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Terrazas del Rodeo

ABC - Cultura

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  • Mientras que los vecinos de Chamartín yacen dormidos en pleno conticinio, el Auditorio Nacional llora. Dentro, el órgano hace que el edificio entero retumbe. Las cuatro paredes se ven sacudidas por las manos de una joven que se posan sobre el instrumento. Ana Lapwood se emociona. Esta organista inglesa (1995) está terminando de afinar el instrumento para su concierto dentro del ciclo Bach Vermut del Centro Nacional de Difusión Musical. Son las tres de la mañana y ha llegado directa del aeropuerto. La joven no ha podido entrar antes por dos razones: la potencia del instrumento, que hace que el auditorio enmudezca, y el concierto anterior de la London Symphony Orchestra , donde se ha cruzado con una amiga, Maxine Kwok, una de los primeros violines del conjunto. Se han hecho una foto y la joven ha entrado al auditorio, en medio de la oscuridad, para hacer brotar la luz. «Creo que hay algo tan impresionante en el órgano de tubos… Cuando uno lo escucha por primera vez siente que ese sonido les golpea en el pecho y resuena en todo su cuerpo, escuchan y sienten la experiencia que tienen con la música pop o la música amplificada, pero desde un instrumento completamente no amplificado. Hay algo increíble en el hecho de que un solo instrumento pueda replicar los sonidos de toda una orquesta y que puedan ver a una sola persona creando esos sonidos», confiesa Anna Lapwood a ABC. Para Lapwood, el órgano de esta sala tiene tanto carácter que tocarlo es como hacer música con un ser vivo. Su asombro por él no cambia por mucho que pasen los años. La determinación que tuvo por este instrumento fue todo lo contrario a un flechazo. A pesar de haber estudiado arpa y estar convencida de que sería arpista, su madre le propuso tocar el órgano. «Pensé 'no seas ridícula, el órgano es una tontería', por qué iba a tocarlo jamás, pero entonces me dijo que si conseguía una beca en Oxford o Cambridge como organista, a los becarios les daban un piano de cola en su habitación, así que cambié de opinión. Me resultó realmente muy difícil y no podía tocarlo, y creo que eso me motivó mucho a querer descubrir cómo tocarlo, y ahora es mi vida» , confiesa. Clasificar a Ana Lapwood es más difícil que encontrar una aguja en un pajar. Se ha convertido en una de las figuras clave en la renovación del órgano en el siglo XXI, llevando el instrumento a nuevas audiencias como organista oficial del Royal Albert Hall y a través de una potente presencia digital que suma millones de seguidores. Formada en Oxford, donde fue la primera mujer organ scholar del Magdalen College, y exdirectora musical en Pembroke College (Cambridge), ha combinado la tradición clásica con repertorios cinematográficos y colaboraciones pop en algunas de las principales salas del mundo. Si en algo tiene un don, más allá de su destreza para tocar, es en programar. «Suelo elegir la música que más me gusta escuchar. Por ejemplo, acabo de grabar 'El Señor de los Anillos' y es una música tan inteligente , está tan bien construida, que puedo ver la película cuando escucho su música. Hay algunas piezas en las que quizá no es música que esté necesariamente en mi lista habitual de bandas sonoras, pero la escucho y pienso que funcionaría muy bien simplemente por cómo está escrita», explica. Si el órgano es la voz de Dios, Ana Lapwood es su evangelista. El desgaste que conlleva tocar un instrumento como el órgano, donde los horarios funcionan al revés y los ensayos suelen ser en la noche, no le suscita otra cosa que no sea el celo por llevar la belleza de la música a los demás. «¿La música tiene límites? No, creo que me está demostrando que somos nosotros quienes le imponemos los límites, y el límite es como nuestro propio cerebro. Siento que mi relación con el órgano está cambiando constantemente, y la relación con lo que puedes tocar está creciendo y expandiéndose, y lo que puedes decir con el instrumento y lo que puedes comunicar con él también está cambiando. C reo que el límite somos nosotros en realidad». No deja de ser una paradoja cómo uno de los instrumentos que más evoca al pasado puede ser un puente hacia el presente. Es en parte gracias a la habilidad de Lapwood de conectar con el público joven. ¿El secreto? Ni ella lo sabe. «No puedo creer cómo mis redes sociales han crecido en los últimos años, nunca habría esperado que crecieran hasta las cifras que tenemos ahora (un millón y medio en Instagram y otro millón y medio en TikTok), y creo que lo más importante es que siento una conexión real con mis seguidores, si alguien cumple años me aseguro de mencionarlo, cuido mucho hacerles sentir especiales y bienvenidos. Hay una sensación real de que hemos construido esto juntos, y del mismo modo que no puedo creer realmente lo que está pasando, ellos también sienten que no pueden creerlo». Su travesía en las redes sociales le ha llevado a crear su propio hashtag 'Play like a girl' (toca como una chica) y todo parte de una experiencia real. «Participé en un concurso de órgano mientras estudiaba, y uno de los jueces en su valoración dijo que necesitaba tocar más como un hombre, y recuerdo pensar que era algo raro de decir, y cuando le pregunté qué quería decir, dijo que tocara con más poder y autoridad. Como broma empecé a usar el hashtag para decir que en realidad voy a tocar como yo misma y espero que eso esté bien, y creo que se ha convertido en algo que no esperaba ». La joven vuelve al Auditorio Nacional para ensayar, esta vez por la mañana, con los ojos algo cansados, pero al mismo tiempo encendidos por el fuego que le suscita poner sus manos en el órgano. Solo han pasado unas horas desde que dejó el auditorio a las cuatro de la mañana y ahora pide un Uber para comer algo porque no ha tenido tiempo de comprar nada. Su vida no es una vida al uso, como tampoco lo son sus conciertos. Si hay algo prácticamente automatizado en los auditorios es esa voz que prohíbe hacer grabaciones durante la actuación. Anna Lapwood es una excepción. «No me distrae que la gente grabe. Me encanta la comunidad que puede crecer después de un concierto a partir de los vídeos. Ves a la gente compartir su propia perspectiva», confiesa. Lapwood trata de revisar todos los vídeos, responder y agradecer a todos sus seguidores. «Creo que el poder de que un concierto viva más allá del momento en sí es genial y nunca sabes cuándo alguien puede publicar un vídeo y que su amigo lo vea y piense que nunca había pensado en ir a un concierto de órgano. Es una forma muy del siglo XXI pensar en las experiencias de concierto. Siento que es una parte muy importante de cómo la gente está acostumbrada a vivir las experiencias ahora». El órgano es la voz de Dios, Anna Lapwood su evangelista y la música que brota de su instrumento, una epifanía. Posar las manos sobre esa máquina de viento y que de los tubos salga un sonido (casi) celestial es una especie de milagro. Despojarse de toda expectativa que el público espera de ti no es sencillo, aunque menos aún si viene de uno mismo. «Antes me costaba mucho y creo que la presión a menudo viene más de uno mismo que de otras personas. Es más que quieres ser perfecta para ti misma, pero creo que gracias a las redes sociales he construido cierta confianza con mi público , donde esperan que sea humana, y a veces algo puede salir mal con el órgano, pero cuando te das cuenta de que eso no les molesta, sino que piensan que eres un ser humano, entonces de repente dejas de preocuparte por la posible existencia de esos momentos», confiesa. El mejor ejemplo para demostrarlo es a través de la música de 'El Señor de los Anillos'. «Estaba escribiendo unas obras inspiradas en ella mientras estaba de gira, así que escribía un movimiento y lo tocaba al día siguiente en un concierto, y decía al público que lo había terminado literalmente el día anterior, que no tenía ni idea de si recordaría cómo tocarlo, pero que me encantaría intentarlo, y cuando desarrollas ese tipo de relación con el público es muy liberador y hace que actuar tenga mucho más que ver con experimentar, compartir y comunicar lo que te entusiasma en lugar de presentar una versión perfecta de una pieza».
  • El Vaticano se está tomando en serio la hipótesis de una experta en Miguel Ángel que asegura que el artista no quemó todas sus obras antes de morir , como afirmaba en su biografía el mismo Vasari, sino que ordenó a sus discípulos que las escondieran para salvarlas de especuladores. De confirmarse, significa que hay decenas de bocetos y obras inacabadas de Buonarroti en archivos, colecciones o museos erróneamente atribuidos a autores menores, con un valor de mercado muy superior. Está convencida la experta romana Valentina Salerno , que ha cruzado notas de archivos, árboles genealógicos, testamentos y correspondencia del círculo cercano del artista para seguir la pista de sus obras perdidas. «Miguel Ángel Buonarroti no quemó toda su colección personal de arte poco antes de morir. En cambio, la ocultó en secreto, la asignó y la dividió entre sus herederos, amigos y estudiantes mediante un plan ingenioso y meticulosamente elaborado», asegura en su investigación académica 'Miguel Ángel, sus últimos días'. Testimonios de contemporáneos del artista, como Vasari y otros personajes, coinciden en que la casa donde Miguel Ángel vivió durante décadas, junto a la Columna Trajana, estaba llena de «figuras, bocetos, modelos de cera, moldes de yeso, esculturas, bajorrelieves, materiales reciclados, herramientas, pinturas, maquetas, caricaturas, dibujos y esculturas de madera». También tenía «planos, bocetos, textos y correspondencia diversa». El día que falleció, el 18 de febrero de 1564 en torno a las cuatro de la tarde, un notario y dos oficiales registraron su casa para hacer un inventario . «El texto del siglo XVI relata que, para asombro del funcionario, encontró el taller totalmente vacío de materiales y obras artísticas, con la excepción de tres grandes estatuas inacabadas, aunque se menciona una cuarta más pequeña, un Cristo con la cruz al hombro, y unos pocos cartones, junto al gran patrimonio financiero (unos 8.000 escudos en monedas de oro y plata) sellado en el cofre del dormitorio», detalla Salerno. La explicación tradicional de este vacío era que al ver que se acercaba su muerte, el artista habría destruido sus obras inacabadas movido por el perfeccionismo de no dejarlas a mitad. La académica lo pone en duda pues en la casa además de «dibujos, libros y caricaturas» que efectivamente habría podido quemar, tampoco quedó rastro de «estatuas, piedras semielaboradas, piezas fundidas, maquetas, cobre, cera, moldes de yeso, medallas, bastidores, cerámicas y herramientas». Salerno concluye que «Miguel Ángel organizó años antes de su muerte un plan para asignar sus bienes a personas de su elección , para eludir la ley existente del 'ius sanguinis', que habría considerado a su poco estimado sobrino Leonardo como único heredero universal». Lo confirmaría, explica, el hecho de que ya en cartas de cuatro años antes de su muerte, Miguel Ángel «describe su deseo de dejar a su sobrino todos sus bienes financieros e inmuebles, pero apartarlo de la gestión de su legado artístico, especialmente el de Roma», que no quería que fuera vendido. «Aparte de que detestaba a su sobrino, en Roma se había formado un grupo de discípulos que quería que dieran continuidad a su obra. Por eso, es evidente que la desaparición de estas obras estaba ya preparada, que Miguel Ángel había trazado un plan antes de morir para que así fuera», asegura a ABC Valentina Salerno. Como si fuera una investigación policial, la estudiosa sigue la pista del testamento del principal discípulo de Miguel Ángel, presente en el momento del fallecimiento, Daniele de Volterra, cuyo nombre real era Daniele Ricciarelli . «Muchos de los lotes y objetos inventariados en 1566 a nombre de Ricciarelli son similares a los que posteriormente aparecen como pertenecientes a Miguel Ángel en los inventarios de alumnos de su taller», revela. Durante diez años ha revisado varios archivos de Europa, también el de Simancas , en España en busca de pistas. En el archivo central de Roma ha encontrado las explicaciones del notario de uno de los discípulos que, explica Salerno, menciona «la habitación secreta donde escondieron aquellas obras, que solo podía abrirse con varias llaves utilizadas simultáneamente». «Con el paso de los años, cuando las aguas se calmaron, las obras salieron a la luz pues comenzaron a legar a sus hijos y nietos cientos de dibujos de Miguel Ángel», confirma a ABC. Esas obras a lo largo de los siglos han ido pasando de mano en mano, y Valentina Salerno insinúa que habría identificado unas 20. Según Salerno siguieron el mismo recorrido que el estudio para el pie de una de las sibilas de la Capilla Sixtina , que a principios de este mes la casa de subastas Christie's de Nueva York vendió por unos 27 millones de dólares : Daniele de Volterra lo entrega en herencia a Michele degli Alberti y de este llega a la familia suiza de Mestral de Saint Saphorin. Por sorpresa, este viernes el Vaticano ha dicho que está profundizando para despejar dudas. «En referencia a la supuesta existencia de una serie de obras de Miguel Ángel Buonarroti hasta ahora desconocidas, la Oficina de Comunicación de la Fábrica de San Pedro precisa que, en el marco de las celebraciones por el 550 aniversario del nacimiento del artista (1475-2025) , se ha creado un Comité Científico con la tarea de evaluar posibles investigaciones sobre la obra de Buonarroti. En este contexto, el Comité también ha examinado la hipótesis de investigación objeto de la noticia mencionada», dice su portavoz. Para despejar las dudas, de ese comité forman parte William Wallace, de la Washington University de Saint Louis; Hugo Chapman, del departamento de grabados del Museo Británico, donde se custodian gran parte de los dibujos de Miguel Ángel; la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta; Cristina Acidini, de la Academia de las Artes de Florencia; Alessandro Checchi, director de la Fundación Buonarroti; el historiador de la Fábrica de San Pedro, Pietro Zander, y la autora de la investigación, Valentina Salerno. Por ahora, evitan mencionar sus conclusiones. Pero su prudente silencio es sumamente elocuente. Desde 1980 sólo han aparecido cinco nuevos dibujos del artista .
  • La sede de la Biblioteca Nacional de España (BNE) en Alcalá de Henares acumula, según Comisiones Obreras, tres décadas de actividad sin licencia , problemas de estabilidad en la solera del edificio, grietas en los depósitos, goteras persistentes y hasta pájaros muertos enredados en las redes de protección de la fachada. El sindicato ha difundido una nota en la que denuncia el «deterioro y abandono» de la segunda sede de la principal biblioteca del país y responsabiliza a la dirección técnica de no haber resuelto problemas que se arrastran desde hace más de una década. No es la primera vez que el secretario general de la sección sindical de CC.OO. en la BNE, Emilio Murcia, denuncia esta situación. El pasado... Ver Más
  • Anda Luis Landero entregándose con denuedo, conforme pasan los años, a su vocación de narrador, como si sintiera no tener cosa más importante que hacer que transmitirnos esa verdad recibida de generaciones de campesinos en su Extremadura natal. La narración y el gusto de contar historias que, en su elemental suceder sin importancia aparente, contienen toda la sabiduría que la Humanidad ha sido capaz de contener. Para narrar y saber contar, no es necesario ser muy culto, tampoco es preciso haber vivido aventuras reales. El prodigioso mecanismo de la fantasía y la imaginación que a todos alcanza lo permite. Cervantes nos dejó esa misma lección en su Quijote cuando reunió en la venta a arrieros y mozas, segadores y caminantes,... Ver Más
  • Ravensbrück fue el principal campo de concentración nazi para mujeres. Se ubicaba a 90 Km. de y estuvo operativo entre mayo de 1999 y abril de 1945. La escritora y crítica literaria Mercedes Monmany —colaboradora de ABC— ha investigado sobre ese infierno y en 'Algo quedará de mí' (Galaxia Gutenberg) reconstruye la historia de diez mujeres que coincidieron en Ravensbrück. Procedían de diversos países europeos y de distintos orígenes sociales, credos, y profesiones. Todas eran valientes y odiaban cualquier tipo de tiranía y totalitarismo. Charlamos con la autora de este extraordinario ensayo y ofrecemos la crítica: 'Heroínas de Ravensbrück: el coraje femenino frente al nazismo'. Por otro lado, en Libros , los críticos del suplemento analizan algunas de las más destacadas novedades editoriales. Entre otras, en Narrativa, 'El banquete' (Blackie Books). Reedición de una las más logradas sátiras de Muriel Spark . 'Primera infancia' (Periférica). Memorias noveladas de la niñez de la polifacética figura del británico Lord Berners . 'Mentira' (Ediciones B). Fuera de la exitosa saga 'Reina Roja', Juan Gómez-Jurado nos regala un 'thriller' con una adictiva historia y un gran personaje. 'Coloquio de invierno' (Tusquets). Luis Landero regresa con una novela donde vuelve a demostrar su maestría en el embrujo de narrar. También, 'Las niñas bonitas no pagan dinero' (Aguilar). La periodista Clara Nuño debuta en la narrativa con una sagaz novela sobre las violencias transmitidas de generación en generación de mujeres. 'Objetos perdidos' (Salamandra), un 'noir' entendido a la manera de Carlos Zanón, en el que vuelve a su Barcelona sombría . 'Los antropólogos' (Tusquets). Aysegül Savas retrata en su tercera novela las dudas y reflexiones de Asya, una expatriada en busca de hogar, mientras enfrenta el dilema del arraigo. 'La cazadora de cuerpos' (Destino). Najat El Hachmi explora la relación con el sexo de una coleccionista de amantes en una novela para el debate. En Ensayo, 'Cleopatra VII. Más allá del mito' (Ediciones de Aquí). Alfredo Taján devuelve a la reina egipcia su espesor político y humano. 'Sangre en la nieve' (Debate), de Robert Service. El historiador británico analiza los decisivos acontecimientos que se produjeron entre 1914 y 1924 en Rusia, y ofrece elementos novedosos. 'Momentos cumbre de la Humanidad' (Johan Norberg. El ensayista se detiene en Grecia, Roma, y el Califato Abasí, entre otras civilizaciones, y el choque de cada una consigo misma; Las páginas de Arte arrancan con una entrevista a Manuel Segade , cuando se ha dado a conocer uno de los proyectos de la 'era Segade' en el Museo Reina Sofía, primer capítulo de la reordenación de la colección del centro, que lleva su firma. Junto a la entrevista, nos ocupamos de la muestra 'Arte contemporáneo-1975-Presente'. Asimismo, entre otras exposiciones, visitamos la colectiva 'Los 80. Figuración en los años de La Movida', en la galería madrileña Guillermo de Osma; 'Antonio Caro+Claudio Perna' que se ocupa de la relación profesional y afectiva de dos de los padres del arte conceptual en Iberoamérica. Y nos desplazamos a Rótterdam para analizar las tres muestras de gran calidad que presenta el Museo de Fotografía de Países Bajos , que es un ejemplo a seguir. En Pantallas , con vistas a la entrega, comentamos los nominados a los Oscar 2026, ' Nuevas tendencias y regalos personalizados en los Oscar', con la pugna sobre todo entre 'Los pecadores' y 'Una batalla tras otra'. Parece que de un tiempo a esta parte se han cambiado los criterios, los gustos y posiblemente las intensiones. Las firmas de Bruno Pardo Porto , Jorge Fernández Díaz , Jesús García Calero, Javier Díaz-Guardiola, María José Solano , Pedro G. Cuartango , y José F. Peláez completan un número para un deleite total.
  • Poco imaginaría el cordobés Miguel Marín cuando organizó en Nueva York unas actuaciones de María Pagés, de Carmen Linares con Manolo Sanlúcar y de Farruquito y familia que veinticinco años después aquella semilla habría germinado en un festival que es, ya, una asentada tradición en la ciudad que nunca duerme: el Flamenco Festival , que a lo largo de este cuarto de siglo ha llevado allí a prácticamente todo el quién es quién de este arte. El martes 24 Rocío Márquez levanta el telón de la edición del XXV aniversario del Flamenco Festival, cuyo lema es ' New York & Flamenco, a true love story ' (Nueva York y el flamenco, una verdadera historia de amor), y en el que van a estar presentes figuras como Eva Yerbabuena, Manuel Liñán, El Farru, Rafael Estévez, Valeriano Paños, Sara Baras, Irene Morales, Rosario 'La Tremendita', Ángeles Toledano, Gerardo Núñez y Olga Pericet. «La idea de esta edición es rendir homenaje a los artistas pioneros que abrieron las puertas para el flamenco en los Estados Unidos -dice Miguel Marín-. El festival cumple veinticinco años, pero la historia es mucho más larga, y es bonito pararse y echar la vista atrás». Y en esa mirada retrospectiva Marín se ha encontrado con La Carmencita , «que era una de las grandes divas de Nueva York, hasta el punto de que en 1891 actuó en el Madison Square Garden delante de 9.000 personas; inspiró a dos grandes pintores de la época como son John Singer Sergeant y William Merritt Chase , que la pintaron en sendos cuadros que ahora están en el Metropolitan Museum. La primera mujer que apareció en una película, que filmo Thomas Alva Edison en 1891, fue ella». «Lo que quiero decir es que el flamenco no entró en Nueva York por la puerta de atrás; lo hizo por la puerta de la modernidad y de la fascinación. Las primeras imágenes en movimiento que vieron los estadounidenses fueron de flamenco, de baile flamenco», dice Marín. El flamenco ha influido en Nueva York y Nueva York ha influido en el flamenco a través de las vivencias de artistas como Encarnación López, 'La Argentinita' -de su encuentro en aquella ciudad con Lorca salió la grabación de las 'Canciones populares'-; Carmen Amaya, Vicente Escudero, Mario Maya, Sabicas... «El de Sabicas, al que rendimos homenaje este año, es un caso muy significativo, ya que el primer concierto de guitarra flamenca que se ofreció se produjo en Nueva York, en el Town Hall», cuenta Marín. Son hitos, añade, «de esta verdadera historia de amor entre el flamenco y Nueva York, y que trasciende al festival. Nosotros no hemos venido a inventar nada, sino a avivar una llama que otros encendieron». Lo que sí ha hecho el Flamenco Festival es dar continuidad a este arte en la ciudad y presentar lo que se está haciendo en estos momentos, no traer una bata de cola porque sí. «Hemos querido mostrar lo que mueve a los artistas flamencos en estos momentos, ser fieles a ellos. Y es verdad que hemos conseguido algo y es formar parte de las temporadas estable y parte de la escena cultural de Nueva York». Durante estos veinticinco años han pasado por el festival 180 compañías, con una presencia en la que se equilibran los artistas consagrados y los noveles. «El cincuenta por ciento de los artistas han actuado por primera vez en Nueva York en el marco del festival», presume su director. «Una de las misiones del festival es que el público neoyorquino conozca lo que motiva a las generaciones jóvenes, y se refuerce así el imaginario que ellos tenían del flamenco». «El público quiere vivir esa experiencia de la intensidad emocional del flamenco -sigue Marín-. Mikhail Baryshnikov nos ha pedido hacer una fiesta, y la vamos a hacer en su teatro con la Repompa, Alberto Sellé, Juan Tomás de la Molía, Mara Rey... En otro contexto hablaríamos de espectáculo inmersivo, pero aquí es una fiesta». Entre los hitos de estos veinticinco años recuerda Miguel Marín una velada celebrada en 2010 en el Museo Guggenheim: ' Dress to dance ', en la que estuvieron María Pagés, Rocío Molina, Manuel Liñán, Eduardo Guerrero, Belén López... Fue un milagro, porque esa noche hubo una nevada histórica; el director del Guggenheim me dijo que era algo único e irrepetible». Ha habido más momentos inolvidables: «el concierto de Enrique Morente con Tomatito en el Carnegie Hall, la primera gala que hicimos en 2002 con Manuela Carrasco, Chocolate, Israel Galván y Rocío Molina -que tendría entonces unos 18 años-; en esa gala ya estaba la semilla de mostrar la variedad del flamenco. Las galas se han convertido en una de las señas de identidad del festival». A lo largo de este cuarto de siglo Miguel Marín ha rastreado por Nueva York espacios a los que llevar el festival. Y es que, explica, cada uno está asociado a una visión, tiene su 'mission statement', su propósito fundamental... Y si podemos estar en espacios muy diversos, quiere decir que vamos a llegar a un público muy diverso. Poder hacer algo en el Brooklyn Academy of Music, en el Carnegie Hall, en el Joe Pub, en el Baryshnikov Center, en el Guggenheim o en el Metropolitan nos va a permitir llegar a un público completamente diverso. Y claro, nosotros dependemos de los teatros para llegar a los espectadores, porque son ellos los que tienen el público, tienen una 'clientela fija', y los que hacen la promoción. Los hay más vanguardistas, más tradicionales... Y para nosotros es la forma que tenemos de que el flamenco lo descubran personas que no saben ni siquiera que existe». El Flamenco Festival ha desarrollado también una importante labor educativa, de la que Miguel Marín se siente especialmente orgulloso. No solo se ofrecen 'clases' de flamenco antes de algunos espectáculos, sino que desde hace tiempo se ofrece en el City Center una función para escolares. «Como parte del sistema público de enseñanza de de Nueva York, los colegios van una vez al año a un teatro para ver un espectáculo. El City Center ofrece su programación a los colegios y son estos los que eligen qué van a ver. Pues llevamos 22 años en que siempre vienen a ver el flamenco. De toda la programación que hay, eligen el flamenco. Es muy interesante porque profesores locales de flamenco van a las escuelas antes; les dan dos clases, les enseñan algo los códigos, les dicen de dónde viene el flamenco... Lo ponen en contexto antes de que los niños vayan a ver el espectáculo». De vuelta a la edición de este año, destaca la vuelta al Guggenheim (Jon Maya y Andrés Marín), el homenaje a La Argentinita en la Biblioteca Pública de Nueva York, la fiesta en el Baryshnikov Center -que surgió de la asistencia del mítico bailarín al espectáculo de Eva Yerbabuena- o la actuación de Olga Pericet ante uno de los cuadros de La Carmencita en el Metropolitan Museum of Art.
  • Mientras las miradas se concentran esta semana en la reordenación de la colección de arte actual del Museo Reina Sofía, las 'periferias' y sus centros de arte se nos despipotan. Nuestra brújula nos dirige en primer lugar a Canarias, donde la chirigota montada en torno al CAAM en Gran Canaria es digna de estas fechas de carnaval. El sector está allí soliviantado porque, por segunda vez consecutiva, el cargo de director de la institución se ha renovado en la persona de Orlando Britto sin que se haya barajado la posibilidad de concurso público, optándose por la designación directa desde la Consejería de Cultura y la Presidencia del Cabildo de Gran Canaria. No se incumple la ley, porque su contrato habla de prórrogas indefinidas cada cinco años, pero eso puede garantizar su continuidad hasta que las ranas críen pelo. Pero quizás lo que ha causado más estupor es su programa expositivo para 2026, sobre todo porque si algo le achacan los agentes artísticos locales a este gestor es la «falta de coherencia curatorial». Que para noviembre irrumpa en sus salas Rossy de Palma bajo el comisariado de Simon Njami no ayuda mucho y sí dispara las acusaciones de supuesto amiguismo. Mientras, en Sevilla, la Junta intenta subsanar la salida 'por motivos personales' (siempre lo son: muy personales) del CAAC de Jimena Blázquez aplicando las buenas prácticas, sí, con un concurso internacional, pero para el que se dio diez días de plazo para presentar candidaturas. O se es Billy el Niño estudiando centros y preparando dossieres, o se tiene un modelo tipo que se manda al centro sevillano o al Museo del Botijo de Argentona sin ningún tipo de prejuicio, o, como teme el sector artístico en la capital hispalense por boca del IAC, alguien está jugando con las cartas marcadas y ya se tiene candidato. En ese caso, este sería, como explican una convocatoria-trampa, un traje a medida. Sea como sea, quien acabe nombrado ya está bajo el punto de mira.
  • «Lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la casualidad», sostenía Borges, a quien quizá no hubiera disgustado la historia de dos náufragos unidos por el destino y separados por el tiempo. El primero se llamaba Roberto Servente y era ingeniero. Tomó en Buenos Aires el primer vuelo de línea a Mar del Plata durante la borrascosa noche del 16 de enero de 1959: a causa de un desperfecto técnico, el Curstiss C-46 no pudo aterrizar y cayó al océano en la más completa oscuridad. El golpe desnucó a cincuenta y cuatro pasajeros ; Servente y una azafata se salvaron porque en un movimiento instintivo se agacharon y se pusieron en posición fetal. Cuando el ingeniero... Ver Más
  • Wim Wenders en la Berlinale -a quién se le ocurre-, quiso hablar de cine. El director de la magnífica 'Perfect days' debería, según los entusiastas de la política de salón, hacer un manifiesto de cada oportunidad ante un micrófono. A la mínima, en Berlín hay quien exige que se asuma que 'todo es política', como máxima. Todos y cada uno de los microfonados de la tierra tendrán entonces que opinar obligatoriamente sobre lo que toque cuando pasen por la rueda de prensa: Gaza, el cambio climático o Trump. Por las mismas, llegó el gran jefe Springsteen , Boss-Sentado en el capó de su Chevrolet Camaro Z28, y anunció su gira «contra el aspirante a Rey» , que es lo que les parece Trump. Los coches lo dicen todo. Clint Eastwood tenía el Gran Torino para gruñir lo suyo, porque su motor ruge, aunque menos que el del Camaro. Thelma y Louise delinearon sobre el mítico Thunderbird aquel camino sin más salida que la imaginación que tantas cosas cambió en su día, entre ellas mis ojos. Porque el buen cine sacude nuestra mirada siempre y es de tontos exigir que el cineasta se aclare la voz con las consignas de saldo, o de otro. Las consignas nacen siempre en sitios cutres. Y Wenders, en 'Paris, Texas' -esa película bisabuela de 'Sirat' -, reconectaba el pasado del protagonista, Harry Dean Stanton, con su vida a bordo de un Ford Ranchero, convertido casi en DeLorean del desierto del tiempo. Springsteen cantando himnos (cómo olvidar 'The Rising' o 'Evils & dust') es mejor que apoyado en su Camaro, sonriendo a la América que bracea sus angustias en un vídeo al grito de 'que viene la caballería'. ¿Y viene en coche? Lo que tiene que venir es la música. Por si lo otro que le sigue no es bonito .
  • Olvídense de todas las novedades editoriales de primavera, incluida la mía. Vayan a la primera librería que encuentren a pie de calle y compren (más bien, inviertan) en los tres volúmenes de Borges publicados por Alfaguara , porque no son libros, sino un inventario conjetural del universo. Atrévanse y encontrarán un jardín de senderos que se bifurcan ' donde cada decisión engendra otra y el tiempo no es un río sino un solo libro repleto de simultaneidades. Una biblioteca infinita , cuyos anaqueles contienen todos los libros posibles, incluso el que narra este instante en que usted duda si seguir leyendo. Un Aleph , minúsculo y vertiginoso, donde caben todos los puntos del orbe vistos desde todos los ángulos, sin... Ver Más

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