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9 de julio de 2016. La tarde del día grande de las fiestas . La Vaquilla acababa de comenzar, sonó el campanico en el Ayuntamiento y una marea humana inundó de alegría la ciudad cuando un mozo se encaramó en la columna que sostiene al torico, símbolo de la capital, y le colocó el pañuelo. Se abrían días de una fiesta irrefrenable. Muy cerca de ahí, en la habitación 30 del hotel Cristina, en penuria y en un silencio pleno de ilusiones, se vestía de luces un segoviano de 29 años, que había llegado unas horas antes a Teruel . Víctor Barrio tomó la alternativa en Las Ventas el 8 de abril de 2012 en una tarde en la que...
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La codicia y la ambición son malos acompañantes, bien lo sabe toda la élite adinerada que, de vez en cuando, es robada como parte de un reto para todo aquel delincuente canalla que se cree mejor que los demás. Aunque para estar entre los mejores ladrones hay un tercer adjetivo muy importante: la elegancia. Maurice Leblanc dejó el listón muy alto en cuanto a ladrones de guante blanco. Lupin parecía insuperable, pero María Oruña (Vigo, 1976) aceptó el desafío como propio. Tras meses de investigación, documentación, visitas a museos y entrevistas con restauradores, coleccionistas y subastadores, nació 'La Cámara de las Maravillas' (Plaza & Janés). Todas las series policiacas nos han enseñado dos verdades universales, la primera es que, al final, la verdad siempre sale a la luz y la segunda es que hay que dudar de los más inocentes y del primer personaje que aparezca en pantalla. La escritora juega muy bien estas cartas durante su nueva novela negra / 'gender-blending' [género mezclado], sembrando dudas constantes al lector. Para lograrlo, trabaja con la precisión de un relojero. «Mi objetivo es que no se note, en tu reloj solo ves el cristal y el dial, no toda la maquinaria que hay debajo», reflexiona María Oruña durante una entrevista con ABC. « Es difícil hacer una novela en la que hay giros, pero que no sean impostados , que no sean fuegos artificiales que no van a ninguna parte, requiere mucha meditación». Para conseguir el robo perfecto se necesitan personajes idóneos. Por un lado se encuentra la familia Mendoza, que «simboliza la élite y la burguesía»; por otro, durante el robo en el Palacio Dorado [en la realidad es la Casa de América en la plaza de Cibeles, Madrid] aparece el delincuente canalla que enamora, Dimas Chevalier. El ladrón de guante blanco más famoso de Europa dice haberse reformado, pero ha estado en la cárcel y genera desconfianza. «Es un Robin Hood y nos cae bien a pesar de ser un delincuente», apunta la escritora, que no olvida a quienes investigan el robo... o robos: «También están los policías, uno venera el arte y la otra no concibe que se pague ni un euro por un cuadro». Entre todos los protagonistas se representa a la gran mayoría de la sociedad. A aquellos que aman el arte y tienen acceso a él, a quienes lo aman pero solo pueden verlo desde detrás de una vitrina, a los que no «les gusta» pero se maravillan con él y a aquellos a los que le es completamente indiferente. Pero el arte sigue siendo arte y genera debates interminables sin respuesta. 'La Cámara de las Maravillas' reabre poderosas discusiones sobre a quién pertenece una obra, dónde debería estar expuesta y cómo se consiguen estas espléndidas piezas. «Como narradora omnisciente no doy mi opinión. Lo que hago es que los personajes, de forma muy vehemente, opinen unos en contra de otros. Mi objetivo no es dar respuestas, sino formar un pensamiento crítico en los lectores», comenta Oruña. Porque el libro puede leerse como una divertida novela de ladrón de guante blanco, pero también permite profundizar sobre los grandes debates. Aunque en las páginas de su nueva novela la escritora no opine, durante esta entrevista se deja tentar sobre ¿a quién pertenece el arte? «Existe una gran impunidad colonial y bélica. Además, a nivel histórico hay muchos objetos de arte que forman parte del patrimonio del Estado que han desaparecido. Por ejemplo, el Pazo de Meirás, de Emilia Pardo Bazán en La Coruña, de forma legal o legítima fue un regalo del pueblo al dirigente [Franco], pero si te hacen un regalo bajo coacción, a lo mejor no es tan regalo y hay que devolverlo cuando esa presión o ese sistema político termina», explica Oruña mientras va recordando más ejemplos de «robos/regalos». Entre ellos, los de Pepe Botella –José Bonaparte al ser expulsado de España se llevó decenas de obras de arte–, el friso del Partenón, que se exhibe en el Museo Británico, o que el mayor atractivo del Neues Museum de Berlín sea el busto de Nefertiti. «Si vaciásemos todos los museos de lo que no les pertenece, sobre todo en Europa, habría que devolver a Egipto, a América, a Oriente…». Otro de los debates calientes del arte en España es la no reducción del IVA . Según los marchantes y entendidos del tema, esta disminución del impuesto ayudaría a que creciese la inversión en nuevas obras, pero Oruña no está del todo acuerdo. «No es tanto el IVA, el debate está en si merece la pena hacer una inversión en comprar obras nuevas ya que es muy arriesgado», reflexiona. Y continúa: «el 80% de lo que invierten, incluso en la Bienal de Venecia, es en nuevos valores y saben que después a lo mejor no funciona. Porque es muy difícil encontrar un Klimt o una Tamara de Lempicka, no es fácil encontrar voces auténticas que tengan carisma, que hagan algo genuino». ¿Y el mercado negro existe? «Sí, funcionan muchas mafias, y lo curioso es que utilizan obras de arte como garantía porque a veces las operaciones fiscales se pueden volatilizar, pero la obra está ahí». Debates interminables que darían para horas y horas de discusiones, pero todo tiene un principio y un fin, en la vida y en la novela. «Lo que admiramos de los personajes es su imperfección y ahí está la belleza, igual que en el arte, en la imperfección. Algo que la IA jamás logrará». Espere, ¿no le gusta la inteligencia artificial? «Soy anti inteligencia artificial, me pone mala. No concibo su uso si eres escritor profesional. Tenemos un problema grave de vacío legal que deben de solucionar a nivel legislativo las instituciones ya. Si no lo hacen es porque hay intereses políticos detrás», reflexiona Oruña. «Creo que la IA es muy útil en ciencia, en seguridad y en muchos parámetros, pero estamos poniendo en juego a ilustradores, a periodistas –ya he visto noticias sobre mis libros hechas por IA, todas mal– y a escritores también, por supuesto». La escritora gallega lanza una propuesta: «Me gustaría que existiese un sistema de registro para crear una pegatina que dijese: «Hemos certificado que este libro no tiene inteligencia artificial». Me gustaría para mis libros».
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En un museo donde las estrellas son la deslumbrante 'Ofelia' de Millais y la apabullante colección de obras de Turner -también cuelga en sus paredes 'A Bigger Splash', icónica pintura del recientemente fallecido David Hockney -, brilla con luz propia James McNeill Whistler (1834-1903) , uno de los grandes innovadores artísticos de finales del siglo XIX. Creador audazmente experimental y cosmopolita, desafió las convenciones de la sociedad victoriana en busca de la verdad, la belleza y el progreso. Proclamaba 'el arte por el arte'. Redefinió el concepto de artista y fue pionero, creando visiones etéreas y de una belleza asombrosa de la vida moderna, que le valieron un lugar entre los artistas más influyentes del siglo XIX. La Tate Britain de Londres dedica a este transgresor artista y diseñador norteamericano, hasta el 27 de septiembre, la mayor retrospectiva en Europa en treinta años . Reúne 150 obras, incluidas sus pinturas más célebres, junto con obras poco vistas o inéditas, como sus cuadernos de bocetos. Se exhiben retratos, dibujos, grabados y diseños, desde su adolescencia en San Petersburgo hasta los enigmáticos autorretratos de su última etapa. «Una superproducción exuberante y seductora para el pintor que escandalizó a Gran Bretaña», titula la crítica en 'The Guardian'. «Algunas de las pinturas más inquietantemente bellas jamás creadas», escribe el crítico de 'The Independent'. Es muy difícil organizar exposiciones de Whistler. Hay cláusulas en sus legados que no permiten sus préstamos. Las oportunidades, pues, de ver obras de este artista son extremadamente raras. Las muestras más recientes se celebraron en la Tate Gallery de Londres, el Museo d'Orsay de París y la National Gallery of Art de Washington entre 1994 y 1995. Esta nueva exposición, que se ha gestado durante cinco años, viajará en octubre al Museo Van Gogh de Ámsterdam y se completará con otra muestra en la Colección Mesdag de La Haya. Será la primera retrospectiva de Whistler en los Países Bajos, uno de sus lugares favoritos. Rembrandt era su gran inspiración . «Es el país de los artistas. Tiene una atmósfera especial», decía. Van Gogh admiraba a Whistler. Ambos compartían una fascinación por la estética japonesa y expandieron los límites del arte. En una carta a su hermana Willemien, Vincent escribió: «Hay un cuadro que Whistler pintó de su madre. Cuando pienso en la mía, ella también me aparece así». Se refiere a 'Arreglo en gris y negro n.º 1', conocido como 'La madre del artista'. Fue la primera pintura estadounidense en formar parte de la colección del Louvre, hoy en la del Orsay. Es una de las obras más famosas de la historia del arte. Este conmovedor retrato de Anna Whistler regresa, por vez primera en 20 años, a Londres, la ciudad donde fue pintado en 1871. Al parecer, su madre sustituyó a una modelo que no se presentó a la sesión de posado de su hijo. Esta imagen icónica se ha convertido en un símbolo universal de la maternidad. Anna mira melancólica hacia el pasado en un mundo que mira hacia el futuro. La agudeza psicológica del retrato se impone con fuerza en la austeridad formal de la composición. Se exhibe en la exposición flanqueado por un autorretrato de Whistler, 'Arreglo en gris: retrato del pintor', y la imagen de su hermano, 'Retrato del Dr. William Whistler'. Unidos por su uso evocador del color gris, este tríptico de retratos familiares se reúne por primera vez desde que fue pintado. Además, hay otros hermosos retratos: 'Sinfonía en blanco nº 2. La pequeña joven blanca' (o 'La pequeña dama blanca') , de 1864, una de las joyas de la Tate (la mujer retratada es Joanna Hiffernan, amante del pintor y su musa durante años); 'Rojo y negro: El abanico (Edith Birnie Philip)' -uno de los retratos de cuerpo entero que pintó de su cuñada-; 'Arreglo en negro. La dama con botas amarillas' (retrato de la productora teatral, escritora y promotora Lady Archibald Campbell); 'Violeta y rosa: Carmen riendo' (uno de los retratos que hizo de su amiga, la artista italiana, marchante y modelo Carmen Rossi); 'Armonía en gris y verde: Miss Cicely Alexander' y 'Miss May Alexander' (estas niñas eran hermanas); dos retratos de cuerpo entero de Maud Franklin, artista y modelo… En 'Al piano', inmortaliza a su hermanastra Deborah Haden tocando el instrumento, mientras su hija Annie escucha atenta. La exposición se abre con una sala inspirada en el estudio de Whistler. Cuelgan en la muestra cuatro autorretratos : en su estudio, emulando a Rembrandt... Destaca uno de una colección privada, rara vez visto, en el que se pinta con un cigarrillo en la mano y exhalando humo, de una colección privada. Desde principios de su carrera, creó su propia imagen. Además, una nueva investigación y restauración de 'Cabeza de una campesina', 1855, del Hunterian Museum de Glasgow, confirma la autoría de Whistler. La pintó en París con poco más de 20 años, convirtiéndose en el retrato más antiguo del artista que se conserva. Otro de los atractivos de la exposición son sus bellísimos 'Nocturnos'. Se muestra la mayor selección jamás reunida. Desde el primero, pintado en Chile ('Nocturno en azul y oro: Valparaíso', 1865-74, hasta el último, pintado en Italia ('Nocturno en azul y oro: San Marcos, Venecia, 1880). Entre esta evocadora serie de paisajes se halla uno cedido por la Casa Blanca. La pintura fue obsequiada al presidente John F. Kennedy en 1962. Nunca había salido de Washington. Además, la Tate Britain exhibe por primera vez cuatro cuadernos de bocetos personales de Whistler, de tamaño bolsillo. Le acompañaron en sus viajes y capturan momentos fugaces de la vida cotidiana en distintos países: Gran Bretaña, Francia, Países Bajos, Irlanda y Argelia. Aunque nunca fueron concebidos para ser expuestos al público, revelan el afán incesante de Whistler por registrar cada instante. «Ningún día sin una línea», reza su lema . No faltan algunos de los muebles que diseñó. Una sala está dedicada a uno de sus proyectos de decoración más famosos: el comedor de Frederick Leyland, principal defensor y mecenas del arte británico moderno. Este planeó una suntuosa renovación de su comedor para mostrar las pinturas de Whistler junto a su colección de cerámica azul y blanca. Cuando el arquitecto cayó enfermo, Leyland pidió a Whistler que diera los toques finales a la sala. Sin su permiso, la transformó por completo. La llenó de motivos de pavos reales y le dio el título de 'Armonía en azul y oro: la sala del Pavo Real'. Posteriormente, añadió un mural de sí mismo y su mecenas como pavos reales luchando. Se exhibe de forma permanente en la Galería de Arte Freer de Washington, y se ha recreado para la exposición. Whistler se declaró en bancarrota al desafiar a Leyland. No fue la única polémica de su carrera. Hubo una muy sonada. En mayo de 1877, Whistler expuso ocho pinturas en la recién inaugurada Grosvenor Gallery. El crítico de arte John Ruskin publicó una crítica mordaz de 'Nocturno en negro y oro: El cohete que cae', en la que llamaba 'petimetre' al artista y lo acusaba de no esforzarse lo suficiente en su obra, que equivalía a «lanzar un bote de pintura a la cara del público», mientras seguía exigiendo precios elevados por ella. Ofendido por el comentario y preocupado por su impacto en su reputación, Whistler demandó a Ruskin por difamación. El jurado falló a favor de Whistler, pero ambas partes debieron pagar las costas judiciales. «Para empezar, no soy inglés». Así comenzaban las notas de Whistler para sus memorias. Mantuvo otro enfrentamiento con el círculo artístico inglés , que se había mostrado hostil hacia el artista. Durante mucho tiempo fue incomprendido en Inglaterra. Él expresó su deseo de que no se celebrara ninguna exposición conmemorativa de su obra en Londres. Ni una sola obra de Whistler fue comprada por una institución inglesa durante su vida. Finalmente, se adquirió 'Nocturno en azul y oro: puente viejo de Battersea' para la Tate. Es una de las imágenes más evocadoras de Londres. De carácter pendenciero, publicó un relato de sus numerosas disputas bajo el revelador título 'El sutil arte de crear enemigos'. El crítico de arte Roger Fray lo explicó así: « Parecía estar siempre comenzando una revolución ». James McNeill Whistler nació en Lowell (Massachusetts, Estados Unidos) en 1834. En 1843 se trasladó con su familia a San Petersburgo, donde su padre, el mayor Whistler, supervisaba la construcción del primer ferrocarril importante entre Moscú y San Petersburgo. En esta ciudad rusa estudió arte. Regresó a Estados Unidos con su madre viuda y su hermano en 1849. Asistió a la Academia Militar de West Point , de donde fue expulsado. A los 21 años se mudó a París, donde adoptó su cultura bohemia. Años después se estableció en Londres con la esperanza de alcanzar éxito. Hasta su muerte en 1903, alternó su residencia entre Inglaterra y Francia. Profundamente influenciado por el arte asiático, coleccionó cerámica, textiles y grabados orientales (una selección se exhibe en la muestra, junto con su caballete, su paleta y sus pinceles). En 1869 creó una marca para firmar su obra, convirtiendo sus iniciales, J y W, en una mariposa . La J representa la cabeza y la cola, y la W, las alas. Arrogante y maestro de la autopromoción , redefinió lo que significa ser un artista. Whistler fue una figura clave en la sociedad del siglo XIX, tan controvertido como influyente. Excéntrico, extravagante , vestía frac y llevaba zapatos de tacón de charol con lazos. Era un personaje fácilmente reconocible por su bigote, el monóculo y el larguísimo bastón, pero también por su ingenio y su lengua afilada. Admiradores y críticos seguían de cerca su vida social, sus debates, sus conferencias y sus opiniones. Su combinación de innovación artística y actuación pública influyó en artistas como Dalí y Warhol , cuyo concepto de 'marca' personal debía mucho a Whistler. Frecuentaba los círculos de Dante Gabriel Rossetti, Gustave Courbet, Édouard Manet y Oscar Wilde . Al igual que este último, también era un dandi elegante, refinado y escurridizo. Cofundó el exclusivo Chelsea Arts Club. Baudelaire consideraba la obra de Whistler como una «poesía profunda y compleja de un inmenso capital». «La pintura no debe aplicarse en capas gruesas. Debe ser como el aliento sobre la superficie de un cristal», decía Whistler. Solía trabajar con una técnica pictórica rápida y fluida que enfatizaba la inmediatez. Sus 'Nocturnos' fueron creados con capas finas y veladuras. Aunque no fue el primero en hacerlo, relacionó la pintura con la música . Utilizó los términos musicales 'nocturno', 'sinfonía', 'arreglo' y 'armonía' en los títulos de muchas de sus obras. Creía que la pintura debía ser una composición de elementos visuales, del mismo modo que la música lo es de notas y acordes. Las obras de su serie 'Nocturnos' recibieron nombres que evocan las cualidades emocionales y atmosféricas asociadas a la música. Quería que sus pinturas fueran apreciadas por su armonía visual y por la interacción entre colores, formas y texturas. La comisaria de la muestra, Carol Jacobi , conservadora de arte británico en la Tate Britain, explica que «se considera que la carrera de Whistler fue europea, ya que comenzó con su regreso de Estados Unidos a los veintiún años. De hecho, trabajó en Londres y París durante el resto de su vida, posponiendo sus planes de visitar su país natal hasta que, durante su última enfermedad, concluyó: «No se puede decepcionar continuamente a un continente». Estaba profundamente informado sobre la tradición artística europea y era una figura bilingüe en la vanguardia francesa y británica, un enérgico reformador de las instituciones artísticas, las exposiciones (anticiparon la estética moderna del cubo blanco), el marketing y la crítica en esos países, así como de su arte. Fue uno de los primeros en comprender el poder de la fama, la performance, la autoedición y el escándalo para impulsar sus ideas. Whistler era demasiado vanguardista para la vanguardia ».
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Confieso mi ignorancia: yo no sabía en qué parte del mundo estaba Cabo Verde. Tampoco sabía en qué idioma hablaban sus habitantes. Menos todavía sabía cuántos ciudadanos de Cabo Verde se encontraban en su país de origen y cuántos vivían en América. Y por supuesto no tenía idea de lo bien que jugaban al fútbol. El mundial de fútbol me ha permitido ganar dinero comprando entradas apenas salieron a la venta y revendiéndolas a precios de usura. He ganado más dinero como revendedor que como escritor. Algún espíritu sensible diría que soy un especulador, un carroñero, un mercader del fútbol. Compré bastantes entradas para todos los partidos a disputarse en Miami, ciudad en la que vivo hace tres décadas. Cuando...
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Llenar un Metropolitano se ha convertido en el día a día de grandes artistas, pero para muchos otros es un salto exponencial en su carrera. Y es que, a pesar de que Rels B es uno de los mayores exponentes de la música urbana en España, este sábado 4 de julio ha vestido con sus colores su primera arena madrileña. El joven mallorquín ha sido albañil, productor, compositor y cantante , una vida llena de aprendizajes que muestra en unas canciones que encandilan a las más de 50.000 personas presentes en el estadio. «Me he quedado solo, mi banda me ha dejado en este escenario enorme», declaraba el artista con razón sobre unas tablas que podrían empequeñecer su figura, pero Skinny (como le gusta que le llamen) tiene unos fans que le ayudan a no sentirse tan solo. Temas virales como 'Lo que hay x aquí', 'Cómo dormiste?' y 'Tú vas sin (fav)' fueron coreados por todos, pero 'La vida sin ti' y 'Buenos genes' rompieron con los niveles máximos de sonido , porque si el volumen ya estaba altísimo, en estos temas miles de voces se sumaron a la del mallorquín. El emocionado Daniel Heredia Vidal (ese es su verdadero nombre) hizo un repaso por sus más de 14 años en la música . Entre ritmos afro con la canción 'AfroLOVA' como mayor exponente y acompañado de saxos, trompetas y timbas; en temas como 'Diles' o 'La última canción', aparece una banda más tradicional con batería, guitarra y bajo; y en las primeras cinco canciones (todas del último disco) le acompañaron violines, violas y chelos. Una gran variedad de músicos que aparecen y desaparecen constantemente en un juego de sillas impredecible. Al llegar a un estadio como el Metropolitano, muchos hubiesen olvidado sus raíces. Rels B no es uno de ellos. Prefiere ir con la sexta marcha puesta, cantando 42 canciones , que dejarse fuera lo más importante: «Voy a tomarme el tiempo para dedicarle esta canción ('Te regalo') a mi querida mujer, a mi querida familia que también está aquí», cantada junto a J Abecida, en un instante que parece sacado de un videoclip. Y esta no es única colaboración de sus inicios en la música, en el bloque dedicado al rap cantó '3:45 A.M' junto a Dollar y '23 Feb. Madrid Freestyle' dándose el «gusto de cantarla por primera y última vez en Madrid». Y aunque ni Dellafuente ni Eladio Carrión salieron a cantar junto a Skinny, quienes sí estuvieron en la mágica noche del mallorquín fueron Cráneo -con 'Hood Girl'-, Recycled J -con 'Really On'- y Maikel delacalle - con 'Girlfriend'-. Una montaña rusa de emociones para un coreadísimo Rels B que disimulaba los ojos llorosos con una gran sonrisa, para continuar cantando temas como 'Un desperdicio' donde pedía que dejasen los móviles, «si tienen que beber beban, si tienen que fumar fumen, pero cierren los ojos y disfruten»; 'Un verano en Mallorca' como una oda a su tierra; y 'A mi', entre otras muchas canciones de amor. Una noche de magia para el mallorquín, que le dedicaba unas últimas palabras a su fans tras más de dos horas de concierto : «Estoy sin voz, pero vaya puta noche. Creo que ha sido el concierto más guapo de mi puta vida».
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La organización de Operación Triunfo sabe bien lo que gusta. Con la intención de encapsular un concierto tan amplio, proyectaron vídeos caseros de la infancia y el casting de los concursantes, intentando así apelar a la familiaridad que transmite el gran formato. Y vaya si lo transmite porque el Movistar Arena estaba lleno, no hubo nadie que se perdiera la cita. Sin embargo, el gran punto negativo es que, de cierto modo, se traiciona la emoción del directo al saber ya el setlist de antemano. ¿Dónde quedó ese concierto de gira en el que el fan acérrimo no sabe qué va a sonar después? ¿Dónde quedaron esos lagrimones cuando suena tu canción favorita que no te esperabas (en lugar de grabar todo el concierto)? ¿Es todo entonces una mera consecuencia del gran repertorio que supone el tener tanto artista en un mismo escenario o una resultante catástrofe, un resultado de los oscuros tiempos que vive la democratización de la cultura? El pitido de salida fue '1: El Sueño' con la grupal 'Yo quiero bailar', un icono dosmilero, sobre todo para esos que teníamos el cd de Caribe Mix 2001 porque, si algo tiene que entender OT es que la nostalgia es lo que necesitan para actualizarse a las nuevas narrativas que estos chicos encarnan. A esto le siguió un 'Voy a pasármelo bien' y el grandioso 'It's a sin', primer reflejo de que estamos en la celebración del Orgullo no solo por el mensaje reivindicativo de la letra, sino por los visuales de la iglesia con el repliegue multicolor de la bandera. Cuando llegó el momento boyband noventera con 'Bye bye bye', volvimos a ver a Guillo Rist en su salsa y a Carlos mucho más suelto y bordando el papel. Esto iba en sintonía con la caracterización del vestuario, pero sí que sigue estando latente que Max no empasta con la canción. El trío femenino formado por Laura, Olivia y Salma no sufrió la misma suerte y efervescencia del público, ya que su 'If you could read my mind' no causó gran sensación, no como el desate del 'Superestrella' de Olivia , la primera en hablarle al público en su rebose de expresividad y agradecimiento. En su 'I like de way you kiss me' con Iván vimos uno de los muchos tópicos visuales escenográficos, parecía que uno estaba viendo 'Blade runner' en lugar del tema dark wave de Artemas. Igual fue más tarde con 'El único' de Crespo y Tinho y nuestra visita al Reina Sofía o el capítulo de Gossip Girl que pareció el visual de 'Don't leave me this way' de Guille Toledano y Judith, parecía que iba a salir Serena Van der Woodsen en esa estación de NY después de su estancia de chica mala y rica en el internado; eso sí, un 10 nuestros concursantes. Después de estos comentarios sobre lo que vimos en las pantallas, hemos de destacar el 'Training season' de Cristina, Lucía y María Cruz con unas inesperadas pin up girls levantando pesas de fondo, el vestido de Cenicienta de Lucía para ir al gimnasio y una María que eclipsó a sus compañeras con su desparpajo ante lo poco que se sintió a Cristina. Lucía siguió y puso el broche de oro vocal al interpretar 'Creo en mí' con su aura de Burbuja (la supernena azul). Siendo la que más ha evolucionado de todos, muy lejos queda esa Lucía insegura de la academia. El segundo acto '2: El esfuerzo' arrancó con un mejorado 'Papaotai' de Téyou, la madre de la edición, y el momentazo en el que el Wizink se iluminó y Manu acompañó al piano a María Cruz en 'Envidia'. Luego vimos a los super amigos Judith con 'Ciudad de papel', Carlos con 'Volar' y al vozarrón soprano de OT25, Laura, que se desató en su vestido Barbie Faitytopia al rendirle homenaje al temón de 1997 de Mónica Naranjo. '3: Sin hate' llegó con el dúo de Téyou y Tinho, 'El sitio de mi recreo' con Claudia al piano y el público gritando. Salma cantó 'Lo saben mis zapatos', ese tema de expulsada con el que el público se dio cuenta de que debería haber votado mejor, ya que un carisma así no merecía irse tan pronto, y Max la siguió, dejando claro que es el alma de esta generación . Luego llegó '4: El trabajo en equipo', el ecuador del concierto, con duetos como el de Guillo Rist y Cristina ('APT'), esta última pero con Claudia en 'End of the world' y esa canción que tanto bebe del espíritu de esos romances de los OT del 2000 (Chenoa y Bisbal), el 'Siempre es de noche' interpretado por Lucía Casani y Guille Toledano. Los redundantes Guille y Guillo dieron el fiestón en 'Nuevayol' ('5: Iconic'). Aunque no se vio en las pantallas para los que estaban en las gradas lejanas, la gran voz masculina, Tinho, supuró rock en 'Beautiful things' pasando a una transición top al rap urbano de Crespo con 'Can't hold us', demostrando que se llevan mucho mejor de lo que se decía en redes cuando se vacilaban en la academia. Claudia Arenas llegó vestida de Cruella para su 'Latin girl', canción que hizo suya al cantar a capella con el público. Visto el fenómeno que causa, este diario quiso saber las opiniones diversas, ya que estaba repleto de adolescentes que afirman que es su favorita «por lo cercana que es y el tono de su voz». Entre el escaso público adulto, encontramos a Ana, que nos dice por qué vino al concierto: «Desde que Rosa ganó OT1, llevo siguiendo todas las ediciones, destacando esta como un referente por su diversidad y por reflejar la nueva sociedad actualizada». El cierre del concierto incluyó tres temas de Cristina ('6: Triunfo') que, en 'Punto de partida' simbolizó con el color negro de su vestido de cola, al igual que la canción, el antes y el después de la joven ganadora. Luego, en el acto de despedida, destacó el himno de la edición, 'Ese lugar', además del último 'Será porque te amo' en el que lucieron banderas del Orgullo, demostrando así por qué formatos como 'Operación Triunfo' son tan relevantes socialmente, ya que son un potente referente y ejemplo a seguir para los más jóvenes.
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Una copia excepcional de la Declaración de Independencia de Estados Unidos ha sido hallada casualmente en los Archivos Nacionales británicos, según anunció este viernes la institución . El documento figuraba entre los papeles incautados al barco corsario estadounidense 'Dalton' cuando fue capturado por la Marina Real en la Nochebuena de 1776. Catalogado en aquel momento simplemente como «otro papel», quedó escondido entre un modesto lote de cartas de un capitán hasta que lo descubrió por casualidad Michael Scurr, un voluntario que trabajaba en un proyecto de catalogación de escritos de capitanes de la marina real británica durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos. Ahora se ha identificado como una impresión contemporánea de la Declaración. «Es un descubrimiento extraordinario »,...
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Cinco minutos después de la hora indicada, numerosos láseres blancos apuntan al cielo y una voz realiza la cuenta atrás en español, como si el Apolo XI estuviera a punto de despegar hacia la Luna. Suenan varias capas de sintetizadores y efectos, hasta que Jean-Michel Jarre (Lyon, 1948) aparece por fin en el escenario y suena 'The Opening', su particular homenaje al compositor francés Pierre Henry, pionero de la música concreta. Tras la primera ovación y antes de que comience su desfile de robots, escenas surrealistas sacadas de un cuadro de Esther, rayos, formas geométricas en movimiento, melodías contagiosas y beats, el compositor se dirige al centro del escenario, micrófono en mano, y engatusa al público asegurando lo mucho que le han influido Dalí, Velázquez, Gaudí, Pedro Almodóvar, Albéniz y Rosalía. Populismo en clave musical. Aplauso asegurado, que aprovecha para arrancarse con 'Magnetic Fields Part 1', 'Sex In The Machine', 'Oxymore' y 'Waterphone', con esos timbres metálicos como sacados de 'Encuentros en la tercera fase', de un tirón. Todo suena perfecto, la verdad. El sonido es impecable y, por un momento, cuesta pensar que algunos de esos temas con ecos del futuro fueran escritos hace medio siglo. En la entrevista publicada por ABC Cultural hace dos meses , Jarre me contó que tenía «una sorpresa muy especial para esta gira por España», cuyo primer concierto en las Noches del Botánico ha agotado todas las entradas. Aseguró también que él mismo había diseñado el escenario y toda la parte visual, usando –y aquí viene la novedad en un compositor de 77 años– «la inteligencia artificial como un instrumento más». Hace dos semanas, además, un miembro de la organización reconoció en 'petit comité' que había visto el montaje y que era lo más impresionante que había pasado por el festival madrileño desde que se inauguró hace una década. Como anzuelo no está mal, sobre todo si tenemos en cuenta que hacía casi veinte años que Jarre no actuaba en Madrid. En concreto, desde que en 2008 interpretó íntegramente su icónico álbum 'Oxygène', el que le catapultó a la fama mundial, en el Auditorio del Parque de Atracciones. Anoche llegamos al Botánico de la Complutense con las expectativas muy altas, esperando zambullirnos en la 'rave' de uno de los pioneros de las 'raves'. Lo dice él, no yo, pero cumple, porque 'Oxygene Part 2', 'Arpegiator', 'The Architect', 'Zoolookology' y 'Equinoxe Part 7' ponen al público a bailar y tocar las palmas. Esto es también un concierto de pop. A continuación da otra 'masterclass', como si tuviera que reivindicar su cruzada a estas alturas: «La música electrónica no tiene nada que ver con Estados Unidos, el rock o el jazz. Nació aquí, en España, en Francia… en Europa». El público aplaude el logro patrio y él sigue con la lección: «Nace de nuestra herencia de la música clásica y de un permanente espíritu de innovación. Por eso esta noche quiero invitaros a entrar en lo que yo llamo 'mi cocina'. Siempre he pensado que hacer música electrónica es como cocinar: crear texturas, armonías y formas de onda, mezclando ingredientes de una manera orgánica. ¡Igual que hacer una buena paella!». El chiste lo trae preparado, pero funciona. Todo lo que dice está previamente escrito en español, para que todos lo entendamos, en las dos grandes pantallas que flanquean el escenario. Suena 'Zero Gravity', evocando los viajes espaciales; 'Industrial Revolution Part 2', homenajeando las grandes transformaciones tecnológicas, y 'Oxygene 19'. La gente se regodea especialmente con 'Exit', que Jarre compuso junto al dúo Pet Shop Boys, con esa letra inspirada en un discurso pronunciado por Edward Snowden, el extrabajador de la CIA acusado de espionaje y refugiado en Rusia. En realidad, podría hacer mil repertorios diferentes y todos funcionarían. No le faltan éxitos. Su currículo de más de cincuenta años y tropecientos discos le avala, así que continúa como una locomotora. Solo da pequeñas treguas cuando quiere pronunciar otro mitin: «No deberíamos tener miedo al progreso y a la tecnología. La tecnología también puede ser poética y orgánica. Por ejemplo, hoy mucha gente tiene miedo a la inteligencia artificial, pero la tecnología es neutra, todo depende del uso que hagamos de ella. Para un artista como yo puede convertirse en una oportunidad para ampliar la imaginación. Para mí la IA significa 'imaginación aumentada'. Este espectáculo, de hecho, ha sido creado en parte con la ayuda de ella», confirma. Jarre contagia mucho más al público cuando despliega todas esas melodías pegadizas que los asistentes tararean como si estuvieran escuchando la canción del verano. Melodías que él siempre defendió, pero que le distanciaron de esa corriente alemana liderada por Kraftwerk, un poco más experimental, en la que primaban las máquinas sobre los sentimientos. Él, sin embargo, quiere tocarnos el 'cuore' a cada rato, no que nos convirtamos en autómatas. Por eso él parece disfrutar más que nadie: baila animado sobre su plataforma, rodeado de teclados, aparatos de todo tipo y cables, muchos cables. No es fácil imaginarse qué debe sentir actuando para 4.000 personas, en comparación con el millón que reunió en la Plaza de la Concordia de París en 1979, cual Napoleón de la música electrónica a la conquista del mundo. Aquel día Mick Jagger dijo haberse quedado impactado. Por no hablar del millón y medio de Houston en la celebración del 25 aniversario de la NASA, en 1986, y los 3,5 millones de Moscú en 1996, la actuación más multitudinaria de la historia. Lo de anoche no debió ser nada para él, pero sonríe, jalea al público para que salte y sigue bailando en el tramo final de este corto concierto, como si se hubiera quitado varios años de encima con 'Brutalism', 'Epica' y 'Stardust'. Música que también se contempla, como ir a ver 'Tron' al cine. Cerró el concierto regresando a uno de los temas esenciales de aquella primera etapa, 'Magnetic Fields Part 2', e invitó al público a regresar al Botánico el 10 de julio, en la que será su segunda actuación en la capital. En los próximos días también estará en Valencia (Marina Norte, 8), Marbella (Starlite Occident Festival, 13) y este domingo en la discoteca Amnesia de Ibiza para celebrar el 50 aniversario del club y de su debut, aquel 'Oxygène' de 1976 que despachó rápidamente 12 millones de copias.
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El consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias en funciones, Antonio Sanz , ha presentado este viernes, junto al director general de la Fundación del Toro de Lidia, Borja Cardelús, el cartel de la gran final del Circuito de Novilladas de Andalucía, que se celebrará en Málaga el próximo 9 de agosto a las 19.00 horas y será retransmitida por Canal Sur Televisión. Antonio Sanz ha expresado su satisfacción porque «hemos sido pioneros a la hora de impulsar los circuitos y la Liga Nacional de Novilladas y, de esta forma, sellamos como evento estable esta final tan importante para los novilleros con picadores». El consejero ha recordado que en 2019 el Gobierno andaluz y la Fundación Toro de Lidia pusieron en...
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Jon Juaristi se suma este domingo al elenco de firmas de la Tercera de ABC y publicará una cada mes. Actualmente, solo el escritor argentino Jorge Fernández Díaz tiene programada su presencia mensual en esta página, que es el espacio de opinión y ensayo más prestigioso de la prensa en español. Juaristi lleva cerca de treinta años ligado a este periódico demostrando su magisterio como escritor de periódicos. Su estilo ha sido definido como de una erudición desbordante, brillantez narrativa, finísima inteligencia en el análisis y dotes para el sarcasmo. Juaristi es ante todo un intelectual que en su faceta académica ha ocupado la cátedra de Filología Española en la Universidad del País Vasco y en la de Alcalá de Henares, ha dado clase en New York University y ha sido profesor titular de la cátedra de Pensamiento Contemporáneo de la Fundación Cañada Blanch en la Universidad de Valencia. También ha trabajado como docente e investigador en Austin y el Colegio de México. Desde 2001 hasta 2004 fue director del Instituto Cervantes, tras haber pasado en el bienio anterior por la dirección de la Biblioteca Nacional. En su faceta como ensayista, escritor, traductor y poeta es autor en varios géneros, ha publicado, entre otros, los ensayos 'El linaje de Aitor', 'El chimbo expiatorio', 'El bucle melancólico', o 'El bosque originario', así como el libro de memorias 'Cambio de destino'.