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A los agoreros que vienen certificando desde hace tiempo la muerte de los museos -se han convertido en mausoleos, dicen algunos-, la realidad les quita la razón. Están más vivos que nunca y siguen creciendo. Acaba de nacer Faro Santander (David Chipperfield), este mes se presenta la ampliación del Museo Sorolla (Nieto Sobejano), la Fundación Beyeler de Basilea suma al bellísimo edificio de Renzo Piano tres estructuras diseñadas por Peter Zumthor, el 11 de diciembre verá la luz el Guggenheim Abu Dabi, de Frank Gehry... El Museo de Bellas Artes de Bilbao ha presentado este viernes su flamante ampliación, que se inaugura el próximo lunes (coincidiendo con su 118 aniversario ) y abrirá al público el martes con una semana de puertas abiertas, hasta el día 13. A partir del 14 de octubre habrá una entrada conjunta (a un precio de 14 euros) para visitar, en un plazo de cuatro días, el Guggenheim y el Bellas Artes. Es un proyecto impulsado por Miguel Zugaza , que volvió a tomar por segunda vez las riendas del museo bilbaíno en 2017, tras dejar la dirección del Prado, y que este viernes ejercía de 'turoperador' de lujo para un nutrido grupo de periodistas. «Más que una ampliación es una redimensión del museo», afirmaba al comenzar el recorrido. Bajo el lema 'Agravitas' , se presentó el proyecto de los arquitectos Norman Foster y Luis Maria Uriarte (una UTE formada por los estudios Foster + Partners y LM Uriarte Arkitektura) al concurso internacional convocado el 11 de febrero de 2019 para la ampliación y reforma del Museo de Bellas Artes de Bilbao (optaron 57 equipos de arquitectura). Lo ganaron por unanimidad el 23 de julio. El jurado valoró que era el proyecto que mejor se ajustaba a los objetivos prioritarios: dotar al museo de mayor espacio para extender la presentación de sus colecciones y promocionar sus programas de exposiciones, educación y difusión. Según el jurado, las fortalezas del proyecto ganador eran estas: «Tecnológica en su imagen, humanística en su enfoque y ecológica en su sostenibilidad, la propuesta aúna calidad arquitectónica, sensibilidad urbana y responsabilidad social para levantar un hito luminoso y leve en el corazón histórico de Bilbao». Pero no tardó en llegar la polémica . Ya en 2021 se alzaron voces muy críticas , que denunciaban irregularidades en el proyecto. Abrió la caja de los truenos un informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en respuesta a una consulta del arquitecto Fernando Pérez Rodríguez-Urrutia. Se decía que el proyecto infringía el Plan General en superficie y altura, que no se respetaban las construcciones anteriores… «Una enorme chapela, un gran ovni se ha posado sobre el Museo de Bellas Artes de Bilbao», decían sus detractores. Es el primer proyecto museístico de Norman Foster en España , pero no el último. Se halla en marcha el Salón de Reinos, la última ampliación del Museo del Prado. En este caso, el arquitecto británico ganó el concurso junto con Carlos Rubio. Este viernes ni estaba ni se esperaba a Lord Foster. Será el domingo cuando lo veamos -suponemos que junto a Lady Foster-paseando por el museo, que se inaugura tras cuatro años de obras . Se han llevado a cabo por fases para no tener todo este tiempo cerrado el museo entero. Arrancaron los trabajos en noviembre de 2022, cuando se puso la primera piedra. Con un presupuesto final de unos 46 millones de euros , el Bellas Artes de Bilbao ha ampliado su superficie en 6.000 metros cuadrados. Se ha tenido muy en cuenta la sostenibilidad medioambiental. La nueva estructura está formada por 15.000 piezas de acero. Se ha usado un acero ecológico, de reducida huella de carbono. La escultura se convierte en la gran protagonista del nuevo museo . Las hay por doquier; muchas son monumentales. El Atrio Arriaga , de unos 1.000 metros cuadrados, convertido según Foster en el corazón del museo -y eje vertebrador del mismo-, es visible desde el exterior a través de un gran muro acristalado, un alarde arquitectónico, pues se soporta en la estructura del edificio. Es un espacio abierto a la ciudad. Preside el atrio la fuente en memoria del compositor bilbaíno Arriaga creada por Francisco Durrio. Una escultura sonora que recupera su emplazamiento original y su condición de fuente accesible. En torno a ella, esculturas de Chillida ('Homenaje a Calder' y 'Lugar de encuentros IV', en hormigón, de 13,5 toneladas), Txomin Badiola y Pello Irazu, un vitral de Palazuelo... En las plazas adyacentes, más esculturas. En la del Museo, al norte, 'Sappho', de Anselm Kiefer, donada por la familia Foster, que se descubrirá el domingo. Al sur, en la Plaza Chillida, obras de Cristina Iglesias, Richard Serra, Susana Solano o el propio Chillida. En la conexión de los dos edificios, una divertida escultura roja de Noguchi, que contrasta con «un museo tan seriote como este» (Zugaza dixit). Unos impresionantes pilares en V (de 71 centímetros de diámetro y 11,5 metros de longitud cada uno) sostienen la nueva arquitectura y aportan una sensación de ingravidez al gran volumen que soporta. 'Agravitas' es una gran superficie volada de más de 2.500 metros cuadrados, con un óculo de seis metros de diámetro . «Es como el del Panteón [de Roma], el sueño de cualquier arquitecto», advierte Zugaza. Por encima de una cubierta de lamas blancas, a once metros de altura, hay dos plantas y una terraza . La planta inferior, de 900 metros cuadrados, está dedicada al diseño y la arquitectura. Se abre con la muestra 'Nuevas formas'. Contará además esta planta con espacios educativos. La planta superior (llamada BBK Museoa ) es la joya de la corona: un espléndido espacio diáfano de 1.500 metros cuadrados y seis metros de altura para exposiciones temporales. Se inaugura con arte contemporáneo español de los últimos 25 años: Itziar Okariz (y su instalación sonora 'Respiración oceánica'), June Crespo, Ibon Aranberri, Sergio Prego, Ana Laura Aláez... Lo de que este espacio lleve el nombre de la Fundación BBK lo explica así Zugaza: «Tenemos firmado un acuerdo a 15 años. Ellos financian un tercio del presupuesto de lo que se expone en esta sala y en la terraza. Esta fundación bancaria entendió que mejor que crear su propia sala era asociarse con las instituciones públicas». El tiempo se les ha echado encima (aún faltan por rematar no pocas cosas para su puesta a punto). Explica el director del museo que a punto estuvo de que se inaugurara la sala estrella de la ampliación solo con la instalación de Okariz. «Esta sala tiene algo que ver con la proporción áurea», apunta Zugaza. Las dos plantas de la nueva arquitectura lucen un tanto vacías, desnudas, desangeladas; parecen algo desaprovechados estos espacios. La terraza, de más de 500 metros cuadrados y con unas vistas espectaculares de la ciudad, es una sala al aire libre para esculturas . Se han instalado tres piezas monumentales de Anthony Caro: 'Toronto Flats' y 'Low Line Flats', donadas por la familia Foster, y 'África', cedida en comodato por la Colección Arango. Es un solo museo formado por tres arquitecturas bien diferenciadas. La primera, de estilo historicista, es de 1945 , obra de los arquitectos Gonzalo Cárdenas y Fernando Urrutia. Acogió el Museo de Bellas Artes, el de Arte Moderno y el de Reproducciones. Hoy alberga el arte hasta la Guerra Civil. Se ha recuperado el protagonismo del edificio de 1945, restableciendo su entrada original. La segunda, de 1970 , fue el primer museo de España dedicado al arte contemporáneo. Con un lenguaje racionalista fue creado por Álvaro Líbano y Ricardo Beascoa. Acoge el arte desde la segunda mitad del siglo XX hasta 2001. Luis Maria Uriarte llevaría a cabo una reforma. Tres arquitecturas y trece espacios . De ahí que se haya querido jugar para el lema del museo -'Ez doc amaiiru' (No hay trece)- con el nombre que dio Jorge Oteiza a un colectivo de arte de vanguardia en los años 60. El escultor cuenta en el ático del edificio de 1970 con un observatorio donde se exhibirá su trabajo. También tiene su espacio propio en el museo la obra sobre papel : dibujo, obra gráfica, fotografía… El Gabinete Gondra Barandiarán se estrena con una muestra de dibujos de Rafael Ruiz Balerdi bajo el título 'La línea infinita'. La colección del museo atesora unas 18.000 obras de arte , que van de los siglos IV a.C. a la actualidad. Se exhiben 750, de las cuales 150 se muestran por primera vez. Hay trabajos de 55 artistas mujeres. La colección estrena nueva museografía. «Es una colección de colecciones, muy distinta a la de otros museos. Éste es un museo de colecciones, no de exposiciones . Su principal exposición es la colección», advierte Miguel Zugaza. En torno al 70% de los fondos son legados y donaciones. Subimos en el montacargas para ir a los nuevos espacios. « Aquí el 'Guernica' no entra ni en diagonal -bromea, mirándonos-. Puede estar tranquilo Segade. Nosotros estamos satisfechos con el 'Guernica' de Ibarrola', que luce en el museo». Ya nos extraña, dado su empecinamiento en llevar la obra de Picasso al Prado: urdió un plan para quitárselo al Reina Sofía, que afortunadamente no llegó a buen puerto. El nuevo Museo de Bellas Artes se estrena con dos exposiciones , centradas en sendos mecenas y coleccionistas contemporáneos, latinoamericanos de nacimiento pero con grandes lazos con España: el mexicano Plácido Arango , fallecido en 2020, y la venezolana Patricia Phelps de Cisneros . Las muestras han sido instaladas, respectivamente, en los edificios de 1945 y 1970. La primera toma el título de un texto de Octavio Paz, 'La búsqueda del comienzo'. La familia Arango ha cedido hasta 2030 un centenar de obras de la colección original, que irán rotando cada seis meses. En la primera selección, obras de El Greco, Zurbarán, Murillo, Goya, Fortuny, Zuloaga, Miró, Tàpies… A ellas se suman préstamos de museos con los que Arango mantuvo una estrecha relación y obras invitadas: lienzos de Herrera el Mozo, Veronés, Velázquez, Sánchez Cotán... La segunda exposición, 'Visiones de Ultramar. Artistas viajeros en la Colección Patricia Phelps de Cisneros', constituye una visión inédita del descubrimiento del Nuevo Mundo a través de 150 obras de entre los siglos XVII y XX (pinturas, dibujos, grabados, mapas y fotografías). Comisariada por Estrella de Diego, está patrocinada por la Fundación BBVA. El artista español Asier Mendizábal presenta a modo de epílogo su instalación 'Problemas de estilo y vasijas de barro', que ha sido adquirida por el museo.
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Tras diez años cerrado al público, Patrimonio Nacional reabre el Museo de Pintura del monasterio de San Lorenzo de El Escorial con un centenar de joyas de grandes maestros como Tiziano, Tintoretto, Veronés, Van der Weyden o Ribera y 21 obras que nunca hasta ahora se habían expuesto de forma permanente. «Más que una sucesión de obras maestras, el Museo de Pintura de El Escorial ofrece una visión completa de la formación de las colecciones reales y del papel que el arte desempeñó en la construcción de la imagen de la monarquía», señaló en su presentación este jueves Víctor Cageao, director de las Colecciones Reales. Tanto las instalaciones como la museografía se han renovado por completo y casi un tercio de las obras expuestas han sido restauradas. De entre ellas destaca el Calvario de Rogier van der Weyden , el díptico de la Alegoría de la Redención de Michiel Coxcie, 'el Rafael flamenco', o las pinturas que Federico Zuccaro realizó para el Retablo Mayor de la Basílica y que Felipe II rechazó. El monarca convirtió El Escorial en uno de los grandes centros artísticos de Europa, al reunir en el monasterio algunas de las obras religiosas más destacadas de su colección, y tanto Felipe IV como Carlos II, Carlos IV e Isabel II ampliaron después los fondos con pinturas de las principales escuelas europeas. Junto al Museo de Pintura, hasta el 31 de diciembre podrá visitarse de forma independiente y gratuita también el renovado Museo de Arquitectura , que permite comprender con planos, maquetas, herramientas históricas y recursos audiovisuales cómo se diseñó y se construyó El Escorial y como este gran proyecto arquitectónico de la Edad Moderna se fue transformando a lo largo de más de cuatro siglos. Los dos museos fueron creados en 1963, con motivo del IV centenario de la colocación de la primera piedra del monasterio. El de Pintura se instaló en el antiguo Palacio de Verano de Felipe II y el de Arquitectura, que llegó a ser reconocido internacionalmente por su singularidad, en la Planta de las Bóvedas. Más de seis décadas después, se suman a estos espacios uno de los Salones de Honor, donde se exhiben elementos originales del monumento de Semana Santa diseñado por Juan de Herrera, y una antigua cocina de palacio con chimeneas históricas y piezas de menaje, como espacio de descanso. Ana de la Cueva, presidenta de Patrimonio Nacional, explicó en la inauguración que «no es casual» que se haya invertido 3,1 millones de euros, procedentes en su mayoría de los fondos NextGenerationEU, a la reapertura de los museos dedicados a la arquitectura y la pintura en El Escorial porque «fueron una inquietud personal de Felipe II durante toda su vida» y «son claves para entender la envergadura cultural y política del rey y del propio monasterio». A partir del próximo 1 de enero, su visita estará incluida en la entrada general, aunque quienes ya conocen el Real Monasterio podrán adquirir una específica.
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Pocos nombres en la Historia del Arte han sido tan vilipendiados como Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) . Y pocas veces las críticas han sido tan feroces y despiadadas con un artista. «Ese chico no tiene ningún talento», decía Manet. Para su colega Mary Cassatt, «sus cuadros de mujeres pelirrojas con cabezas diminutas son lo más horrible que se puede imaginar». «Son Pomonas neumáticas», advertía María de Heredia sobre las mujeres de sus lienzos. Según sus críticos, pasó de pintar parisinas desvestidas a mujeres que nunca conocieron la ropa. Entre los 'haters' que inundan las redes sociales con sus manifestaciones de odio, el artista Max Geller, que en 2015 creó un grupo de protesta llamado 'Renoir Sucks at Painting' (Renoir apesta como pintor) , instando a varios museos norteamericanos a que retiraran los cuadros del artista de sus salas. La campaña se hizo viral e incluso hubo una manifestación ante el Museo de Bellas Artes de Boston. Los principales dardos contra el artista apuntan, en realidad, a las obras de su última etapa, pintadas por el viejo voyeur hedonista , aquejado de artritis reumatoide. Unos lienzos protagonizados por mujeres desnudas, carnales, voluptuosas, rubensianas, de aspecto algodonoso, que juegan con sus largas melenas, pintadas para el mero placer de la mirada masculina. La Historia del Arte feminista ha presentado una visión descarnada del pintor francés como un misógino. ¿Hay que cancelar a Renoir? Tres señeros museos internacionales tienen claro que no. «Nuestra colaboración con el Musée d'Orsay de París y el Museum of Fine Arts de Boston nos permite traer lo mejor de Renoir al Reino Unido en una de las exposiciones más importantes sobre su obra en décadas», afirma Gabriele Finaldi , director de la National Gallery de Londres, un día después de que la ministra de Cultura británica, Lisa Nandy, confirmara que los museos nacionales del Reino Unido seguirán siendo gratuitos, incluidos para los turistas extranjeros. Explica Finaldi que en esta muestra «está lo mejor de su obra, de una gran calidad pictórica. Aborda temas que no le interesaban a otros pintores de vanguardia: la sociabilidad, las escenas del nuevo París...» ¿A qué se debe, entonces, su mala fama? Reconoce que « cierta pintura de Renoir es empalagosa, casi una caricatura del impresionismo . Algunos pintan demasiado... Pero sus pinturas de esta primera etapa tienen mucha carga de originalidad, mucha fuerza. La segunda parte de su carrera es, para mí, menos atractiva». Finaldi no está de acuerdo en absoluto con que sea un mal pintor: «No lo es. Tiene mucha habilidad, mucha técnica, mucha ambición. Pinta la luz, el movimiento, el ruido de la ciudad...» «Creemos conocerlo porque podemos encontrarlo en la sala de espera del dentista o en casa de nuestra abuela , y verlo reproducido por todas partes. Pero, en realidad, su calidad pictórica es absolutamente impresionante. Y por eso queríamos contar con los mejores préstamos posibles», explica una de las comisarias de la exposición. Algo similar le ocurrió a Murillo, cuya popularidad (sus San Juanitos estaban en los almanaques de todas las casas de España) jugó en su contra. Ambos cargaron con ese sambenito. 'Renoir y el amor' es la primera exposición de este museo centrada en el artista desde 2007. Ya se vio en París de marzo a julio de este año y, tras su paso por Londres, viajará a Boston. Con permiso del 'Tapiz de Bayeux', que luce en el British Museum, otra estrella del otoño en la capital británica es una de las pinturas más célebres de Renoir, 'El baile en el Moulin de la Galette' (1876) , préstamo excepcional del Museo d'Orsay, que se exhibe en el Reino Unido por primera vez. De esta 'guinguette' (merendero y sala de baile al aire libre) de Montmartre pintó dos versiones hace 150 años, en las que domina una paleta de azules. Aparte de esta versión, que perteneció al pintor Gustave Caillebotte (legó el cuadro al Estado francés en 1894), hizo otra el mismo año, vendida en 2009 en Sotheby's de Nueva York por 78,1 millones de dólares . Sigue siendo hoy su cotización más alta en subasta. La inquina de Geller con Renoir contrasta con el fervor de sus fieles seguidores, que son legiones. La muestra de la National Gallery ha batido récord de taquilla en la preventa . Se han vendido ya 32.000 entradas previas a la inauguración, superando a la muestra 'Van Gogh: Poetas y amantes', que actualmente es la exposición más vista del museo londinense, con 334.589 visitantes. El impresionista francés, además de adorado por el público, lo es también por los coleccionistas (una de sus pinturas, 'Joven en la barca', saldrá a subasta en noviembre en Sotheby's de Nueva York con un precio estimado de entre 25 y 35 millones de dólares) y, desgraciadamente, también es adorado por los ladrones de arte. Es de suponer que sus obras tienen una buena salida en el mercado negro del arte. En marzo de este año fueron robadas varias obras en la villa de la Fundación Magnani Rocca de Parma. Entre ellas, 'Los peces', de Renoir, valorada en unos 3 millones de euros. La Policía italiana las recuperó en agosto. Y este mes sustrajeron dos cuadros del Museo Renoir, en Cagnes-sur-Mer , en la Costa Azul. Siguen en paradero desconocido. Figura clave del impresionismo , sigue la estela de las fiestas galantes de la pintura francesa del Rococó: Fragonard, Watteau, Boucher... Esta exposición se centra en dos décadas de su producción, de 1860 a 1880 , años decisivos en su trayectoria. Aborda como tema central el amor romántico y el afecto, la familia, los amigos, el cortejo, los juegos de seducción... El joven Renoir evita las sombras y explora en sus pinturas los escenarios donde se socializaba en la época: los jardines, los cafés, restaurantes (como el Fournaise), teatros y bulevares de París, los bailes y verbenas, la vida callejera, las orillas del Sena... Creía Renoir que la pintura debía ser agradable, alegre y bonita . Es el pintor de la felicidad . Era consciente de que esa alegría, esa celebración de la vida que destilaban sus obras, le perjudicaba ante la crítica, que la consideraba banal: «Sé muy bien que es difícil convencer a la gente de que una pintura puede ser verdaderamente grandiosa sin dejar de transmitir felicidad», decía el pintor. «Ya hay suficientes cosas desagradables en la vida como para crear más». Se le echaba en cara no abordar en sus trabajos la cara más amarga de la sociedad de entonces (la miseria, el dolor, la prostitución, la explotación laboral, el sufrimiento humano...), sino mostrar una cara edulcorada de la misma. Tampoco aparecen en sus pinturas las pasiones tormentosas, el erotismo explícito, ni siquiera el activismo político. Se le menospreciaba por su conservadurismo social y su aparente falta de complejidad y profundidad. Sin recurrir a anécdotas, dramatismos ni sentimentalismos, Renoir presenta una visión jubilosa y desenfadada del amor moderno en el París del siglo XIX. Jean Renoir, hijo del pintor y director de cine, creía que era una máscara tras la que su padre se protegía por su carácter reservado. La muestra, abierta del 3 de octubre al 31 de enero de 2027 , reúne 45 de sus pinturas . Además de 'El baile en el Moulin de la Galette' (uno de los comisarios advierte cierta carga política tras la aparente escena bucólica), entre los préstamos destacan 'Las grandes bañistas', del Museo de Arte de Filadelfia;; 'Mujer con sombrilla en un jardín' del Museo Thyssen; 'La taberna de la madre Antony' (Museo Nacional de Estocolmo); 'El Paseo' (Museo Getty de los Ángeles, que acaba de adquirir su primer Velázquez); 'Los remeros de Chatou', de la National Gallery de Washington; 'Baile en Bougival', del Museo de Bellas Artes de Boston, o 'El almuerzo de los remeros', del Art Institute de Chicago (que cosechó un gran éxito). La National Gallery de Londres tiene en su colección 'Los paraguas', una de las obras emblemáticas del impresionismo. Un caso excepcional en el coleccionismo de Renoir es la Fundación Barnes de Filadelfia , que atesora 181 cuadros del artista. Hasta ahora no podía prestar obras. Ha empezado a hacerlo. En la muestra hay tres. También hay préstamos del Clark Art Institute, de Williamstown (Massachussets), que cuenta con una treintena de pinturas del artista. «Es con mi pincel con lo que amo» , decía Renoir. La relación con sus modelos fue compleja. La fascinaban las costureras, sombrereras y floristas de Montmartre, donde Renoir reclutaba a sus musas durante sus años impresionistas. Posaron para él Nini, Jeanne, Henriette, Ellen, Angèle, Margot, Gabrielle... También, la pintora Suzanne Valadon, con quien mantuvo una relación sentimental. Lise Tréhot fue su modelo favorita y amante durante seis años. Tuvieron dos hijos no reconocidos. A los 49 años se casó con Aline Charigot , otra de sus modelos habituales, con quien tuvo tres hijos: Pierre, Jean y Claude. A Aline la retrata amamantando a su hijo Pierre en 'Maternidad', una preciosa obra cedida por el Orsay. Las pinturas de juventud de Renoir constituyen una 'cartografía' de la sociedad de la época , sus gustos, costumbres y lugares de moda. Como La Grenouillère, en Croissy-sur-Seina, cerca de Bougival, mitad balneario, mitad club náutico, frecuentado por Renoir y por Monet, y también por las llamadas 'grenouilles' (ranas). No eran prostitutas, sino «chicas jóvenes sin compromiso que cambiaban de amante con facilidad», según Jean Renoir. Allí, la gente se bañaba, conversaba, almorzaba, bebía... También frecuentaban la taberna de la madre Antony en Marlotte, el restaurante Fournaise en Chatou, el Moulin de la Galette y el Cabaret d'Olivier, ambos en Montmartre... El primero era un histórico molino de viento del siglo XVII que la familia Debray convirtió a mediados del XIX en una concurrida 'guinguette'. En su casa de la rue Saint-Georges retrata a cinco amigos, entre ellos su colega Camille Pissarro. A su mecenas Paul Bérard, en el Castillo de Wargemont; a la familia de Monet, en Argenteuil... Y entre 1884 y 1887 pinta a cinco grandes bañistas desnudas . Esta obra, en la que vuelve al clasicismo (transforma las calles y suburbios de París en una Arcadia femenina idealizada), pone fin a su etapa impresionista y a la exposición, a cuya presentación este miércoles acudió su bisnieta. Renoir no apesta como pintor. Así lo entendieron Picasso , que fue uno de sus mayores admiradores y coleccionistas, y Matisse , que decía de él: «No hay historia más noble y heroica, ni logro más magnífico que el de Renoir». Amén.
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En la convulsa Europa del siglo XVII, la Reina Cristina de Suecia brilla con una personalidad fascinante, que no dejaba indiferentes a sus contemporáneos. Desde su juventud, fue una empedernida coleccionista de libros, manuscritos, instrumentos científicos, cuadros y obras de arte. Este año se conmemora el 400 aniversario de su nacimiento . Para ello, la embajada de Suecia, en colaboración con el Prado, ha desarrollado un programa de actividades inspiradas en una mujer que desafió su época, sin moldes, intelectualmente audaz y radicalmente libre, aficionada de la cultura, el arte y la ciencia. Una sala de escultura en la colección permanente del museo reunirá algunas de las mejores piezas que la Reina Cristina atesoró en Roma. Además, el programa 'El Prado en femenino' está dedicado a tres reinas: Cristina de Suecia, Mariana de Austria e Isabel de Farnesio, que amaron el arte y contribuyeron a forjar el actual museo. Los encuentros se desarrollarán entre octubre y diciembre con el objetivo de acercar la cultura sueca contando con nombres de referencia como Theodor Kallifatides (16 de octubre) y Liv Strömquist (5 de noviembre). Lo inaugurará el 2 de octubre Ana Alcaide con un concierto concebido para esta celebración, 'Essentia. Ecos de la Reina Cristina', en el que tocará la nyckelharpa, un instrumento de cuerda de tradición sueca que ha acompañado la historia musical del país desde hace siglos. Visionaria y defensora del conocimiento, la Reina Cristina de Suecia impulsó la ciencia y la cultura como motores del progreso. Cuatrocientos años después, este diálogo, en el marco de 'El Prado en femenino', invita a imaginar cómo contemplaría los avances científicos y tecnológicos de nuestro tiempo. Desde la inteligencia artificial hasta la exploración espacial , la curiosidad y la búsqueda de conocimiento siguen ampliando las fronteras de lo posible. Los astronautas Sara García Alonso, Christer Fuglesang y Jessica Meir dialogarán el 20 de noviembre sobre ciencia, exploración y futuro. No faltará la danza con 'Querida Cristina…', una pieza de música y danza inclusiva, bajo la dirección artística de Mercedes Pacheco. Se llevará a cabo el 14 de noviembre. El 18 de diciembre tendrá lugar 'La luz de Suecia: concierto de Santa Lucía' en el Prado. Contará por primera vez en España con el coro sueco Damkören SALT en una colaboración con el coro de la Orquesta Juvenil Europea de Madrid (OJEM), y acompañados por la Orquesta Sinfónica Contemporánea de España (OSCE), dirigido por el compositor Juan Antonio Simarro. Asimismo, habrá un ciclo de conferencias : 'Cristina de Suecia y Bernini: palabras, obras y omisiones', a cargo de Tomasso Montanari (21 de octubre), David García Cueto (28 de octubre), Davide Lipari (4 de noviembre) y Manuel Arias Martínez (11 de noviembre).
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La Fundación Azar de las Artes presenta en Madrid el proyecto 'Una visión remota', resultado de su última residencia artística que, en esta, su segunda edición, reúne a cuatro mujeres artistas: Ana Mortera , artista plástica, Izarne Oyarzabal , arquitecta y bailarina, Natividad Martín , igualmente artista y bailarina, y Telma João Santos , 'performer'. Se trata de una pieza dividida en dos actos que dialogan entre sí. El primero, una instalación; el segundo, una 'performance'. Se presentó en Madrid el pasado día 17 de septiembre en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Montes (UPM), para disfrute de todos los asistentes. Por fortuna, la Fundación Azar es consciente de la importancia del proceso de creación de cada una de las obras que surgen de sus residencias y, dentro de la colección 'Una residencia narrada por', edita primorosamente el relato de la génesis de cada una de ellas. Esta labor, propia de un cronista, recae igualmente en un artista, cerrando un círculo perfecto que documenta de manera completa la residencia. Para la ocasión, la Fundación Azar se ha acercado al mundo del cómic y, consciente del poder narrativo y de la belleza y capacidad de comunicación inherentes al noveno arte, ha elegido al artista coruñés Brais Rodríguez para llevar a cabo la citada crónica. La elección no puede ser más acertada. Brais es uno de los creadores más vanguardistas del cómic nacional. Tal es la maestría formal del autor que nos ocupa, que siempre consigue poner patas arriba cada una de sus reglas sólidamente asentadas de este arte. El historietista trabaja desde los límites del propio arte del cómic. Los retuerce y estira en cada página, y gusta de participar en propuestas híbridas y singulares que unen el mundo de la autoedición o la edición de autor limitada con el mundo de los museos y grandes centros de arte. Durante un mes, Brais acompaña a las artistas en el lugar donde se desarrolla la residencia, la finca El Azahar , un antiguo lagar rodeado de alcornoques, olivos y frutales, cerca de Trujillo, en Extremadura. Las sorpresas se encuentran en el propio relato. El lector descubre que las tormentas fueron parte activa y condicionaron la génesis de la pieza. Una sucesión de frentes y borrascas se confabularon para azotar el idílico paraje durante más de dos semanas y, un hecho fortuito, un ciprés derribado por el viento, se convierte en la chispa que pone en marcha el proceso creativo de las cuatro artistas (la creación es, a veces, así de caprichosa y la inspiración surge en los sucesos más inesperados). El clima condiciona igualmente el espacio de trabajo, que abandona el 'plein air' de la finca para trasladarse al molino, lugar protegido de las inclemencias meteorológicas. Pero, sobre todo, quiero destacar el aspecto formal. Brais desarrolla su propuesta en 24 páginas (como 24 son las horas del día) y divide cada una de ellas en una cuadrícula regular de 60 viñetas (como los minutos de cada hora). La sensación para el lector es la de asistir en directo a la génesis de la obra, casi como si un reloj o artilugio mecánico asociado a una cámara se activase y registrase de manera regular y sucesiva aquello que sucede en la finca El Azahar. El historietista juega con la percepción del tiempo de viñeta en viñeta con una maestría difícil de igualar. Y luego, simplemente, despliega su magia visual. Brais pasa de lo figurativo a lo abstracto con desparpajo. y traduce a imágenes, con certeza, todas las acciones de las artistas. Resulta especialmente bello el modo en que consigue transformar los movimientos de la danza en matemáticas, con un lirismo que me recuerda al mejor Kandinsky . Este cómic ahonda en un camino aún poco transitado, pero siempre fructífero: el que entiende el cómic como arte y lenguaje de vanguardia que, poco a poco, se abre camino en museos y fundaciones de arte. Brais realiza una auténtica obra de arte impresa y de vanguardia, de pocos ejemplares, como todos los trabajos de su trayectoria; más cercana a un grabado de serie limitada que al arte popular de gran difusión. Aquellos que lo deseen pueden adquirirlo en la propia web de la Fundación Azar.
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El Museo Getty de Los Ángeles ha adquirido una pintura recientemente redescubierta de Diego Velázquez , la primera obra del maestro español que ingresa en su colección y la primera del artista que se halla en la costa oeste de Estados Unidos. Se trata de un retrato del conde-duque de Olivares . Esta adquisición (de momento, no ha trascendido el precio) forma parte de la estrategia del museo norteamericano para ampliar su colección española. «Velázquez fue uno de los más grandes pintores de la Europa de principios de la Edad Moderna y uno de los exponentes más destacados de la larga y multifacética tradición del retrato de Estado», declaró Timothy Potts, director del Museo Getty , en un comunicado. «Esta obra es una incorporación fundamental a la colección del Getty, y su valor se ve reforzado por la historia del cuadro, ya que no se conoció en su totalidad hasta hace poco». La obra se exhibirá este otoño en el pabellón este del museo, antes de trasladarse a Detroit, donde será la estrella de la exposición 'Velázquez y Olivares: primeros años en la corte' , que tendrá lugar del 24 de enero al 25 de julio de 2027 en el Detroit Institute of Arts. «Este imponente y casi intimidante retrato constituye un valioso testimonio visual de uno de los estadistas españoles más influyentes del siglo XVII, que ejemplifica la innovación del pintor en el retrato cortesano y su magnífica capacidad para captar la personalidad del retratado directamente de la vida», añade Davide Gasparrotto, conservador jefe de pintura del Museo Getty. «Es una importante incorporación a la colección de pintura europea del siglo XVII del Getty y un valioso ejemplo para nuestra creciente colección de pintura española». El pasado 2 de julio, ABC se hacía eco del descubrimiento de este cuadro, noticia que adelantaba la revista especializada 'Ars Magazine' en su número 71. Ese retrato del valido del Rey Felipe IV corresponde a «la aportación más significativa al catálogo de Velázquez en los últimos años y la primera imagen documentada del conde-duque con armadura». Así lo decía, vía telefónica con ABC desde Londres, Salvador Salort-Pons , director de Detroit Institute of Arts y especialista en la obra del maestro sevillano, quien firmaba el artículo sobre el cuadro en dicha publicación. Preguntado sobre si era de una colección española, decía entonces: « Es de una colección particular . No estoy autorizado para hablar de eso». Explicaba que vio la obra a finales del año pasado en un estudio de restauración en Madrid». Los dueños, decía Salort-Pons, le invitaron a verla: «Se pusieron en contacto conmigo porque soy especialista en Velázquez. El estudio se hizo después de que yo la viera y más tarde se restauró. Yo ya había publicado sobre este cuadro hace 20 años, cuando encontré una información en los archivos secretos vaticanos sobre su existencia. Me di cuenta de que la documentación que había encontrado en 2004 se refería o estaba relacionada con este cuadro». En cuanto a su estado de conservación, decía que es »muy bueno, el estado es increíble». Y llegó la pregunta del millón. ¿Me puede confirmar si está a la venta en el mercado? «No lo sé . Lo que sí puedo decirle es que me gustó mucho el cuadro y lo vamos a incluir en una exposición en Detroit en enero, que estará enfocada a estudiar los primeros retratos que hizo Velázquez del conde-duque cuando llegó a Madrid». Estaba claro que sí estaba en el mercado. No advertía ninguna duda en la atribución: « Seguro que es obra de Velázquez y creo que seguramente es el cuadro inventariado en la colección Barberini. Pero el cuadro es de Velázquez». ¿Es un Velázquez inédito? «Sí, absolutamente inédito , no se había publicado antes, ni es conocido por la crítica. Es una nueva aportación al catálogo razonado de Velázquez y, en mi opinión, creo que es uno de los descubrimientos más importantes de los últimos años». Explica Salort-Pons que en 1626 viajó la legación del cardenal Barberini a Madrid . Para conmemorar esa visita, el conde-duque tuvo la idea de encargar dos retratos, uno de él y otro del cardenal, para que los intercambiasen. Y le encarga esos retratos a Velázquez, que solo lleva tres años en la Corte. El retrato que Velázquez hace de Barberini no le gustó ni a él ni a Cassiano del Pozzo, su secretario, gran coleccionista y mecenas. Y entonces encargan otro retrato del cardenal a Juan van der Hamen. No se conoce el paradero de ninguno de ellos. «Estos retratos son como el actual marketing; la forma en la que el conde-duque se iba a presentar ante el legado papal», advierte Salort-Pons. Son conocidos varios retratos del conde-duque de cuerpo entero , pintados por Velázquez. Uno, de 1624, se halla en el Museo de Arte de Sao Paulo. De hacia 1625 hay dos versiones: una en la Hispanic Society of America de Nueva York y otra en la colección Várez Fisa. El que ahora ve la luz es un busto del valido. Tiene la peculiaridad de que lleva armadura y la banda roja de capital general del ejército. «La razón por la que está retratado con armadura, en mi opinión, es porque Olivares está llevando a cabo la Unión de Armas. Estaba intentando crear un ejército para asentar la hegemonía del ejército español en toda Europa y en América. Por eso se presenta con armadura militar, como si fuera el líder del ejército. Fue una idea para relanzar la monarquía española, pero fue un fracaso total». Las radiografías desvelan muchísimos cambios en la composición . Explica Salort-Pons que «en el cuadro originalmente no aparecía Olivares con armadura, sino con un traje negro y probablemente forrado con piel. Luego lo cambia y le pone la armadura y la banda de militar y le cambia el cuello. Hace más ancha y más lisa la golilla. Incluso la posición de la cabeza también cambia, al igual que la posición de la oreja. Incluso rebaja los hombros. O sea, es una obra en la que Velázquez ha trabajado muchísimo». Hablaba en su artículo de un grabado de Paulus Pontius, 'Retrato alegórico del conde-duque', que el artista realizó en 1626 en colaboración con Rubens y con Velázquez. «Es el lanzamiento europeo de la imagen del conde-duque, cómo quería que se viera en Europa. Y era la manera de promocionar su imagen estratégicamente. No sabemos cómo Poncio pudo ver el retrato de Olivares con armadura, pero es el que utiliza». Pero hay una diferencia muy interesante entre el grabado y el cuadro: «En la armadura, en el hombro izquierdo de Olivares, hay tres remaches, tres clavos, en el grabado. Pero en el cuadro no. Velázquez deja el agujero de un remache. La armadura está como imperfecta. Es muy curioso. Creo que lo hace para llamar la atención de la persona que está viendo el cuadro y así subrayar su virtuosismo técnico. Está haciendo un trampantojo, que tanto le interesaba a su maestro Francisco Pacheco». Incluso se ha identificado que la armadura es de la manufactura de Bruselas y que fue elaborada por el maestro MP. El retrato estuvo en la colección de la familia Barberini hasta finales del siglo XVII. Este óleo sobre lienzo, de 60 por 48 centímetros , fue ligeramente recortado en la parte inferior. Salort-Pons ha comparado este cuadro con el retrato de Felipe IV con armadura del Prado: «Son muy parecidos de tamaño. Los materiales con los que están pintados los dos cuadros son los mismos. Y la trama de la tela de ambos tiene el mismo número de hilos por centímetro cuadrado. Es decir, que Velázquez, probablemente, utilizó el mismo rollo de tela para los dos cuadros».
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Para conmemorar el V centenario de la creación del Consejo de Estado , el Museo del Prado , en estrecha colaboración con el propio Consejo, ha preparado un itinerario formado por distintos retratos de consejeros de Estado presentes en sus salas. Para profundizar en el conocimiento de dicho itinerario, se programaron tres conferencias extraordinarias en el auditorio del museo para ilustrar distintos temas relacionados con las obras propuestas. El 27 de junio, Javier Barón , jefe de Colección de Pintura del XIX de la pinacoteca, abordó 'Los retratos de los consejeros de Estado en el Museo del Prado'. El 1 de julio, Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín , secretario General del Consejo de Estado de España, habló de 'El Consejo de Estado, las artes y las letras'. Este miércoles, el director de la Real Academia Española y consejero nato de Estado, Santiago Muñoz Machado , cerró el ciclo impartiendo la conferencia 'La influencia de los pensadores ilustrados en la pintura de Goya'. Hace 38 años (en 1988) organizaron una magna exposición de Goya el Museo del Prado, el Boston Museum of Fine Arts y el Metropolitan Museum of Arts de Nueva York, bajo el lema 'Goya y el espíritu de la Ilustración', que recogió la obra del genial artista insistiendo en la influencia sobre ella de las ideas ilustradas. Tras ser presentado por la presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo, y ante un auditorio repleto, de más de 400 personas, Muñoz Machado identificó dichas ideas que influenciaron a Goya y qué amigos fueron los influyentes. En su pintura están reflejados algunos de los grandes temas que abordan las obras de los más preclaros ilustrados españoles . Sobre las lecturas y la cultura general de Goya se ha mantenido una discusión continuada a lo largo de los dos últimos siglos, y se han emitido opiniones muy diversas. El núcleo de los trabajos de Goya apareció en una época de grandes cambios en la sociedad española. Declinaba la monarquía absoluta y concurrían los pensadores ilustrados a exponer sus ideas sobre las reformas de todo tipo que España necesitaba. Algunos ministros de la corte de Carlos IV, como Floridablanca o Godoy , fueron decisivos para el progreso del pintor. Pero el pensamiento ilustrado que más claramente se refleja en su pintura desde finales del siglo XVIII es el de personajes a los que retrató sucesivamente: Jovellanos, Meléndez Valdés, Moratín, Cabarrús y Juan Antonio Llorente . La presencia del pensamiento de estos personajes en la pintura de Goya centró la conferencia de Muñoz Machado en el Prado. El hecho de que Jovellanos fuera consejero de Estado le permitió establecer las influencias concretas y las relaciones entre el pensador asturiano y Goya.
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James Rondeau, presidente y director del Art Institute de Chicago , anuncia que el museo devolverá la obra 'Mujer con abanico', de Jean Metzinger , a la familia del coleccionista de arte judío Emanuel Lewenstein (1870-1930), informa el museo a través de un comunicado. Fue una de las obras de la colección Lewenstein subastadas en 1940 en circunstancias poco claras. La obra, de 1913, 'Mujer con abanico' , fue vendida en Ámsterdam en octubre de 1940, meses después de la invasión nazi de los Países Bajos. Aunque se desconocen las circunstancias exactas de la venta y la identidad de la persona que consignó la obra, el museo norteamericano concluyó que esta se vendió como consecuencia de la persecución nazi, según afirma Jacques Schuhmacher, responsable de investigación de procedencia del museo: «A falta de pruebas en sentido contrario, resulta apropiado considerar la venta como resultado de la persecución nazi y, por tanto, como una venta forzosa: o bien fue confiscada o bien se vendió bajo presión». Metzinger pintó el cuadro en París. Paul Citroen , marchante y pariente de Lewenstein, adquirió la obra en 1919. Lewenstein, director de una empresa de máquinas de coser, compró el cuadro a Citroen en 1928. Tras la muerte de Lewenstein, se cree que su viuda depositó la pintura -junto con otras obras- en el Museo Stedelijk de Ámsterdam para su custodia. Cuando tuvo lugar la subasta de 1940, ella ya había fallecido y los hijos de Lewenstein habían emigrado. El Art Institute de Chicago adquirió 'Mujer con abanico' en 1959 a través de una galería de Nueva York. El equipo del Art Institute de Chicago examinó el reverso de la obra. Mediante reflectografía infrarroja se inspeccionaron unas tenues marcas de lápiz en la parte posterior que resultaban ilegibles a simple vista; gracias a ello, se pudo distinguir el nombre de Paul Citroen. Dado que él era el principal proveedor de arte de Lewenstein, «eso nos permitió establecer una conexión entre este cuadro y la familia Lewenstein», afirma Schuhmacher. Otra obra procedente de la venta de Ámsterdam de 1940 que fue restituida a la familia Lewenstein, 'Das bunte Leben' ('La vida colorida') , de 1907, de Wassily Kandinsky , será una de las piezas destacadas en la subasta nocturna de arte de los siglos XX y XXI que Christie's celebrará en Londres el 14 de octubre. Restituida a los herederos de Lewenstein en junio de 2023, es considerada la obra cumbre de los años formativos de Kandinsky y fue exhibida con gran éxito de crítica en el Salón de Otoño de París el año de su creación. El cuadro estuvo expuesto en el Lenbachhaus de Múnich durante más de 50 años. Con unas dimensiones de 130 por 163 centímetros, fue el lienzo de mayor tamaño que Kandinsky había intentado pintar hasta entonces. Marcó un punto de inflexión decisivo en su obra. Con este cuadro, buscaba consolidar su reputación y afianzarse entre las figuras más destacadas del panorama artístico parisino. Christie's prevé que alcance un precio superior a los 30 millones de dólares . La familia Lewenstein sigue buscando cerca de 100 obras desaparecidas. En noviembre de 1927, 'Das bunte Leben' fue adquirido por el empresario y coleccionista de Ámsterdam Emanuel Albert Lewenstein y su esposa, Hedwig Lewenstein-Weyermann. La Segunda Guerra Mundial trajo la tragedia a la familia. Tras la ocupación alemana de los Países Bajos, sus bienes fueron confiscados : en octubre de 1940, apenas unos meses después de la invasión, las obras de la colección Lewenstein fueron dispersadas. Este cuadro de Kandinsky, retirado del Museo Stedelijk donde se encontraba en préstamo, fue vendido en subasta y adquirido por el coleccionista Salomon B. Slijper. Posteriormente, permaneció la mayor parte del tiempo bajo custodia de un museo en los Países Bajos, antes de ser adquirido por el Bayerische Landesbank a la familia Slijper en 1972. En 1973, fue cedido en préstamo a largo plazo al Lenbachhaus de Múnich, donde permaneció expuesto al público durante más de cincuenta años. Tras la guerra, los hijos de Emanuel y Hedwig, Robert y Wilhelmine Lewenstein, dedicaron décadas a investigar el destino de la colección de sus padres. Tras una exhaustiva investigación sobre la procedencia de la obra y las acciones legales emprendidas en colaboración con sus asesores, Mondex Corporation, los herederos de Hedwig Lewenstein-Weyermann consiguieron la restitución del cuadro por parte del Bayerische Landesbank en junio de 2023.
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El arte español atraviesa fronteras. A partir de este martes, quienes visiten Buenos Aires podrán disfrutar de una muestra que tiene a Goya como protagonista. El Museo Nacional de Bellas Artes exhibe dos tapices diseñados por el artista, incluidos en la exposición 'Goya en Buenos Aires. Tapices de las Colecciones Reales de España', que podrá visitarse hasta el 17 de enero de 2027. Es la primera vez que la Galería de las Colecciones Reales presenta una obra invitada en América, una iniciativa que nace con vocación de continuidad en otros países, como testimonio de la historia compartida entre España y el continente americano. Los préstamos son 'La cometa' y 'La gallina ciega' , dos tapices extraordinarios que fueron ideados por Goya entre 1775 y 1792, y tejidos en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. El método de trabajo consistía en la utilización de un cartón pintado el artista, que luego era usado de modelo por maestros tejedores de la fábrica. Los artesanos llevaban al tejido la composición del pintor mediante una técnica con hilos de lana y seda. Ambas obras –que ilustran la diversión y el espíritu lúdico con las afueras de Madrid como telón de fondo– forman parte de siete series de cartones para tapices decorativos que fueron destinados a los palacios de El Pardo y El Escorial, que el pintor diseñó con motivo de un encargo oficial. 'La cometa' fue realizado entre 1776 y 1778 para decorar el comedor de los Príncipes de Asturias en El Pardo, mientras que 'La gallina ciega' (1788) estaba destinado al dormitorio de las infantas en ese palacio. Esta colaboración del artista aragonés con la Corte alcanzó su punto máximo en 1786, cuando Goya fue nombrado pintor del rey Carlos III. A través de este tipo de obras «se ven los gustos de los monarcas y cómo cambia el arte a lo largo de la historia», explicaba en Buenos Aires la presidenta de Patrimonio Nacional, Ana de la Cueva , en la inauguración oficial de la muestra. «Son las primeras obras de las colecciones reales que viajan», destacó Víctor Cageao , director de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional y de la Galería de las Colecciones Reales. Y añadió: «Somos un escaparate para las grandes colecciones del Patrimonio Nacional y necesitamos presentarnos en otros países». En 1928 , con motivo de las celebraciones organizadas en Buenos Aires en torno a la figura de Francisco de Goya, el entonces Real Patrimonio autorizó el envío a Argentina de diez tapices diseñados por el artista y tejidos por la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Ahora, un siglo después, esta nueva exposición permite al público argentino acercarse nuevamente al resultado de la relación entre Francisco de Goya, la Corona española y la Real Fábrica de Tapices.
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Una de las obras más conmovedoras de la Historia del Arte es 'Ofelia', de John Everett Millais , que cuelga en la Tate Britain de Londres. Narra la trágica muerte de este personaje del 'Hamlet' shakespeariano. Ofelia se vuelve loca y muere ahogada al descubrir que su enamorado ha matado a su padre. La modelo es Elizabeth Siddal , poeta y pintora de cabellera pelirroja que encarnó el ideal de belleza para la Hermandad Prerrafaelita. Posó para sus principales miembros. La descubrieron en la tienda de sombreros de Londres donde trabajaba. Para 'Ofelia' tuvo que permanecer sumergida en una bañera con agua helada durante horas, pues las lámparas de gas que calentaban el agua se apagaron. Cogió una pulmonía. Casada con el pintor Dante Gabriel Rossetti, sufrió las infidelidades de este. La hija de ambos nació muerta. Elizabeth falleció por una sobredosis de láudano, a la que era adicta. Fue enterrada con un libro de poemas de Rossetti. Siete años después, fue exhumada para recuperar los poemas. Según la leyenda, su encendida cabellera siguió creciendo bajo tierra. Siddal es la gran musa de esa Hermandad Prerrafaelita , fundada por siete hombres (John Everett Millais, William Holman Hunt, Dante Gabriel Rossetti, su hermano William, Frederic Stephens, Thomas Woolner y James Collinson). Demasiada testosterona , como ocurrió un siglo después con el expresionismo abstracto norteamericano. Pero Siddal, más que una musa fue una de las pintoras que enriqueció este movimiento y que durante demasiado tiempo han estado 'ahogadas', como la propia Ofelia. La Fundación Mapfre se ha propuesto sacarlas a flote en una de las tres exposiciones con las que abre la temporada en su sede madrileña, bajo el título 'Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos, 1850-1914'. Este movimiento estilístico revolucionario, nacido como oposición al arte académico oficial , surgió en 1848 en la Gran Bretaña victoriana y, aunque apenas duró cinco años -se disolvió en 1853-, su influencia en el arte moderno fue decisivo en varias generaciones. Su legado influyó en el nacimiento de otro movimiento, Arts and Crafts, que, abanderado por William Morris, defendía la artesanía, la calidad de los materiales y la creatividad individual frente a la producción industrial. Fue la principal expresión del credo prerrafaelita en las artes aplicadas. Elevó el diseño textil, las vidrieras o la joyería a la categoría de arte. «No tengáis nada en vuestras casas que no sepáis que es útil o que no consideréis bello», promulgaba Morris. También Oscar Wilde promovió los ideales de lo útil y lo bello. El grupo tomó el nombre del rechazo que sentían sus miembros hacia los cánones artísticos del Renacimiento italiano encarnado por Rafael Sanzio . Se sentían más atraídos por Piero della Francesca o Durero, anteriores a Rafael. Entre los objetivos de la Hermandad, expresar ideas auténticas y sinceras, estudiar con atención la naturaleza, simpatizar con lo que hay de directo, serio y sincero en el arte de épocas pasadas y buscar la perfección en la creación artística. También tuvo detractores. Hubo un entusiasmo victoriano por el medievalismo , entendido como romanticismo, heroísmo, espiritualidad.. Se cuelan en las obras prerrafaelitas Camelot, Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, el Santo Grial, las vidas de santos... No lo tenían fácil las artistas en esa época, cuando la 'cuestión femenina' apenas empezaba a incorporarse al discurso público. Un dato: hasta 1863 las mujeres no fueron admitidas en la Royal Academy londinense. Y algunas tuvieron que adoptar pseudónimos masculinos para exponer sus trabajos. Eso sí, contaron con el apoyo del crítico John Ruskin , gran defensor del prerrafaelismo. Eran hijas, hermanas, esposas, amigas, vecinas..., explica la comisaria de la muestra, Pamela Gerrish Nunn. «Estas mujeres llegaron al prerrafaelismo y lo atravesaron por vías diversas, llevándolo consigo por distintos derroteros. Sus obras se revelan distintivas y originales, evocando y ampliando la imagen conocida del arte prerrafaelita. Las mujeres que se sintieron atraídas por el prerrafaelismo y vieron en él una oportunidad tenían en común la independencia de pensamiento, al margen de su posición social». Muchas de ellas procedían de la clase media, aunque las había de familia aristocrática y algunas de origen humilde. Casi todas son desconocidas para el gran público (Joanna Boyce, Alice Boyd, Eleanor Fortescue-Brickdale, Anna Mary Howitt, Evelyn de Morgan, Marie Spartali Stillman...), salvo alguna excepción, como la fotógrafa Julia Margaret Cameron , pionera en el uso del desenfoque, que representó a personajes bíblicos, literarios o mitológicos. En la rotonda de las salas de exposiciones de la Mapfre cuelgan algunos de sus retratos, como el de Alice Liddell, la joven que inspiró la Alicia de Lewis Carroll, representada como Alethea, diosa de la verdad. La exposición reúne, hasta el 10 de enero de 2027, 130 piezas (óleos, acuarelas, dibujos, grabados, fotografías, textiles, esmaltes y vidrieras) de 40 artistas, distribuidas en nueve secciones temáticas. Pintaron retratos, paisajes, animales, flores y plantas... Aunque la calidad de las obras es muy desigual (algunas artistas son más interesantes que otras), y las hay que imitan los modelos de sus colegas, estas mujeres, advierte la comisaria, «refrescaron el arte victoriano» . Fueron fundamentales para comprender la riqueza y diversidad de este movimiento: participaron activamente en su desarrollo, transformándolo. No ocuparon un papel secundario, sino que contribuyeron a su expansión.