-
En el marco de las celebraciones por el Día del Libro, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía se ha convertido este lunes en el epicentro de las letras hispánicas. Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 1948), flamante premio Cervantes 2025, ha comparecido ante los medios en un encuentro que ha trascendido la mera cortesía institucional para convertirse en una lección magistral de historia, política y teoría literaria. Acompañado por María José Gálvez Salvador, directora general del Libro, el escritor y académico mexicano ha desgranado las claves de una trayectoria de cinco décadas que lo sitúa como un puente imprescindible entre ambas orillas del Atlántico. El acto ha comenzado con una nota de profunda emoción. Celorio ha querido dedicar sus primeras palabras a Beatriz de Moura, la recientemente fallecida fundadora de Tusquets Editores. Para el autor no fue solo su editora, sino la figura que logró «abrir las letras españolas al mundo y el mundo a las letras españolas». Su lealtad al sello ha sido inquebrantable: «Confío en mi literatura; desde 'Amor propio' en adelante, he publicado todas mis novelas bajo este sello tan prestigioso», ha afirmado, subrayando la importancia de la complicidad entre autor y editor en la construcción de una obra sólida. Esa solidez intelectual, ha confesado Celorio, tiene un origen claro: el exilio republicano español en México. Los escritores e intelectuales que llegaron a su país tras la Guerra Civil fueron sus verdaderos maestros, legándole valores que hoy considera innegociables: la «capacidad crítica y la tolerancia». Estos pilares no solo sostienen su labor académica en la UNAM, sino que impregnan una narrativa que el jurado del Cervantes ha calificado como una «memoria del México moderno y un espejo de la condición humana». Uno de los puntos más interesantes del encuentro ha sido la defensa que Celorio ha hecho de la «literatura del yo». En un momento en que los géneros literarios parecen disolverse, el autor mexicano sostiene que estos han dejado de ser «compartimentos estancos». Frente a la tradición que veía la novela como la «conquista de la tercera persona», Celorio apuesta por una escritura donde el autor ensaya sobre sí mismo. «No sé si he tenido la audacia o la contemplación de escribir novelas en las que el yo se cuela en mi escritura para hablar de mi propia estirpe», ha reflexionado. Para él, esta exploración no es un ejercicio de egolatría, sino una necesidad ontológica: «Nadie sabe bien quién es si no sabe de dónde procede». Lo verdaderamente extraordinario, a su juicio, ocurre cuando la literatura hace su magia: esos personajes familiares, una vez escritos, se independizan del autor y son tomados como propios por el lector, universalizando lo íntimo. De cara a la ceremonia oficial del próximo jueves en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, Celorio ha revelado que lleva cinco meses trabajando en su discurso. Aunque su intención inicial era analizar la tardía llegada de la novela al continente americano —«No deja de ser impresionante que cuando la novela española llega a su cima con 'El Quijote', no hubiese ninguna novela digna de ese nombre en América»—, finalmente ha optado por una lectura personal del caballero de la triste figura. Su discurso explorará el humor cervantino y la libertad escritural que desafió la ortodoxia narrativa de su tiempo. Para Celorio, la novela es un género «peligroso» y, por tanto, «libertario». Ha recordado cómo, durante la época colonial, el género fue inhibido (que no prohibido radicalmente) por su carga ideológica y su capacidad para cuestionar el orden establecido. «Si el poeta puede hablar de su expresión poética, yo hablaré de mi expresión novelística como parte de la literatura del yo», ha adelantado, equiparando la libertad del escritor a un valor que, en Cervantes, se sitúa incluso por encima de la justicia. El momento de mayor tensión y claridad política ha llegado al abordar las relaciones actuales entre los gobiernos de México y España. Celorio no ha dudado en calificar la exigencia de perdón por la Conquista como un «despropósito inútil». Con precisión académica, ha desmantelado el discurso oficialista mediante dos conceptos esdrújulos. El primero que ha mencionado ha sido el anacronismo: «Pedirle a un Estado que se disculpe por los abusos colectivos cuando ese Estado no era España todavía y ese país tampoco era México no deja de ser una especie de anacronismo». Ha recordado que la violencia era una constante también en las comunidades originarias y que los hechos deben juzgarse en el contexto de su tiempo. El segundo concepto ha sido el de retrotopía: el autor ha criticado la tendencia a idealizar el mundo prehispánico como un paraíso perdido. «Es una utopía vista hacia atrás. Las condiciones de la época prehispánica no eran precisamente paradisíacas», ha señalado, denunciando una nostalgia que impide mirar hacia el futuro. Especialmente rotundo se ha mostrado al hablar del idioma. Celorio ha negado que el español sea la «lengua de la conquista», argumentando que la evangelización se hizo en lenguas indígenas. «¿Quién hace entonces el trabajo de castellanización? ¡Pues las flamantes Repúblicas creadas después! La lengua española es la lengua de la independencia. Sin ella, no habríamos podido configurar nuestras nacionalidades», ha sentenciado. Finalmente, Celorio ha compartido su visión sobre la crisis de violencia que asola al mundo y a su México natal. «Lo que está pasando en el mundo es tan horroroso que mi sonrisa se va a marchitar», ha confesado con pesar. Ante el horror, reconoce que la literatura tiene las manos atadas para la acción directa, pero posee una función vital: «No puede hacer nada frente a la violencia más que registrarla, ponderarla, criticarla». Para el premio Cervantes, escribir sobre la violencia es una forma de conjurarla, creando un «remanso de paz» en el acto de la lectura. Sin embargo, no oculta su preocupación por un mundo que se siente «al borde del precipicio», donde la desolación parece ganar terreno a la esperanza. El próximo jueves, este «escritor integral» (creador, maestro y lector apasionado) recibirá el galardón de manos de Su Majestad el Rey Felipe VI. Será el cierre formal a una semana de celebraciones, pero también el inicio de un nuevo capítulo para un autor que ha hecho de la palabra un espacio de resistencia, memoria y, sobre todo, de libertad absoluta.
-
Recuerdo una entrevista a Beatriz de Moura para ABC. Era el 16 de junio de 2013, cerca del solsticio de verano. Está en su mesa rodeada de objetos que congregan recuerdos: un bolso de charol blanco con el nombre de Beatriz, dibujo al carbón de Kundera, foto del escritor checo con su mujer. Dos kiwis en un cenicero, la pipa de Simenon y muchas imágenes con Toni López Lamadrid, fallecido en 2009. Beatriz es una mujer de libros tomar. Hablamos de ‘Cincuenta sombras de Grey’, de si le sorprendía el éxito de E. L. James. Beatriz contesta que E. L. James se parece a Corín Tellado, pero con sexo : “Ninguna de esas novelas las hubiera aceptado Luis G. Berlanga para ‘La sonrisa vertical’. Nosotros publicábamos erotismo. Ninguna lectora de las ‘Sombras de Grey’ leería hoy a Sade o Bataille sin alterarse profundamente”. Reímos. Salió a colación el proceso de ”transición nacional” que postulaba Artur Mas. Lo de la “transición nacional” le parece a Beatriz un misterio: “Soy brasileña de origen, mi lengua es el español y el francés, mi otra lengua de estudios. No soy de ningún país, ni me siento ligada a bandera alguna. Estoy aquí por casualidad, pero me gustó Barcelona y aquí me quedé”. Cosmopolitismo: la materia de Tusquets. Nacida en Río de Janeiro, Beatriz de Moura conoció Barcelona en 1956. Su padre, Altamir de Moura, se instaló como cónsul general del Brasil. Su distinguida cuna parecía encaminarla a los ecos de sociedad, pero en 1959 rompe amarras familiares y viaja a Ginebra para cursar Intérprete Internacional y Filosofía y Letras; no culmina los estudios, pero la semilla del cosmopolitismo, sembrada por la itinerancia diplomática paterna, ha germinado. De vuelta a la Ciudad Condal, De Moura trabaja de traductora en la editorial Gustavo Gili: sus leotardos negros perturban a los gramáticos de la casa. Remiten una carta a Óscar Tusquets advirtiendo de que la chica con la que sale tiene “fuego entre las piernas”. A esta brasileña libertaria el pacato nacionalismo le produce alergia. La relación con Tusquets la reconduce a Lumen, la editorial que dirige la hermana de este, Esther Tusquets . Dos mujeres con hechuras antagónicas del oficio editorial: la extravertida y bailona Beatriz versus la gélida y lacónica Esther. Incompatibilidad agravada cuando la brasileña impulsa en 1968 los ‘Escritos del Che’, libro secuestrado y guillotinado que acarrea pérdidas y acelera la ruptura con Lumen. La noche del 7 de octubre de 1969 Beatriz de Moura y Óscar Tusquets presentan en el Gran Price la editorial que han proyectado en el piso de setenta metros cuadrados que comparten. Nace el sello Tusquets con un capital de 165.000 pesetas. Un catálogo de Tusquets compuesto de intuiciones y encuentros azarosos. Aquel 1969, De Moura coincide con García Márquez en la terraza del Sándor. El colombiano ha publicado ‘Cien años de soledad’ en Sudamericana y la editora le pide unos artículos para la colección ‘Marginales’ de Tusquets: en 1970 compondrán ‘Relato de un náufrago’. En su primer sexenio Tusquets no gozó de estabilidad económica. Antonio López Lamadrid, la nueva pareja de De Moura, imprimió un funcionamiento empresarial para consolidar el sello. ‘Longsellers’ como ‘El amante’ de Marguerite Duras, o ‘Los juegos de la edad tardía’ de Luis Landero o el contacto con Catherine Camus, hija del autor de ‘La peste’, que brinda a Tusquets los derechos de su obra póstuma, ‘El primer hombre’. Perteneciente a la 'gauche divine', que se divertía mucho y trabajaba mucho también, De Moura supo estar allí donde confluyen azar y necesidad. Como recuerda el editor Enrique Murillo, un ejecutivo asustado por las pérdidas del primer libro de Milan Kundera, ‘La broma’, canceló el contrato de edición… “Mario Muchnik se vengó y le pasó los contactos a Beatriz de Moura, que publicó ‘La insoportable levedad del ser’ en Tusquets”. En 1994, la editorial conmemoró con sus autores y cincuenta editores europeos su primer cuarto de siglo. En el álbum de fotos, Jorge Semprún, Mario Vargas Llosa, Terenci Moix, Catherine Camus, Jaime Salinas, Xavier Domingo, Luis Sepúlveda, Jorge Edwards, Luis Landero... Tusquets había transitado de editorial artesana a una pequeña empresa editorial. Enrolado como corrector, el actual director, Juan Cerezo, conoció una escuela de editores donde el oficio se conjugaba con la política de autor. Muchos de los que estuvieron en 1994 no están, pero siguen presentes en el catálogo. Porque las edades de una editorial se cuentan en su catálogo. Tusquets penetró en el siglo XXI con “todo pagado”, como gustaba señalar a López Lamadrid. A los Beckett, Semprún, Kundera, Milosz, Junger o Duras se unieron Murakami, Aramburu , Grafton, Mankell, Vuillard, Grandes… Brillante singladura aureolada con ‘succés d’estime” como los ‘Soldados de Salamina’ de Javier Cercas , las intrigas nórdicas de Henning Mankell o la ‘Patria’ de Fernando Aramburu . Este 23 de abril, brindaremos por usted, editora.
-
Además de poeta, Alfonso Martínez Galilea (Logroño, 1959) es editor, traductor y librero, facetas que, nos confiesa, se alimentan unas a otras. Pero sobre todo subraya que «la poesía es algo más que una afición» . Sin duda, esto se aprecia con creces en el logrado volumen que ahora publica, cuya gestación y claves comparte con los lectores de ABC. El libro se presenta el sábado 18 de abril en el Círculo de la Amistad, en Logroño, a las 13.00 horas, con la participación de José Ignacio Foronda y el autor. —En 'Puertos de paso' reúne su poesía desde 1978 a 2015. ¿Cómo se gestó el proyecto? —Fue realmente una invitación del poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo , con quien mantengo una buena amistad desde hace veinte años. Y que dirige la colección Otramina de la editorial universitaria EAFIT en Medellín, Colombia. Darío me pidió una selección de mi poesía y yo compuse al efecto el libro. —¿Ha realizado una selección? ¿Con qué criterio? —Efectivamente, se trata de una selección, que trata de recorrer las diferentes direcciones por las que se ha movido mi poesía a lo largo de casi cincuenta años, con paradas en las parcelas más significativas de esa producción, los 'puertos de paso' a que alude el título. —¿Ha llevado a cabo una revisión, modificando algunos? —Sí, he releído minuciosamente mis versos y en no pocos casos he realizado alguna corrección, pero debo señalar que en general de poca importancia. También he aceptado algunas sugerencias de la editora de EAFIT, Carmiña Cadavid, gran lectora y muy precisa correctora. —¿Ha tenido que dejar alguno fuera que le habría gustado incluir? —No. De hecho sospecho que el libro tiene una extensión excesiva. Los libros de poesía, pienso yo, deben ser cortos. Solo el afán de disponer de un 'volumen' determinado de páginas, reclamo común entre los editores, mueve a los autores a colmar los libros de relleno. Por mi parte, pienso que, de haber dispuesto de más tiempo, es posible que lo hubiera recortado aún más. —Aborda muchos asuntos, por ejemplo, el inclemente paso del tiempo, la inevitable llegada de la muerte «Y acompañándonos va plácida la muerte / nuestra mejor amiga», «Viene la muerte con su rostro de animal que espera», ¿destacaría algunos? —El tiempo es la materia misma de la poesía, y la idea de la muerte una de sus expresiones más visibles. En cierto sentido, escribimos poesía para dar cuenta del tiempo y para combatir a la muerte, aunque ambos propósitos tengan mucho de irrealizable. —A pesar de una cierta tristeza y desolación que impregna sus versos, también hay luminosidad que da cuenta de la multiplicidad de la vida… —La vida es de una variedad inagotable, es obvio. Vivimos a menudo presos en un permanente asombro ante esa cornucopia de la que brotan tristezas, alegrías, miedos y dicha sin orden ni concierto… Y ese desorden es la expresión más fiel de lo que la vida nos ofrece. Pero no quisiera desbarrar por caminos de pseudofilosofía. A pesar de todos sus malos momentos, la vida es muy hermosa. —¿Se atrevería a recomendar en especial alguno/algunos de los poemas que incluye el volumen? —No, me parece que cada poema tiene su tiempo y su lector… —Su poesía es muy intensa y nos llega a lo más profundo del alma sin necesidad de desparrames y desmesura… —Vaya, le agradezco eso que dice. La mía es una poesía de la expresión y de la intimidad, y eso de 'llegar al alma' de alguien me parece completamente asombroso, y perfectamente improbable, también. —¿Cree que la poesía, como señaló Juan Ramón Jiménez, se dirige «a la inmensa minoría»? —No, no lo creo. Creo que algunos poetas, y Juan Ramón es un caso claro, pueden llegar a muchísimos lectores. Hay otros, ciertamente, cuya dimensión está mucho más circunscrita, pero unos y otros llegan a donde su trabajo les permite llegar, mayoría o minoría, según el caso… —¿Cómo ve la actual situación de la poesía en España? —Muy bien. Lo cierto es que en los últimos años he seguido menos el curso de la sucesión generacional y estoy menos al tanto que antaño de los nuevos autores. Pero, por poner un ejemplo, en Logroño, que es la ciudad donde vivo, recientemente ha aparecido un grupo, 'los laristas', de muchísimo interés. Lo que resulta, por decirlo así, milagroso. —¿Tiene usted algunos poetas, o escritores en general, predilectos? —Sí, y son muchos para enumerarlos. Pero apuntaré unos cuantos: Juan Ramón, los dos Machado, Luis Cernuda. Y entre los de las generaciones anteriores a la mía, Jon Juaristi, Luis Alberto de Cuenca, Miguel Sánchez-Ostiz, Lorenzo Martín del Burgo, Andrés Trapiello… Omito a los autores de mi tierra porque la enumeración seria inacabable, pero debo subrayar que tienen tanta o mayor importancia en mi formación que los citados. —Usted es poeta, traductor, editor y librero. ¿Cómo las combina? ¿Se siente especialmente cómodo en alguna de esas facetas? —En todas ellas, la verdad. Unas alimentan a las otras. Entre las aficiones tardías, la de la traducción se ha revelado como de una importancia capital, también para el ejercicio de la escritura. Ser editor y librero viene muy bien para estar al tanto de la vida literaria. Y, en fin, la poesía es algo más que una afición.
-
En 1934, había familias de bien para las que pasar el verano en Las Rozas era un buen plan. Fue allí donde Camilo José Cela, que entonces tenía dieciocho años y quería ser poeta, conoció a Lolita Franco, una estudiante de Filosofía y Letras que andaba en los veintidós: se fascinó por ella, y ahí empezó una amistad que nunca fue a más porque la mujer, que luego se casaría con Julián Marías, no quiso. Durante casi una década (1934-1942) mantuvieron una correspondencia que ahora sale a la luz, en un libro de la Fundación Santander editado por el catedrático de literatura española Adolfo Sotelo Vázquez. «Si no me quieres como amigo, quiéreme como a un mueble o como a un perro, pero quiéreme, Lolita», le suplicó el Nobel. Estas son cartas en las que Cela le enseña a Lolita Franco sus primeros intentos en la poesía, que luego acabarían en su primera obra, 'Pisando la dudosa luz del día', y en la que ella ejerce como mentora y crítica. Le aconseja, por ejemplo, leer a Alberti y a Ortega y a Zubiri, y le dice que no se meta tanto en el surrealismo. «Este epistolario se puede leer como una novela sentimental, pero también como el relato del aprendizaje de un escritor que se inicia en su vocación. Y se debe leer como un testimonio de la intrahistoria de aquellos años», afirma Sotelo Vázquez. La Guerra Civil destrozó a Lolita Franco: su hermano Emilio fue asesinado con su novia, una joven militante falangista, en la cheka de la calle Fomento… «Mis padres son dos ruinas, siento ligazón y deber y sólo espero una vida triste», le cuenta ella en diciembre del 36. Sotelo Vázquez conoció las cartas que ella le envió a Cela hace ya veinticinco años, y confirmó que su relación intelectual fue muy importante para el literato cuando descubrió en su biblioteca una primera edición de un libro de Juan Ramón Jiménez ('Canción', de 1935), dedicado por ella. «Cela conservaba las cartas de Lolita que le había escrito a él, y ya en sus memorias aseguraba que si alguien lograra conseguir las que él le había mandado a ella sería muy interesante publicarlas», continúa el investigador. «Desde ese momento me dediqué a ver si convencía a los hijos de Lolita Franco. Javier Marías siempre me decía: eso son cosas de la revista 'Hola', Adolfo, déjalo». A Marías, por lo que sea, Cela nunca le hizo gracia. Hace tres años y medio el fondo de Julián Marías y el de Lolita Franco fueron depositados en la Biblioteca Histórica de la Complutense, lo que ha posibilitado este libro. «Allí conseguí leer y tomar nota y con los permisos oportunos pude tener las fotos de las cartas que Cela le había enviado a Lolita Franco. Las cartas eran manuscritas y algunas estaban mecanuscritas». En la primera, del domingo 9 de septiembre de 1934, él escribe: «Solo, sin ti –¿me entiendes ahora?–, yo no tengo razón para seguir escribiendo –¡qué cruel eres!– bellos versos». Y después: «Yo renuncio para siempre a ser tu amigo, ¡soy demasiado animal!, pero no renuncio a que me contestes a esta carta. (...) Te pido que quemes todas mis poesías, ¡pobres poesías mías, nunca debieron ser!». La respuesta de ella es del 11 de septiembre: «Por si temes que no te conteste, voy a hacerlo enseguida». De sus primeros versos, opina: «Cada día harás mejores versos –lo has de ver–». Algunos de los poemas que le mandó desaparecieron, y de otros desapareció la dedicatoria. Sí se conserva 'La rosa', un poema que le envió dedicado el 3 de septiembre de 1936: «El aire te sentía temblorosa / de verdor, y tu color tenía / la pátina –suave lejanía– / de aquello ojos de mujer llorosa…». En la carta, le dice: «Tengo también escrito un poema cruel: 'Himno a la masturbación', que no te doy a conocer (...) porque no me parece acompañarlo de 'La rosa'. Algún día lo conocerás. Yo quiero que conozcas todo lo mío. Es una manera de conocerme a mí». No conocemos la respuesta, porque en esta correspondencia hay huecos que no se pueden llenar. «Ellos estaban en la misma ciudad, y hay encuentros entre los dos que fueron orales y no podemos reconstruir [se citaban en el Prado, en Moncloa, en la facultad…]. Además, tras leer las cartas, estoy convencido de que cuando se casó con Julián Marías, en 1941, Lolita retiró algunas de las cartas de Cela, porque debían ser un poco salidas de tono», sostiene Sotelo Vázquez, que añade: «La labor de Lolita Franco era orientar al joven Cela con sus esperanzas de ser poeta. Pero ahí va naciendo una relación yo diría sentimental que está clara. Pero está más clara en las cartas de él que en las de ella, que guarda distancia». En sus memorias, Cela le guardaba cariño: «Era una mujer excepcional, inteligente, cultura y serena, con la cabeza clara y el sentimiento noble y sereno». Cela, por cierto, tuvo por aquellos una novia que se llamaba Lolita Rodríguez Seijas. Él le habla de ella a Lolita Franco en una carta: «Pudo ser felicísima durmiéndose en mi hombro, con sus inmensos ojos derramados, pero prefirió seguirse falseando». Su amiga le recrimina el tono: «Todos los hombres, cuando una mujer no se enamora de vosotros, reaccionáis contra ella (...) ¡Muy pretencioso, hijito, muy poeta!». No mucho después, él critica un ensayo de Julián Marías: «No sé si tendrá mucho mérito bajo el punto de vista filosófico; desde el punto de vista literario me parece bastante deficiente, y desde ambos, demasiado pedante». Ella contesta con frialdad: «Yo lo encuentro muy bien». Más allá de la relación, Sotelo Vázquez destaca el valor del epistolario para conocer al primer Cela: sus dudas, las lecturas que ella le recomendaba («lee las 'Meditaciones del Quijote' y aprende a hacer salvaciones»), sus opiniones, su sentir… Pero no solo eso. «Empecé este epistolario por Cela pero he quedado fascinado por ella, que es una gran desconocida. Ortega quería que fuera la primera mujer licenciada en Filosofía, pero Pedro Salinas la convenció para la literatura… Para la historia de la literatura tuvo el problema de que era cristiana, y esto parece ser que no iba con las sinsombrero», opina. Ahora, promete, se dedicará a ella.
-
El Islam no goza de buena prensa y los ocho siglos de invasión musulmana en la Península Ibérica parecen no contar en la historia de España. «Se dice que los romanos llegaron, los visigodos se establecieron y los musulmanes conquistaron. La actual mala fama del Islam hace que veamos aquel periodo como algo ajeno a nuestra cultura. Se pasa de puntillas sobre el califato de Córdoba, entonces la ciudad considerada como la luz de Occidente», lamenta Emma Lira, ganadora del IX Premio Edhasa de Narrativas Históricas con 'La luz de Medina'. El jurado decidió por mayoría conceder los diez mil euros a esta novela «de extraordinaria sensibilidad que recrea, con ricos detalles y un exotismo velado, la Hispania árabe-musulmana del califato, en la cumbre de Medina Azahara, así como la historia de Almanzor antes de convertirse en leyenda». Un califato bajo la férula de al-Hakam II y sus ministros poetas. Allí florecen las artes y las ciencias; su biblioteca califal aspira a congregar todos los saberes. Un problema: la ausencia de sucesor del califa y sus frágiles alianzas hacen peligrar la continuidad de la dinastía. La autora de 'La luz de Merida' pone el foco en dos personajes: el caudillo Almanzor y la esclava de origen cristiano Lubna. Copista y secretaria de al-Hakam esta cultivada mujer reúne manuscritos para la biblioteca. «Más que los hechos militares, me interesa los que sucede de puertas adentro en el palacio califal. Hasta ahora solo conocemos al Almanzor guerrero que nunca fue vencido por los cristianos y que forma parte de nuestra historia», apunta Lira. Un califato opuesto al rigorismo de otras corrientes islámicas: «Las tres religiones del libro, musulmanes, cristianos y judíos conviven en armonía. Aquel califato pudo ser la Ilustración del Islam», subraya la autora de 'La luz de Medina'. En Medina Azahara, que para la generación de los setenta era el nombre de un grupo de rock andaluz, confluían los aprendizajes de los peregrinos que volvían de La Meca, El Cairo o Bagdad. «Si el califato cayó no fue por el ataque de unos cristianos enfrentados entre sí sino por los problemas internos de un islam dividido en tres califatos», concluye Lira.
-
El Puerto de las Nieves de Agaete es un paraíso donde el Atlántico rompe con delicadeza. La ola calla. Se mueve. Calla y se mueve. Sobre las rocas camina Santiago Gil, periodista, poeta y novelista. Se trata del escritor más prolífico y necesario que ha dado Gran Canaria en las últimas décadas. Cuarenta y tres libros publicados, talleres literarios por toda la isla, incluso en cárceles para los parias del mundo. Una voz que la capilla literaria del archipiélago lleva años intentando ignorar sin conseguirlo del todo. Su última novela 'Islas Cardinales' (Mercurio, 2026) es una distopía que imagina las islas negociadas como materia prima entre Marruecos y Donald Trump , pero cuya catástrofe (cemento, turismo de masas , dunas desgastadas) lleva décadas sucediendo ante nuestros ojos. «En esta novela profundizo en la condición de insular. Qué es una isla y qué te aporta este pedazo de tierra tan esquizofrénico situado en África, aunque desde niño te digan que estás en Europa y sabes que culturalmente perteneces a América», explica Gil sobre una obra cuyo protagonista es un periodista. Un personaje que le ha permitido abordar la crisis simultánea del periodismo y la literatura sin caer en la ficción convencional: «Mi perspectiva periodística me ha servido para contar la realidad. Mi ficción es permeable y vivo con la realidad pegada a ella». De ahí que en 'Islas Cardinales' Marruecos consiga que España abandone Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria a cambio de entregar el coltán de sus aguas e instalar una base militar norteamericana en el archipiélago. Trump lo firma con la misma naturalidad con que negocia cualquier otro activo. Con veintitrés años, Santiago Gil dejó la carrera de Derecho, se plantó en Londres y decidió que iba a ser poeta. Luego cursó Periodismo en Madrid, oficio que nunca abandonó del todo. Sin embargo, siempre fue la literatura el territorio donde se jugó lo que de verdad le importaba. Hoy, cualquier joven escritor de la isla ha pasado por alguno de sus talleres. Es, en ese sentido, un maestro. « La evolución del mundo no tiene que conllevar el destrozo del mismo , y eso es lo que está haciendo el ser humano. Donde quiera que hay un filón de riqueza, se va a explotar, y no hay ninguna concepción de conservación », afirma. En su nueva novela conviven el humor, los talleres literarios, el buen periodismo y una mirada obstinada sobre un mundo que se deteriora ante los ojos de quienes deberían defenderlo. Otro elemento presente en la obra es la inteligencia artificial , que el autor convierte en un personaje más. Ya en obras anteriores como 'Los Suplentes' (Anroart, 2010) había rastreado cómo la tecnología determina la condición humana. Ahora le toca a ChatGPT. «Yo sería incapaz de venderme tan bien como lo hace la IA, y estuve jugando en la novela con ella», dice. No le tiene miedo porque la IA viene del ser humano. Pero sí le concede un poder de reorganización del mundo literario que no está dispuesto a ignorar: «Se va a buscar la presencialidad de los autores, tocarlos, conocerlos. La poesía será el género que se salve de la IA. Nosotros somos el paleolítico del mundo que viene». Como ha sabido ABC en exclusiva, el Cabildo de Gran Canaria reeditará 'Mediodía eterno' (Ediciones Cabildo, 2020) coincidiendo con la inauguración del nuevo museo de arte contemporáneo. La novela, con la que Gil se alzó con el Premio de Novela Benito Pérez Galdós 2020 , estará a la venta en la librería del museo. Se trata de una biografía ficcionada del pintor Jorge Oramas , que murió con veinticuatro años consumido por la tuberculosis y cuyos cuadros, llenos de luz intensa a medida que se acercaba su muerte, protagonizaron décadas después una exposición en el Reina Sofía de Madrid. Gil sigue sin explicarse aquel misterio: «Me sorprende cómo a alguien a quien le diagnostican tuberculosis con veintiún años, le dicen que se va a morir, y comienza a pintar. Y que mientras se va acercando a la muerte va pintando cuadros cada vez con más luz. Intensamente luminosos, como si estuviera acercándose al Nirvana». Para él, en esa paradoja está el sentido de la literatura. Ratifica que la figura de Oramas confirma que «hay que centrarse en el arte y lo que menos hay que seguir es el camino de las camarillas y el colegueo literario». Jorge Oramas murió habiendo pintado apenas cincuenta obras, en la absoluta pobreza y sin reconocimiento alguno. Fue el doctor Rafael O'Shanahan, quien ampara su carrera artística regalándole los pinceles y lienzos para que pintara. Sin ese gesto, no habría nada que colgar en las paredes de ningún museo. Gil se reconoce en esa entrega genuina, en el empeño de crear belleza cuando la vida se acaba. «Yo, por encima de todo, soy alguien que ama la vida. Escribir para mí, en el fondo, no es más que un agradecimiento a ella, y eso es 'Mediodía eterno'», sintetiza el novelista y poeta. «Tropezar con un montón de charcos y escribir sobre el agua», inmortalizó la poeta Dolores Campos Herrero. Unos versos que definen muy bien la poética de Santiago Gil. Este año regresa con ' La invención del alba' (La Discreta, 2026), su etapa literaria más luminosa. Anclado a su soledad ha encontrado el amor. «No hay nada que me guste más en la vida que contemplar el mar. Todo lo que escribo me lo ha dictado el mar y lo he aprendido de él», se sincera añadiendo que en la isla no está atado a nada y tiene salida por los cuatro puntos cardinales. «Le agradezco a la poesía que me haya dejado escribir un poemario como este cargado de luz y serenidad», confiesa. Su poesía no busca llamar la atención ni epatar. «Esta vez parece que va enserio / lo de los bárbaros», escribe como si intentase describir la grieta humana de un mundo despiadado. En sus versos advierte de aquellos que se marchan señalando para despegarse de su fracaso: «Nadie te dará lo que tú no habites». Gil lleva cuarenta años levantándose antes del alba para escribir. De allí que en este poemario esté presente el horizonte Atlántico que se cruza en su vista literaria cada mañana. «Gracias a la vida por dejarme volar tan alto». Ese sería su epitafio, dice, y no parece decirlo en broma. Un pájaro cruza frente a nosotros en el Hotel Santa Catalina. La grabadora se para. Al escritor le persigue una mariposa blanca mientras se marcha. Su abuelo le enseñó a crearse una ficción para ser feliz y a pensar que hay un vuelo eterno que no termina en ninguna parte. En el puerto de las Nieves, el Atlántico sigue rompiéndose contra las rocas. La ola calla. Se mueve. Calla y se mueve.
-
La pareja de escritores Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes vuelve a embarcarse en la aventura de acercar a los más pequeños de la casa el hábito de la lectura. Ya lo hicieron con 'Rexcatadores', 'Herederos' y, sobre todo, con ' Amanda Black ', con más de un millón de ejemplares vendidos. 'Misterios S.A.' (B de Blok) se une a estas exitosas sagas como la nueva obra del dúo. Esta vez conoceremos a Claudia, una intrépida niña que acaba de perder a su madre y que, junto a su padre, se mudarán a Santa Muerta, «una isla que vive de lo sobrenatural. Médiums, adivinos, tours encantados, casas con fantasmas...». Una misteriosa aventura que los llevará a los rincones más recónditos de su nuevo hogar. —Regresan al público infantil con una historia diferente, ¿cómo llegaron hasta ella? —Bárbara Montes: No hubo que buscarla mucho. A los dos nos apetecía hacer algo de misterio y a nuestra editora le pareció bien. Realmente fue una confluencia de todo. —En sus novelas anteriores comentaron que la idea la formaban juntos y luego Bárbara la escribía. ¿Han seguido el mismo proceso? —B.M.: Por supuestísimo que sí. —Juan Gómez-Jurado: Como mejor nos funciona es de esa forma, dos personas no pueden escribir una frase al mismo tiempo. —B.M.: Nos sentamos juntos, pensamos la historia, creamos una línea temporal con todo lo que tiene que suceder y después yo lo escribo. Y como yo lo escribo, también me guardo la carta de cambiar lo que quiera. Pero la idea base y la creación de los personajes siempre es de los dos. Por supuesto, cuando en medio de la escritura tengo dudas, me levanto de mi despacho, vengo al de Juan y le pregunto. —En este libro hay fantasmas, supersticiones, una isla que vive del turismo paranormal y una protagonista muy cañera. —B.M.: La protagonista, Claudia, no cree en fantasmas, ni en casas encantadas, y decide investigar para intentar demostrar que todo es falso. Y resulta que lo va a hacer con un amigo que es un fantasma. Es el único fantasma de verdad que hay en esa isla. —J.G.J.: Es muy divertido e interesante ver cómo los niños, cuando están leyendo el libro, se encuentran con una incongruencia enorme. Esta persona escéptica tiene que convivir con una idea que no es la que tiene inicialmente en la cabeza y, aunque le produzca rechazo, tiene que aprender a convivir con eso. Algo que nosotros teníamos muy claro era el hecho de que es necesario no sólo fomentar el hábito de la lectura en los jóvenes, sino también ayudar a los niños a tener un pensamiento crítico, no quedarse con la primera idea que les cuentan. —Es una historia que pueden leer tanto pequeños como mayores. —J.G.J.: Es que somos muy buenos [ríen]. Creemos en lo que decía Roald Dahl: 'Una historia no es para niños, sino que una buena historia la puede leer cualquiera'. —B.M.: Cuando te diriges al público infantil o juvenil, solo tienes que tener en cuenta que hay ciertas cosas que no van a entender. Entonces eres el responsable de explicarlas de una forma más sencilla, pero la historia tiene que ser buena. A un chico o una chica de 10 años les das un mal libro y te lo tiran a la cabeza. Siempre hemos huido de la condescendencia con ellos. Podemos hacerlo sencillo, pero no simple. —J.G.J.: Esta mañana hemos estado con un montón de chavales y chavalas en un colegio. Y lo que más les gustaba de nuestros libros es que no les tratan con condescendencia. No comprendían la palabra, pero comprendían el concepto a la perfección y eso nos hizo muy felices. —¿Cómo es compartir esa experiencia de lectura con los chavales? —B.M.: A veces con mucho miedo porque dices, 'ay, como no les guste...'. El público infantil es el más cruel: como no les guste, no te vuelven a leer y te lo dicen sin tapujos. Pero cuando el 'feedback' es positivo, son los más entregados. —Esta es una historia un poco diferente a la anteriores, cuenta con juegos y rompecabezas. —J.G.J.: Amanda Black es aventura pura y dura, aquí hay un punto más. —B.M.: Los juegos son un auténtico calvario. Tardo bastante en crearlos porque no quiero que la historia esté al servicio del juego, sino que el juego esté al servicio de la historia. Y ahora me arrepiento mucho de haber hecho esa petición a mis editoras [ríen]. Según avanza la historia vas sembrando las pistas para el misterio. Me he convertido en una experta en cifrados y claves antiguas. —Aunque las soluciones están al final del libro… —B.M.: Si quieren pararse y solucionarlo, pueden hacerlo. Si no les apetece, porque quieren seguir leyendo, solo necesitan pasar la hoja, porque los personajes lo van a solucionar. Es para que ellos elijan cómo quieren leer. —Ambos han escrito libros para adultos, ¿qué diferencia hay en escribir para los más jóvenes? —B.M.: Aquí voy a citar de nuevo a Roald Dahl. Y voy a decir que escribir para niños es exactamente igual que hacerlo para adultos, solo que más difícil. Cuando escribo para adultos no tengo ese escalón de la diferencia de edad. Escribir para niños, y más los niños actuales que tienen tantísimo bombardeo de información, hay que hacer un duro trabajo de investigación de qué es lo que les gusta, qué es lo que están viendo, qué es lo que están leyendo. —Es una generación que se ha criado con las redes sociales, los móviles... ¿Por qué creen que conectan con sus historias? —J.G.J.: No tenemos ni idea. Hay momentos en los que me asusto porque cuando una cosa diminuta, de 11 años, te dice, 'voy por el 13 de Amanda Black', es como... ¿Cuándo ha pasado esto? Todos estos años nos hemos dedicado a la creación de estas historias y te choca percibir esa conexión, que es casi una ansia devoradora insaciable. —B.M.: Supongo que cuando nosotros éramos pequeños era más fácil hacerte lector, porque no había mucha oferta de ocio. Ahora, con las redes sociales, plataformas, la consola, el ordenador… que te elijan a ti, es una preciosidad. Es un privilegio. —¿Qué es lo más satisfactorio de escribir estos libros? —J.G.J.: Piensa que hay que desafiarles un poco, hay que lanzarles fuera de su zona de confort. Estos chavales se han criado viendo productos culturales mucho más avanzados que los que nosotros veíamos cuando éramos pequeños. Y tú tienes, como escritor, como creador y como persona consciente de a quién se está dirigiendo, tienes que cambiar, tienes que evolucionar con tu audiencia. El objetivo final, tanto el nuestro como el de los padres y educadores que recomiendan estos libros, como el del propio niño, es leer, que se enganchen a la lectura. Porque así se genera un hábito lector y generando un lector, estás generando mejores ciudadanos y, por ende, un mundo mejor. Esa parte de nuestro trabajo es la que consideramos más importante y, desde luego, la de mayor responsabilidad.
-
Tras más de dos décadas escribiendo con un pseudónimo, Freida McFadden ha decidido desvelar quién es realmente. La autora de 'La asistenta', éxito de ventas que acaba de ser adaptado al cine con Sydney Sweeney como protagonista, lleva años haciendo sus apariciones públicas con gafas y con peluca para tapar su verdadera identidad. Sin embargo, durante una entrevista con 'USA Today', Freida McFadden ha decidido quitarse la 'careta' y desvelar que su verdadero nombre es Sara Cohen . «Estoy en un punto de mi carrera en el que estoy cansada de que esto sea un secreto. Estoy cansada de que la gente debata si soy una persona real o si soy tres hombres», ha declarado en alusión al 'fenómeno' español Carmen Mola. «Soy una persona real, tengo una identidad real y no tengo nada que ocultar», ha confesado la autora de 45 años. Carmen Mola es el seudónimo con el que los escritores españoles Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero publicaron la saga de novelas de 'La novia gitana' a partir de 2018, con el personaje de la inspectora Elena Blanco como protagonista. Revelaron su identidad en octubre de 2021 cuando ganaron el premio Planeta. Sara Cohen se ha revelado como una doctora que, además de escribir superventas, trata enfermedades y trastornos del cerebro. «Mi vida real es mucho más aburrida de cualquier cosa que ocurra en mis libros», ha compartido, explicando que, aunque la peluca es evidentemente un accesorio solo para su falsa identidad, en la vida real también lleva gafas. Su intención al utilizar un pseudónimo fue evitar problemas con su profesión como médico. «Mi intención era mantenerlo en secreto hasta que pudiera dejar mi puesto como doctora para que nadie lo supiera y no me dificultara mi capacidad para trabajar», ha comentado. No obstante, en algún momento, sus compañeros se enteraron incluso aunque su identidad permaneciera en privado, y fueron muy amables con ella. «Algunas personas comienzan a escribir deseando abandonar su trabajo, pero en mi caso lo hacía solo por diversión. Así que seguí agarrándome a ser médico porque, primero, me esforcé mucho para llegar hasta aquí y, segundo, me parece muy satisfactorio. Me encanta ver a pacientes y ayudar a la gente», explicaba recientemente la autora durante una entrevista en un pódcast. A pesar de todo, su idea es seguir escribiendo bajo el pseudónimo que ha usado hasta ahora y con el que ha firmado más de una veintena de títulos en su prolífica carrera. Por el momento, continúa centrada en su saga más exitosa, la de 'La asistenta'. En los últimos años y, tras el estreno de la película protagonizada por Sydney Sweeney y Amanda Seyfried y su consecuente triunfo en cartelera, este título se ha convertido en el buque insignia de su bibliografía. Se espera que pronto comience el rodaje de la segunda edición . Esta vez la intérprete que también forma parte del elenco de 'Euphoria' retomará su papel junto a Kirsten Dunst.
-
Mario Kölling , profesor en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración y Mª Josefa Rubio Lara , profesora titular de Universidad en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración, ambos de la UNED, proponen un viaje de conocimiento y reflexión a partir del surgimiento del Estado en Europa «una forma de organización política (señalan) que logró prevalecer sobre otras y se generalizó como modelo dominante, además de ser el ámbito característico de la democracia liberal. Este libro trata de su 'biografía' a través de los siglos, analiza sus cambios (impulsados por factores políticos, económicos y sociales), los problemas a los que aspiraban resolver y los elementos persistentes de la estatalidad, estudio que se realiza en diálogo con la Teoría Política». El punto de partida de esta interconexión de reflexiones se desarrolla en 11 capítulos, con un numeroso, diverso, corpus de referencias bibliográficas de autores e instituciones. Base de trabajo que se añade a la amplia experiencia académica y editorial de los autores, que destacan la esencia de la obra: «A pesar de los pronósticos sobre el declive del Estado, debidos a los efectos de la globalización, y la recurrente apelación a la gobernanza global, los Estados no han sido desplazados por otras organizaciones con poder legítimo para tomar decisiones colectivas y vinculantes sobre una determinada población y territorio»… al menos, de momento, como se indica en la introducción: « Ningún otro modelo de organización lo ha desplazado , lo que no implica que pueda ser sustituido en un futuro o que, incluso, cambie la concepción de la política según se entiende a principios del siglo XXI». En tiempos especialmente convulsos, en los que la globalización parece cotizar a la baja, los autores comienzan su exposición con aspectos como las perspectivas marxista, elitista, pluralista e institucionalist a o como la i nfluencia del liberalismo como nueva forma de entender la organización y funciones del Estado sin cuestionar su cualidad soberana (en este caso, con la desconfianza hacia los partidos históricos o institucionales como uno de los retos de la democracia liberal). El análisis de los regímenes dictatoriales o de los 'regímenes híbridos ' (mezclan elementos democráticos -como elecciones- con prácticas autoritarias -como la restricción de libertades-) forman parte de esta primera mitad de la obra, con datos a tener en cuenta como el siguiente: «En 2024, la mayoría de la población mundial vivía bajo regímenes híbridos o autoritarios, mientras que únicamente 25 países fueron clasificados como democracias plenas, según el Índice de Democracia». El Estado del Bienestar (con sus fortalezas y debilidades), los mecanismos de gestión de conflictos internos (con la mediación y la aplicación del derecho internacional como 'llave de paso' para abordar los problemas) o la evolución del concepto de soberanía y las respuestas estatales «a desafíos contemporáneos como la globalización o la digitalización» forman también parte de esta divulgativa reflexión sobre la actividad política en tiempos en los que los entornos VUCA (volatilidad, incertidumbre, ambigüedad…) han dado paso a los entornos BANI (basados en la fragilidad, la ansiedad, incluso lo incomprensible). Una línea, en fin, discursiva, tan concienzuda como amena , en la que caben los apartados más descriptivos, como en el caso del capítulo 7, donde se recoge una nómina de organismos que definen los 'estados fallidos' o las categorías en las que se dividen los estados (con indicadores a evitar como 'poca autoridad', 'poca capacidad' o -cerrando el círculo de lo preocupante-, 'baja legitimidad'). Un trayecto histórico en el que el lector podrá saber más, mejor, sobre aspectos como el análisis de 'nación' y 'nacionalismo', el reto de la identidad en el contexto europeo, las fuentes del Derecho y de la Constitución o la evolución de los derechos fundamentales, con énfasis en los derechos sociales y sus sistemas de protección. Un 'retrato robot' de la historia del Estado , de los estados, que sirve para situarnos en el presente del futuro de un (muy) complejo propósito social… escenario en el que caben, a ambos lados de la balanza global, concepciones como la del 'Leviatán' de Hobbes («un mal necesario») o la expresada por Marco Tulio Cicerón (todo un ejemplo de 'wishful thinking'): «El Estado es una multitud de hombres ligados por la comunidad del derecho y la utilidad para el bienestar común». Ficha Título: 'La evolución del Estado. Teorías y conceptos' Autores: Mario Kölling y Mª Josefa Rubio Lara Editorial: UNED Año de edición: 2025 Disponible en Editorial UNED Disponible (edición digital) en Unebook
-
La Marsella de 1940 se parece a 'Casablanca'. Tras la invasión alemana, una diáspora de escritores y artistas intenta escapar del cautiverio o la muerte. La salvación va en barco para América, pero hay que atravesar los Pirineos, la España franquista y Portugal. Y si la 'Casablanca' de ficción tiene como punto de encuentro el bar del americano Rick, la Marsella real depara otro americano heroico: Varian Fry. Desde la habitación 307 del hotel Le Splendide organiza el salvamento de fugitivos a través del Centre Américain du Secours. En busca del visado, lo más granado de la cultura europea: Hannah Arendt, Walter Benjamin, Heinrich Mann, André Breton, Max Ersnt, Alma Mahler, Franz Werfel, Lion Feuchtwanger o Marc Chagall. En 'Marsella, 1940' (Galaxia Gutenberg), el alemán Uwe Wittstock recrea el día a día de Fry entre mayo de 1940 y octubre de 1941. «Después de mi primer libro, 'Febrero, 1933', sobre las cuatro primeras semanas de Hitler, seguí la pista de los escritores y artistas que huyeron a Francia», explica. Narración coral que no es una novela, sino la realidad que supera la ficción. Su protagonista no es aquel Rick con cara de Bogart de 'Casablanca'. El treintañero Fry, cronista en la prensa del ascenso de Hitler, pionero de las organizaciones de ayuda, pone su vida al servicio de dos mil vidas. Miembro del Comité Español de Ayuda republicano en la guerra civil, asistió a la victoria de Franco y a la toma del comité por los estalinistas… Marsella es el único puerto de mar libre de la férula nazi. De los novecientos mil habitantes de 1939 pasará a millón y medio. Atestan las calles: «Refugiados de Bélgica y Holanda, soldados ingleses que se han salvado huyendo de Dunquerque hacia el sur por vías extravagantes, tropas coloniales francesas de Argelia o de Indochina, marroquíes con chales de seda, senegaleses con sus altos feces rojos, legionarios extranjeros con quepis blancos, entre ellos muchos soldados desmovilizados que aún no han encontrado la forma de volver a su tierra», recuenta Wittstock. Patrias arrasadas: austriacos, checos, polacos, húngaros, españoles, italianos antifascistas, rusos antiestalinistas… Para subir a los barcos, que solo zarpan desde Lisboa, hacen falta papeles y dinero. Un visado de tránsito español y uno portugués: «Por regla general sólo son expedidos cuando los afectados pueden demostrar que han reservado y pagado un pasaje a América u otro país de huida», apunta Wittstock. La operación debe desarrollarse con precisión de cronómetro, el visado es temporal: «Si se producen desafortunados retrasos, puede ser que un refugiado sólo consiga el último visado que necesita cuando el primero ha expirado ya, y que tenga que empezar todo el procedimiento desde el principio», advierte. De que eso no ocurra se encarga Fry. Entre los salvados, Heinrich Mann, hermano mayor de Thomas: «Había pasado su momento de gloria. Mantenía una relación ingenua con el comunismo». Hannah Arendt: «Todavía no era conocida. La más grande pensadora política del siglo XX». André Breton: «Un dictador. En Villa Air Bel componía 'cadáveres exquisitos' con sus adeptos. Quien se saltaba sus reglas era expulsado». Alma Mahler: «Antisemita, tuvo dos maridos judíos. Además de Gustav Mahler fue amante de Oskar Kokoschka y se casó con Franz Werfel y Walter Gropius.» Walter Benjamin: «Fui de Banyuls a Port Bou y pensé en lo dificultoso de aquella ruta para aquel hombre enfermo del corazón». La posteridad del Fry no fue feliz. El Emergency Rescue Comitte norteamericano no le aplaudió precisamente al regreso; su esposa, Eileen Hugues Fry, le pidió el divorcio y el FBI vigiló sus pasos. Fry sobrevivió como ayudante de redacción del The New Republic y en 1945 publicó sin éxito 'Surrender on Demand', sus memorias marsellesas. Tras abandonar el The New Republic por su línea prosoviética anduvo de redacción en redacción: «Al poco de ser contratado era despedido por diferencias políticas», señala Wittstock. Fracasado empresario de un estudio de cine y sonido, redactor publicitario, profesor de latín y griego, el Fry de los años sesenta cayó en la depresión tras la ruptura de su segundo matrimonio. El 13 de septiembre de 1967 murió en su casa de un ataque cerebral. Su único galardón en vida fue la Legión de Honor francesa. El reconocimiento póstumo llegó treinta años después; el Yad Vashem judío lo proclamó «Justo entre las naciones»; el secretario de Estado, Warren Christopher, reconoció que Fry «nunca tuvo el apoyo que hubiera merecido por parte del gobierno de los Estados Unidos». Wittscock recorrió Marsella en verano e invierno. El Chateau Pastré, sede del consulado americano, todavía existe, al igual que el hotel Le Splendide. Fry tuvo allí su habitación, se le recuerda. En el otro domicilio donde el americano tuvo despacho no hay ninguna placa, pero el nombre de Fry sigue en los timbres de la entrada. «Una forma maravillosa de recordarlo», celebra Wittstock.