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Terrazas del Rodeo

ABC - Arte

Arte
  • En 1519, Alonso Álvarez de Pineda dibujó por primera vez un mapa de la Costa de Texas desde Nuevo México hasta Luisiana. Pocos años más tarde, otro español, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, naufragó y exploró el interior en 1528. Más tarde, en 1690, Alonso de León lideró la primera expedición de colonización estableciendo misiones, esa fórmula que solo España llevaría a todos los rincones del nuevo mundo. Durante estos primeros siglos XVII y XVIII, la presencia española en Texas respondería a una lógica muy clara: asegurar las fronteras septentrionales de la Nueva España frente al avance de otras potencias europeas. Consolidar el territorio era una obligación y respondió a un proceso gradual, sostenido por expediciones, asentamientos modestos y una constante negociación con los pueblos indígenas. Las misiones desempeñaron un papel central en este proyecto. Eran instituciones religiosas, pero también núcleos de organización social y económica. En torno a ellas se articulaban pequeñas comunidades donde se introdujeron prácticas agrícolas, oficios y la enseñanza del cristianismo. Junto a las misiones se levantaron presidios, unas guarniciones militares que ofrecían protección y que garantizaban una presencia efectiva de la Corona, en un territorio distante y, a menudo, incierto. En este contexto se fundó en 1718 la Misión de San Antonio de Valero, origen de lo que más tarde se conocería como El Álamo. Situada en las proximidades del río San Antonio, formaba parte de un conjunto de misiones destinadas a consolidar la región y servir de enlace entre otros asentamientos de este nuevo norte hispano. Su función inicial fue eminentemente religiosa y comunitaria, orientada a la evangelización y al asentamiento de poblaciones indígenas bajo la tutela de los misioneros. Con el paso del tiempo, la misión fue perdiendo su carácter original. A finales del siglo XVIII se secularizó y sus instalaciones comenzaron a usarse con fines militares. Esto marcó un antes y un después en El Álamo y, poco a poco, fue integrado en los conflictos políticos y militares que definirían el futuro de Texas. El Álamo representa una evolución significativa en la historia de este territorio: de misión en la periferia del Imperio Español a escenario de acontecimientos militares que lo convertirían en un símbolo, la esencia de lo que después sería el alma de los Estados Unidos de América. Hoy, más de cuatro siglos después de aquellos primeros españoles, otro español, el pintor de la memoria , Augusto Ferrer-Dalmau, vuelve al Álamo en forma de obra maestra, para recordar de dónde vinieron y hasta dónde llegamos . Un cuadro en el Museo de El Álamo, que viene en forma de memoria colectiva y que estará expuesto allí donde empezó todo, con el primer ganado traído de Canarias, los primeros vaqueros con garrocha (origen de los cowboys), las primeras cruces y el don de la generosidad que los españoles convertimos gracias al mestizaje. Augusto Ferrer-Dalmau (Barcelona 1964) es un pintor que ha decidido mirar de frente a la historia . Su vocación no fue la de romper con el pasado, sino precisamente la de reconstruirlo con pincel firme, pulso disciplinado y una evidente admiración por la épica. Porque Augusto no pinta: recrea. Y lo hace con la minuciosidad y la perfección que recuerda a los viejos cronistas, aquellos que sabían el detalle de cada figura –uniformes, gestos, estribos, monturas, una nube de pólvora–, que al final es la única verdad que le otorga al relato. Su obra se ha centrado en la historia militar de España, desde los Tercios hasta las campañas más recientes. Donde algunos quieren olvidar o recordar con cierta vaguedad, Augusto pinta bajo la voluntad de la dignidad. No hay estridencias ni artificios innecesarios. Solo hay verdad. Esta mirada, a medio camino entre la documentación rigurosa y la emoción contenida, le ha valido el reconocimiento tanto del público como de las instituciones más importantes del mundo. De ahí que tenga cuadros en los museos más importantes de Estados Unidos como de Rusia, pasando por las más prestigiosas fundaciones del globo. Hablo con María Fidalgo Casares, doctora en Historia del Arte y la mayor experta en la obra pictórica del maestro. Quiero entender artísticamente las características de esta joya que está a punto de embarcar hacia Texas, para colocarse en las paredes de ese trozo de historia que somos. Ha sido posible gracias a Iberdrola y a José Manuel Guerrero Acosta, coordinador del proyecto. Juntos han sido parte fundamental y mecenas de un arte universal que tiene en Augusto a su mejor embajador. Me dice que todos los cuadros de Ferrer-Dalmau adquieren otra dimensión al verse en directo, pero este, probablemente, se lleve la palma. En el lienzo deslumbra la extraordinaria combinación de inmersión ambiental, complejidad técnica y calidez cromática en aras de la reivindicación de la huella hispana en Texas. Y lo logra sin gestos grandilocuentes: no hay batalla ni clímax heroico; hay vida cotidiana, trabajo y presencia. Sumerge al espectador en la vorágine de un traslado de reses bajo la luz limpia del cielo tejano, frente a la arquitectura inconfundible del Álamo. Todo respira Hispanidad profunda, no como nostalgia, sino como evidencia. El espectador disfruta de la belleza de la imagen sin percibir su gran dificultad técnica, especialmente la gestión espacial de la masa ganadera y la articulación de los distintos planos de profundidad. El ritmo interno se construye mediante la alternancia de volúmenes -ganado, jinetes, vegetación, edificio- y el espacio del lienzo respira con naturalidad. La composición se organiza en franjas horizontales con diferentes funciones narrativas, espaciales y simbólicas que ordenan la figuración y sostienen el discurso histórico: el paisaje de montañas y zonas boscosas, la misión del Álamo y el asentamiento humano, apenas insinuado, que subraya la condición de territorio habitado. Una luz diáfana baña toda la escena y actúa como unificador cromático, integrando figuras, animales y paisaje en una misma temperatura ambiental. Un gran eje perpendicular domina la obra: la columna visual formada por cientos de cabezas de ganado que avanzan hacia el espectador, cada una con su propio espacio, sin dar sensación de agolpamiento. Son un cuerpo vivo. El pintor huye de individualidades y los personajes no miran al espectador. Ni el vigilante dragón de cuera -el artista los devolvió a la iconografía contemporánea- ni los vaqueros, resueltos con una solidez anatómica impecable. La postura, la forma de empuñar las riendas y la relación entre jinete y montura responden a un conocimiento profundo del mundo vaquero hispano . Puede atisbarse también un indio a caballo, que refuerza la idea de mestizaje. No hay estereotipo: hay identidad cultural. La exactitud histórica es total en el paisaje, indumentaria, monturas, atrezo, arquitectura misional, tipología del ganado y disposición del asentamiento. Ferrer-Dalmau demuestra una vez más que, incluso dentro de los códigos estrictos de la pintura histórica, es capaz de seguir sorprendiendo con un lienzo que amplía el mapa visual de la presencia hispana en Norteamérica. Un ejercicio de excelencia, rigor, sensibilidad y memoria. Pero la calidad de Ferrer-Dalmau no reside únicamente en la corrección técnica . Hay en su obra una capacidad poco frecuente para integrar rigor histórico y emoción. Cada uniforme, cada arma, cada insignia responde a una documentación exhaustiva. Sin embargo, esa precisión histórica no convierte sus cuadros en ilustraciones frías. Al contrario, consigue que la escena respire, que los personajes tengan peso y presencia, que incluso alguno de ellos te mire de frente y te recuerde que ya estuvimos allí. Ferrer-Dalmau no es un innovador en el sentido vanguardista, ni pretende serlo. Su aportación consiste más bien en sostener y actualizar una tradición que parecía relegada . Su éxito revela algo significativo, porque existe todavía una demanda de pintura figurativa capaz de narrar, de emocionar y de transmitir memoria. Frente a la fragmentación y la ironía de buena parte del arte actual y de una sociedad que está empeñada por confundir y reescribir la historia, su obra propone continuidad, claridad y respeto por el pasado. No es poco mérito. En tiempos de ruptura, mantener el hilo también es una forma de relevancia , pero encima hacerlo a su manera, con esa destreza y sensibilidad reservada a los genios, hace que cada cuadro sea la mejor manera de recordar lo que nos ha hecho de esta manera. ¿Es posiblemente el pintor español más importante del momento? No lo duden. Pero lo más importante, como dice mi amigo Andrés Calamaro, es que todavía está todo por hacer.
  • Llevaba el arte en el ADN: su madre era pintora, su padre y su abuelo, escultores. «No me criaron, me enmarcaron», decía. Sin embargo, se graduó en ingeniería mecánica. Pero como los genes tiran mucho era inevitable su vocación artística. Se formó en la Arts Students League de Nueva York. Alexander Calder (Filadelfia, 1898-Nueva York, 1976) , « escultor del viento, herrero lunar , poeta guiado por los instintos de un científico», como le han definido, regresa a París, adonde llegó en 1926 cargado de ilusiones y brillantes ideas. Muy pronto se integró en la comunidad artística del efervescente Montparnasse de la época. Bajo el título 'Soñar en equilibrio' , una excepcional retrospectiva en la Fundación Louis Vuitton de París conmemora un doble aniversario: los cien años de la llegada de Calder a la capital francesa, en 1926, y los cincuenta de su muerte, en 1976. Los celebérrimos móviles de Calder parecen flotar en los espacios creados por Frank Gehry , transformando la exposición en una hermosa danza coreografiada. «Nada es fijo», rezaba el credo del escultor, quien un día se preguntó: ¿Por qué el arte debe ser estático? No se lo pensó dos veces y puso sus esculturas a moverse. El arte del siglo XX echó a andar. Calder esculpió el movimiento. Siempre destacó la modernidad radical de su pensamiento y su práctica artística. Su poderosa influencia en las generaciones posteriores sigue aún vigente. Es una de las exposiciones más completas hasta la fecha de este creador inclasificable, y ha habido muchas en todo el mundo (la que le dedicó el MoMA en 1943 lo consagró como uno de los maestros del arte moderno). Las cifras hablan por sí solas: 317 obras (135 esculturas, 20 pinturas, 30 trabajos sobre papel, 51 joyas, 34 fotografías y cuatro audiovisuales) ocupan todos los espacios del edificio de Gehry ( más de 3.000 metros cuadrados ), incluido por primera vez el jardín, donde se exhiben dos esculturas monumentales: 'Black Flag' (Bandera negra) y 'Five Swords' (Cinco espadas). En el vestíbulo de la fundación recibe al visitante el móvil 'Rouge triomphant', de la colección Nahmad. Calder, el artista norteamericano más francés, no está solo en este emocionante viaje de regreso a París. Le acompañan colegas y amigos como Miró, Arp, Picasso, Kandinsky, Klee, Léger, Barbara Hepworth, Mondrian, Hélion... y un grupo de célebres fotógrafos que inmortalizaron al artista y documentaron su proceso de trabajo: Cartier-Bresson, André Kertész, Ugo Mulas, Arnold Newman, Irving Penn, Man Ray o Garry Winogrand, entre otros. Corpulento y con cara de mal genio en la mayoría de las instantáneas, cuentan que tenía un gran sentido del humor. Y talento, a raudales. El imponente edificio de Gehry en el Bois de Boulogne parisino desvela, hasta el 16 de agosto, todas las facetas del creador norteamericano y todas sus etapas, desde finales de la década de 1920 hasta sus esculturas monumentales para espacios públicos de los 60 y 70. Los comisarios, Suzanne Pagé, Dieter Buchhart y Anna Karina Hofbauer, plantean un recorrido cronológico y temático. En colaboración con la Fundación Calder (principal prestadora, la preside Alexander S. C. Rower , nieto del artista), y con obras cedidas por los museos más señeros del mundo y colecciones privadas con pedigrí, destaca un préstamo excepcional del Whitney Museum de Nueva York, que ha cedido el Circo Calder , una delicia con la que arranca la muestra en una sala con paredes oscuras. Apenas suele prestarse. Considerado el antecedente de la performance y el happening , este circo en miniatura, a caballo entre el arte y el teatro, entre el cabaret dadaísta y el music-hall, fue el laboratorio donde pudo experimentar sus ideas más locas. Se convirtió en todo un acontecimiento en la capital, cautivando a la vanguardia parisina. Acudieron a ver sus representaciones Le Corbusier, Karl Einstein, Fernand Léger, Piet Mondrian, Jean Cocteau, Theo van Doesburg... Lo comenzó en 1926 en su estudio de la rue Daguerre y lo completó cinco años después, en 1931. Dio vida a diminutos acróbatas, payasos, domadores, equilibristas, bailarinas..., realizados con mimo con materiales humildes como alambre, tela, cuerda, caucho o corcho. Calder es el maestro de ceremonias. El inventario del Whitney atesora 69 personajes y animales, ocho sistemas mecánicos, noventa accesorios (telas, alfombras, lámparas), elementos para los efectos de sonido y cinco maletas para su transporte. En una película de Carlos Vilardebó, de 1961, vemos a Calder accionando su circo. Es increíble verlo en acción. Los trabajos expuestos a través de una docena de galerías en distintas plantas de la Fundación Louis Vuitton abarcan medio siglo de creación y abordan todas las preocupaciones artísticas de Calder: el movimiento, la luz, los materiales humildes, el sonido, la gravedad, el espacio... Hay en la muestra una apabullante selección de sus famosos móviles (de todos los tamaños y formas): 'Eucalyptus', 'Peacock', 'Lily of Force', 'Blizzard'... Son muy fotogénicos. Al comienzo eran accionados manual o mecánicamente; más tarde, cobraban vida con solo una ráfaga de aire. El término 'móviles' fue acuñado por Duchamp en 1931. También están presentes sus 'stabiles' (estables): así fueron bautizabas por Arp sus piezas estáticas de los años 30, siguiendo el vocabulario duchampiano. Durante el recorrido admiramos sus exquisitos retratos en alambre , cuya sombra se refleja en las paredes. Calder dibujó con alambre en el espacio. Quiso eliminar la masa de la escultura con un material flexible y ligero que le permitía incorporar movimientos a sus esculturas. Retrata a personajes como Kiki de Montparnasse, a la que vemos posando para el suyo en una película, o Joséphine Baker, musas ambas del París canalla de los locos años 20. Calder los denominó 'dibujos lineales tridimensionales' y le valieron el sobrenombre del 'rey del alambre' . Su universo creativo está repleto de materiales humildes, sencillos, encontrados, desechados y reciclados. Cuelgan en una de las salas sus pinturas abstractas. En octubre de 1930, Calder visitó el estudio parisino de Piet Mondrian. Fue para él un shock. Quedó profundamente conmovido por el espacio de trabajo de este pionero del arte abstracto. Su trabajo dio un giro radical hacia la abstracción. «Esa visita me impactó profundamente y fue el punto de partida», recordaba el artista tiempo después. Durante las dos semanas siguientes produjo una serie de pinturas libres de referencias figurativas. Continuamos la visita y nos topamos con peces que parecen nadar por una de las salas (son el motivo de una docena de móviles suspendidos que realizó en los años 40 y 50); esculturas en bronce, gongs (móviles con elementos sonoros) y torres (construcciones arquitectónicas de alambre articuladas a lo largo de un eje diagonal), 'Constelaciones' (realizadas en su estudio de Roxbury en madera tallada y alambre y presentadas en 1943 en la galería Pierre Matisse de Nueva York, son ensamblajes que parecen trepar por las paredes), 'Crags & Critters' (criaturas fantásticas que semejan duendes juguetones, en metal negro recortado)... En una de las galerías se muestran sus exquisitas joyas (unas en vitrinas, otras en maniquíes). En 1906 creó sus primera piezas de joyería para las muñecas de su hermana Peggy. Desde finales de la década de 1920 elaboró obras únicas utilizando alambre con fragmentos de cristal o cerámica. Más tarde usaría plata e incluso oro. Son concebidas como esculturas portátiles. Se exhiben pulseras, pendientes, anillos, cinturones, collares, broches, tiaras y coronas... Hizo joyas para su esposa, Louisa, para Charlotte Perriand, Jeanne Buñuel, Peggy Guggenheim, Georgia O'Keeffe, Bella Chagall o Elisa Breton. No faltan esculturas monumentales como la maqueta en metal rojo de 'La grande vitesse', que realizó para Grand Rapids en Michigan. Otra de las atracciones de la muestra es la maqueta (a escala 1:3) de su 'Fuente de mercurio' , que se exhibió junto al ' Guernica' en la Exposición Internacional del 37 en París . Es un préstamo de la Fundación Calder. El artista fue invitado por el arquitecto Josep Lluís Sert para diseñar una fuente en el pabellón español de la República española. Utilizó mercurio (un material altamente tóxico) de las minas de Almadén. Simbolizó la resistencia republicana durante la Guerra Civil. El mercurio fluía por las formas redondeadas por Calder y, al entrar en la fuente, movía la parte inferior del móvil, donde la estructura de alambre que cuelga arriba y que reza 'Almadén', junto con el disco rojo, vibran constantemente. Calder donó la pieza a la Fundación Miró de Barcelona. Una maqueta se exhibe en el Reina Sofía, a unos metros del 'Guernica'. Una fotografía de Hugo P. Herdeg inmortalizó a Calder junto a su fuente ante el 'Guernica'. Sartre fue el mejor crítico de la obra de Alexander Calder. «No conozco arte menos falso que el suyo. Sus esculturas son extrañas criaturas, a medio camino entre la materia y la vida. Sus móviles son a la vez invenciones líricas, combinaciones técnicas, casi matemáticas, y el símbolo tangible de la naturaleza. Son objetos definidos por su movimiento e inexistentes sin él. Se alimentan del aire, lo respiran y toman su vida de la atmósfera». La participación del espectador es fundamental para completar su obra. Durante un tiempo se permitía al público tocar sus esculturas en las exposiciones. En una organizada por el MoMA en 1943 colgaba un letrero que decía: 'Por favor, toque'. Lo mismo ocurrió en otra celebrada en la Tate en 1962. Pero las cosas se descontrolaron dos años después en el Guggenheim de Nueva York. Gran premio de Escultura en la Bienal de Venecia de 1952 , Alexander Calder no conocía límites. Hizo escenografías móviles para un ballet de Martha Graham y para un drama sinfónico de Erik Satie. Aceptó el reto de pintar un BMW, que compitió en Las 24 Horas de Le Mans. Fue un encargo del piloto Hervé Poulain en 1975. 'Art Car. BMW 3.0 CLS' pudo verse en la exposición que le dedicó a Calder el Centro Botín de Santander en 2019. En 1973, se atrevió a pintar un avión de pasajeros para Braniff International Airways. Se llamó 'Flying Colors of the United States'. Es la obra en movimiento más grande de la Historia. Bernard Arnault, presidente de la Fundación Luis Vuitton , subraya que «Calder se muestra más contemporáneo y con mayor visión de futuro que nunca. Creó un universo propio donde la vida alza el vuelo y los sueños dialogan con el espacio y el tiempo. Es un artista fascinante y cautivador . Durante la construcción de la Fundación Louis Vuitton, mi asesor Jean-Paul Claverie y yo solíamos hablar de lo increíble que sería ver algún día los espacios diseñados por Frank Gehry acoger las esculturas de Calder. Ese sueño se ha hecho realidad». Es, sin duda, una de las grandes atracciones de la temporada artística parisina.
  • El Colegio Santa María de los Rosales de Madrid refuerza su compromiso con la educación integral y la promoción de la cultura con la reinauguración de La Saleta de las Bellas Artes, un espacio emblemático que inicia una nueva etapa con identidad renovada. 'Espacios de Luz', de la mano de la Galería Adora Calvo, inaugura esta etapa con una propuesta que invita a desarrollar una mirada más amplia y sensible hacia la realidad a través de la pintura, la fotografía, el grabado y la instalación. La muestra, que abrirá al público el 23 de abril, reúne obras de artistas contemporáneos como Carmen Laffón (Premio Nacional de Artes Plásticas), Blanca Nieto, Anaisa Franco, Joaquín Capa, Lidia Benavides, Virginia Rivas y Javier Riera. La exposición plantea una reflexión sobre la luz y el color como elementos esenciales de la experiencia artística y perceptiva, a partir de una cuidada selección de piezas. Con esta iniciativa, el Colegio Santa María de los Rosales recupera un espacio históricamente vinculado a la cultura, concebido como lugar de encuentro, aprendizaje y creación. La nueva etapa de La Saleta nace con la vocación de consolidarse como un punto de referencia en la vida cultural madrileña y de fomentar el diálogo entre arte y educación. Desde una perspectiva pedagógica, 'Espacios de Luz' se integra en el proyecto educativo del centro. El arte contemporáneo se presenta como una herramienta formativa capaz de estimular la creatividad, desarrollar el pensamiento crítico y despertar la sensibilidad estética del alumnado. La exposición se configura así como una experiencia cultural y, al mismo tiempo, como una oportunidad de aprendizaje que invita a observar, interpretar y comprender la realidad desde nuevas perspectivas. Las obras abordan la luz y el color desde enfoques diversos, reflejo de trayectorias y generaciones distintas. Esta pluralidad permite explorar distintas formas de percepción y conocimiento, favoreciendo una experiencia estética enriquecedora. Con la reapertura de La Saleta de las Bellas Artes, el Colegio Santa María de los Rosales reafirma su apuesta por integrar la cultura en el desarrollo personal y académico de sus estudiantes, en un entorno en el que el arte actúa como vehículo de conocimiento, reflexión y encuentro.
  • Del 13 de mayo al 13 de septiembre se celebrará la XXIX edición de PhotoEspaña , cuyo lema es 'Volver a imaginar'. El festival se centra este año en la creatividad fotográfica, la experimentación y la exploración de los límites de la imagen. Reivindica «la curiosidad y la rebeldía como herramientas para cuestionar lo real, la autoridad de la imagen y sus modos de producción». Además, sus responsables quieren reforzar su relación con el público joven. Habrá un centenar de exposiciones y se darán cita más de 300 artistas visuales (65% mujeres y 35% hombres) . En la sección oficial habrá cuarenta exposiciones, que reunirán a nombres destacados de la fotografía como Richard Avedon, Robert Frank, Colita e Isabel Muñoz, entre otros muchos. L a Fundación Mapfre exhibirá 'In the American West', de Richard Avedon (Nueva York, 1923-Texas, 2004), a través de las imágenes del fotolibro del mismo nombre publicado en 1985 y considerado su obra maestra y un referente del retrato contemporáneo. La exposición incluirá materiales inéditos sobre su proceso de creación. Otro de los platos fuertes del festival será, sin duda, la muestra 'Robert Frank y Los americanos' en el Espacio Fundación Telefónica . Se presenta por primera vez nuestro país de manera íntegra la emblemática serie fotográfica realizada por Robert Frank (Zúrich, 1924-Nueva Escocia, Canadá, 2019), que llevó a cabo durante un viaje por Estados Unidos a mediados de los años cincuenta. Comisariada por David Campany, esta exposición permitirá redescubrir uno de los proyectos fotográficos más influyentes del siglo XX. Las mujeres son las grandes protagonistas de esta edición. Así, tres grandes fotógrafas españolas estarán presentes en PhotoEspaña. Isabel Muñoz (Barcelona, 1951) , premio Nacional de Fotografía 2016, es la elegida para la tercera edición de 'Cuadernos de campo', un programa, fruto de la colaboración entre Acciona y PhotoEspaña, centrado en los espacios naturales de los Reales Sitios de Patrimonio Nacional. Bajo el título 'Las piedras del cielo', que podrá visitarse en la Galería de las Colecciones Reales, Isabel Muñoz dirige su mirada al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la figura de Felipe II. Colita (Barcelona, 1940-2023) estará presente en la librería Blanquerna con 'Nosaltres no tenim por, nosaltres som', que muestra por primera vez completo el reportaje fotográfico realizado por la artista durante la manifestación del 26 de junio de 1977 en Barcelona, considerada la primera gran protesta LGTBI+ celebrada en España. Por su parte, Isabel Azkárate (San Sebastián, 1950) ocupará el espacio cultural Serrería Belga con la muestra 'Azkarate vs. Azkarate'. Pionera del fotoperiodismo y la fotografía de calle, en esta ocasión cambia la cámara por un móvil para presentar un recorrido por escenas cotidianas desde su mirada única. Pero hay más mujeres en el festival: Talia Chetrit (Washington D.C., 1982), en el Museo Lázaro Galdiano, con 'Bunny'; Laia Abril (Barcelona, 1986), premio Nacional de Fotografía 2023, exhibe 'Endometriosis' en el Museo Nacional del Romanticismo; Sonia Celma (Alcañiz, Teruel, 1974) presenta 'Columna' en el COAM; Greta Alfaro (Pamplona, 1977) explora los rituales en 'Ofertorio' en Matadero Madrid; Gema Polanco (Valencia, 1992) propone en el Museo Nacional de Artes Decorativas la instalación 'Toda mi casa es un altar'; Linarejos Moreno (Madrid, 1974) lleva 'On the Geography of the River' al Museo Arqueológico Nacional; la Sala Canal de Isabel II explora la conexión entre fotografía y moda en Nostalgia / Utopía', que recorre dos décadas de creación de la diseñadora Ana Locking... Dejando a un lado a las mujeres, el Museo de Arte Contemporáneo acogerá 'Topografía de un contraste. Una lectura de Madrid a través de la fotografía' , exposición colectiva con la capital en el punto de mira, con obras de artistas como Ramón Masats, José Manuel Ballester o Alberto García-Alix. Países Bajos es el invitado este año . La exposición 'Volver a imaginar' propondrá en el Círculo de Bellas Artes un diálogo entre creadores españoles y neerlandeses en torno al medio fotográfico, la experimentación material y conceptual y las formas de representación contemporáneas en un momento de transformación. Trece artistas participan en la muestra, comisariada por Geaninne Gutiérrez-Guimarães. Por otro lado, la fotógrafa neerlandesa Viviane Sassen (Ámsterdam, 1972) protagoniza una de las apuestas del festival con 'Lux & Umbra' en el Teatro Fernán Gómez-Centro Cultural de la Villa. Es la primera monográfica de la artista en España y reunirá más de tres décadas de creación en una retrospectiva que propone una relectura poética de su archivo: desde series como 'Flamboya' o 'Parasomnia', a sus imágenes tempranas realizadas en África (pasó su infancia en Kenia) y trabajos recientes como los collages de 'Cadavre Exquis'. El festival amplía sus fronteras y se expande a nueve ciudades españolas : Alcalá de Henares, Barcelona, Corao Castiellu (Asturias), Gijón, Málaga, Santander, Sevilla, Valencia y Zaragoza. Fuera de nuestro país, PhotoEspaña llega a Paraguay con una exposición fruto de la colaboración con Aecid y el Centro Cultural de España en Asunción: la colectiva 'Ojos que yo encendí' rinde homenaje a las Sinsombrero. Fuera de la sección oficial, más de 30 galerías y espacios de arte participan en el Festival Off . En el Ateneo de Madrid habrá dos exposiciones: 'Enviado especial', de Arturo Pérez-Reverte , y 'La Habana. Aún nos queda el alma', de Luis Casadevall.
  • ¿Ha soñado alguna vez con tener un cuadro de un pintor de renombre presidiendo el salón? Un Picasso , por ejemplo, que deslumbre a las visitas cada vez que crucen el umbral. Ahora puede dejar de ser un deseo y convertirse en una realidad gracias a un sorteo artístico ofrecido por la Open Gallery de París y la empresa que actúa en nombre del patrimonio del pintor con un precio de 100 euros el boleto. El dinero recaudado en la rifa, organizada por la casa de subastas Christie's, se destinará a la investigación contra el alzhéimer. El cuadro sorteado, valorado en un millón de euros, es 'Tête de femme' ('Cabeza de mujer') y fue pintado por Pablo Picasso en gouache sobre papel en 1941. El número de boletos estará limitado a 120.000 , lo que significa que la rifa -que se celebrará este martes en París- podrá recaudar hasta 12 millones de euros en el caso de vender todas las participaciones. El dinero se destinará a la Fondation Recherche Alzheimer , una fundación gala con sede en uno de los principales hospitales públicos de París y reconocida como de utilidad pública cuya misión principal es apoyar la investigación clínica sobre esta enfermedad. Es la mayor organización de Francia dedicada al estudio de esta patología, en la que ha invertido hasta 29 millones de euros. El de este martes es el tercer sorteo de '1 Picasso por 100 euros' con fines benéficos. Los dos anteriores recaudaron más de 10 millones de euros para proyectos culturales en el Líbano y programas de agua e higiene en África. La primera rifa de este tipo se celebró en 2013 con la obra 'El hombre con chistera' , pintado en 1914 en gouache sobre papel. Se recaudaron 4,8 millones de euros en beneficio de la Asociación Internacional para la Salvaguardia de Tiro, una ciudad antigua del sur del Líbano y un sitio inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Los fondos se utilizaron para construir un pueblo artesanal de 1.500 metros cuadrado con el objetivo de revitalizar antiguas técnicas artesanales, crear empleo y fomentar el desarrollo económico. El ganador fue Jeffrey Gonano, un americano de 25 años originario de Wexford, Pensilvania, apasionado del arte. Un segundo Picasso, el óleo sobre lienzo 'Naturaleza muerta' , se sorteó en 2020 y logró recaudar 5,1 millones de euros para CARE International con el fin de rehabilitar más de 100 pozos e instalaciones sanitarias en escuelas y pueblos de Camerún, Madagascar y Marruecos. El vencedor fue Lorenzo Nasso, que compró un el boleto como regalo de Navidad para su madre, Claudia Borgogno, de Ventimiglia (Italia).
  • La colección de fotografía histórica es la más reciente del Prado (se ha formado en el siglo XXI, gracias sobre todo a donaciones, en torno a dos tercios del total), pero no la menos numerosa (atesora más de 10.000 imágenes). Y, sin duda, es la más desconocida. El pasado mes de febrero la fotografía ocupaba la sala 60 del edificio Villanueva en el Prado, dedicada a exhumar parte de las colecciones del XIX que suelen estar en los almacenes de la pinacoteca, dentro del programa 'Almacén abierto'. Se presentaba entonces la muestra 'El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida' , la primera de fotografía con fondos propios del Prado íntegramente. Su comisaria, Beatriz Sánchez Torija, reunió entonces 44 fotografías históricas, todas copias de época: cartas de visita, tarjetas estereostópicas, albúminas, fototipias, postales... Dos meses después, este espacio vuelve a estar tomado por la fotografía en una nueva exposición, que cuenta con la misma comisaria y podrá visitarse hasta el 5 de julio. Su título, 'El universo del artista ante la cámara' . En este caso, explora cómo la llegada de la fotografía en el siglo XIX transformó la manera de representar, documentar y proyectar la identidad del artista (posaban solos o en grupo) y sus espacios de creación. En la segunda mitad del siglo XIX acudir a los estudios fotográficos se convirtió en todo un acontecimiento social. A través de 32 imágenes -desde la década de 1850 hasta la década de 1930-, podemos apreciar cómo los artistas repiensan su identidad en retratos , vemos cómo eran sus talleres y sus procesos creativos . Las obras proceden de archivos de artistas como Luis y Federico de Madrazo, Dióscoro Puebla, Cecilio Pla, Miguel Blay, Agustín Querol... Los fotógrafos que los inmortalizan son profesionales (los hay también amateurs), algunos tienen formación artística. Los hay célebres, pero también anónimos. Abre la muestra una fotografía, adquirida en 2012, de un grupo numeroso de artistas tomada en el estudio de Ángel Alonso Martínez. Posan creadores que se formaban en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, sus profesores... El espacio cuenta con un tejado a dos aguas con cristaleras. Los estudios de los artistas suelen ser espacios privados, a los que el público no tiene acceso, y donde las musas suelen acudir a inspirarlos. Algunos de ellos son lugares de culto, lugares míticos, casi sagrados. Los hay muy célebres, como los de Francis Bacon y Lucian Freud en Londres (el primero, con un síndrome de Diógenes creativo, estaba a rebosar; el segundo, con anotaciones escritas en paredes y puertas a modo de grafitis). O el de Picasso en la rue des Grands Augustins de París, donde dio vida al 'Guernica' , y cuyo proceso de creación fue inmortalizado por Dora Maar, su entonces musa y amante. En otro estudio parisino, el del fotógrafo Nadar, en el número 35 del Boulevard des Capucines, nació en 1774 el impresionismo . Pero en el siglo XIX, los estudios de los artistas no solo funcionaban como ámbitos de producción artística, sino también como puntos de encuentro, espacios para la docencia, y hasta gabinetes de maravillas, donde había todo tipo de objetos. Es el caso del estudio de Mariano Fortuny en Roma. Lo vemos en una fotografía panorámica (es la suma de dos imágenes) de autoría desconocida, tomada hacia 1871. En la muestra hay imágenes del estudio de Federico de Madrazo en Madrid, de Benlliure con el escritor Federico García Sanchiz en el taller del escultor, la familia Madrazo en el patio del cuarto dorado de la Alhambra, artistas españoles en Roma en el estudio de Altobelli y Molins, los pintores Jaime Morera y Agustín Lhardy como cocineros, Agustín Querol junto a la alegoría de las artes del frontón de la Biblioteca Nacional... No solo hay creadores, también creadoras, en la exposición. Es el caso del retrato de María Luisa de la Riva en su estudio parisino, la pintora Fernanda Francés y las alumnas de Cecilio Pla... Aparte del soporte habitual (papel o cartón), hay fotografías sobre hierro y sobre cristal. Solo hay una en color, un autocromo estereoscópico (imagen del escultor Miguel Blay , de autoría desconocida, hacia 1904-1910). La mayoría de las fotos presentes en la exposición son inéditas. «La fotografía - advierte la comisaria de la muestra- era una aliada, una compañera de los pintores y escultores».  
  • El próximo miércoles 29 de abril ABC pone a disposición de sus suscriptores una actividad cultural exclusiva: una visita guiada a puerta cerrada al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS). El recorrido se centrará en la exposición 'La edad de la luz' . Tal y como propuso Man Ray en su artículo titulado La Edad de la Luz para la revista Minotaure, dedicado a la evolución de la fotografía, la visita será un recorrido por la fotografía en la colección permanente del Museo desde finales del siglo XIX hasta los años 30 del siglo XX:   La fotografía pictorialista de Ortiz de Echagüe; la fotografía directa de Alfred Stieglitz; la fotografía documental de Alfonso o de Gerda Taro... Ver Más
  • Hay cuadros cuya historia es tan fascinante o más que la propia pintura y trasciende lo meramente artístico. Es el caso del 'Guernica', de Picasso , hoy de nuevo de actualidad, y de 'La marquesa de Santa Cruz' (1805), de Goya . Joaquina Téllez Girón, hija de los IX duques de Osuna, fue pintada a los 20 años por el maestro aragonés como una de las musas. Aparece recostada en un diván sosteniendo con su brazo izquierdo una lira, adornada con un lauburu vasco, que semeja una esvástica. Quizás por ello, Franco le echó el ojo al cuadro para regalárselo al mismísimo Hitler . Hoy, el lienzo luce en el Prado, que conmemora el 40 aniversario de su regreso a España con un montaje especial. Junto al retrato original, cuelga, hasta el 7 de junio, en la sala 38 del edificio Villanueva (un espacio con mucho pedigrí, donde se exhiben obras maestras de Goya, como las 'Majas' y 'La condesa de Chinchón') una copia recientemente localizada en el mercado, adquirida por el galerista José de la Mano en la subasta de los enseres de una mansión al sur de Francia. Fue en diciembre de 2025. Casualmente, un par de meses antes, De la Mano había adquirido una carta hallada en el Rastro de Madrid, fechada el 20 de octubre de 1942, según la cual Franco abonó 1,5 millones de pesetas por el retrato de Goya, pero dejó a deber 9.000 pesetas por las tres copias que el marqués de Lozoya, director general de Bellas Artes, había encargado un año antes al pintor Núñez Losada, bajo la intermediación del subdirector del Museo del Prado, Sánchez Cantón, para compensar a los legítimos propietarios la adquisición forzosa del original con la intención de regalársela a Hitler. La expuesta es una de las tres copias encargadas por Franco en 1941, que iban destinadas a la dueña del Goya, la Infanta Doña Luisa, duquesa de Talavera, tataranieta de la marquesa de Santa Cruz, y a sus dos hermanos. No se sabe si llegaron a recibirlas. Pero este cuadro sufrió una odisea digna de la mejor novela de aventuras . En 1936 el lienzo pertenece en propiedad indivisa a los herederos del conde Pie de Concha, hijo de los marqueses de Santa Cruz. Al estallar la Guerra Civil, la familia Silva lo deposita en el Banco de España. El cuadro formó parte del patrimonio español que salió de España, rumbo a Ginebra, huyendo de las bombas. Allí apareció inventariado como Colección Silva. A su regreso a España, se depositó en el Prado. A partir de entonces, se complica la historia. En octubre de 1940, mientras se ultimaban los detalles para el encuentro de Hendaya entre Hitler y Franco, Heinrich Himmler, jefe de las SS, visita el Prado . Se interesa por la pintura española y por autores germanos como Durero. El 26 de mayo de 1941, el marqués de Lozoya , director general de Bellas Artes, envía una carta al director del Prado, el pintor Fernando Álvarez de Sotomayor. Reza así: «Ya sabe Vd. que S.E. el Generalísimo desea hacer un regalo de importancia a Hitler y que la atención del enviado del führer se fijó en la Marquesa de Santa Cruz, en cuya lira figura una cruz gamada. Esta noche han quedado ultimadas las negociaciones y el cuadro debe quedar a la disposición del Generalísimo, que señalará el día para la entrega al Embajador de Alemania. Le supongo satisfecho, como yo, de esta solución que viene a resolver un problema que nos tenía un poco inquietos». Era habitual este tipo de regalos 'políticos' : Franco ya le había regalado a Hitler tres obras de Zuloaga y unas fíbulas visigóticas. Y Hitler, a Franco, el famoso Mercedes-Benz. Pero no se consumó, en cambio, la entrega del Goya a Hitler por el cambio de rumbo de la Segunda Guerra Mundial. Hay otra versión coetánea del retrato de la marquesa de Santa Cruz (hoy en la Colección Wellington), que fue adquirida en 1958 por el County Museum de Los Ángeles, descatalogada en 1977 y localizada en 2014 entre los bienes incautados a Imelda Marcos por el Estado filipino. Desde su llegada a España tras la Guerra Civil y hasta el 29 de enero de 1944, consta que el cuadro estuvo depositado en el Prado . En esa fecha se devolvió a sus legítimos propietarios por el Servicio de Recuperación del Patrimonio Artístico Nacional. Advierte Carlos González Navarro, conservador de Pintura del siglo XIX del museo, que no se sabe si Franco compró el cuadro a título personal o fue una operación dirigida por él, ni si estuvo colgado en el Palacio del Pardo. Hay un vacío documental sobre dónde estuvo entre 1944 y 1947. El caso es que este año la obra fue adquirida por el empresario y coleccionista bilbaíno Félix Fernández-Valdés . La familia atesora una carta del subdirector de la sucursal del Banco de Vizcaya en Madrid, fechada el 19 de febrero de 1947, en la que da cuenta de las gestiones efectuadas para el pago, mediante un cheque nominativo de un millón y medio de pesetas , por este cuadro. La misma cantidad que se pagó en nombre de Franco años antes. Al fallecer Fernández-Valdés, en 1976, sus bienes se repartieron entre los herederos. En marzo de 1983, la entonces propietaria del Goya, María Mercedes Fernández-Valdés, lo vende por 25 millones de pesetas a Pedro Antonio Saorín , al parecer con una cláusula de no exportación. Se hizo caso omiso y se sacó la obra del país, clandestinamente, en un camión con destino a Zúrich. La adquiere Lord Wimborne. En marzo de ese año es ofrecida al Museo Getty por 12 millones de dólares , pero desiste de la compra al conocer su salida ilegal de España. El retrato queda oculto mediante sociedades en Liberia y las Islas Vírgenes Británicas del entorno de Wimborne. El cuadro reaparece en abril de 1986: se anuncia la venta del cuadro en una subasta que iba a celebrarse en la sala Christie's de Londres. El Gobierno español emprendió una batalla legal en los tribunales de Londres, capitaneada por el entonces ministro de Cultura, Javier Solana , hoy presidente del Patronato del Prado, con la ayuda del añorado abogado Rodrigo Uría (también presidió el Patronato del museo), para recuperar el cuadro. Otro de los artífices de la repatriación del Goya a España fue Miguel Satrústegui , entonces secretario general técnico del Ministerio de Cultura y posteriormente subsecretario de Cultura, que el 13 de abril impartirá una conferencia en el Prado, donde desvelará episodios clave de la historia de este retrato. Como no se pudo aplicar la nueva Ley de Patrimonio Histórico, de 1985 , el prestigioso abogado Sir Matthew Farrer, que en algunos casos representó a la Reina de Inglaterra, intentó demostrar la falsedad de los permisos de exportación y paralizar la subasta. El juez Sir Nicolas Browne‑Wilkinson reconoce el perjuicio económico a España por el uso de documentos oficiales falsificados y se paralizó la subasta. Finalmente, el 9 de abril de ese año se llega a un acuerdo de compra por parte del Estado español de 6 millones de dólares (900 millones de pesetas de la época) -en torno a la mitad del valor de mercado entonces-: 2,5 millones, con cargo a los presupuestos generales del Estado, y el resto (3,5 millones), gracias a las aportaciones de más de 75 entidades privadas y empresas. Provocó una gran polémica el hecho de pagar 6 millones de dólares a Lord Wimborne por un cuadro exportado ilegalmente. El Ministerio de Cultura prefirió hablar de «indemnización». Dos de los protagonistas de la historia, Javier Solana y Miguel Satrústegui, estaban este jueves en el Prado. El primero desvelaba que el director de la Fundación Getty de los Ángeles le propuso la compra conjunta del cuadro , pero no aceptó la propuesta. El segundo, entre el público, a la pregunta de ABC de por qué ahora se reconoce en la cartela del cuadro que fue una compra, cuando en su momento se dijo que fue una indemnización o compensación, responde: « Jurídicamente, fue una compra a un precio de carácter compensatorio », pero entonces hubo que medir las palabras ante la opinión pública por motivos de sensibilidad. El final de la rocambolesca historia del cuadro llegó el 17 de abril de 1986: se entrega en Londres y regresa a Madrid. Se expuso en el Palacio de Villahermosa e ingresó posteriormente en las colecciones del Prado. Como curiosidad, la mujer retratada por Goya en este cuadro fue esposa del primer director del museo, José Gabriel de Silva-Bazán, marqués de Santa Cruz. L a obra quedó blindada: fue declarada Bien de Interés Cultural (BIC) e inexportable . Este caso supuso un antes y un después en la defensa del patrimonio español frente a la exportación ilegal. La Ley del Tesoro Artístico Nacional, de 1933, no otorgaba al Estado la propiedad de los bienes exportados ilegalmente, algo que sí contempla la Ley de Patrimonio Histórico de 1985. A nadie escapa que la presencia de la copia de 'La marquesa de Santa Cruz' en las salas del Prado (junto a obras maestras de Goya), subirá ampliamente su caché. Y su propietario es un marchante de arte. José de la Mano asegura a ABC que no saldrá a la venta y que está negociando dejar el cuadro en depósito en una institución durante bastantes años, aunque aún no puede desvelar cuál es porque no está cerrada la operación.   
  • Mientras siguen manoseando políticamente el 'Guernica' , obra cumbre de Picasso, al que no dejan descansar en paz (a este paso van a conseguir que el malagueño se levante de su tumba en el castillo de Vauvenargues, y ya sabemos cómo se las gastaba), nos llega la noticia de la muerte de Christine Ruiz-Picasso, nuera del artista , al que adoraba. Falleció el lunes a los 97 años en su casa de la Provenza francesa. Nacida en Francia en 1928, su verdadero nombre era Christine Pauplin. Desde joven estuvo relacionada con el mundo del arte. Se casó en 1962 con Paul –hijo de Picasso y su primera esposa, la bailarina rusa Olga Khokhlova–, con quien tuvo un hijo, Bernard, y adoptó como apellido el de su marido, Ruiz-Picasso. El primogénito del artista ya estuvo antes casado con Émilienne Lotte. Fruto de ese matrimonio nacieron Marina y Pablito. Este último falleció de manera trágica tras agonizar en un hospital después de ingerir lejía. Fue en 1973, poco después de la muerte de su abuelo. Marina sufrió anorexia, tuvo que psicoanalizarse y ajustó cuentas con su abuelo en el libro, 'Picasso. Mi abuelo'. No fueron las únicas víctimas familiares del voraz (y caníbal, según Marina) Minotauro. Celosa de su intimidad y poco dada a hablar con la prensa, Christine es una de las personas menos conocidas del clan Picasso, que sigue sufriendo pérdidas. Las últimas, Françoise Gilot , pareja del artista durante diez años, y su hijo Claude. Paloma, hermana de éste , se puso al frente de la Administración Picasso. Málaga, ciudad natal del artista, tenía una deuda pendiente con él: siempre soñó con tener allí un museo con su nombre, al igual que Barcelona tiene el suyo. En 1953 hubo contactos entre Picasso y Juan Temboury Álvarez, por entonces delegado provincial de Bellas Artes de Málaga, pero el proyecto quedó frustrado. El franquismo no quería la obra de Picasso ni en pintura. Hubo que esperar medio siglo para que el Museo Picasso Málaga fuera una realidad. Se inauguró el 27 de octubre de 2003 en el Palacio de Buenavista. Y en ello tuvieron un papel clave Christine y su hijo, Bernard, en calidad de impulsores y artífices del museo, gracias a la donación de 233 obras . También jugó un papel destacado Carmen Giménez, amiga de la familia y primera directora del centro. Para gestionarlo se creó la Fundación Museo Picasso Málaga-Legado Paul, Christine y Bernard Ruiz-Picasso. «Ha sido una historia de amor y yo necesitaba cumplir el deseo de Picasso de que su obra estuviese en su ciudad natal», confesaba Christine durante la inauguración. «¿Hemos estado a la altura de lo que usted estaba deseando, don Pablo?», se preguntaba.   Culta, inteligente, menuda, sonrisa pícara, ojos claros y mirada penetrante (casi tanto como la de su suegro), tenía un fuerte carácter . Hizo gala de él en alguna ocasión, como en junio de 2011, cuando en el auditorio del museo malagueño, durante la presentación a la prensa de la exposición 'Viñetas en el frente', la nuera de Picasso se enfrentó al entonces consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Paulino Plata. Se quejaba de que no se hubiera consultado a la fundación y que se utilizara una muestra con fines políticos en un periodo electoral. «Debe ser el museo de la paz y la no regresión», dijo Christine. Y añadió que no era la obra de su suegro lo que estaba en cuestión, «sino la utilización oportunista que se hace de ella. Si he aspirado a esta actitud ética y apolítica es por el respeto a la memoria pacifista de mi suegro, que pintó la paloma de la paz». Mecenas y promotora cultural , recibió, junto a su hijo Bernard, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en 2003 de manos de la entonces ministra de Cultura, Pilar de Castillo, «por su gran generosidad al ceder parte de su colección al Museo Picasso Málaga». La entrega tuvo lugar en el Museo Reina Sofía. Ese mismo año fue nombrada Hija Predilecta de Andalucía . Veinte años después, recibió un homenaje en el museo que ayudó a poner en marcha. No pudo asistir debido a su ya delicada salud. Presidenta de Honor del Museo Picasso Málaga, el auditorio del centro lleva su nombre. Tanto la Junta de Andalucía como el Museo Picasso Málaga lamentan profundamente la pérdida de «una mujer que dedicó su vida a preservar y difundir el legado de Pablo Picasso, uno de los artistas más influyentes del siglo XX». Miguel López-Remiro, director del museo, expresaba ayer sus condolencias: «Lamentamos profundamente desde el Museo Picasso Málaga el fallecimiento de una figura tan importante y clave para entender la historia de este museo, que ha supuesto un cambio radical en la cultura en España. Para nosotros es una pérdida enorme . Debemos continuar su legado». La familia de Christine Ruiz-Picasso destaca a una mujer cuya vida estuvo marcada por el amor al arte y a la memoria de Picasso.
  • Un tribunal de Nueva York ha dictaminado que David Nahmad debe devolver un cuadro de Amedeo Modigliani que fue confiscada por los nazis. El fallo se produce tras más de una década de litigios entre el multimillonario marchante de arte libanés (Forbes estima su patrimonio neto en 4.000 millones de dólares) y un heredero del fallecido marchante judío Oscar Stettiner, que era propietario del cuadro, informa 'Art Newspaper'. Stettiner huyó de París antes de la ocupación nazi en 1939, y la colección de arte que dejó atrás apresuradamente fue confiscada y revendida. Nahmad compró 'Hombre sentado con bastón' (1918), un retrato de un comerciante de chocolate, en una subasta de Christie's en 1996 por 3,2 millones de dólares. Desde entonces, la obra permanece almacenada en Suiza. «Oscar Stettiner era propietario, o al menos tenía un derecho de posesión superior del cuadro antes de su incautación ilegal», escribió el juez Joel M. Cohen en su sentencia. «Nunca lo cedió voluntariamente». Cohen señaló que esto ya se había demostrado en un tribunal francés en 1946, cuando el propio Stettiner presentó una demanda. Sin embargo, para cuando se dictó sentencia en ese caso, el cuadro supuestamente ya se había revendido y no se pudo localizar. Stettiner falleció en 1948. Posteriormente se descubrió que Jean Van der Klip, quien había comprado el cuadro en 1944, mintió sobre su paradero. Fueron sus herederos quienes subastaron 'Hombre sentado con bastón' cincuenta años después. El cuadro se ofreció nuevamente en subasta en 2008 , esta vez en Sotheby's, pero no se vendió, quizás debido a lagunas sobre su procedencia. La demanda en Nueva York fue presentada en 2015 por Philippe Maestracci, nieto de Stettiner , y Mondex, una empresa dedicada a encontrar y restituir obras de arte saqueadas por los nazis. Nahmad ha sostenido durante mucho tiempo que la pintura no es la misma que le fue robada a Stettiner. Sin embargo, en su fallo, Cohen señaló que Nahmad «no logró plantear ninguna cuestión de hecho relevante ni presentar pruebas que identifiquen a nadie más que al Sr. Stettiner como propietario de la pintura o que demuestren que la entregó voluntariamente». En 2016, Nahmad dijo a 'The Times': «Si se demuestra que este cuadro fue saqueado por los nazis, lo devolveré». Se estima que la pintura tiene un valor de unos 30 millones de dólares . La defensa del heredero ha celebrado la decisión y confía en que los actuales poseedores cumplan con la orden judicial. Por su parte, la representación legal de la familia Nahmad ha evitado pronunciarse tras conocerse la sentencia.

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