-
Hace tan solo tres meses la Compañía Nacional de Danza presentó en la Zarzuela un programa, ' NumEros ', con George Balanchine y su huella como eje fundamental. Ahora acaba de estrenar, esta vez en los Teatros del Canal, un espectáculo titulado ' ROM (Rangos del movimiento) ', que sigue de alguna manera esa estela. Imagino que titular el programa en inglés es una manera de facilitar su internacionalización, así que bien está... «La mirada de estos rangos -dice Muriel Romero , directora de la compañía- es la esencia de la CND, donde convergen conceptos, estilos y lenguajes coreográficos que parten de orígenes distintos y confluyen en la Europa de entre siglos. Este programa propone un viaje a esa memoria partiendo del lenguaje abstracto, algorítmico de William Forsythe , a la herencia expresionista y dramatúrgica de Johan Inger ». Forstyhe es una de las columnas vertebrales de la danza de las últimas décadas, y ' The Second Detail' , estrenada en 1991 por el National Ballet of Canadá, se considera una de sus piezas más emblemáticas. Sobre la música de Thom Willems (su colaborador habitual a lo largo de más de treinta años), en la coreografía muestra la limpieza de su arquitectura coreográfica, su armónico sentido del canon. Posee un entramado coreográfico complejo en un entorno minimalista, y una inteligente caligrafía en la que el academicismo se escribe recto con renglones torcidos. Johan Inger ya coreografió hace una década una obra para la Compañía Nacional de Danza, ' Carmen '. El coreógrafo sueco, afincado en Sevilla desde hace más de quince años, ha desarrollado en la capital andaluza su proyecto Take Off Dance; con ellos estrenó el pasado verano en el Festival de Itálica su coreografía ' Become '; es una pieza de gran profundidad, donde la abstracción inicial va cobrando humanidad conforme transcurren los minutos, en la que el escenario se convierte en una tela de araña de movimientos tejidos por los cuerpos de los bailarines. Y estos pueden sacar pecho, porque de su creciente energía, de su compromiso, de su calidad y su ductilidad depende buena parte del éxito de este programa, que estará hasta el domingo en los Teatros del Canal.
-
Hace unos treinta años, se hizo popular un término acuñado en una campaña publicitaria: JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) ; se daba valor a una generación que pedía paso. Coinciden ahora en los escenarios madrileños dos estrenos que tienen, como protagonistas, a los JASP. Por una parte, la séptima promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico comienza su andadura con ' El escondido y la tapada ', de Calderón de la Barca (Teatro de la Comedia, del 12 de marzo al 26 de abril; y por otro, La Joven trae a Madrid su recién estrenado nuevo proyecto: ' Invisible ' (Teatro de La Abadía, del 13 de marzo al 5 de abril). Son dos de los proyectos escénicos más ilusionantes y fecundos de nuestro teatro en los últimos años: «Los jóvenes tienen una energía y una verdad que los mayores ya no tenemos -dice José Luis Arellano, director de 'Invisible', y que lleva más de una década como director artístico de La Joven-. Me llena de energía trabajar con ellos y, sé que es un topicazo, pero en mi caso es totalmente realidad: me hace reencontrarme con la esencia de por qué quise yo hacer teatro». En términos similares se manifiesta Beatriz Argüello, directora de 'El escondido y la tapada': «Son actrices y actores que han estado desde el primer día a favor de todo. Cada ensayo era un regalo, una aventura, como tiene que ser el teatro, una aventura permanente, y creo que van a dar muchísimas satisfacciones al público todas las tardes. Es un elenco muy vivo y, como directora, me he puesto muy al servicio de ellos y ellas, a lo que proponían y jugaban. escuchándoles mucho y acompañándoles». 'Invisible', el proyecto de La Joven -que vio la luz en Málaga hace unos días- es la adaptación de la novela homónima de Eloy Moreno, todo un fenómeno con más de un millón de ejemplares desde su publicación en 2018. La obra afronta la cuestión del 'bullying'. «La compañía trabaja siempre con temas que interesen a la sociedad en general y a los jóvenes en particular, y siempre habíamos querido tocar el 'bullying', es un tema muy sensible. Y cuando leí la novela, me pareció, por una parte, que tocaba un tema que nos interesaba muchísimo, y por otra parte era muy bonita a nivel literario, hablaba de literatura, y nos gusta en el teatro hablar de los cuentos, de las historias». Josep Maria Miró firma la adaptación escénica de la novela, y la función la interpretan Juan Acedo, Javi Morán, Marcos Pérez, Iballa Rodríguez y Mabel del Pozo. Cuenta la historia de un niño que siente que se ha vuelto literalmente invisible y que sufre acoso escolar en su instituto. Son estos centros uno de los objetivos de La Joven, que ofrecerá, como es habitual, sesiones especiales matinales para colegios e institutos. «Hay mucho interés por ver esta función también por las tardes -dice Arellano-: atrae mucho también a las familias, que han leído el libro a través de los hijos. Es un fenómeno que nos está sorprendiendo y sobrepasando... Hay gente que ha venido a Málaga desde Galicia o desde Zaragoza». La dramaturgia de Josep Maria Miró refuerza el relato en prìmera persona de la novela, en la que es el protagonista quien cuenta su historia; la adaptación hace que también los demás personajes se conviertan en narradores, algo complicado para un director de escena. «Los jóvenes asumen de una forma orgánica todo esta cuestión; esa idea de las redes sociales, de contarse y contarlo, está tan dentro de ellos, que lo asumen de una forma muy sencilla. Y es muy teatral también la forma de narrar, hacer, salir y entrar constantemente dentro de la historia». 'El escondido y la tapada' es una de las cuatro obras que aparecen representadas en el pedestal de la estatua de Pedro Calderón de la Barca en la plaza de Santa Ana en Madrid; esto puede dar idea de su popularidad, aunque la Compañía Nacional de Teatro Clásico no la puesto en pie hasta ahora. Lo hace en lo que va a suponer el estreno de la séptima promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, en una función dirigida por Beatriz Argüello sobre una versión de Carolina África . Sam Arribas, Jordan Blasco, Luis Espacio. Laura Ferrer, Zoe da Fonte, Diego Garisa, Belén Landaluce, Julio Montañana Hidalgo, Gabiel de Mulder, Anna Nácher, Andrea Real y Andrea Santos interpretan esta comedia de capa y espada estrenada en el Palacio Real en 1636. «La comedia, heredera de 'La dama duende', entre otras -dice Beatriz Argüello-, transcurre en el interior de una casa, que será la metáfora de ese Madrid del siglo XVII de calles estrechas, oscuras y llenas de recovecos. Paradójicamente, hay dos muertes en la comedia; también las transiciones de las jornadas son de noche, hay amenazas, persecuciones y contiendas. Calderón lleva al límite el riesgo del juego del escondite y del querer descubrir lo oculto, lo encubierto...» «'El escondido y la tapada' -añade la autora de la versión- me parece una elección idónea para el debut de la Joven Compañía porque, en sus manos, esta comedia de enredo adquiere una energía particularmente fresca que funciona como un mecanismo de relojería. Recuperarla hoy y ponerla en valor desde este espíritu joven supone no solo saldar una deuda con el repertorio calderoniano, sino también ampliar la mirada sobre la riqueza y variedad de su universo cómico». La comedia cuenta cómo Don César, oculto en una casa madrileña tras matar en duelo al hermano de Lisarda por celos amorosos, se esconde en un hueco de escalera. Allí genera enredos con identidades confusas , tapadas (mujeres veladas), celos, citas secretas y equívocos. Celia, 'la tapada', y Lisarda lideran el ingenio femenino desafiando normas de honor. Todo culmina en revelaciones y un final feliz con matrimonios.
-
El escritor e ilustrador Paul Verrept reunió en ' Rompientes ' no solo dos textos ('Pleamar' y 'La huida') sino dos voces, dos miradas, dos perspectivas, dos versiones o, quizá, dos mundos. Los de una mujer y un hombre que viven en una casa de la playa, se aman y, cuando el mar empieza a dejar los cuerpos de los migrantes en la orilla, sienten cómo se resquebraja su amor. La mujer ve en esos seres, sobre todo en el de una criatura, cómo todo lo que ella era se derrumba, de ahí que se sienta interpelada, intente compartir su desamparo emocional con él y actuar. El hombre, sin embargo, no hace nada, prefiere ignorar lo que pasa en la costa, cerrar los ojos y seguir viviendo sin ningún sentimiento de culpa. Cuando es expulsado de la casa, se siente libre, sin ningún peso y sin ningún reproche que le señale y le acuse. Paul Verrept construye dos monólogos , dos narraciones y sin duda dos poemas sobre nuestra mirada y nuestro choque con la realidad: el monólogo de un shock y el monólogo de una indiferencia. Es decir, somete a estos dos personajes a una intemperie, a una doble pregunta: cuál debe ser nuestra relación con la historia, con los traumas de nuestro presente, y cuál es la naturaleza del amor. Si el amor es compartir una misma mirada, 'Rompientes' habla del desencuentro de mirar, de que mirar constituye una acción política que nos sitúa frente al drama humano, frente a los cataclismos sociales de nuestra época, y también sobre nuestras percepciones y reacciones ante lo que ya no es una noticia de un telediario sino la realidad. Con una escritura que va más allá de los géneros, con una potente imaginería, el gran esfuerzo de su puesta en escena resulta no solo convincente sino especialmente intenso. Lo mismo que ocurre con unas interpretaciones que convierten toda esta poesía en una experiencia escénica muy verdadera, con esas atmósferas musicales que sirven no solo para quitar estatismo sino sobre todo para acentuar el mensaje emocional. Y sobre todo para que ese mismo estilo que comparten ambos monólogos no resulte monótono y reiterativo. Estamos ante una obra tan lúcida como perturbadora , tan dolorosa como catártica. Teatro sin concesiones, sin debilidades en su mensaje y en su lenguaje. Con un interesante punto de vista sobre cómo reflejar ese drama de los cuerpos de los refugiados arrojados a nuestras playas.
-
En 1889 August Strindberg vive la separación de la actriz finesa Siri Von Essen , la mujer que le dio tres hijos y le acompañó en el ostracismo por una trayectoria en colisión con la sociedad biempensante. Tras el año prolífico de 1888, con la publicación de 'El padre', 'La señorita Julia' y 'Acreedores', el novelista y dramaturgo intenta solucionar sus penurias económicas con la apertura de un teatro experimental en Copenhagen. Siri será la directora del teatro y primera actriz de 'La más fuerte', una pieza sobre dos mujeres en pugna por un hombre. La presencia en el reparto de Marie Caroline David, la amante lesbiana de su esposa reactiva los demonios de un matrimonio en descomposición. El episodio inspiró a Per Olov Enquist (1934-2020) ' La noche de las tríbadas ' (1975), una de las obras más representadas y traducidas de la literatura sueca. Strindberg, decía Enquist, «me ha acompañado toda la vida: lo he amado, lo he odiado y he lanzado sus libros contra la pared, pero no he podido deshacerme de él». Casi medio siglo después de su estreno en el Lliure de Barcelona, Oriol Broggi rinde tributo al montaje que dirigió Fabià Puigserver con esta versión que firma Joan Yago. La puesta en escena, con tres filas del público en el escenario, sitúa al espectador en medio de la batalla campal de Strindberg contra Siri y María ante la presencia de un perplejo Viggo Schiwe, el actor que iba a dirigir el ensayo y acaba yendo a buscar cafés. Strindberg lanza sus dardos dialécticos contra la pareja de 'tríbadas' (así se identificaba en Grecia a las lesbianas) en una representación que cuenta con un reparto que ronda las mismas edades de quienes la representaron aquel lejano 1978 cuando la libertad de expresión intentaba abrirse paso. Joan Marmaneu encarna al autor sueco y su misoginia. Clara Mir es la esposa que sacrificó su carrera de actriz a la problemática genialidad de su cónyuge. Cristina Arenas le pone contención a la amante lesbiana y alcohólica. Jordi Llovet metaboliza el desfondamiento de Viggo ante los crueles comentarios de Strindberg. Y Broggi rescata para las nuevas generaciones el magistral texto de Enquist. Misión cumplida.
-
El 5 de febrero de 1988, hace casi cuatro décadas, el Teatro Español estrenó una producción, dirigida por Miguel Narros , de ' La malquerida ', del premio Nobel Jacinto Benavente . En aquel montaje encarnaba a Acacia una joven actriz de tan solo 19 años: Aitana Sánchez-Gijón . Hoy, convertida en una estrella -tiene hasta un Goya de honor-, la intérprete vuelve al lugar del crimen (en 'La malquerida' es literal), esta vez para meterse en la piel de Raimunda. Pasiones, celos, erotismo, crímenes, fanatismo, honor, violencia... se mezclan en esta tragedia estrenada en el Teatro de la Princesa (actual Teatro María Guerrero), protagonizada precisamente por la legendaria actriz, en 1913, y que ahora vuelve a escena con su título mutilado: 'Malquerida'. «Por una parte -explica Juan Carlos Rubio , autor de la versión-, quitar el artículo hace que englobe muchas más cosas. Además, es una manera de distanciar la versión de este texto, que es un gran texto». 'La malquerida' se estrenó con quince personajes. La versión de Rubio, que dirige Natalia Menéndez , ha reducido el reparto a ocho actores: Son Aitana Sánchez-Gijón, Juan Carlos Vellido, Lucía Juárez, Goizalde Núñez, José Luis Alcobendas, Dani Pérez Prada, Álex Mola y Antonio Hernández Fimia. La función se estrena este viernes 13 y estará en cartel hasta el próximo 26 de abril». Se trata, dice Natalia Menéndez, de «un duro retrato de una época, sí, pero sobre todo de la condición, la humana, difícil de doblegar ante ciertos impulsos. El deseo, carnal en algunos casos y material en otros, atrapa a nuestros personajes, les ciega, les paraliza, pero también les alimenta y da sentido a su existencia y a sus inesperadas reacciones. Como autores del siglo XXI, rescatar un clásico de la dimensión de 'La malquerida' y favorecer que siga caminando por los escenarios de España es un auténtico reto. Por un lado, respetando toda la grandeza de su escritura y la vigencia de su historia. Por otro, despojándole de los condicionantes con que cada época atrapa a sus creadores». La exdirectora del Teatro Español tuvo la intención de poner en escena la obra durante su etapa al frente de este coliseo. «No había escuchado nada tan pasional, tan cruel y tan fanático». Su montaje, continúa, se plantea como una tragedia y no como un melodrama, y camina por el realismo poético, el minimalismo y el simbolismo». «'Malquerida' -sigue Natalia Menéndez- surge como un grito seco y brutal que nos ata sin remedio a nuestra esencia menos racional. Una historia en la que el amor, el poder, la ambición, el deseo y la violencia se unen irremediablemente, como caras de una misma moneda que, lanzada al aire, puede sorprendernos con su implacable veredicto». En su montaje, concluye, «hablan las piedras y habla la tierra». Y es que la obra transcurre en la Castilla rural de comienzos del siglo XX . Raimunda está casada en segundas nupcias con Esteban y tiene una hija, Acacia, cuyos pretendientes mueren o desaparecen en circunstancias sospechosas, lo que hace que se le empiece a llamar 'la malquerida'. Pero en realidad ha sido Esteban, obsesionado con Acacia, quien elimina a sus 'rivales' movido por unos celos enfermizos. Aitana Sánchez-Gijón confiesa que se quedó en shock cuando Natalia Menéndez le propuso encarnar a Raimunda. «Le pedí que me lo dejara pensar unos días, pero ahora, a las puertas del estreno, no concibo no haberme embarcado contigo en este proyecto». Asegura que se acuerda más de lo que hacían los demás en aquel montaje de Narros que lo que hacía ella misma. «Pero hay algo ya instalado de la obra en el ADN». Define 'Malquerida' como una tragedia no naturalista… Es un pedazo de culebrón» -«y 'Otelo' también», acota Natalia Menéndez-. Elogia la actriz a Juan Carlos Rubio cuando dice que la versión «ha estilizado el texto, es un encaje de bolillos. Ha potenciado el texto de Benavente y lo ha limpiado de la paja costumbrista que tiene el original; ha ido al hueso y, de esa forma, se ha potenciado su poética. Hay ecos lorquianos en Benavente, o habría quizás que decir que hay ecos benaventianos en Lorca, ya que éste es posterior». Por alusiones, Rubio dice que «los autores somos testigos de nuestra época. Benavente contaba las cosas como se contaban en su momento, pero nuestro trabajo al hacer las versiones es como el de los arqueólogos que con su pincel van limpiando las piezas; y al hacerlo surge un texto que cuenta cómo somos nosotros, el ser humano». En su intento por definir la obra de Benavente, Juan Carlos Vellido habla de una « vorágine de deseo, de violencia, de pasión y de pasiones desbocadas », mientras que Daniel Pérez-Prada habla de «un wéstern rural que huele a brezo, a tierra mojada, a pólvora».
-
«Por ser la Virgen de la Paloma / Un mantón de la China-na, China-na / Me vas a regalar. / Venga el regalo, si no es de broma / Y llévame en berlina-na, li-naná / Al Prado a pasear». ¿Quién no ha tatareado en algún momento los compases de ‘La verbena de la Paloma’? Desde que se estrenó el 17 de febrero de 1894 en el madrileño Teatro Apolo es una de las muestras del género chico más queridas y admiradas. Con música de Tomás Bretón y libreto de Ricardo de la Vega , ambientada en el Madrid castizo del siglo XIX, ha hecho las delicias de generaciones y sus personajes —Don Hilarión, Casta, Susana, Julián, la ‘señá’ Rita…— forman parte de nuestro rico acervo popular. Su fama ha trascendido las fronteras españolas y se ha representado a uno y otro lado del Atlántico. Ahora ha llegado al Teatro Wielki de Łódź en Polonia, el mayor de la ciudad y el segundo teatro de ópera del país. Bajo el título de ‘La fiesta de la Paloma’, el director de escena Jesús García Salgado ha realizado y dirigido una excelente versión, sobre la que comenta: «Mi intención no ha sido cambiar la obra, sino hacerla comprensible y cercana para un público que no tiene referencias previas del género. He trabajado especialmente la claridad dramática, el ritmo escénico y el trabajo actoral, manteniendo siempre la esencia del libreto y de la música Nos cuenta cómo surgió tan atractivo proyecto: «El teatro Łódź tenía desde hace tiempo interés por presentar por primera vez una zarzuela. A partir de ese deseo contactaron conmigo para que hiciera una propuesta. La primera obra en la que pensé fue ‘La verbena de la Paloma’, porque siempre me ha parecido una de las más representativas del género y, al mismo tiempo, una de las más vivas en su retrato humano. Quiero destacar también el apoyo del Teatro de la Zarzuela, que ha acompañado la iniciativa desde el inicio y ha facilitado el préstamo de las partituras originales que conserva en su archivo, entre ellas ‘La verbena de la Paloma’, ‘El barberillo de Lavapiés’ y ‘Don Gil de Alcalá’. Ese respaldo ha sido fundamental para garantizar el rigor musical. Y el equipo artístico ha contado con grandes profesionales vinculados tanto a España como a Polonia: Małgorzata Zak en vestuario, Eva Iszoro en escenografía y Malena Mexía en coreografía». Una propuesta que, como también explica García Salgado —creador, junto a Marta Belaustegui — de Teatro del Duende , extiende su territorio: «Sugerí una versión ampliada en la segunda parte, integrando números musicales de otras zarzuelas emblemáticas dentro del contexto festivo de la plaza donde se desarrolla la verbena. Me interesaba que el público polaco no solo conociera una pieza concreta, sino que pudiera asomarse al universo más amplio de la zarzuela. Se incluyen números de otras obras, integrados dentro de la atmósfera festiva de la verbena, y de varias regiones de España, dibujando un mapa sonoro que va del chotis al fandango, de la habanera a la jota. Cada música trae consigo una forma distinta de moverse, de hablar y de amar. Así, el espectáculo construye un gran mosaico: no solo una historia, sino un mundo». El éxito ha sido rotundo: «El público —comenta García Salgado—ha conectado muy bien. Fue un estreno muy emocionante, también a nivel personal. Siempre existe una cierta incertidumbre cuando presentas fuera de tu país un género tan identificado con tu propia tradición cultural. La respuesta de los espectadores fue cálida y entusiasta, con una larga ovación final que sentimos como una confirmación de que la obra había logrado comunicarse más allá de su contexto original. Para mí, la experiencia ha sido muy enriquecedora: he encontrado intérpretes muy comprometidos, con mucho talento, curiosos y con una gran capacidad de trabajo. Ha sido también esencial el trabajo del director musical, Piotr Sułkowski, que comprendió perfectamente el espíritu de nuestra zarzuela y ha sabido transmitir su ritmo, su carácter popular y su vitalidad con gran sensibilidad». ¿Hay interés en Polonia por la cultura española? García Salgado no alberga ninguna duda y esta representación ha sido un ejemplo: «He percibido una curiosidad real y muy viva por la cultura española, especialmente por su música y por su manera de integrar lo popular dentro de una tradición artística sólida. El público polaco se acerca con respeto y con interés auténtico, lo cual crea un terreno muy fértil para el intercambio cultural». De la misma opinión es Marcin Nałęcz-Niesiołowski, director del Teatro Wielki: «Existe un enorme interés por la cultura española en Polonia. España no solo es un destino turístico muy apreciado entre los polacos, sino que su cultura y su idioma también se encuentran entre los más explorados entre las culturas extranjeras. Como prueba, el español se puede cursar como asignatura en el examen final de bachillerato, y la mayoría de las universidades polacas ofrecen programas de grado en estudios españoles. El cine, la literatura y la música españoles son populares». Y remacha: «La disponibilidad de obras culturales españolas en Polonia es muy alta. Todas las librerías ofrecen traducciones de obras de clásicos del Siglo de Oro como Miguel de Cervantes y Lope de Vega, así como de Federico García Lorca y escritores contemporáneos. Actualmente, son muy populares Carlos Ruiz Zafón y Jaume Cabré. Los cines proyectan películas de Pedro Almodóvar, y en las salas de conciertos es frecuente escuchar música de Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo, Pablo Sarasate o Isaac Albéniz. Y nuestro escenario ha acogido a compañías como Nats Nus Dansa, los ballets de Cristina Hoyos, y el Flamenco de Andalucía y la Compañía Nacional de Danza. El Gran Teatro de Lodz también ha dado la bienvenida, entre otros, al mundialmente famoso y respetado tenor Plácido Domingo ». La puesta en escena de ‘La verbena de la Paloma’ ha sido un acontecimiento muy especial. Afirma Marcin Nałęcz-Niesiołowski: «Me interesé por la zarzuela como género prácticamente desconocido en Polonia. El estreno de ‘La verbena de la Paloma’ es una excelente propuesta para el público polaco, como lo demuestra la alta asistencia a cada función y el entusiasmo del público, así como una forma eficaz de establecer una colaboración entre el Gran Teatro de Lodz y el Teatro de la Zarzuela de Madrid. El carácter distintivo y extraordinariamente colorido de la cultura española que se esconde en la obra de Tomás Bretón nos llega al corazón polaco y nos anima a descubrir otros títulos». Concluye Jesús García Salgado: «No hemos buscado reconstruir un pasado de museo, sino activar una tradición viva. La zarzuela no es un género muerto: es un teatro que aún puede hablar del poder, del cuerpo, de la calle, del control social y de la libertad individual. En la fiesta, todos miran y todos son mirados. Todos celebran, pero también todos juzgan. La verbena es un lugar de encuentro… y de peligro». El espléndido desembarco del género chico, que es muy grande, en Polonia es un motivo más para sentirnos legítimamente orgullosos de nuestra maravillosa cultura.
-
Times Square, el corazón de Nueva York . Son las once de la noche y el termómetro marca cero grados, pero las decenas de anuncios luminosos que tapizan las paredes de los edificios configuran un espectacular y cálido escenario. Los turistas se hacen selfis, fotografían su entorno, se agolpan en torno a un grupo de músicos callejeros que rapea ferozmente... Y de pronto, un grupo de bailarinas españolas se quita las prendas de abrigo y emergen coloridas batas de cola. «¡Un, dos, tres!», grita una de ellas, y las artistas empiezan su baile bajo el acompañamiento de los músicos. Los curiosos se vuelven, los enfocan con sus móviles, se preguntan quiénes son. Alguien se lo aclara. Es una bailarina española de flamenco muy importante: Sara Baras . Efectivamente, La gaditana es la capitana de este grupo, que se ha desplazado hasta Times Square al terminar su función en el City Center -sin cambiarse siquiera- para grabar un pedacito del espectáculo que formará parte del documental con el que el Flamenco Festival de Nueva York celebra este año su 25º aniversario -dedicado a Sevilla-. Miguel Marín , creador, director y alma del certamen desde su nacimiento, deambula por allí con expresión nerviosa y excitada. «¡La que hemos formado!», dice con una mueca traviesa. El Flamenco Festival ha vuelto a morder la Gran Manzana. Han pasado veinticinco años desde que Farruquito, María Pagés, Carmen Linares y Manolo Sanlúcar tuvieran su primera cita con los neoyorquinos. Pero la historia de amor (el lema del festival este año) entre Nueva York y el flamenco viene de lejos, con nombres como Carmencita, la primera bailarina que apareció en una película y a la que pintaron artistas como John Singer Sargent o William Merritt Chase; como Encarnación López 'La Argentinita', Carmen Amaya -la leyenda señala que fue expulsada del Hotel Waldorf Astoria porque los miembros de su compañía asaron sardinas en sus habitaciones -; Sabicas, el primero que ofreció un recital de guitarra flamenca, y lo hizo en Nueva York; Antonio y Rosario, 'Los chavalillos sevillanos'… El Flamenco Festival ha logrado que la presencia de este arte -la verdadera 'marca España'- tenga en esta ciudad, que sigue siendo la capital mundial del espectáculo, continuidad. «Él público ha aprendido cómo y cuándo gritar '¡Olé!' -dice Molly Meloy , directora del departamento de Marketing del City Center, el teatro que acoge los grandes espectáculos de danza-. Y me parece significativo que cada año, el sesenta por ciento del público asiste por primera vez a un espectáculo de flamenco. Y el crecimiento es constante». Buena parte de este interés por el flamenco -«y por todo lo español», acota- se basa en el trabajo educativo que han venido haciendo el teatro y el propio festival a lo largo de los años. Los colegios públicos de Nueva York tienen la posibilidad de elegir un espectáculo del City Center para que los niños asistan y las funciones del Flamenco Festival se llevan la palma. Pero no solo van al teatro; unos días antes reciben unas nociones de lo que es el flamenco y lo que van a ver. «Y es muy emocionante ver sus reacciones». No solo los niños. El viernes, una multitud de personas se agolpaba a las puertas del City Center una hora antes del comienzo del espectáculo para asistir a un 'pre-show' en el que se imparte una clase con nociones básicas de baile flamenco. Xianix Barrera , una neoyorquina de origen latinoamericano, les muestra cómo dar palmas, cómo mover los brazos -«pick up the apple, eat it, throw it»-. La propia Barrera es una conversa. «Yo vi de niña el espectáculo 'Riverdance', en el que había un número de flamenco que bailaba María Pagés. Y yo dije: eso es lo que quiero hacer. Y aquí estoy. Nuestra labor es sobre todo que disfruten la música, su pasión». La propia Molly Meloy sigue la clase con una sonrisa que le desborda. «Tenemos una capacidad máxima de 180 personas -el aforo del teatro es de 2200 butacas- y hoy la hemos alcanzado, dice mientras imaginariamente coge la manzana, se la come y la tira». Los espectadores terminan todas las funciones puestos en pie y aullando, literalmente, después de cada número. Sara Baras -ya sabemos quién tiene el secreto de la poción mágica de Astérix y Obélix: qué despliegue de energía y de calidad- lo dice muy expresivamente. «¡Este público es bestial!», dice mientras se retoca el maquillaje antes de ir a Times Square. «De verdad que su respuesta es emocionante; su silencio, su atención...» La gaditana conoce bien a los neoyorquinos: la primera vez que actuó fue en 2003, cuando presentó 'Mariana Pineda'. «¡Vino Antonio Banderas a vernos!», recuerda. Otra estrella que ha acudido al festival de forma esporádica es la gran leyenda de la danza Mikhail Baryshnikov. El año pasado se rindió al arte de Eva Yerbabuena y le pidió a Miguel Marín que organizara una 'Fiesta flamenca' en su centro de artes -Baryshnikov Arts Center-. Cerca de un doscientas personas en dos sesiones -entre ellas, Isabella Rossellini y Jessica Lange-, pudieron divertirse con el contagioso baile, cante y toque de Manuel Liñán, Juan Tomás de la Molla, Mara Rey, Alberto Sellés, Juan de la María y José Fermín Fernández. Sentado discretamente a la mesa, Baryshnikov no puede dejar de mover los pies y no se resiste, al final, a dejarse arrastrar por Liñán y levantarse para bailar, con muy buen estilo, salero y hechuras -se quitó la chaqueta y se la regaló a Juan Tomás de la Molla- unos tangos rumbas: «¡Tú me quieres dejar y yo no quiero sufrir, contigo me voy gitana aunque me cueste morir!». Ya lo dice Sara Baras: «¡Este público es brutal!»
-
Los personajes de Pirandello eran seis e iban en busca de su autor y en el 'Vania' de Simon Stephens , Joel Joan va en busca de los ocho personajes de la pieza chejoviana que dirige Nelson Valente (Buenos Aires, 1971), uno de los mejores autores y directores de la escena actual. En este 'Vania' reconoceremos la obra de 1897 sintetizada en hora y media. El doctor Astrov del que Sonia, la sobrina de Vania, está secretamente enamorada. El profesor Serebriákov, viudo de la hermana de Sonia, instalado en la casa de Vania con Helena, su segunda mujer, sigue siendo tan mezquino como lo creó Chéjov; en esta versión, un viejo y decadente director de cine: Vania lamenta haber financiado con las rentas de su trabajo unas películas mediocres que ya no ve nadie. Ha dado lo mejor de su vida para mantener la finca que su cuñado pretende vender para marcharse a la ciudad. Como hizo un magistral Pere Arquillué , desdoblado al modo de 'Rashomon' en las siete voces de 'El cuerpo más bonito que se habrá encontrado nunca en este lugar' de Josep María Miró, Joel Joan ha ido en busca de cada uno de los ocho personajes de 'Vania' y, casi siempre, los ha conseguido aprehender. Decimos 'casi' porque en los papeles femeninos -pensamos en la servicial Sonia- su gestualidad bordea la caricatura. Nada que decir de sus encarnaciones de Astrov, el médico que ahoga sus penas en la botella; el director de cine con su bronco ordeno y mando bastón en mano; el pobrecito Saúl con su cara plagada de cráteres del acné; y ese Vania condenado a sobrevivir con su resignada sobrina en un mundo rural declinante. La escenografía de Albert Pascual permite que el actor dé entrada y salida a cada uno de los personajes. Interpretación mutante a través de la tonalidad vocal, el lenguaje no verbal o la posición de los brazos. Tan pronto descansa en el balancín como el doctor, prepara la comida como Sonia, despotrica como el director fracasado o protagoniza una escena erótica… Un 'tour de force' al que Joel Joan ha dedicado el cien por cien de su energía actoral .
-
Mark Rosenblatt, director de sólido prestigio en la escena británica, eligió como protagonista de su primera obra como autor a Roald Dahl, el autor de obras de tanto éxito como 'Matilda' o 'Charlie y la fábrica de chocolate' . Elige como escenario el verano de 1983, cuando, dice el propio Rosenblatt, Dahl, de 67 años, se acaba de divorciar de su mujer después de treinta años de casados, se ha prometido con su amante, Felicity 'Liccy' Crosland, con quien llevaba once años; sufría dolores físicos constantes, padecía unas interminables obras de reforma en su casa y tenía que entregar su nuevo libro. Por si esto fuera poco, una reseña de un libro con fuertes expresiones antijudías y antisemitas le había acarreado feroces críticas y amenazas por parte de varios libreros de no vender sus libros. Esto motivó la visita al escritor de su editor británico y de una enviada de su editor estadounidense para intentar convencerle de que rectificara. Y éste es el conflicto elegido por Rosenblatt para su función, que tiene en el enfrentamiento, por momentos agrio y salvaje, entre Roald Dahl y la enviada estadounidense -judía para más señas-, su columna vertebral. Es, sin duda, la parte más atrayente de una función de perfume británico -dicho sea como elogio-, muy clásica en su planteamiento y sus diálogos, y con una arquitectura teatral difícil de encontrar hoy en los escenarios españoles, donde domina otra manera de hacer teatro (ni mejor ni peor, simplemente distinta). La función, que alcanza su cenit al final del primer acto y navega en aguas plácidas en el segundo (se sirve con descanso, otra novedad hoy en día), es un perfecto vehículo para disfrutar de un actor superlativo como es José María Pou. El intérprete catalán atrapa a Roald Dahl, lo devora , y se lo presenta al espectador bajo su propia apariencia; es un anciano gruñón, intolerante, al que todo lo que le rodea aumenta su mal humor, pero también un hombre capaz de herir con una sola palabra y con una ironía rayana en el sarcasmo, y al que nadie se atreve a contradecir. Pou domina gestos y acentos, climas y tonos, en una interpretación -acaso la última- verdaderamente admirable.
-
Carmen de Burgos, Colombine, tuvo una biografía que resume los afanes de una mujer de principios del siglo XX por construirse a sí misma. Fue periodista por destino, por curiosidad y por deseo de poner sus columnas y sus crónicas al servicio del cambio que quería para la sociedad española. Defendió el divorcio o el sufragio femenino con pasión, y formó parte de la mejor intelectualidad de aquel momento. Siempre atenta al teatro, se asomó a los camerinos para enseñarnos qué ocurría en las vidas de allí dentro. Sus entrevistas a las actrices más rutilantes de su época fueron recopiladas en los libros 'Confesiones de artistas' (1915) y 'Confidencias de artistas' (1917) y en ellos está la voz de La Niña de los Peines, Sarah Bernhardt, Tórtola Valencia, La Fornarina, Catalina Bárcena, Margarita Xirgu, María Gámez o María Guerrero, entre otras. Una entrevista, nos dice, es un acto de intimidad, «como se hablan las amigas en el cabecero de la cama». Ese deseo de dar voz, ese deseo de confesión es el que guía el espectáculo que ahora puedo verse en el Teatro Español, basado, naturalmente, en esos testimonios que logró reunir Carmen de Burgos. Se parte aquí de esa máxima según la cual una actriz no está en mejor lugar que no sea en el teatro y se reflexiona sobre la búsqueda de la naturalidad en el habla frente al artificio del que hacían gala los actores anteriores. Dominar la palabra significa convertirse en otra persona, es decir, llegar a la máxima realidad a través de la máxima ficción, hacer de la ficción algo natural. De ahí que para una verdadera intérprete «la entonación, los acentos, los músculos deben actuar sin esfuerzo y sin violencia». ¿Qué está planteando Carmen de Burgos? Las bases de la interpretación moderna y cómo dejar atrás la retórica de un teatro decimonónico en la que, como dijo Unamuno de la poesía, lo hueco mata el espíritu. Intimidades, confidencias o reflexiones que finalmente terminan en una confesión: «Lo que más me ha interesado es lo que no he podido hacer público». Y un retrato de todas ellas: «Las actrices son niñas pequeñas con una caja de dulces vacía». Es cierto que hubiéramos deseado una mayor ambición, mostrar cómo eran estas mujeres: sus deseos de emancipación, sus relaciones con el matrimonio y los hombres, las múltiples perspectivas y las múltiples personalidades de cada una de ellas, porque eso le hubiera quitado confusión y le hubiera dado variedad. 'Confidencias de artistas', sin embargo, es interesante en muchos sentidos, aunque solo sea por el acertado homenaje al teatro y a esas mujeres que forman parte de su historia. He aquí sus testimonios.