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Terrazas del Rodeo

ABC - Teatro

Teatro
  • «Hablamos más de la figura de Lorca de lo que leemos su obra». Lo asegura, tajante, Eduardo Vasco , director del Teatro Español y director del montaje de ' Yerma ' que levanta el telón esta semana en su escenario. «Seamos sinceros: a Lorca no se lo lee tanto. Se habla mucho de él , se lamenta su fatalidad, el asesinato y la irracionalidad de quienes lo mataron y la de aquella época, pero su obra no se lee tanto. Afortunadamente, tenemos esos benditos profesores de instituto que todavía siguen llevando esa bandera y van contagiando a los niños y a los jóvenes… Hay que recordar que no solo existe la tragedia del poeta, sino su obra también». De hecho, la obra de Lorca es su legado y el teatro ocupa en ella un lugar fundamental, con 'Yerma' como una de sus piezas más destacadas. Se estrenó, precisamente, en el propio Teatro Español, protagonizada por Margarita Xirgu, el 29 de diciembre de 1934 . Desde entonces, dice Vasco, «no ha vuelto a representarse; se hizo una lectura dramatizada con actores estupendos en los años ochenta, pero un montaje escenificado no había vuelto a ponerse en pie en este teatro. Y no podemos contar la historia como si no hubieran pasado 92 años, como si Margarita no hubiera sido exiliada, como si Cipriano de Rivas Cherif -su director entonces- no hubiera pasado muchos años en la prisión de El Dueso, como si Federico no hubiera sido asesinado, etcétera, etcétera. Para nosotros es importante sentarnos en los mismos sillones que aquella compañía, recorrer los mismos pasillos, entrar en los mismos camerinos… El espectador que venga a ver 'Yerma' ahora ha de saber lo que pasó aquí». Ese espectador se va a encontrar con un reparto que incluye a Lara Grube, Francisco Ortiz, Yolanda Arestegui, María Isasi, Toni Agustí, Elena Rayos, Silvia de Pé, Ana Veganzones, Lucía Bravo, Luzzía Manuela, Cristina Salvador y Lidia Guillem. Estos doce intérpretes cuentan «una historia muy sencilla», define Vasco. « La historia de una mujer que encuentra en la maternidad su única posibilidad de realización . Vive en un entorno muy cerrado, en un pueblo en el que la comunicación es algo muy cruel… Que es un infierno de comentarios, vaya… Hay un paralelismo claro con nuestros días, y son las redes sociales, mucho más coartantes y crueles porque permiten el anonimato, y desde luego más multitudinarias de lo que plantea Lorca». Es un paralelismo, sigue el director, tan obvio para el público que no necesita subrayarlo. « No necesito sacar a Yerma con un smartphone . Cuando el espectador hace el ejercicio de unir épocas el director no necesita explicarlo. Uno de los grandes problemas de los últimos veinte años es que los artistas nos creamos que tenemos una capacidad de opinar y adoctrinar mayor de la que el espectador necesita. Hoy el espectador tiene acceso a la información, contrasta y puede hacer sus propias ecuaciones morales, políticas, éticas… ¿Por qué tenemos que tergiversar eso?» La primera lectura de 'Yerma', explica, «tiene que ver con la maternidad y la presión social. Los dos siguen vigentes; habla con cualquier mujer que conozcas de 40 años y te contará el nivel de presión que tiene sobre ese asunto concreto. Para las mujeres es algo que todavía no está normalizado y e s fácil que se pueda identificar de alguna manera con Yerma ». Eduardo Vasco, que se autodefine como «un apasionado del teatro clásico», ha establecido en su puesta en escena « un paralelismo muy claro entre Lorca y Lope en todo este torrente de música popular, de romances, que Lorca maneja y que viene directamente de Lope. Para mí es como estar en casa, porque lo que te encuentras en Lorca es ese tipo de dramaturgia cuajada de lírica, y es una maravilla. Además, ha habido que reescribir toda la música porque se ha perdido y ha sido un viaje de investigación maravilloso también; había que averiguar lo que Lorca quería, porque él no sitúa la obra en Andalucía, sino en un pueblo cualquiera. No tiene por qué ser folclore andaluz; todo lo contrario, él se fija mucho en las romerías del norte de España, estuvo en Cuba viendo una ceremonia de ñáñigos que le dejó muy impresionado… Y hemos tratado de hacer algo que responda a eso y, sobre todo, a la intención formal, que es una tragedia clásica con coro en un pueblo vestida con ropajes modernos. Esa frase ya indica la dirección concreta de hacia dónde hay que ir».
  • La danza flamenca es probablemente, hoy en día, la punta de lanza de la danza contemporánea española. Artistas como Israel Galván, Rocío Molina, Olga Pericet, Andrés Marín o Ana Morales encabezan este movimiento tan arriesgado como transformador. En esa lista se puede añadir el nombre de Manuel Liñán (Granada, 1980), que a través de espectáculos como '¡Viva!' y, sobre todo, 'Muerta de amor' ha mostrado un desbordante imaginario donde el baile se convierte en un instrumento más dentro de una efervescente sinfonía artística en la que convive con la palabra, la música, la pintura... ' Llámame Lorca ' es un paso adelante en la trayectoria como creador de Liñán, una consecuencia lógica de su evolución, y es, al fin y a la postre, un espectáculo fascinante, una catarata de creatividad que inunda y desborda las pupilas y los oídos del espectador. Dice el coreógrafo y bailarín que la obra nace de la personificación del imaginario del poeta granadino: «Un universo que revive la simbología lorquiana y da cuerpo y alma a los símbolos, emociones y paisajes que habitan su obra». Manuel Liñán ha sabido fundir -y esa es una de las grandes virtudes de este trabajo- ese universo lorquiano con su propio universo : barroco, exuberante, desbordante, onírico, dionisíaco por momentos… Y libre, libérrimo. Hay, claro, espacio para las canciones populares que Lorca llevó al papel pautado -'Tres morillas', 'Los cuatro muleros', 'Café de Chinitas'...- y la falsilla flamenca tiene ritmos de soleá, alegrías, tangos o sevillanas, con el sabor añejo (que no antiguo) del magnífico baile de Raquel Heredia 'La Repompa' o el solemne recitado de Curro Albaicín , pero todo adquiere una dimensión distinta que remite al simbolismo y a la imaginería surreal de García Lorca, con el espíritu de 'El público' y 'Poeta en Nueva York'. No hay mejor definición para el espectáculo que la que hace el propio Liñán: «Viaje sensorial hacia el mundo interior de Lorca». Todo ello con una puesta en escena cegadora y sorprendente, donde se aplauden sin solución de continuidad la guitarra de José Fermín , la habilidad pictórica del, por otro lado, excelente bailarín José Maldonado (pinta en directo la luna lorquiana y el ojo del poeta); la justeza del cuerpo de baile y, sobre todo, el baile vibrante, magnético, desafiante y arrollador del propio Liñán.
  • ¿Qué ocurre cuando te ves atrapado en una mentira que crece como una bola de nieve y de la que, llegado un punto, ya no sabes cómo escapar? Es lo que le ocurre al protagonista de 'Querido Evan Hansen ', un musical de Steven Levenson, Benj Pasek y Justin Paul (estos dos últimos los autores de las canciones de 'La La Land' o 'The Greatest Showman', entre otros trabajos) que se acaba de estrenar en el Teatro Rialto de Madrid . Estrenada en diciembre de 2016 en Broadway (estuvo casi seis años en cartel en el Music Box Theatre de Nueva York) y llevada al cine en 2021 por Stephen Chbosky, 'Querido Evan Hansen' cuenta la historia de un joven con ansiedad social que se ve envuelto en una mentir a que hará que cambie su vida y de la que le resultará muy difícil escapar. Un hecho ocurrido en el Instituto en el que estudió Benj Pasek inspiró la obra: un joven murió por sobredosis y de pronto hubo una reacción por parte de sus compañeros, algunos de los cuales decían conocer bien al fallecido cuando en realidad no era así. 'Querido Evan Hansen' (su título original es 'Dear Evan Hansen') fue la pasada década una de las grandes sensaciones de Broadway, donde obtuvo seis premios Tony, entre ellos el de mejor musical, mejor libreto y mejor partitura. La producción española, de ATG Entertainment, la dirige David Serrano , con Joan Miguel Pérez como director musical. El reparto lo componen Guillermo Martín , Iván Clemente, Arnau Camps, Elvira Santa María, Jessica Garcés, Verónica Ronda, Lorena Calero y Armando Pita. El propio David Serrano es el adaptador del libreto, y para los textos de las canciones ha contado, como es habitual, con su hermano Alejandro. «De todos los musicales en los que he trabajado, éste es quizás al que con mayor razón se puede denominar ' teatro musical ' -dice David Serrano-. Es una obra de teatro que podría funcionar perfectamente sin las canciones -que son maravillosas, por otra parte-. Tiene un libreto con mayor profundidad de lo que estamos acostumbrados a encontrarnos en los musicales, con unos personajes muy bien escritos, con diálogos estupendos». Muchos de quienes denostan el teatro musical suelen reprochar que en estas obras se para la acción y los personajes de pronto se ponen a cantar. «En 'Querido Evan Hansen' no tienes esa sensación de que la obra se para cuando cantan, ni mucho menos. En el teatro musical la máxima es que la canción aparece cuando el personaje no puede explicarse con palabras, y éste es el ejemplo más claro de eso; las canciones entran con absoluta naturalidad , y a veces no te das ni cuenta de que ha entrado la canción. Está muy bien escrito, es un libreto maravilloso». Musicalmente, 'Querido Evan Hansen' combina el pop-rock contemporáneo con las convenciones del teatro musical estadounidense. 'Nadie puede verme' ('Waving Through a Window'), 'Para siempre' ('For Forever'), 'Te encontrarán' ('You Will Be Found') o 'Mentí' ('Words Fail') son canciones con melodías sencillas y directas, y una gran carga emocional, a través de las que se reflejan cuestiones como la soledad, la necesidad de pertenencia o las consecuencias de las decisiones. Y es que la obra plantea cuestiones como estas, y también el aislamiento social, la salud mental, el papel de las redes sociale s... David Serrano ha puesto el foco de su dirección en la ansiedad social. «Evan es un personaje que no se maneja bien fuera de su círculo más íntimo, que es muy pequeño, y salir de ahí le genera mucha angustia y mucha ansiedad. Es alguien que miente y hace cosas casi inmorales, pero porque tiene detrás un gran sufrimiento, un gran dolor. El musical habla de algo que parece cada vez más común en nuestra sociedad». 'El curioso incidente del perro a medianoche', 'Girls Like That' o la española 'Invisible' -las tres se han estrenado en nuestro país- comparten con 'Querido Evan Hansen' el hecho de contar con un adolescente como protagonista. En la producción madrileña éste es Guillermo Martín, que debutó profesionalmente en 'Los chicos del coro'. «Mi personaje -dice- siempre parte de la necesidad de sentirse querido y eso le causa una contradicción: '¿me muestro tal y como soy o muestro lo que creo que ellos quieren ver?'. Eso le hace comportarse de una manera diferente dependiendo de la persona con la que esté. Eso es lo que mueve a este personaje por dentro y es lo que más tengo en mente cuando lo interpreto». «Cuando está solo, Evan puede estar triste pero se siente cómodo -sigue-; por el contrario, cuando se encuentra en una situación social le entra el nerviosismo porque quiere hacer amigos, quiere sentir que le importa a Zoe particularmente y hacerle sentir que a él le importa ella; pero no sabe hacerlo sin mostrar una versión de sí mismo que no es real». «Evan Hansen es alguien que está haciendo algo inmoral, y eso lo convierte en un personaje mucho más interesante y lleno de contradicciones -concluye David Serrano-. Es una buena persona que está haciendo cosas que están muy mal y le da una dimensión al personaje que no es fácil de encontrar en el teatro musical».
  • Michel Laprise llevaba varios años trabajando en el Circo del Sol realizando audiciones por todo el mundo cuando un día se plantó delante de Gilles Ste-Croix , cofundador de la compañía, y le espetó: «¡Quiero dirigir un espectáculo!» «Su primera reacción -Laprise ríe al recordarlo- fue decirme: '¡Estás loco!', pero yo le dije: 'Tú también estabas loco cuando creaste el Cirque... Esto era un jueves. El lunes me llamaron para que dejara el departamento de Casting y me incorporara al de Proyectos Especiales . Allí trabajé con los clientes, empresas que querían espectáculos del Cirque para sus eventos. Quería entender por qué los querían, un cliente es al fin y al cabo un ser humano con deseos, sueños... Los proyectos empezaron a crecer muchísimo; trabajaba día y noche, casi sin dormir. En Cirque me dieron una libertad extraordinaria, e hice por ejemplo la apertura del festival de Eurovisión en Moscú, otro para el aniversario de la ciudad de Quebec...» Hasta que llegó ' Kurios ', el espectáculo que tras una gira por España desde el mes de enero (Sevilla, Bilbao, Málaga, Alicante y Barcelona), llega ahora a Madrid. La Gran Carpa se instalará este viernes 23, y el espectáculo estará en cartel del 30 de octubre al 27 de diciembre. Ciento veinte personas de 31 países diferentes (artistas, técnicos y personal de producción) componen la familia de 'Kurios' -su subtítulo es Gabinete de curiosidades-, un espectáculo de estética 'steampunk' (estética victoriana, máquinas de vapor, materiales como el cobre, el latón o el cuero y espíritu fantástico) y perfume a relato de Julio Verne. «Es mi bebé», dice orgulloso Michel Laprise, que cree que una de las principales innovaciones de 'Kurios' es la presentación ante el público. «La mayoría de los espectáculos de circo tienen su pista y su fondo escénico estable, en parte por las necesidades técnicas de los números y de los mecanismos. Yo quería, en cambio, una mayor variedad visual y objetos escenográficos capaces de transformar el espacio». Renunció a las 'trampas escénicas' y, en lugar de invertir en mecanismos ya conocidos, prefirió dedicar su presupuesto a crear curiosidades nuevas. No era una decisión gratuita, sino que respondía a una filosofía: «'Kurios' debía recuperar el espíritu inventivo del siglo XX . Algunos espectáculos del Cirque, pese a sus virtudes, pueden parecerse entre sí, y yo quería que el público percibiera algo diferente; no tanto porque fuera 'revolucionario', sino porque el Cirque du Soleil nació, precisamente de la necesidad de sorprender». El Cirque du Soleil, recuerda Laprise, nació en la calle. «Allí, el público no está obligado a detenerse para ver un espectáculo: puede seguir caminando hacia el mercado o la escuela. Es el artista tiene que captar su atención y conseguir que cambie de dirección . No tiene tampoco un dossier de prensa que explique lo que va a hacer; solo tiene lo que sucede ante los ojos de la gente. Si no funciona, debe cambiarlo. Incluso en una gran producción internacional como ésta, los artistas tienen que ganarse la atención del público desde el primer minuto». La Gran Carpa es el hogar de todos los espectáculos del Circo del Sol, y Laprise quiere que se sienta como un lugar cálido y en el que apetece quedarse. «Durante las primeras funciones en Montreal, el responsable de seguridad me dijo que tenían un problema: el público no quería salir de la carpa después de la función; para mí fue el mejor elogio». 'Kurios' incorpora además objetos reconocibles de la vida cotidiana que se transforman en herramientas para la imaginación. «Una bicicleta, por ejemplo, debe seguir pareciendo una bicicleta antes de convertirse en un aparato acrobático y elevarse por el aire. No quería un mecanismo de hierro que solo imitara su forma: necesitaba que el público reconociera la bicicleta y se sorprendiera cuando viera su transformación». Y es que esa es la esencia del espectáculo: «una silla no tiene por qué ser solamente una silla, ni una mesa solo una mesa. Si se mira con la curiosidad de un niño, un objeto corriente puede convertirse en muchas cosas. La innovación escenográfica nace, por tanto, de una manera de observar el mundo, no únicamente de la tecnología». El personaje principal de 'Kurios', concluye Laprise, es una especie de buscador , alguien que explora las posibilidades de lo que le rodea. Por eso Laprise dedicó mucho trabajo al 'preshow', los diez minutos anteriores al comienzo de la función. «Quería que el público conociera el universo del personaje antes de que empezara el espectáculo, y la magia no comenzara de pronto sino poco a poco. Si reconoces algo real y después ves cómo se transforma, la sorpresa adquiere más fuerza». La electricidad, el telégrafo, el gramófono, el desarrollo del ferrocarril... Son los que marcan la estética 'steampunk', «que nosotros hemos llevado al París de la Gran exposición de 1900». Michel Laprise no quería que 'Kurios' fuera una sucesión de números circenses con un maestro de ceremonias como nexo de unión. «Queríamos inventar un mundo. Vengo del teatro, es natural que escribiera una historia que se desarrollara durante el espectáculo». Pero, puntualiza, lo verdaderamente importante son los artistas . «Nunca me he olvidado de ellos. Hay veces que estoy hablando durante una hora por videollamada con un artista que se va a incorporar al espectáculo. Yo sé que tú eres el mejor malabarista del mundo, pero quiero conocer tu voz, quiero ver tu rostro, y quiero mostrarte el espectáculo. Porque van a firmar un contrato de dos años, cuando la carrera de un artista de circo, si no es un payaso, dura diez años o poco más, depende de la disciplina. Y yo tengo una gran responsabilidad porque va a ser la quinta parte de su carrera. Les digo que quiero conocerles porque voy a escribir algo que va a permitirles celebrar toda su persona».
  • La vida de Charly McBride podría ser la de cualquier integrante de la clase media norteamericana. Una mujer que en la edad madura se siente invisible. La narración de su existencia no parece aportar alicientes a una historia memorable, pero emociona: es vida, en estado puro, sin grandes acontecimientos que la atraviesen. Una mujer mirando por la ventana una mañana. Como aquel cuadro que Edward Hopper, cartógrafo realista de soledades en la multitud, bautizó 'Morning Sun'. Así se titula esta pieza de Simon Stephens estrenada hace cinco años en el New York City Center Stage. La invisibilidad «histórica» de Charly es intercambiable con la de su madre y su hija. Tres mujeres que el británico-irlandés convierte en portavoces de la letra pequeña de la Historia. La tradición «familiar» de Arthur Miller, un poco más dulce. Planos narrativos a tres voces que el director, Pau Roca, dinamiza con solvencia escénica. La voz central es esa Charly que encarna Míriam Iscla, perfectamente conjuntada con Raquel Ferri (en los papeles de narradora, hija, amiga, padre y pareja) y la conmovedora veteranía de una Anna Güell que resulta tan convincente como madre o un piloto que Charly se liga en un bar y la deja embarazada. La escenografía funcional, la cálida tonalidad de la iluminación y la música de Guillem Rodríguez, presente sin avasallar al texto, permiten destilar esas tres vidas de mujeres, la gente corriente que nace, vive y muere sin estruendo; en este caso, la madre que fue a vivir a un pequeño piso social; esa Charly recepcionista en un centro hospitalario: problemas con el alcohol, fan de Joni Mitchell, amores tristes, madre soltera. Su hija Tess, la tercera generación, quiso estudiar audiovisual, se ilusionó con ser guía de la Estatua de la Libertad pero siguió trabajando en una aburrida gestoría. Como advierte la voz en off después de pedir al público que apague los teléfonos móviles, reparemos en la mujer de Hopper ante la ventana que ilustra el cartel de 'Morning Sun'. Al finalizar la función comprenderemos el motivo de la advertencia. El realismo poético de las vidas anónimas. Como la de tanta gente que busca la consolación en el teatro.
  • O el teatro está vivo o no es teatro. O las obras clásicas son capaces de hablarnos a alguna parte de nuestra sensibilidad, o son un curioso resto arqueológico. Laila Ripoll ha puesto en pie un 'El caballero de Olmedo' llena de vida, en el que Lope nos habla con un nuevo lenguaje sin traicionarse demasiado a sí mismo. Ripoll se la juega al hacer dialogar la «comedia» de Lope con la estética y la cosmovisión románticas, y el resultado es tremendamente interesante. Desde que se abre el telón, vemos que la acción se ha trasladado al siglo XIX, que asistimos a una escenografía de gran aliento plástico que mimetiza la pintura romántica o las atmósferas góticas y que potencia la monumentalidad mediante esos bloques verticales, que hace que los afanes de los personajes se vean minúsculos, que estén perdidos en un espacio y unas fuerzas que los sobrepasan. El montaje juega con el misterio, lo entrevisto, lo oculto y lo espectral como queda de manifiesto en la utilización de esas cortinas de gasa que tanto valor dramático dan a la obra. Todo ello subrayado por una iluminación y por una música extraordinarias que son motor del suspense, y que intensifican los estados de ánimo y los ambientes. En 'El caballero de Olmedo' de Laila Ripoll todo anuncia o presagia la fatalidad, incluso haciendo perder en algún punto el suspense ideado por Lope. Pero el enredo amoroso, el humor y lo siniestro o irracional ocupan un puesto destacado. Aquí los personajes se mueven a impulsos, llevados de aquí para allá por el deseo, buscan la felicidad y abren el infierno. Don Alonso es un héroe trágico: anhela lo más simple, el amor de doña Inés, pero acaba sepultado por el seísmo del resentimiento y de la violencia de su antagonista. Es un pobre títere en manos del destino, y esa caracterización persigue a Víctor Sainz en todo momento y, a veces, lo desenfoca, aunque su papel va creciendo conforme nos acercamos al final. Por supuesto en ese mismo plano interpretativo hay destacar a Toni Misó (Tello), a Arantxa Aranguren (Fabia) , a Elisabeth Altube (Doña Inés) y a Jorge Varandela (Don Rodrigo). Ripoll acierta al convertir un convencional argumento amoroso en algo más: en una historia psicológica, existencialista, en un cuento moral sobre el poder devastador de la envidia y los celos. Es también la radiografía de un asesino y de sus víctimas, de ahí su ambientación gótica. Pero es 'El Caballero de Olmedo' y sigue conservando esa ligereza propia de Lope, el dinamismo y el juego de contrastes. Una obra llena de encanto, ágil, profunda, donde la dicción del verso está trabajado muy adecuadamente buscando la naturalidad y la fluidez. Ripoll plantea un reto y lo consigue, que 'El caballero de Olmedo' nos hable desde otra parte. Y con un lenguaje que es el nuestro.
  • «Long live Teatro Real!» (¡Larga vida al Teatro Real!) Son palabras de David Rockefeller Jr., de algún modo anfitrión de la quinta visita en cinco años del Teatro Real a Estados Unidos, que esta vez ha pasado por Nueva York, Miami y Washington. El David Geffen Hall del Lincoln Center neoyorquino y el Adrienne Arsht Center de Miami han acogido los dos platos principales del menú: los conciertos de la Orquesta del Teatro Real , dirigida por su titular, Gustavo Gimeno, con las sopranos Adriana González y Gabriella Reyes y el guitarrista Juan Manuel Cañizares como solistas. Hubo aperitivo: la gala de los cantantes del proyecto 'Crescendo' en el University Club de Nueva York, y postre: la presentación del Cuarteto de cuerdas de la orquesta en la Biblioteca del Congreso, en Washington –velada incluida en la celebración del 250º aniversario de la Independencia de Estados Unidos–. La internacionalización es una obsesión del equipo directivo del Teatro Real, y esta oleada de visitas a Estados Unidos así lo demuestra. «Esta gira supone la consolidación de nuestro proyecto internacional», asegura Ignacio García-Belenguer, director general del coliseo, que ha encabezado la expedición junto a su presidente, Gregorio Marañón, y su director artístico, Joan Matabosch. En ella –los tiempos mandan–, lo financiero ha estado tan presente como lo artístico. Pero de esto, de lo artístico, es de lo que hay que hablar. El Teatro Real ha venido esta vez a Nueva York 'a pelo', sin el aliciente mediático –y la distracción, todo hay que decirlo– de otros años, en que contó con la presencia en las distintas ediciones de personalidades como la Reina Doña Sofía; los alcaldes de Madrid y Nueva York, José Luis Martínez-Almeida y Eric Adams, respectivamente; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; o la Princesa de Asturias, que acudió al concierto del pasado año junto a sus compañeros del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano. Este año, más que nunca, y parafraseando a Antonio Salieri, «prima la música». Y de ello se ocuparon en primer lugar los cuatro integrantes del programa Crescendo –un proyecto del Teatro Real para jóvenes cantantes–, que ofrecieron un recital íntimo en el selecto y estricto –no se puede atravesar su umbral con pantalones vaqueros– University Club, creado en 1865 y asentado ahora a orillas de la Quinta Avenida. Las sopranos María Martín Campos y Patricia Rijnhout; la mezzosoprano Ester Ferraro y el barítono Román Bordón, acompañados por la pianista Carolina Hernández, sirvieron con una más que prometedora calidad páginas de Puccini, Mozart, Offenbach, Delibes, Bizet, Lecuona, Sorozábal, Chapí y Penella. Poco más de 24 horas después de haber aterrizado en el JFK neoyorquino, los músicos de la Orquesta del Teatro Real ocuparon el escenario del David Geffen Hall del Lincoln Center –que se alterna con el Carnegie Hall como escenario de las actuaciones de la formación del coliseo– con su director titular desde septiembre de 2025, el valenciano Gustavo Gimeno. Quiso la casualidad que otro director valenciano de su misma generación, Ramón Tebar, debutara al mismo tiempo en el vecino Metropolitan Opera House con la ópera 'La bohème'. 'Fire, Guitar, Legend' era el título del concierto, compuesto por fragmentos de 'El amor brujo', de Falla; las 'Siete canciones populares españolas', del mismo compositor, con la orquestación que hizo Luciano Berio en 1978; el archipopular ' Concierto de Aranjuez ', de Joaquín Rodrigo; y la subyugante 'Scheherezade', de Rimsky-Korsakov. Esta última obra es una de las partituras que más ha dirigido Gustavo Gimeno, un director que empezó su carrera como percusionista y que sobre el podio muestra precisión y firmeza. 'Scheherezade', de una sensualidad, un lirismo y una suntuosidad extraordinarias, es, según Gimeno, también una obra flexible que permite matices y puntos de vista muy distintos. La suya fue una versión colorista y misteriosa, con la virtuosa violinista Gergana Gergova —concertino de la orquesta— como solista, tanto en Nueva York como en Miami (donde el público, claramente ocasional, no estuvo a la altura de la velada). Antes, la soprano guatemalteca Adriana González, en Nueva York, y la estadounidense de origen nicaragüense Gabriella Reyes, en Miami, interpretaron las 'Siete canciones populares españolas' de Falla en la orquestación de Luciano Berio. González debía incorporarse después a los ensayos de 'Carmen', ópera con la que debutará en la Royal Opera House de Londres. Las dos poseen una gran calidad vocal, más lírica la guatemalteca y con más carnosidad la estadounidense; las dos aportaron sus armas a la partitura, pero destaparon sus esencias en los bises: respectivamente, la bellísima 'Goizeko eguzki argiak', de la ópera 'Mirentxu', de Guridi, y las 'Carceleras' de 'Las hijas del Zebedeo', de Chapí. Del 'Concierto de Aranjuez', de Joaquín Rodrigo, se ha dicho todo. Es sin duda la partitura más célebre de la historia de la música española, y un caballo de batalla obligatorio para cualquier guitarrista. El sabadellense Juan Manuel Cañizares, que lleva quince años con la obra en su mochila, aporta a su interpretación el aroma flamenco de sus raíces musicales –tocó una década junto a Paco de Lucía–, pero sin perder el rigor que exige la partitura. Cristóbal Colón hizo cuatro viajes a América; el Teatro Real lleva cinco, y su conquista de América sigue adelante. Como muestra, la producción de 'Las bodas de Fígaro' que se presenta en las próximas semanas y que es una coproducción con el Metropolitan Opera House de Nueva York.
  • Buenos y malos titula Joel Joan esta comedia para poner en solfa los conceptos de bondad y maldad; a juicio del autor, interpretaciones subjetivas que varían según los egoísmos personales. Para confirmar la hipótesis, cinco personajes: Jesús es un tipo del montón emparejado con Claudia, una separada con retoño en piso nido que se queja de un ex que no colabora en lo pecuniario . Claudia vive con Jesús semana sí semana no ; se instaló con él previa exigencia de que reformase la vivienda. Aparece Ricard, el prepotente amigo de Jesús; cocainómano y mujeriego, mantiene una relación abierta con Marta, una pareja con desmedida afición a la bebida. Reunidos para cenar recibirán la inesperada visita de Amalia, uno de los rollitos de Ricard. Apoyado en Nelson Valente, un director con habilidad para mover grupos familiares o aparentemente amistosos, el autor mezcla los ingredientes de la comedia de situación -sobrentendidos, vicios ocultos, vaciles y cornamentas- para que los personajes de la obra transiten el tramo de grises entre el blanco de la bondad y el negro de la maldad. Oriol Casals ejecuta con gracia a ese Jesús que pasa por inocentón pero que no duda en unirse a las esnifadas del calavera Ricard. Joel Joan -ahora en cartelera por la adaptación cinematográfica de 'Escape room' encarna por enésima vez al jeta gracioso que tan bien se le dio en la serie televisiva 'Plats bruts' (Platos sucios), 'El nombre' o 'El gran comediante'. Agnès Busquets cumple como esa Claudia que se aprovecha de Jesús para no tener que sufragar los gastos corrientes de la casa; al igual que Nesa Vidaurrázaga y Ana Gago en los respectivos personajes de Marta y Amalia. La pieza garantiza una hora y media de risas espaciadas (que no carcajadas); pero, más allá de las convenciones de la comedia, su autor no consigue plasmar con las peripecias de sus protagonistas lo que anticipa el título. Más que buenos y malos sometidos por las necesidades vemos un quinteto de personalidades mediocres de las que no nos acordaremos cuarenta y ocho horas después de la representación. Si se trataba solamente de pasar un buen rato, no tenemos nada más que añadir.
  • Ahora que vivimos una nueva apoteosis de la figura de Lorca, bien está fijarse en el Lorca más rebelde, más experimentador, más anticonvencional y más incómodo. 'El público', obra escrita alrededor de 1930, posee tal grado de rebeldía, experimentación y perturbación que llega convertirse, de ahí su título, en un verdadero desafío para el espectador. El espectador ya no enjuicia sino que es enjuiciado, no elogia o censura sino que participa de un proceso de liberación y de transformación. Para ello, Lorca destruye las convenciones, lo que él llama « el teatro al aire libre», se autodestruye a sí mismo, a sus dramas rurales y realistas, y opta por una vía revolucionaria: «el teatro bajo la arena», aquel en el que emergen las verdades ocultas y los deseos reprimidos, las cuestiones sexuales, la angustia y el deseo final de redención y de libertad . La propuesta de Alfonso Zurro , que llega ahora al Fernán Gómez después de años de representaciones por todo el país, ofrece sobre todo claridad, como queda de manifiesto en esa conversación inicial que actúa como prólogo, pero asume el carácter fragmentario, la ruptura con la lógica y las transformaciones de los personajes como los motores de toda la obra. Zurro asume la complejidad de comprensión y propone que el aliento surrealista no sea solo una estética que aleja al espectador, sino una estética que se convierta para el público en una vivencia teatral profunda. Las imágenes lorquianas, por ello, son transformadas en una experiencia escénica, y el movimiento, la utilización de lo corporal como elemento dramático, el juego iluminativo, la potencia visual en suma poseen tanta relevancia expresiva como argumental. Junto a la idea central de la obra de que nuestra identidad no es fija, de que somos el resultado de un conflicto entre apariencia y verdad, entre deseo y represión, especialmente cuando se habla de amor homosexual, Alfonso Zurro despliega una forma dramática capaz de transmitir toda esta violencia poética en un artefacto en el que Lorca está muy vivo, y su misterio sigue siendo un misterio, pero algo más claro. El gran derroche interpretativo, tanto en la plasmación de este universo onírico como en las mutaciones y desdoblamientos, hacen de este montaje un viaje hacia lo verdadero, hacia ese amor sin fronteras, hacia un teatro que apuesta por clarificar lo complejo, por reivindicar un Lorca sin complejidades añadidas.
  • Sergi Belbel y Jordi Galcerán -o, si se prefiere, Jordi Galcerán y Sergi Belbel (tanto monta…)- forman desde hace muchos años una de las parejas artísticas más sólidas del teatro español. «' El método Grönholm ', 'Carnaval', 'Palabras encadenadas', 'El crédito', ' FitzRoy ', 'Turismo rural' -enumera Belbel las obras de Galcerán que ha dirigido-; además, Jordi me hizo la dramaturgia de 'El veraneo', de Goldoni, por ejemplo…» Tras estrenarse en catalán bajo la dirección de Sergi Belbel, ' Turismo rural ', escrita por Jordi Galcerán, llega ahora en castellano a Madrid, al Teatro Príncipe Gran Vía , recuperado para la escena tras su etapa como albergue de un programa de televisión; el propio Belbel dirige la función, que interpretan Mamen García, Valeria Ros, Carlos Chamarro, Paco Déniz y Lucas Miramón . «No creo que escriba pensando en que voy a dirigir yo la función -dice el director catalán-, pero sí soy el primero al que enseña el texto. Además, yo juego también en la liga de los autores, y Jordi me hace partícipe de su proceso creativo; me cuenta las ideas que tiene, por dónde va a tirar… Y cuando la ha escrito me la da para, si la quiero dirigir, no buscar más directores. Y claro, para mí es un privilegio. Es un gran amigo y un gran compañero». «Jordi Galcerán tiene muy claro cómo estructura sus textos: es un autor que funciona por giros . Cuando le aburre una situación, le da un vuelco para volver a encontrar él mismo el interés de nuevo», dice Belbel del dramaturgo, a quien compara con Molière. «Siempre digo que es como un Molière contemporáneo porque es un gran autor moral. Él es comediógrafo, yo no le recuerdo ningún drama, todas son comedias, pero trata cuestiones muy profundas bajo una apariencia más ligera; creo que tiene un sentido de lo moral, y en todos sus giros hay preguntas o temas de fondo: desde la violencia del hombre hacia la mujer, en 'Palabras encadenadas', hasta cuánto somos capaces de vendernos para conseguir un puesto de trabajo, en 'El método Grönholm'»… Forma y contenido están muy disociados, asegura Belbel, en 'Turismo rural', que cuenta la historia de una pareja de 'pijos' de ciudad que planea pasar un fin de semana romántico en una casa rural. Los planes, sin embargo, se tuercen enseguida. «En lo formal, presenta el choque entre lo urbano y lo rural, pero subyace una cuestión muy distinta : ¿por qué los padres biológicos merecen ser padres y, en cambio, la sociedad pone tantas trabas a los padres adoptivos? Una de las frases de la obra, para mí, la pronuncia Ana, el personaje que interpreta Mamen García, que dice: 'Cuando queríamos adoptar nos hicieron test psicológicos, pruebas, preguntas, y nos los hizo una psicóloga que no paraba de martirizarnos y que tenía tres hijos biológicos: ¿A ella qué pruebas le hicieron?' El tema de la paternidad, de la maternidad, está presente, pero la forma está muy distante, y hace que el público no se dé cuenta y se haga preguntas hasta el final». La obra recurre, en su puesta en escena, a los códigos del cine de terror. «Es una obra con muchos efectos de terror, con sustos; juega con la iconografía de los 'slashers' , con sus asesinos, sus casas abandonadas, sus fantasmas, etcétera», sigue Belbel, que asegura que la comedia «está mal considerada. Siempre cito a Aristóteles y la segunda parte de su 'Poética', dedicada a la comedia… Pero que se perdió. Umberto Eco le dedicó una novela entera, 'El nombre de la rosa', en que unos monjes ponían veneno en las páginas de esa parte de la 'Poética', porque si ese libro llegara a publicarse hubiera revolucionado toda la sociedad; era un elogio del sexo, de la comida, de todo lo que trata la comedia…» Pero las vidas de los personajes de las comedias son a menudo muy dramáticas. «En 'Turismo rural', Galcerán presenta a dos pijos muy pijos, pero finalmente casi dan lástima de lo tontos que son», apunta Belbel, que sigue: «Todo el mundo sabe que hacer una comedia exige una técnica muy complicada , y que cuesta más hacer reír que emocionar o provocar la lagrimita… Pones una musiquita sobre la actuación, sobria, del actor, y puedes provocar el llanto del público. En cambio, si quieres hacer reír en un momento determinado, no hay manera porque se ha escapado una sílaba». Es como el juego de las siete y media que citaba Muñoz Seca en 'La venganza de Don Mendo': « Mas ¡ay de ti si te pasas! / ¡Si te pasas es peor ». «Exacto -asiente Sergi Belbel-. Es mejor quedarte un poquito corto que pasarte, sí». Encontrar el punto justo es la clave tanto para el director como para los actores. «Es algo que cuesta mucho explicar y entender. Hay actores que llevan dentro ese reloj, ese 'tempo'. Hay intérpretes que convierten una réplica en un gag que quizás ni siquiera el autor había concebido como tal. Eso se tiene o no se tiene». El reparto de 'Turismo rural' reúne intérpretes de trayectorias muy distintas . «Carlos Chamarro y Mamen García trabajan juntos en la serie 'La que se avecina', Valeria Ros se sube al escenario por primera vez, Paco Déniz viene más del teatro público, Lucas Miramón tiene una formación absolutamente de escuela, de teatro realista… Ha sido un trabajo muy bonito». El propio Sergi Belbel dirigió hace dos años el estreno en catalán de 'Turismo rural'. «El montaje es, en esencia, el mismo, pero la obra ha cambiado bastante -dice-. Haberla montado ya me ha dado pistas de cómo hacerla. El hecho de contar con actores distintos también la modifica: los personajes de Paco y Valeria eran en Barcelona dos burguesitos catalanes y aquí son dos pijos que llevan 'speed' dentro. Y ese cambio creo que le ha sentado mejor a la obra».

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