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Un vecino de la ciudad noruega de Austrått disfrutaba hace unos días de un paseo matutino cerca del monte Riaren cuando, llevado por un impulso, decidió hurgar debajo de un árbol caído que encontró en el camino. Bajo el tronco, halló parte de una vaina de una espada de oro ricamente decorada y con una antigüedad de 1.500 años que probablemente perteneció a un jefe tribal que gobernaba en Hove. «Soy curioso por naturaleza y me gusta explorar y conocer la zona. Vi un montículo en el suelo bajo el árbol y hurgué con un palo . De repente, vi algo que brillaba. No entendí muy bien qué había encontrado», relató el excursionista a la Universidad de Stavanger, que publicó una nota de prensa con el descubrimiento. Sobre el hallazgo, que mide seis centímetros de largo, dos de alto y unos milímetros de grosor, se ha pronunciado el experto y profesor asociado Håkon Reiersen, del Museo Arqueológico de la Universidad de Stavanger: « Es magnífico . Te quedas atónito cuando se producen descubrimientos de este tipo. Las probabilidades de encontrar algo así son mínimas». El oro de la pieza data del siglo VI, una época caracterizada por las migraciones de pueblos en Noruega. En concreto, el fragmento localizado por el excursionista, ricamente decorado , adornaba una vaina en el cinturón, donde colgaba la espada. Este es el primer descubrimiento de este tipo en Rogaland, y hasta ahora solo se han encontrado otros 17 en el norte de Europa. «Quienquiera que portara la espada probablemente era el líder de esta zona en la primera mitad del siglo VI y contaba con un séquito de guerreros leales. Los adornos de oro de las vainas de espadas no suelen mostrar mucho uso, pero esta está desgastada y muy usada, lo que indica que el jefe la usó con frecuencia. Enfatizaba su posición y poder», afirma Reiersen. La pieza hallada por el vecino de Austrått fue enterrada en una grieta de la roca, probablemente por motivos religiosos, como una ofrenda a los dioses , en algún momento del siglo VI. En aquella época, abundaban las hambrunas y las crisis, y es probable que la gente enterrara objetos valiosos como dádivas a las deidades con la esperanza de tiempos mejores. No es, no obstante, el primer hallazgo de este tipo en esta zona próxima al monte Riaren. El primero fueron unos collares de plata decorados con oro, encontrados durante las labores de arado en el siglo XIX. El segundo descubrimiento tuvo lugar en 1907 en la granja vecina de Hoyland, donde localizaron un caldero romano de bronce de tamaño inusualmente grande, fabricado a orillas del Rin alrededor del año 300.
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Es probable que el 'Retrato de una joven' del artista holandés Toon Kelder permaneciera colgado durante décadas en la casa de los descendientes de Hendrik Seyffardt, un general neerlandés que durante la Segunda Guerra Mundial comandó la Legión de Voluntarios de Países Bajos, una unidad de las Waffen-SS, tras ser saqueada por los nazis y sin que nadie rindiera cuentas. Ahora, un descendiente de eeste militar que ignoraba serlo ha denunciado la situación a un detective de arte. La obra fue robada por los nazis de la mundialmente conocida colección de Jacques Goudstikker, un marchante de arte judío, y ha sido localizada ahora en casa de una de sus nietas, según ha informado este lunes a la agencia de noticias AFP el detective de arte neerlandés Arthur Brand. Fue otro descendiente de Seyffardt quien informó al investigador tras descubrir dos horribles secretos: que era familia del militar nazi y que su familia había expuesto el cuadro expoliado durante años. Este miembro de la familia, que ha preferido permanecer en el anonimato, relató a Brand que había visto el cuadro colgado en el pasillo de la nieta de Seyffardt, asesinado por combatientes de la resistencia neerlandesa en 1943. Al parecer, fue ella misma quien explicó al denunciante que era ««arte judío saqueado, robado a Goudstikker». «Es invendible. No se lo digas a nadie», lo instó. No obedeció el descendiente, que desesaba que la historia saliera a la luz, por lo que se puso en contacto con Brand. «Me siento avergonzado. El cuadro debería devolverse a los herederos de Goudstikker», afirmó al diario neerlandés 'De Telegraaf'. El mismo medio se puso en contacto con la anciana, que negó saber que la obra había sido robada. «Me lo dio mi madre. Ahora que me lo planteas así, entiendo que los herederos de Goudstikker quieran recuperar el cuadro. No lo sabía», afirmó. Para esclarecer lo ocurrido con este retrato, Brand puso en marcha su propia investigación y descubrió que el cuadro contaba con una etiqueta de Goudstikker en el reverso y el número 92 grabado en el marco. Buscó en los archivos de una subasta de 1940 en la que se comercializaron cuadros del marchante judío y encontró la pieza. Hermann Goering, un alto cargo nazi, saqueó toda la colección de Goudstikker cuando el marchante de arte huyó a Inglaterra en 1940. Tras confirmar con los abogados de la familia del eexperto en arte que el cuadro había sido robado, Brand supone que Seyffardt adquirió el cuadro en la subasta y que luego se transmitió de generación en generación. El miembro de la familia que se puso en contacto con Brand también quiere que el cuadro sea devuelto a los herederos de Goudstikker, pero la Policía no puede hacer nada, ya que el robo ha prescrito. La Comisión de Restitución neerlandesa, que asesora sobre el arte saqueado por los nazis, tampoco puede hacer nada, ya que no puede obligar a particulares a devolver obras de arte. Brand, apodado el 'Indiana Jones del mundo del arte' por sus extraordinarios hallazgos, ha asegurado que este descubrimiento supera todo lo que había descubierto hasta ahora. «Descubrir un cuadro de la famosa colección Goudstikker en posesión de los herederos de un notorio general neerlandés de las Waffen-SS realmente supera todo lo demás», ha recalcado. El caso ha suscitado comparaciones con un hallazgo que acaparó los titulares mundiales en 2025, cuando un cuadro del siglo XVIII saqueado por los nazis, también de la colección Goudstikker, apareció en un anuncio inmobiliario en Argentina.
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Para el pintor francés Édouard Manet , era «el trozo de pintura más asombroso jamás pintado». De hecho, influyó en algunas de sus obras, como su célebre 'Pífano'. Tras una visita al Prado, escribió: «El fondo desaparece, es realmente aire lo que rodea a ese pobre hombre todo vestido de negro y tan vivo». Admirado por artistas e historiadores del arte, el retrato del bufón Pablo de Valladolid (209 por 123 centímetros), pintado por Velázquez hacia 1635, es un derroche de genialidad. Sin duda, una de las grandes obras maestras del Siglo de Oro español. El Prado ha finalizado su restauración, que ha llevado a cabo María Álvarez-Garcillán , restauradora de la pinacoteca. Se ha contado con el patrocinio de la Fundación Iberdrola España como 'miembro protector' del Programa de Restauraciones del Prado. Además, se han realizado nuevos estudios científicos de la obra con los equipos adquiridos con Fondos Europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (2021‑2025), que revelan nuevos detalles del proceso creativo de Velázquez. Los resultados se han presentado este lunes en la sala 15 del museo, donde cuelga junto con otros bufones velazqueños. «No hay documentos que arrojen certezas absolutas sobre la identidad del personaje ni sobre su primer destino. Pero hay indicios suficientes para que la mejor hipótesis sea que se pintó para el Palacio del Buen Retiro . Concretamente, para las habitaciones de la reina. Lo pintó simultáneamente con otros retratos de bufones. Entre ellos, el de don Juan de Austria y Barbarroja», explica a ABC Javier Portús , jefe de la Colección de Pintura Española del Barroco del Prado. «En cuanto a la identidad del personaje -añade-, se identifica con Pablo de Valladolid, porque en un inventario de 1701 del Buen Retiro aparece con ese nombre. Es un inventario realizado 50 años después de la muerte. Tanto la procedencia originaria del Buen Retiro como la identidad del personaje tienen un grado de probabilidad muy alto». Pablo de Valladolid fue un bufón de la Corte española al menos desde la década de 1630 hasta su muerte en 1648. Era un actor cuya función era entretener a la Familia Real. Advierte Portús que los retratos de estos tres bufones «marcan, en cierto sentido, un antes y un después en la carrera de Velázquez . Son las primeras obras en las que se muestra de una manera tan evidente esa espontaneidad de la que luego hará gala a lo largo de su carrera. Velázquez podía actuar de una manera mucho más libre y con una ejecución mucho más espontánea cuando se trataba de un bufón que cuando representaba a un noble o a un miembro de la Familia Real. Hay una expresividad mucho más expansiva y abierta». Ha trabajado María Álvarez-Garcillán dos meses y medio intensivos en el cuadro: retirada de barnices, manchas, goterones, repintes... En general, se hallaba en muy buen estado. Confiesa la restauradora que «enfrentarse a un fondo así y a una cara así es el sueño o la peor pesadilla de un restaurador . Al final ha sido un sueño absoluto. La singularidad del fondo del cuadro llamaba a la cautela. Pero mis ojos de restauradora estaban viendo claramente que ahí había un montón de cosas externas que estaban haciendo muchísimo ruido». ¿Cuáles han sido los principales retos de la restauración? «El propio hecho de que no haya ninguna referencia espacial te impide ir haciendo una limpieza poniéndote límites. Lo tienes que hacer de forma muy gradual y a la vez muy global. Era muy emocionante ver cómo iban saliendo todas las transparencias». «Los tres retratos de bufones marcan un hito, pero no solamente en la manera de pintar de Velázquez, sino también técnicamente. Cuando está pintando para el Salón de Reinos utiliza preparaciones más claras, prácticamente blancas. Está jugando con ese blanco del fondo para hacer todas estas transparencias . Utiliza una pintura muy diluida, muy aguada. Y ahora se aprecian las pinceladas de descarga, que estaban repintadas», explica la restauradora. ¿En la imagen subyacente han salido muchos arrepentimientos ? «No muchos. Retrasó un poco la pierna. Es curioso, porque atrasándola, la figura se viene hacia adelante. Creo que va modificando a medida que pinta». Un problema, comenta Álvarez-Garcillán, es que en anteriores restauraciones «quisieron buscar más matices de los que ya tenía. Y en algunos casos la pintura se quedó muy desgastada, como en el caso de la manga». Cuando el cuadro llegó al taller, dice, «estaba muy amarillento. El fondo se comía la figura y la figura se comía el fondo; ahora cada uno tiene su sitio. El personaje ha salido del fondo, está delante de nosotros. Se ha recuperado ese no fondo, ese no escenario, pero con muchísima más luminosidad. El resultado es un fondo mucho más vibrante , que interacciona mucho mejor con la figura». Velázquez prescinde en esta obra de referencias arquitectónicas o paisajísticas y construye el espacio únicamente a partir del cuerpo del bufón, la sombra que proyecta y el aire que lo rodea. La restauración ha devuelto al lienzo su aspecto original. Se han recuperado sus dimensiones iniciales . En el siglo XVIII, la escena fue ampliada añadiendo unas bandas de tela en ambos laterales y en el borde inferior, mientras que el superior se limitó a un desdoblamiento del perímetro claveteado al bastidor. Álvarez-Garcillán optó por conservar las bandas añadidas (proceden del mismo paño de tela y fueron añadidas al mismo tiempo), dado su interés histórico, ocultándolas bajo el nuevo marco mediante un sistema de cajeado interno. Se han hecho nuevas radiografías y reflectografías infrarrojas del cuadro, que han revelado un dibujo subyacente realizado a pincel y a mano alzada, de gran espontaneidad y calidad, con correcciones y ajustes compositivos. Los estudios de pigmentos confirman que la imprimación del lienzo es muy clara y está compuesta mayoritariamente por blanco de plomo, y que los intensos negros del traje del bufón se obtuvieron mediante una combinación de negro de humo y negro carbón. La gama cromática del retrato es muy limitada y sobria.
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Aunque el Prado atesora obras de los grandes pintores de la Historia del Arte, desgraciadamente no todos están presentes en sus colecciones. Es el caso de Jacopo Carucci, conocido como Pontormo , una de las figuras centrales del manierismo florentino. Dentro del programa 'La obra invitada', y gracias a la colaboración de la Fundación Amigos del Prado, llega a la pinacoteca 'La Visitación' , una joya que cuelga en la sala 49 del edificio Villanueva, junto a 'La Visitación', de Rafael. Lo hará hasta el 18 de junio. Este préstamo es excepcional por varios motivos. El primero, como hemos dicho, la ausencia de obras de este artista en las colecciones del Prado. Tampoco está muy bien representada la pintura italiana del Renacimiento. Además, el cuadro ha salido en muy pocas ocasiones de su sede habitual, la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel en Carmignano (Prato), en la diócesis de Pistoia (Italia). Al hallarse en obras de rehabilitación, se ha facilitado su cesión. Ha viajado a Madrid en camión. El coste del traslado, 50.000 euros. Como contrapartida, el Prado prestará 'La Visitación', de Rafael, a L'Aquila , capital italiana de la cultura este año. Un terremoto devastó esta ciudad en 2009. Pintado hacia 1528, este óleo sobre tabla (de 204 por 158 centímetros) plasma el encuentro de la Virgen María con su prima Isabel, ambas embarazadas , narrado por san Lucas. Se miran y se tocan cada una con uno de sus brazos. Pero en el cuadro no aparecen solas; hay otras dos mujeres en segundo plano, que nos miran fijamente. Son un enigma. Hay quienes han visto en ellas a unos ángeles, y quienes creen que son las propias María e Isabel. Estas cuatro figuras monumentales, de cuerpo entero, que ocupan casi toda la composición, recuerdan un grabado de Durero , 'Cuatro mujeres desnudas'. Apenas perceptibles por su diminuto tamaño, a la derecha de las mujeres (a la izquierda del espectador), dos hombres conversan. Se cree que son José y Zacarías, los maridos de la Virgen e Isabel, pero como una abstracción. También vemos, a duras penas, a un burro asomado tras una esquina y a una mujer en una ventana. La obra destaca, asimismo, por su cromatismo . Las cuatro mujeres parecen danzar. Una sensación de ingravidez que contrasta con la sensación de peso de sus vestidos, repletos de pliegues escultóricos y de colores muy vivos: rosa, azul, verde, naranja... Advierte Ana González Mozo, jefa de la Colección de Pintura Italiana del Renacimiento del Prado, que no se sabe dónde ni para quién se pintó esta obra, pero explica que los colores de las telas podrían estar relacionados con los mecenas de Pontormo, la familia Pinadori, unos comerciantes florentinos de pigmentos. Vasari no mencionaba esta obra en sus 'Vidas' y pasó casi desapercibida hasta principios del siglo XX. El célebre videoartista Bill Viola se basó en ella para una de sus hipnóticas obras, 'The Greeting' (El saludo) , de 1995. Como curiosidad, el cuadro de Pantormo se exhibe sin marco, ya que habitualmente se halla en un nicho de la iglesia de Carmignano. Con 13 años, Pontormo fue alumno de Leonardo da Vinci (de él aprende el movimiento), pero su gran maestro fue Andrea del Sarto . Entre sus fuentes, Durero y Miguel Ángel (rescata sus figuras monumentales). Colaboró en algunos trabajos con Bronzino, su gran amigo. Pero, como dice González Mozo, Pontormo tiene «un lenguaje muy especial». En sus últimos años trabajó para los Medici. Miguel Falomir , que antes de director del Prado era responsable de la colección de Pintura Italiana del Renacimiento del museo, conoce muy bien a este artista. De 'La Visitación', dice que es «una obra maravillosa, de una calidad superlativa». Confiesa que le tiene mucho cariño a este pintor y que siente especial debilidad por otra de sus obras: 'La Deposición', de la Capilla Capponi de Santa Felicita de Florencia.
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La mayoría de los visitantes de Brujas van en busca de románticos canales plagados de sauces llorones, un lago del amor con cisnes, beaterios, cerveza y mucho, mucho chocolate. Una ciudad de postal, muy fotogénica, patrimonio de la Humanidad, en la que cualquier rincón es bueno para un selfi. Un paseo no apto para diabéticos. Los amantes del arte, en cambio, viajan tras los pasos de Memling, Van Eyck y una bellísima 'Madonna' de Miguel Ángel que fue 'secuestrada' para un museo de Hitler y que recuperaron los Monuments Men en una mina de sal. Hoy luce espléndida en la iglesia de Nuestra Señora. Sin embargo, la ciudad belga no quiere vivir anclada en el pasado y está dispuesta a entrar en el siglo XXI. Renovarse o morir de éxito. Para ello ya puso en marcha hace unos años una trienal de arte contemporáneo y ha diseñado un barrio de los museos , de unas dos hectáreas de superficie, en el centro de Brujas, a semejanza de los que ya hay en ciudades europeas como Berlín (la isla de los museos), Viena o Ámsterdam (parque de los museos). En el corazón histórico de la ciudad se ha levantado un centro de arte de nueva planta, que han llevado a cabo los estudios de arquitectura belgas Robbrecht en Daem, de Gante, y Olivier Salens, de Brujas. Su nombre, Brusk : un acrónimo con el nombre de la ciudad (Brugge) y las palabras bellas (Schone) y artes (kunsten). Cuenta, en la primera planta, con dos grandes salas de exposiciones (una de 1.600 metros cuadrados y otra de 800 metros cuadrados), cuyos techos inclinados (un guiño a la arquitectura de la ciudad con sus iglesias y catedrales) tienen una altura de 13,5 metros en su punto más alto. En la planta baja, de libre acceso y rodeada de grandes ventanales, hay un foro (recepción, tienda y espacio para talleres infantiles), un aula para conferencias y eventos y un bar. En la zona no accesible al público, un taller de restauración, salas de investigación y espacios técnicos de trabajo. Sus almacenes contarán con depósitos de los museos de Brujas. No solo estará dedicado a las artes visuales. También a otras disciplinas como la danza, el teatro y la música. En el exterior del edificio (techo y fachadas) se ha apostado por los colores marrón rojizo y verde oscuro que se hallan por toda la ciudad. La sostenibilidad ecológica ha sido una prioridad. Abre sus puertas este viernes y para celebrarlo se ha planeado durante todo el fin de semana un festival con conciertos, teatro, performances, talleres para niños... Al lado del Brusk, se halla el BRON , que abrió en noviembre del año pasado tras ser renovado un antiguo edificio escolar de 1931. Es hoy un centro de investigación científica , con una biblioteca y un gabinete de estampas. El barrio de los museos de Brujas contará también entre sus inquilinos con el Groeninge Museum (atesora importantes fondos de primitivos flamencos), tras una profunda renovación (cerrará sus puertas en 2027 y se prevé que esté remozado en 2031) y con un parque museístico, que también abrirá en 2031. Brusk se inaugura con dos exposiciones temporales radicalmente distintas. Toda una declaración de intenciones. Por un lado, 'Bigger Picture' , en la que ha trabajado un equipo curatorial, al frente del cual ha estado el historiador británico Peter Frankopan, de la Universidad de Oxford (autor del 'best seller' 'La ruta de la seda: una nueva historia del mundo'). A través de más de 250 piezas (pinturas, esculturas, mapas, documentos, armas, cerámicas, tapices...), la muestra explora cómo la Edad Media no fue un periodo aislado y oscuro , sino una época de intercambios y conexiones globales. Brujas fue uno de los centros del mundo, gracias especialmente al comercio. La ciudad influyó en el mundo, pero ese viaje también fue de vuelta. Comerciantes de Escandinavia, cruzados de Jesusalén, diplomáticos del Imperio otomano o eruditos del mundo islámico también dejaron su huella en Brujas. Además de obras de los museos de la ciudad (como el 'Retrato de Margareta van Eyck', de Jan van Eyck, y 'La Crucifixión', de Jan Provoost), hay préstamos de importantes museos y colecciones de todo el mundo. Destacan 'La Pasión de Cristo', de Memling (Museos Reales, Galería Sabauda de Turín), el 'Retrato de Mehmet II', de Gentile Bellini (National Gallery de Londres), un 'Retrato de Suleimán', de autor anónimo (Kunsthistorisches Museum de Viena), 'Retrato de Alexios I Komnenos' (Biblioteca del Vaticano) o la 'Tabula Rogeriana' (Biblioteca Bodleiana de Oxford). Brujas, con un pie en los primitivos flamencos y otro en la IA . La segunda exposición, 'Latent City', la firma el artista turco-americano Refik Anadol (Estambul, 1985) , uno de los artistas digitales más influyentes del mundo. Es célebre por sus monumentales instalaciones inmersivas en las que utiliza la inteligencia artificial y que ya han recalado con gran éxito en museos como el MoMA o el Guggenheim Bilbao. En junio, su estudio (abierto en 2014 en Los Ángeles y en el que trabajan artistas, arquitectos, expertos en datos e investigadores) inaugurará en esta ciudad Dataland, un museo dedicado íntegramente al arte con IA. Durante la última década ha entrenado sus propios modelos de aprendizaje automático con más de cinco millones de imágenes de ciudades de todo el mundo. Es la primera vez que Anadol, que intervino por videoconferencia desde Los Ángeles en la presentación de Brusk, exhibe su espectacular trabajo en Bélgica. En una gran sala a oscuras se exhiben sus fascinantes instalaciones, a caballo entre pinturas digitales y esculturas de datos . Creó especialmente para este centro de arte una instalación impulsada por datos históricos y en tiempo real procedentes de Brujas. En torno a la escalera central, la artista francesa Laure Prouvost (1978) , premio Turner en 2013 y representante de Francia en la Bienal de Venecia de 2019, ha creado un monumental fresco , en cuatro fragmentos, de 350 metros cuadrados. Su título, 'The Whispering Walls Rêve'. En él aborda asuntos como la ecología y la globalización. Tiene previsto inaugurar una instalación permanente en el aeropuerto JFK de Nueva York.
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Una campana de bronce suspendida sobre el Pabellón de Austria se ha convertido en una de las imágenes más comentadas de las redes sociales sobre la Bienal de Venecia , que abrirá al público este sábado. En su interior, una performer desnuda cuelga cabeza abajo y utiliza su propio cuerpo como badajo. La escena forma parte de 'Seaworld Venice', la instalación sobre el «apocalipsis climático» con la que la artista y coreógrafa austríaca Florentina Holzinger representa a su país en la 61 edición de la bienal veneciana. Comisariada por Nora-Swantje Almes, la propuesta presenta al Pabellón de Austria como un espacio que combina distintas capas. La propia Almes lo define como « parque temático submarino , planta de tratamiento y edificio sagrado al mismo tiempo». La instalación toma el agua como eje –un recurso vital, pero también foco de contaminación y gestión– y la vincula con el cuerpo y la tecnología. Como punto de partida, retoma una frase del cronista veneciano del siglo XVI Marin Sanudo («Venecia está en el agua, pero no tiene agua») para enmarcar la obra en la relación histórica de la ciudad con la laguna. Otro de los aspectos más controvertidos del proyecto es un tanque de agua que se alimenta con la orina de los propios visitantes de la bienal, después de pasar por un proceso de filtrado. Ese líquido reutilizado acaba formando parte de una piscina en la que otras personas se sumergen y nadan. La frase «I live in your piss» («vivo en tu pis») condensa de forma provocadora la lógica de reciclaje y dependencia entre cuerpos, residuos y entorno que plantea la instalación.
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La Comisión Anticorrupción de Malasia (MACC) repatrió con éxito cuatro obras de arte el mes pasado, entre ellas un grabado de Pablo Picasso de 1961, como parte de los esfuerzos en curso para recuperar más de 4.500 millones de dólares desviados del fondo estatal 1Malaysia Development Berhad entre 2009 y 2014 en una compleja trama de alcance mundial. Investigadores estadounidenses han afirmado que los fondos, presuntamente malversados por altos cargos de 1MDB y sus socios, se utilizaron para comprar de todo, desde hoteles de lujo hasta joyas y obras de arte. El director de la MACC, Azam Baki, afirmó que las cuatro obras de arte repatriadas se encuentran temporalmente alojadas en la sede de la comisión, y que la Galería Nacional de Arte de Malasia está colaborando para garantizar que se mantengan bajo los cuidados y controles de temperatura adecuados. «Estas obras de arte no solo tienen valor comercial, sino que también constituyen símbolos históricos del mayor escándalo de corrupción del país», declaró Azam en una rueda de prensa el miércoles. Las cuatro obras, valoradas en unos 198 000 dólares según la MACC, incluyen «L'Ecuyère et les clowns» (1961) de Picasso, «Composición» (1953) de Joan Miró, «Maison de Rendez-vous de chasse de Henri IV, Rue St. Vincent, Montmartre» (1934), de Maurice Utrillo, y «Étude pour femme couchée» (1948), de Balthus. La agencia anticorrupción de Malasia se comprometió el miércoles a recuperar más obras de arte de gran valor vinculadas al escándalo de 1MDB, valorado en miles de millones de dólares, tras exponer en su sede cuatro obras recuperadas recientemente. Las autoridades han indicado que las obras de arte podrían exponerse al público en la galería nacional de arte de Malasia y que, posteriormente, podrían subastarse para su venta. La decisión final la tomará el Ministerio de Hacienda. Se han identificado un total de 12 obras de arte vinculadas a 1MDB, de las cuales ocho aún no se han recuperado, según Azam. Hasta la fecha, Malasia ha recuperado unos 31.300 millones de ringgit (7.900 millones de dólares) en activos , lo que representa casi el 75 % de todos los bienes identificados vinculados a 1MDB, afirmó.
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El próximo viernes 29 de mayo ABC pone a disposición de sus suscriptores una actividad cultural exclusiva: una visita guiada a puerta cerrada al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS). El recorrido se centrará en la colección de arte contemporáneo que comprende desde 1975 hasta la actualidad. No te pierdas esta visita. Las plazas son muy limitadas y se adjudicarán por estricto orden de solicitud (se exigirá confirmación posterior). Al ser a puerta cerrada, la visita tendrá lugar a las 21.00 horas con aproximadamente una hora de duración. Puedes apuntarte aquí: Recuerda acceder al Club ABC Premium desde tu área de usuario para no perderte ninguna actividad exclusiva para suscriptores.
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Treinta y tres profesionales procedentes de los museos e instituciones culturales más importantes del mundo analizaron en 1998 en el Reina Sofía los problemas de conservación del 'Guernica', de Picasso : presentaba daños importantes, algunos de ellos irreversibles. Se concluyó entonces: «No debe volver a exponerse la obra a ningún tipo de movimiento o traslado fuera de las salas del museo». Al ministro de Cultura no le debió parecer demasiado contundente dicho estudio, pues pidió, con urgencia y quién sabe si con nocturnidad, un nuevo informe al Museo Reina Sofía para calmar las ansias nacionalistas del País Vasco, que, erre que erre, insisten en que el cuadro viaje al Guggenheim de Bilbao. Un error de táctica del señor Urtasun : no es necesario pedir más informes. El que se hizo fue planteado como definitivo. La salud del cuadro no ha podido mejorar desde entonces; todo lo más, empeorar. Se había paseado por medio mundo hasta que en 1958 Picasso decidió que el 'Guernica' había sufrido bastante y que no se movería del MoMA hasta su regreso definitivo a España en 1981. El Museo Picasso de París , que atesora la mayor colección del mundo del artista -sus herederos pagaron los impuestos de sucesión con obras de Picasso (al ser los primeros en elegir, escogieron lo mejor)-, es consciente de que el 'Guernica' no podrá exponerse en sus salas. Por tanto, no lo reclama, ni pide informes. Y, puestos a pedir, podrían hacerlo: consideran a Picasso más francés que español, pintó el cuadro en un taller de París, y lo hizo para exhibirse en una Exposición Internacional en la capital francesa. Ochenta y nueve años después, el 'Guernica' regresa a París. Eso sí, de forma virtual. Podrían tomar buena nota en el País Vasco. Hasta el 6 de septiembre, el museo parisino, situado en el corazón del Marais, el barrio con más encanto de la ciudad, presenta una experiencia de realidad virtual bajo el título 'Las metamorfosis de Guernica'. Creada por Nicolas Thépot, su director, y coproducida por Lucid Realities y VIVE Arts, ofrece una inmersión al corazón de una de las obras maestras más célebres del siglo XX. «Esta experiencia inmersiva permite a los visitantes comprender el contexto histórico, la compleja génesis y la amplia acogida de esta obra maestra», dice Cécile Debray, presidenta del museo francés. La experiencia dura quince minutos y está disponible en varios idiomas, entre ellos el español. Su precio: 7 euros. Tiene lugar en el auditorio del museo, cerca de la exposición que el museo dedica a Henry Taylor, autor una reinterpretación de 'Las señoritas de Aviñón', versión afro. Nos sentamos en uno de los taburetes giratorios dispuestos en la sala. Nos colocamos las gafas 3D, seleccionamos el idioma y, de repente, nos adentramos en el taller parisino de Picasso, con el lienzo aún en blanco. El artista no sabía qué asunto pintar para el encargo del Gobierno de la República para el pabellón español de la Exposición Internacional del 37. Barajó al principio el tema del pintor y la modelo, pero los bombardeos en Guernica y las ruinas en la ciudad vasca inspiraron su pintura más icónica. Dos testigos clave ejercen de cicerones de excepción en este viaje como narradores: el escritor Juan Larrea (le da voz Jordi Bataille-Lopez), agregado de la embajada española en París y parte de la delegación que hizo el encargo a Picasso, y Dora Maar (Manon Rony se mete en su piel), fotógrafa surrealista, por entonces musa y amante del artista, que inmortalizó todo el proceso creativo durante los 33 días que tardó en pintarlo. Es 'la mujer que llora', que aparece en muchos de los bocetos del cuadro. Fue ella, relata, la que encontró ese estudio en París, que Balzac usó como escenario para su novela 'La obra maestra desconocida'. Thépot ha llevado a cabo un arduo trabajo de investigación a partir de fotografías, maquetas y planos , con el asesoramiento científico del museo francés. Rémi Boubal firma la música original. Asistimos a la compleja génesis de la obra en su taller parisino, viajamos al pabellón republicano español, donde la obra se dio a conocer por primera vez al público; a la ciudad de Guernica tras el bombardeo que inspiró la pintura (se superponen fragmentos del cuadro en color a las ruinas)... Durante la ocupación alemana de París, un oficial nazi le preguntó a Picasso ante una fotografía del 'Guernica': «¿Usted ha hecho esto?» Picasso respondió: «No, han sido ustedes». Para ser justos, los nacionalistas vascos han hecho gala de una obcecación sin fisuras. Ya en 2010, cuando ABC desveló la intención del director del Museo del Prado, Miguel Zugaza , de llevarse el 'Guernica' de vuelta al Prado (al Salón de Reinos, en concreto), el diputado del PNV Aitor Esteban criticaba el «enroque absoluto del Ministerio y del Reina Sofía, que parece tener secuestrado el 'Guernica'. No nos rendimos. Seguiremos batallando». No mentía.
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La madrugada del pasado miércoles, en una de las zonas con mayor densidad institucional de Londres, una escultura de gran tamaño fue instalada sin autorización en Waterloo Place , en el distrito de Westminster, a escasos metros de The Mall, la avenida ceremonial que conecta Trafalgar Square con el Palacio de Buckingham. La pieza, que representa a un hombre con traje avanzando desde un pedestal mientras una bandera le cubre el rostro, fue vista por primera vez por la mañana por transeúntes y visitantes habituales de la zona. Un día después, Banksy confirmó que la obra es suya mediante un vídeo publicado en su cuenta de Instagram, en el que muestra además fragmentos del proceso de instalación. Las imágenes difundidas por el propio artista permiten reconstruir parcialmente la operación. En ellas se observan conos de tráfico delimitando el espacio, la llegada de un camión de gran tonelaje, el despliegue de estabilizadores para fijar el vehículo y la presencia de operarios con chalecos reflectantes y equipo de seguridad. Después, la escultura es izada mediante un sistema mecánico y colocada sobre un pedestal. Aunque no se muestra la secuencia completa, los elementos visibles apuntan a una intervención breve y técnicamente coordinada, ejecutada en una franja horaria de baja actividad en la zona. La viabilidad de una operación de este tipo en un entorno con presencia policial, tráfico limitado y edificios oficiales ha sido objeto de análisis por parte de observadores especializados. Es el caso de James Peak, periodista y productor de la BBC especializado en cultura y arte contemporáneo, conocido sobre todo por haber desarrollado el pódcast documental 'The Banksy Story', una serie en la que investiga de forma sistemática la trayectoria del artista, sus métodos de trabajo, su entorno y el contexto en el que se producen sus intervenciones. Según este especialista, Banksy trabaja con equipos «muy experimentados» capaces de montar infraestructuras complejas en tiempos muy reducidos. En declaraciones a la BBC, explicó que este tipo de intervenciones suele implicar una fase previa de observación del lugar, para identificar los momentos de menor tránsito, y una ejecución rápida con equipos que operan maquinaria pesada con precisión, lo que reduce la probabilidad de interrupción durante la instalación. « Tiene un equipo muy grande, formado por profesionales con muchísima experiencia . Son el tipo de gente capaz de montar un concierto de Metallica en 24 horas, extremadamente organizada y profesional cuando se trata de sacar las cosas adelante», detalló. El Ayuntamiento de Westminster confirmó a la prensa que no tenía conocimiento previo de la intervención y que no se había solicitado permiso. No obstante, en declaraciones recogidas por medios locales, un portavoz señaló que la institución ha tomado «medidas iniciales para proteger la estatua» y que, por el momento, «seguirá accesible para que el público pueda verla y disfrutarla», mientras se estudian las opciones disponibles sobre qué hacer con ella de forma definitiva. La ubicación de la escultura es especialmente llamativa, ya que Waterloo Place es un espacio caracterizado por la presencia de monumentos oficiales y memoriales históricos, en un entorno próximo a sedes gubernamentales y representaciones diplomáticas. La aparición de una obra no autorizada en ese entorno introduce una alteración directa del paisaje urbano y simbólico, pero, como ha ocurrido con otras obras de Banksy, de momento las autoridades no la han retirado. Aunque la obra actual es una escultura, la trayectoria más conocida de Banksy en el arte urbano es la que se ha desarrollado principalmente en el ámbito del grafiti. En septiembre de 2024, por ejemplo, apareció un mural en el exterior del edificio de los Tribunales de Justicia de Londres, un lugar también muy vigilado y además protegido por su valor histórico. En este caso, la pieza fue retirada posteriormente por decisión administrativa, en aplicación de las normas de conservación del edificio. Además, Banksy ha llevado a cabo en el pasado acciones como introducir obras propias en museos sin autorización, colocándolas en salas de exposición antes de que fueran detectadas por el personal. Uno de los casos más conocidos tuvo lugar en 2005 en el Museo Británico, cuando el artista logró introducir sin autorización una pieza en una de las salas del museo. La obra simulaba ser un objeto prehistórico, en concreto, una roca con la figura de un cazador empujando un carrito de supermercado , acompañada de una cartela explicativa que imitaba el estilo institucional. La pieza permaneció expuesta durante varios días sin ser detectada por el personal del museo. La propia institución confirmó posteriormente el incidente y, de hecho, acabó incorporando la obra a su colección.