sin duda, será el más alucinante de sus vidas.
Solo 85 segundos. Eso es el tiempo que le separa a la humanidad de su destrucción según el Reloj del Juicio Final (Doomsday Clock) . Un minutero simbólico que ilustra nuestra cercanía de la medianoche, o el punto teórico de la aniquilación, que nunca, desde los 79 años que lleva en marcha, ha estado tan cerca. Las causas principales que impulsan al riesgo de un desastre global: el comportamiento agresivo de las potencias nucleares como Rusia, China y Estados Unidos; el debilitamiento del control de armas nucleares; los conflictos en Ucrania y Oriente Medio; y la preocupación por la inteligencia artificial, «que pueden persuadir a pensar que cosas que no son verdaderas son ciertas». El Boletín de los Científicos Atómicos, un grupo sin ánimo de lucro que configuró el reloj metafórico al comienzo de la Guerra Fría, ha adelantado de los 89 segundos que marcaba reloj el año pasado a los 85. Desde 2015, que estaba colocado a tres minutos de la medianoche, el minutero no ha hecho sino bajar, si bien lo ha hecho de forma paulatina, cada dos o tres años. Esta vez, sin embargo, solo han bastado 12 meses desde la última revisión a la baja. Rusia, China, Estados Unidos y otros países importantes se han «vuelto cada vez más agresivos, hostiles y nacionalistas», según un comunicado emitido por el Boletín de Científicos Atómicos, un grupo formado por pensadores que incluya ocho premios Nobel y que toma la decisión de adelantar o atrasar el reloj. «Los acuerdos globales, ganados con esfuerzo, se están derrumbando, acelerando una competencia entre grandes potencias donde el ganador se lo lleva todo y socavando la cooperación internacional, crucial para reducir los riesgos de una guerra nuclear, el cambio climático, el uso indebido de la biotecnología, la amenaza potencial de la inteligencia artificial y otros peligros apocalípticos», señalan. La junta del Reloj del Juicio Final ha advertido sobre el aumento de los riesgos de una nueva carrera armamentística nuclear, «con ejércitos actualizando sus armas o con nuevas sobre el campo de batalla», además del vencimiento del tratado de reducción de armas nucleares New START entre Estados Unidos y Rusia y el impulso del presidente de EE.UU. Donald Trump para un costoso sistema de defensa antimisiles bautizado como la ' Cúpula Dorada ' que militarizaría aún más el espacio. También han señalado los niveles récord de emisiones de dióxido de carbono, el principal factor del calentamiento global, después de que Trump revirtiera drásticamente la política estadounidense de lucha contra el cambio climático y varios otros países también dieran marcha atrás. Los miembros de la junta advirtieron sobre una fractura de la confianza global. «Vivimos un Armagedón informativo impulsado por una tecnología extractiva y depredadora que difunde mentiras más rápido que los hechos y las ganancias de nuestra división», ha declarado María Ressa , periodista de investigación filipina y ganadora del Premio Nobel de la Paz. El Boletín de Científicos Atómicos, fundado por Albert Einstein, Robert Oppenheimer y otros científicos nucleares de la Universidad de Chicago, situó inicialmente el reloj a siete minutos de la medianoche en 1947. El Reloj del Juicio Final fue creado en 1947 fue fundado por Albert Einstein, Robert Oppenheimer y otros científicos nucleares de la Universidad de Chicago para transmitir la vulnerabilidad de la humanidad y el planeta. La decisión de mover o no el minutero se toma todos los años por la Junta de Ciencia y Seguridad del Boletín de los Científicos Atómicos , en consulta con un grupo de expertos, que incluye varios premios Nobel.
La teoría de que civilizaciones extraterrestres han visitado la Tierra pero que los grupos de poder lo ocultan es una hipótesis conspiranoica que lleva décadas circulando entre nosotros. Reforzada tras el 'boom alienígena' de los años 70, en el que el cine, la radio y los medios en general se hicieron eco de distintos avistamientos e incluso supuestos encuentros, la idea caló hondo en la sociedad. Tanto que casi medio siglo después hay quien está convencido de ello, incluidos españoles. En concreto, el 28% de las personas de nuestro país cree seguro o de forma probable que esta tesis es cierta, según revela una nueva edición del Estudio sobre Cultura Científica en España creado por la Fundación BBVA y que se acaba de hacer público. No es el único punto polémico de este informe que, además de analizar el interés y la cercanía de los ciudadanos con la ciencia y el nivel de conocimiento científico, también se centra en el grado de aceptación de diferentes teorías conspiranoicas ampliamente difundidas. Así, del trabajo también se desprende que el 22% de los encuestados, más de 2.000 personas de diferentes edades a partir de 18 años, con distinta formación y tipos de empleo, cree que el hombre no llegó a la Luna , seguro o probablemente. En lo que la mayoría de españoles está de acuerdo es que la Tierra no es plana (un 94%), igual que rechaza que «las vacunas causen autismo», un postulado cada vez más desmentido por diferentes estudios científicos a pesar de la insistencia de gobiernos como el de Donald Trump. «En el periodo más reciente, a pesar de un contexto saturado de ciencia, tecnología y canales múltiples para informarse de manera objetiva, ha habido una explosión de «teorías» y creencias conspirativas o patentemente contrarias a la ciencia promovidas por algunas élites globales, grupos de interés y algunos movimientos sociales de signo populista», señalan en un comunicado desde la Fundación BBVA. «La gran mayoría de la sociedad española no se acoge a un prisma anticientífico y conspiracional, pero algunas creencias de esa naturaleza están presentes, con distinto grado de convencimiento, en segmentos significativos de la población, reflejando el impacto de las fuerzas que promueven esas teorías principalmente a través de canales como las redes sociales y, en algunos casos, mediante declaraciones o pronunciamientos por influyentes figuras globales a través del conjunto de los medios de comunicación». Los datos se han obtenido a partir de dos encuestas telefónicas realizadas en noviembre de 2025 a dos grupos de 2.014 y 2.042 personas en cada caso, todos mayores de 18 años, representativas de la población española. Cada cuestionario incluye un bloque común de preguntas y otro específico, profundizando en el conocimiento científico y en las actitudes ante la ciencia. El estudio de la Fundación BBVA sobre la cultura científica en España muestra una sociedad a la que la ciencia le interesa mucho, pero que tiene un nivel de conocimientos científicos medio, con importantes lagunas en cuestiones básicas. En general, la mayoría de la población valora la ciencia y confía en ella, aunque no siempre comprende bien algunos conceptos fundamentales. Según el estudio, alrededor del 80% de los españoles afirma tener interés por la ciencia. La principal razón no es tanto su utilidad práctica como el placer de aprender cosas nuevas. Sin embargo, este interés no siempre se traduce en información o conocimiento real: solo una parte de la población se considera bien informada sobre temas científicos, y muchas personas señalan la dificultad para entenderlos como una barrera importante. Además, señalan las redes sociales -sobre todo YouTube- e internet como la fuente principal, seguida de la televisión, redes sociales y los periódicos en papel o digital. Cuando se analizan los conocimientos concretos, los resultados muestran luces y sombras. La mayoría de la población sabe, por ejemplo, que la Tierra no está en el centro del universo o que la personalidad de las personas se forma por una combinación de factores biológicos y sociales. Sin embargo, en cuestiones muy básicas aparecen errores llamativos. Solo alrededor del 40% de los encuestados sabe sin género de duda que el universo comenzó con una gran explosión, el Big Bang. Además, únicamente un 34% identifica correctamente que los antibióticos no sirven para combatir los virus, un dato especialmente relevante para la salud pública. En relación con el cambio climático, el estudio detecta un nivel de conocimiento insuficiente. Solo una minoría sabe que no está causado por el agujero en la capa de ozono, y menos de la mitad reconoce correctamente que el cambio climático actual se debe principalmente a la actividad humana y no a ciclos naturales de la Tierra. Estos datos muestran que, aunque el tema está muy presente en los medios, persisten confusiones importantes sobre sus causas reales. A pesar de estas carencias, la cultura científica española tiene puntos fuertes. Una amplia mayoría de la población comprende cómo funciona la ciencia: el 93% considera fundamental la comprobación experimental y la repetición de resultados, y el 72% entiende que el conocimiento científico se valida mediante su publicación en revistas especializadas. También es mayoritaria la idea de que las teorías científicas no son verdades absolutas, sino que pueden revisarse con nuevas evidencias. En conjunto, el estudio dibuja una sociedad interesada y cercana a la ciencia, pero que necesita mejorar su comprensión de conceptos científicos básicos, especialmente en áreas clave como la salud y el cambio climático.