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Carlos Alcaraz lo asume: «Todavía no estoy al nivel que quiero estar». Lo admite el murciano y se pone manos a la obra, apuntado al ATP 500 de Viena para ganar horas de vuelo y confianza. Y si es con victorias, mejor. La lesión en la muñeca está olvidada, pero fueron cuatro meses de parón y necesita más partidos y más competición y volver a sentirse él. Está en el camino, después de superar a un gran y difícil rival como Karen Khachanov (7-6 (5) y 6-4), y afrontar ahora a Nicoloz Basilashvili , 34 años y 95 del mundo. «Creo que estoy en la dirección correcta. Estoy dando los pasos necesarios y estoy muy contento con todo el trabajo que he hecho recientemente. Eso lo he mostrado ante Karen, he jugado a un muy buen nivel. Lo que me gustaría recuperar es la consistencia que tuve a principios de temporada: ser capaz de jugar a un muy alto nivel de manera constante o encontrar las soluciones correctas en cada partido», admitía tras batir al ruso. Tiene una nueva oportunidad de ganar rodaje y automatismos en la siguiente ronda, contra un Basilahsvili que superó a Jurij Rodionov pot 7-6 (3) y 6-1, y al que el murciano tiene cogida la medida porque ha ganado en las dos citas anteriores. Fue hace ya demasiado tiempo, pues la primera vez data de 2021, en Roland garros, donde el español venció por 6-4, 6-2 y 6-4. La segunda es de 2022, en el Masters 1.000 de Madrid, con otro triunfo por 6-3 y 7-5. Pero el georgiano llega con ganas después de ser finalista esta semana pasada en el ATP 250 de Almaty, donde perdió con Daniil Medvedev, y ser semifinalista en Chengdú, apeado por Alejandro Davidovich, que campeonó después (4-6, 6-4 y 6-3). Además, alcanzó los octavos en Roma. Pero no ha tenido más resultados destacados en una temporada más bien discreta con muchos torneos sin pasar de primera o segunda ronda. Así, Alcaraz sigue a lo suyo con un rival que lo forzará a buscar soluciones para ir reencontrando el camino del Alcaraz brillante de principio de temporada. Y está preparado para el reto: «No he jugado demasiados partidos este año, lo que significa que probablemente no estoy tan cansado mentalmente como si hubiese jugado toda la temporada. Intentaré utilizar esto como una ventaja. He echado de menos el tenis y ahora estoy disfrutando». Y cuando Alcaraz disfruta, el tenis baila con él. El partido entre Carlos Alcaraz y Nicoloz Basilashvili está programado para este jueves 29 de octubre, en el segundo turno de la pista central del ATP 500 de Viena. Así, después del Cameron Norrie-Daniil Medvedev que comienza a las 13.30, será el turno de Alcaraz, no antes de las 15.00 horas . El partido entre Alcaraz y Basilashvili se emite por Movistar+ , plataforma que tiene los derechos del ATP 500 de Viena. Y podrá seguir el minuto a minuto y toda la información sobre el torneo en ABC.es
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Rafa Jódar continúa en su paseo hacia los diez mejores del mundo, y de paso, hacia la clasificación para las ATP Finals de Turín. Sorteó sin demasiados problemas en su estreno a Alejandro Tabilo, aunque se enredó de más en el primer set (6-4 y 6-2), y acomete los octavos de final contra Valentin Vacherot cargado de confianza. El madrileño, que ya ha superado esa final perdida en el Masters 1.000 de Shanghái contra Alejandro Davidovich después de haber ganado el primer set, se enfrenta al monegasco, 27 años y 31 del ranking, y contra el que nunca se ha enfrentado todavía. Vacherot protagonizó el año pasado ese sueño de ganar un primer título, y todo un Masters 1.000, de Shanghái, y procedente de la previa, tras batir en la final a su primo Arthur Rinderknech. En este curso, su mejor rendimiento llegó en Montecarlo, donde alcanzó las semifinales, de donde fue despachado por Carlos Alcaraz por 6-4 y 6-4. En esta gira final de pista dura, también llegó a la penúltima ronda en Tokio, donde no pudo contra Jiri Lehecka (6-4 y 6-2). De Jódar, ya se sabe, levantó un primer título en Marrakech (ATP 250), y fue finalista en Shanghái. También tiene unos cuartos en Roland Garros, las semifinales en Canadá y la final de Tokio (perdió contra Taylor Fritz, 7-6 (2) y 6-4). Con 20 años y en su primer curso como profesional. Son 44 triunfos por el momento y 17 derrotas. Y virtual número 9 del mundo, aunque con muchas rondas y jugadores en liza en los diferentes torneos que se disputan esta semana. Su meta también está en Turín, donde se clasifican los ocho mejores de la temporada y pelea la plaza con Arthur Fils, Frances Tiafoe, que ha perdido en la segunda ronda en Viena, Tommy Paul, Alex de Miñaur y con Novak Djokovic, vencedor en el estreno en Viena, donde acudió con invitación, ante el francés Ugo Humbert (4-6, 6-3 y 6-4). No obstante, todavía queda el Masters 1.000 de París, del 2 al 8 de noviembre, con lo que la pelea sigue al rojo vivo. El partido entre Rafa Jódar y Valentin Vacherot está programado para este jueves 29 de octubre, en el horario inaugural de la jornada; es decir, a las 12.00 horas. El partido entre Jódar y Vacherot se emite por Movistar+, plataforma que tiene los derechos del ATP 500 de Basilea. Y podrá seguir el minuto a minuto y toda la información sobre el torneo en ABC.es
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Está con ganas Rafa Jódar de seguir sumando líneas a su currículo. Tiene cerca entrar en los diez mejores del mundo y la clasificación para su primera Copa de Maestros. Aunque no solo dependerá de sus resultados, él quiere hacer los deberes, como el alumno aplicado que ha sido durante estos once primeros meses en el circuito profesional. Y amarra la primera victoria en el ATP 500 de Basilea, contundente partido ante Alejandro Tabilo, para acercarse a ese top ten y a ese gran objetivo de Turín. También Carlos Alcaraz quiere aumentar su nivel de confianza y sus prestaciones ante los últimos retos de la temporada: el Masters 1.000 de París, las ATP Finals a las que ya está clasificado y esas finales de Copa Davis con las que completar un grandísimo palmarés en este año complicado por la lesión en la muñeca. Y atrapa un triunfo de entidad ante un Karen Khachanov siempre difícil (6-4 y 7-6 (5) en una hora y 5 minutos) en su estreno en el ATP 500 de Viena, al que no acudía desde 2021 y al que regresa porque todavía no se veía a la altura: «No he jugado muchos torneos este año. Necesito competición, torneos y ritmo de juego para volver a mi mejor nivel. Estoy contento con mi juego y con mi nivel actual, pero aún siento que no estoy del todo a la altura». Después de perder la final del Masters 1.000 de Shanghái ante Alejandro Davidovich y ese paso por los micrófonos para pedir perdón por una frase a destiempo a un recogepelotas, Jódar vuelve al camino, al tenis, a la pista, a este torneo de Basilea que estrena y que se revoluciona con él. Empieza firme, pero no logra desequilibrar al chileno ni con un 0-30 en el tercer juego. Tabilo, 29 años y 30 del ranking, lanza granadas muy largas con su zurda y él trata de contrarrestarlas por potencia apoyado en la rápida pista suiza. Las fuerzas se encuentran, por tanto, igualadas. Pero este Jódar con hambre encuentra en el saque un seguro y en el saltito hacia delante en el resto una fórmula con la que logra por fin la rotura, en el séptimo juego. Remolonea un poco después, porque el chileno logra su saque en blanco, y en el juego para sentenciar a Jódar se le complica la derecha con dos errores, una doble falta, tres opciones de rotura para el rival para empatar a 5 que salva más por aguante que por potencia. Más centrado, ceño fruncido ante los errores propios, saca por fin la derecha larga que trastabilla a Tabilo y sentencia a la segunda por fin con dos buenos servicios. La concentración de esos dos puntos se mantiene ya hasta el final. Mucho más seguro en sus golpes, Jódar acribilla sin remedio a Tabilo en un segundo set en el que en apenas 8 minutos el madrileño había roto el servicio del rival en dos ocasiones. Aguanta el chileno un poco más, pero tiene prisa Jódar por terminar el choque, que es solo la primera ronda y minimiza los errores con más firmeza desde el fondo hasta lograr el 6-2 definitivo. Ya en la siguiente ronda, Jódar se enfrentará a Valentin Vacherot. Tampoco tiene un primer set fácil Carlos Alcaraz , enfrentado en primera ronda con Karen Khachanov , 30 años y 24 del mundo, difícil en cualquier momento. Hay dudas al inicio, pocos primeros, y el ruso aprieta con su solidez desde el fondo hasta hacer de esas dudas un agujero por el que se cuela a lo grande. Es un 'break' para el 2-3 y saque que incluso puede ser un 2-4 porque tiene el ruso un 40-0 a su favor. Pero esto es Alcaraz, y no solo levanta ese casi juego en blanco sino que celebra la rotura hacia su lado y se mueve con mucha más soltura a partir de ahí. El ruso se queda estancado en esa oportunidad y empieza a sufrir los latigazos del murciano, y las dejadas, y el primer servicio, y sus propios errores. Tanto como para desequilibrarse en el décimo juego para ceder una rotura (5-4) que Alcaraz no deja escapar. Cierra con solvencia con su saque y encara el segundo set con un nivel más de confianza. No obstante, Khachanov también eleva la velocidad. Presiona desde el resto porque ahí tiene un pequeño margen para desorientar al español. Lo intenta el ruso en el tercer juego, convencido, potente, peligroso. Pero se defiende bien el murciano, que acelera con el 'deuce' y apaga el fuego del rival. Enciende entonces el suyo, y el partido sube en espectáculo para alegría de la grada y de los dos jugadores, que firman puntazos para el recuerdo y un nivel que no parece de primera ronda. Es Alcaraz el que encuentra un pequeño resquicio en el saque del ruso en el sexto juego, pero las dos bolas de rotura se quedan en nada, anuladas por un Khachanov que se defiende desde el fondo y con su saque tergiversa los planes del español. Es empate a 3; Alcaraz tiene que seguir buscando la oportunidad. Khachanov imprime un estilo variado, de alturas y recursos. Alcaraz responde con lo mismo, que tiene mil y un trucos. El público se divierte y la igualdad se mantiene un par de juegos más. Al resto para llevarse el partido, el español saca la varita. Fuerza un error del ruso al apretar al fondo de pista y lo deja sin respuesta en una dejada y una contradejada de manual, de su manual de cómo jugar al tenis de una forma divertida y letal a la vez. Es un 0-30 con el que se anima a sacar la derecha, el latigazo, que se le va por muy poco y da un poco de respiro a Khachanov. El ruso saca también la potencia, no se rinde, pero naufraga cuando quiere jugar de igual a igual con Alcaraz. El 3 del mundo sacude mucho más fuerte y lo aleja de la línea de fondo, y de repente, se permite una dejada inapelable con la que se gana dos bolas de partido. Se precipita en la primera, con un revés con mordiente pero que se queda en la red. Quiere cerrar el partido a su manera, con una dejada, pero tampoco supera la cinta. Se gana el murciano una tercera bola de partido que anula Khachanov con un gran saque. Y el partido sigue subiendo de nivel. Y se descontrola. El ruso se ha salvado de estar ya camino del siguiente torneo y esa exigencia lo lleva al premio del 'break' en el siguiente turno, pero tiene enfrente a un Alcaraz que empieza a sacar los puños en alto, que se saca cuatro puntazos consecutivos para mandar el segundo set a un eléctrico 'tie break'. Se adelanta Khachanov (3-1), pero Alcaraz triplica la velocidad en su derecha y en sus piernas. Llega a todo, minimiza la desventaja y maximiza su tenis, que vuelve a liderar los peloteos desde el fondo y los cambios de ritmo. Esta vez sí, a la primera bola de partido, sentencia el murciano, como quería desde el principio, con esa dejada tan suya ante la que se inclina por fin Khachanov tras dos horas y 5 minutos. En la siguiente ronda, Rodionov o Basilashvili. También en Viena se estrenó Martín Landaluce , que obligó a Alexander Zverev a un esfuerzo titánico para superar la primera ronda (7-5, 3-6 y 7-6 (11)). El español levantó una primera bola de partido en el segundo set y contó hasta cuatro de su lado para sellar la victoria. Pero fue el alemán quien prevaleció después de tres horas y 5 minutos de partido para continuar en el ATP 500 de Viena, donde se enfrentará al ganador del encuentro entre Griekspoor y Nakashima.
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Rafa Nadal no había tocado la raqueta en dos años, pero en el décimo aniversario de su academia , que celebró con sus amigos David Ferrer, Carlos Moyà, Dominic Thiem, Marat Safin, Richard Gasquet, Fabio Fognini y Andy Murray ya se le vio con ganas de más. Aunque admitiera que no estaba para demasiado, la zurda mágica sigue ahí, y también la magia y la preparación. Así que está más que listo para volver a las pistas. Lo hará este próximo mes de febrero, en el MGM Slam, como ha anunciado el propio exjugador. «Hola a todos. Tengo grandes recuerdos de cuando jugué en 2024 en Las Vegas. Los aficionados y el ambiente fueron simplemente espectaculares. Así que estoy muy contento de anunciar que volveré en 2027. Esto deseando competir en el MGM Slam. Nos vemos pronto en Las Vegas», señalaba el balear en un vídeo transmitido en sus redes sociales. Nadal dejó la competición oficial en noviembre de 2024, en la Copa Davis. Y se dedicó a su familia, a sus hijos, sus negocios y descansar. Aunque no dejó la rutina del gimnasio y el cuidarse. Tanto es así que en las últimas semanas se lo vio coger la raqueta por primera vez y pelotear con los alumnos de su academia «a lo Nadal». Es decir, con la intensidad y la firmeza de siempre. En el aniversario que compartió con otros compañeros extenistas demostró que sigue ahí todo lo que lo hizo uno de los mejores jugadores de la historia, incluso su determinación por ganar aunque fuera en un formato de recreo , y admitió que tenía ganas de empezar a desempolvar sus rutinas en algunas exhibiciones. Aunque quería prepararse un poco más, que a Nadal nunca le ha gustado hacer las cosas sin poner todo su esfuerzo en ello. Así que anuncia su primera actuación de la gira de extenista para este próximo febrero en Las Vegas. El formato de la competición todavía no se ha desvelado ni tampoco quiénes acompañaran al campeón de 22 Grand Slams en el escenario. Pero para los aficionados ya es suficiente con verlo sonreír y anunciar que volverá a coger la raqueta, y que volverá a asombrar al mundo con sus golpes.
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Faltaba un nombre, el último jugador que viajará a Bolonia a empujar al equipo español hacia el título de la Copa Davis 2026. Y David Ferrer elige a Alejandro Davidovich para unirse a Carlos Alcaraz, Rafa Jódar, Marcel Granollers y Pedro Martínez. Un equipo de élite, el mejor posible, que se compromete como un todo, y a pesar del largo calendario, a pelear por la séptima Ensaladera. Así lo confirmó David Ferrer, en el acto celebrado este lunes en el Consejo Superior de Deportes. «Tengo que agradecer a Miguel Díaz, que ha sido el mejor jefe que he tenido. Pero, bueno, que no he venido a hablar de mi libro. Que los tenistas son los únicos protagonistas de este acto: Carlos Alcaraz, Rafa Jódar, Alejandro Davidovich, Marcel Granollers y Pedro Martínez », se expresó el capitán, que abundó después: «Tenemos muy buen equipo, sin dudas. Estoy contento de poder contar con estos jugadores y muy ilusionado. Somos uno de los equipos favoritos para ganar la Davis». Está Carlos Alcaraz (23 años), 3 del mundo y campeón de 7 Grand Slams, olvidada ya la lesión en la muñeca. Está Rafa Jódar (20), talento descomunal que ha dejado a todos boquiabiertos en su primer año como profesional: un título, una final de ATP 500 y otra final de Masters 1.000 y rozando ya el top ten. Está Alejandro Davidovich (27), 15 del mundo y en su mejor momento físico, tenístico y mental, con tres títulos en esta temporada, entre los que destaca ese Masters 1.000 de Shanghái que lo hace único. Está Marcel Granollers (40), tres coronas de Grand Slam en dobles; y está Pedro Martínez (29), otra garantía de éxito en la dupla. Tener a tantos candidatos es una alegría para Ferrer. «Eso es bueno, no me genera ningún problema. Al contrario, tener a dos top ten ayuda mucho a tener más posibilidades de ganar. Pero esto es deporte, ya se verá y se buscarán soluciones. Yo soy el capitán y soy el máximo responsable de lo que ocurra, y estoy encantado de que sea así», pronunció antes de cruzar los dedos para que todos estén en plena forma de aquí a un mes: «A final de año, Alcaraz y Jódar van a jugar las ATP Finals, lo que les supondrá más carga de partidos y cansancio acumulado. Espero que lleguen en plenas condiciones, porque para mí es fundamental para poder conquistar la Copa». Y desveló un deseo en forma de objetivo: «Sería bonito despedirme con el título, sin duda. El año pasado estuvimos cerca. Es una motivación muy grande porque va a ser mi última oportunidad». Desde hace semanas se conocían los nombres de cuatro, pero faltaba ese quinto que redondeara un equipo de lujo. Y así ha pedido paso Alejandro Davidovich, en un esprint final de temporada en el que se ha coronado en el ATP 250 de Chengdú y, sobre todo, en ese Masters 1.000 de Shanghái, tras una final dificilísima contra Rafa Jódar y que lo elevó en las quinielas. También con sus palabras tras el mayor triunfo de su carrera hasta el momento: «Dije desde el primer momento que respetaba la decisión de David, y le he dicho que estoy para ser quinto jugador y aportar mi granito de arena en todo lo que fuese. Y que somos un equipazo para ganar la Davis». El malagueño tuvo sus más y sus menos con esta competición. Hace justo un año, la relación con Ferrer no era la mejor. Apartado de los cuatro primeros de la lista para las finales de 2025, Davidovich declinó ir como quinto nombre. Pero aquel Davidovich no es este, el de la confianza, el de seguir intentándolo, el de la madurez y el equilibrio que lo han llevado a firmar la mejor temporada de su carrera: de las cinco finales perdidas, a los tres títulos del tirón: Mallorca, Chengdú, Shanghái. Pero Ferrer no quiere hablar del pasado. «Ha sido una lista en la que ha habido muchos jugadores, algunos como Jaume Munar o Dani Mérida que siempre han tenido un gran compromiso y que no es fácil dejarlos fuera de la lista. Pero Davidovich está haciendo un gran final de año y se merece estar sin lugar a dudas. Al final es un tema deportivo, y yo encantado de tener a los mejores». Irá, como ha recitado Ferrer, como tercer jugador, a la espera de su oportunidad para los encuentros individuales que, en principio, protagonizarán Alcaraz y Jódar, por encima del malagueño en el ranking. Pero Davidovich está listo. En este año de crecimiento y de calma, como decía a este periódico como campeón de Shanghái, después de haber pasado unos años en los que vivía todo con demasiado "agobio". España se enfrentará en la primera eliminatoria contra Austria el próximo 26 de noviembre. En caso de victoria, tocará el ganador del duelo entre Gran Bretaña y la Alemania de Alexander Zverev , Jan-Lennard Struff, Kevin Krawietz y Tim Puetz. En el duelo final el rival saldrá de los cuatro equipos de la parte de arriba: Italia, sin Sinner, Corea del Sur, República Checa y Canadá. Al inicio del acto, Miguel Díaz, presidente de la Federación de tenis, se refirió en estos términos a la gran oportunidad de España en esta edición del campeonato por equipos: «Dice David Ferrer que se quiere ir, pero espero que cuando ganemos la Davis se lo piense». Porque el valenciano anunció hace unos días que no continuaría en el banquillo de capitán tras el final de la competición de este 2026, convirtiéndose esta, por tanto, en la última convocatoria en su cargo. Su sustituto es Marc López, en un plan continuista porque el catalán ya era del equipo técnico y conoce de sobra tanto a los jugadores como el espíritu de esta competición. «El tenis español está en un momento dulce. En otros países no dan crédito de que tengamos siempre a algún tenista en semifinales, en finales y ganando. Nosotros cada año estamos ahí, con nuestros jugadores referentes», prosiguió Díaz. Y habló también de las tres grandes estrellas de este curso: Martín Landaluce, Dani Mérida y Rafa Jódar. «Este año tenemos un equipo muy fuerte, somos uno de los favoritos. En la pista nunca se sabe lo que puede pasar, pero tenemos equipo para llegar a la final y ganarla. Con un magnífico capitán. Así que mucha suerte y a conseguir la séptima Copa para España», finalizó su intervención el presidente del ente federativo.
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La Real Federación Española de Tenis (RFET) ha hecho oficial la designación de Marc López como nuevo capitán del equipo español de Copa Davis . La Junta Directiva del organismo aprobó este lunes el nombramiento del barcelonés, de 44 años, quien asumirá el cargo el próximo 1 de enero de 2027 y se mantendrá al frente del banquillo durante tres temporadas, hasta 2029. López tomará así el testigo de David Ferrer , quien dejará el puesto al término del presente año. Ferrer anunció su marcha el pasado jueves a través de sus redes sociales. «Los motivos de esta decisión son únicamente personales y responden al deseo de poder iniciar una nueva etapa», explicó el alicantino. Exnúmero tres del mundo y ganador de 27 títulos ATP en su etapa en activo, Ferrer asumió el cargo en 2023 en sustitución de Sergi Bruguera y condujo a España a la final de 2025, donde cedió ante Italia. Pese a que le restaba un año de contrato, ambas partes acordaron su salida; Miguel Díaz, presidente de la RFET, agradeció su labor y destacó especialmente su apuesta por la renovación y por dar entrada a jugadores jóvenes. López, retirado en mayo de 2022, avala el puesto con una trayectoria estelar como especialista de dobles. En su palmarés lucen el título de Roland Garros 2016 junto a Feliciano López y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río ese mismo año, formando pareja con Rafael Nadal . Junto a Marcel Granollers conquistó además las ATP Finals en 2012, alcanzó el puesto número tres del ranking mundial de la modalidad y disputó cuatro finales de Grand Slam. En la Copa Davis debutó en 2012, integró el equipo subcampeón de aquella edición y ha disputado un total de 13 eliminatorias. La apuesta por el técnico barcelonés responde a un plan de continuidad diseñado por la federación. López se incorporó al cuerpo técnico en agosto de 2025, antes de la eliminatoria disputada en Marbella ante Dinamarca, y desde entonces ha ejercido como mano derecha de Ferrer. Con esta fórmula, la RFET garantiza la solidez de la estructura de trabajo y el estrecho vínculo con los tenistas, repartiéndose ambos entrenadores las funciones hasta el cierre del curso. Antes de asumir el liderazgo en solitario, López vivirá su último gran compromiso como segundo de a bordo en la Final a 8 de la Copa Davis , que se disputará en Bolonia (Italia) del 24 al 29 de noviembre y que supondrá el broche final a la etapa de Ferrer. El sorteo ha encuadrado a España en cuartos de final frente a Austria; el vencedor se medirá en semifinales al ganador del cruce entre Gran Bretaña y Alemania. Con el 27 de octubre como fecha límite para entregar la convocatoria oficial, la previsión contempla la citación de Carlos Alcaraz , Rafa Jódar , Pedro Martínez y Marcel Granollers , con Alejandro Davidovich como posible quinto hombre. El estreno de Marc López como máximo responsable del equipo nacional llegará ya en 2027, liderando un bloque en pleno relevo generacional. Hasta entonces, la cita de Bolonia servirá tanto de despedida para David Ferrer como de puente definitivo para su sucesor.
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No tenía palabras para describir lo que sentía al concluir una final magistral de remontada y fe y celebrar su primer Masters 1.000. Ya había hablado, y bien alto, en la pista. Resistencia, aplomo, convencimiento, confianza, creer, creer y creer. La filosofía en la que vive ahora Alejandro Davidovich . De aquel que deslumbró en categoría júnior y se quedó algo cegado por los focos, a este que respira y exuda madurez y tranquilidad. De aquel que sufrió la frustración y las dudas de cinco finales perdidas, a este que se levanta de una paliza y sigue confiando. De aquel que se desajustaba, a este que mantiene la cordura y el equilibrio dentro y fuera de la pista. Así lo explica el campeón, número 13 del mundo, su mejor ranking, desde el lunes, apenas unos minutos después de convertirse en el primer español en triunfar en Shanghái, en una entrevista con los medios españoles entre los que se encuentra ABC. Confiesa ante pregunta de este periódico que lo primero que ha cambiado ha sido su perspectiva con respecto al tenis. Y lo dice a las claras: «Yo vivía el tenis de una manera muy intensa, muy agobiante. Y Pepo Clavet me ha aportado mucha tranquilidad, felicidad, y vivir de una manera más tranquila. Me da mucha paz internamente y creo que eso lo expreso en la pista». También allí, en el fragor de un peloteo intenso, de un error inesperado, de una idea que no sale bien, ha encontrado el malagueño su refugio, incluso en esta final de aguantarlo todo para levantarse con todo: «Pepo sabía, y lo hemos hablando antes del partido, que iba a haber nervios y tensión. No es fácil cuando Rafa Jódar está jugando a un nivel altísimo; no es fácil asimilar que te estén dando por todos los lados, que no ves ningún hueco. Pero él confía en mí, y me da mucha paz, me transmite confianza y eso me hace seguir empujando hasta el último momento». Reflejan sus palabras esa seguridad y consistencia que a veces se le escurría en el pasado por puro nervio. Después de perder cinco finales, encontró la manera de gestionar mejor todo lo que bullía en su cabeza para que lo beneficiara y no fuera un rival peor que el que tenía enfrente. Lo decía tras descorchar sus primeras botellas de cava: «Antes de Mallorca -primer título que ganó- sentía esas malas sensaciones con las finales; pero a partir de ahí me creí que podría estar en más. Aprendí a manejar la presión en los momentos complicados. Y ahora tengo más experiencia de las demás finales. Han sido dos años muy duros». De aquella dureza interna, a la dureza externa con la que afronta ahora las realidades que le vienen. Tanto las exteriores, con esa espantada insólita de su entrenador Mariano Puerta en mitad de Roland Garros, como las interiores, como las lesiones, que lo han mermado en este curso de esplendor. En julio tuvo que parar porque la espalda no podía más, y regresó a finales de septiembre. En estos dos meses largos, paciencia, pensar y mucho entrenamiento físico: «Hemos hecho como una pretemporada de cinco o seis semanas. Yo sabía que no iba a pinchar en ningún momento. Solo en Tokio porque llegué muy justo y no tenía fuerzas para nada. Sabía que físicamente estaba a un nivel muy alto y eso me da mucha fuerza para seguir empujando. Porque si estoy bien físicamente, también lo estoy mentalmente, mucho más tranquilo porque sé que correré a cada pelota y lucharé cada punto. Hemos trabajado mucho en ese aspecto, también en pista». A partir de aquí se le auguran todavía más portadas, aunque sabe bien el malagueño que ganar un título no te pone de forma inmediata en la final del siguiente. Tampoco lo quiere, que ha aprendido a gestionar la exigencia del tenis con la tranquilidad de fuera. El equilibrio. «Yo ahora no sueño nada. Quiero disfrutar de este momento, que no lo haces cada día. Es mi primera victoria en un Masters 1.000. Así que con lo que sueño ahora es llegar mañana a casa, disfrutar de mi mujer que no la veo desde hace un mes, y no quiero pensar en tenis. Quiero olvidarme, que han sido muchos partidos. Quiero no pensar en tenis. En dos o tres días reanudar todo otra vez y pensar en los objetivos que queremos en los torneos que queden, y ya está. Estamos a final de año, jugar lo mejor posible. Físicamente no voy a pinchar y me da también fuerzas». Aprendió de las derrotas y aprende también de las victorias, mucho más gustosas de paladear y que le ofrecen una versión de sí mismo con la que todavía puede superarse: «Esta victoria me va a dar mucha más confianza en mí mismo. Los jugadores que ganan los Masters 1.000 son muy pocos, y me da mucha confianza para seguir haciendo lo que hago. Cogiendo las experiencias de cada partido de esta gira, me dará más fuerza en seguir haciendo las cosas como las estoy haciendo». Aunque no ha perdido la esencia, y es Davidovich ese jugador que ha protagonizado en el pasado alguna que otra polémica, como con la última convocatoria de la Copa Davis, y el que gana puntos sorprendentes mientras se cae al suelo. Pero de todas se levanta. «Me hace mucha gracia porque he visto muchos comentarios de periodistas que creían que mis mensajes en la cámara eran por la Davis y que yo era un inmaduro. Cuando hablan sin saber es lo que pasa. Todo lo que estaba diciendo son cosas de movimientos y cosas de ajedrez. El primero «Estoy, ¿eh?» es porque había ganado un partidazo; en el segundo, porque también seguíamos ahí, que era «Estamos». Y lo de «Esperando» del tercer partido es porque en el ajedrez tienes que tener mucha paciencia, y esperar a ver qué hace el otro. Y como Pepo juega muy defensivo, me aburre verlo jugar». Y abundó en la cuestión lanzando un mensaje positivo para estas finales que se celebran en Bolonia: «Me hace mucha gracia que la gente se haya creído que era cosa de la Davis cuando yo no tengo que nada que decir ni quería mencionar la Davis. Yo dije desde el primer momento que yo respetaba la decisión de David Ferrer , que le he dicho que estoy para ser el quinto jugador y aportar mi granito de arena en todo lo que fuese. Y que somos un equipazo para ganar la Davis». Así explicó ese último mensaje con el que celebró el mayor triunfo de su carrera hasta el momento, y que lo sitúa como el único español del tenis masculino, hasta ahora, en levantar el título en Shanghái: «Lo de hoy: «Apertura española», son todo bromas con Pepo de cómo jugar al ajedrez. Llevamos un mes aquí y ya estábamos delirando y dijimos, venga, vamos a escribir sobre jugadas de ajedrez. Ponemos lo que sea en la cámara y nos divertimos, que es lo que queremos. Tenemos que pensar en otras cosas que no sea tenis porque es un calvario pensar 24 horas en el tenis. Hemos disfrutado mucho de este mes, desde el primer día de Chengdú hasta este último día, nos lo hemos pasado bien y estamos muy contentos del trabajo que hemos hecho en este mes».
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Pasa el tenis nacional español masculino de no haber podido nunca levantar el trofeo del Masters 1.000 de Shanghái a tener un enorme campeón, Alejandro Davidovich , y un enorme finalista, Rafa Jódar. Juntos brindan una final fantástica en la que exhibieron potencia, liderazgo y también resistencia y creer en uno mismo. Ahí está ese aguerrido, orgulloso y convencidísimo Davidovich, que ha entrado en la dimensión de los campeones tras superar barreras mentales propias. De aquellas lágrimas de frustración tras perder una final tras otra, algunas con punto de partido incluido, a esta media sonrisa en la que esconde un crecimiento mental abrumador con el que se lleva por delante una final de dos horas y 28 minutos que tuvo perdida durante cerca de una hora. Suma su tercer título del curso, tras Mallorca y China, y se eleva hasta el puesto 13 del ranking. Se citan en esta final asiática, donde antes naufragaron David Ferrer, Roberto Bautista y Rafa Nadal, los dos jugadores más en forma del circuito. El madrileño venció a Tirante, Lehecka, Van de Zandschulp, y Ruud remontando un set en contra y una semifinal de lujo ante Medvedev (6-3 y 6-4); el malagueño, a Brooksby, Tiafoe ( levantando una bola de partido ), Hurkacz, Gea y Zverev, número 2 del mundo. Son, lo dicho, los jugadores con mejor prestancia en estos momentos del curso. Davidovich se ha liberado con esos dos títulos en Mallorca y China, ha labrado paciencia después de superar una lesión en la espalda que lo tuvo tres meses fuera del circuito; y despliega con alas de titanio el mejor tenis de su carrera para alcanzar la segunda final de Masters 1.000 tras Montecarlo 2022. Del madrileño ya se han dicho todas las maravillas posibles, pero también le faltaba esta lección, la de padecer el bajón y la frustración de un par de torneos sin pasar de primera ronda (US Open y Tokio), y levantarse para brindar un nuevo espectáculo en esta recta final de curso, con su primera final de Masters 1.000. Es su primer enfrentamiento entre ellos, así que hay tanteo, estudio, descubrir las armas del rival y proteger las propias. Pero le dura poco la paciencia a Jódar, que atiza con todo a pesar de la paliza que ya lleva encima y aprieta el botón de la agresividad para presionar la resistencia en el fondo de Davidovich hasta derribarla con el primer 'break' del partido. Es un mensaje cargado de intenciones, de que el madrileño está fresco, fino, sólido, convencidísimo, con una aceleración de brazo que aturde al malagueño. Se suelta el más veterano, consciente de la dureza del contrario, mantiene la compostura e intenta cambiar el paso: latigazos por doquier y a jugarse todo porque no queda otro recurso. Pero Jódar está en su máximo esplendor: ya está ahí esperando cualquier pelota, con más saña y velocidad de piernas, de ideas y de brazos que el malagueño, que sufre otra rotura porque al madrileño le sale todo de diez. Y en 28 minutos es un 6-1 de auténtico acoso y derribo. Lo intenta Davidovich, buena actitud a pesar del vendaval que le llega del otro lado de la red. Pero es complicado imponer su criterio ante una bola rapidísima que lo presiona desde el resto y no lo deja respirar. Ni el cansancio, ni la primera final de Masters 1.000, ni la presencia de Roger Federer en la grada inmutan al de Leganés. Sigue atacando con dos grados más de aceleración en cada golpe, con un ritmo supersónico y una efectividad milimétrica. Cada acierto es un error al otro lado, 16 en la cuenta del malagueño en los cuatro primeros juegos, pero es injusto señalar que no sean forzados porque de alguna manera a Davidovich se le hace casi imposible mantener el tono ante este Jódar. Para el quinto juego, la rotura. Lo que muestra este Davidovich crecido después de haber roto sus propias barreras mentales, dos títulos tras cinco finales perdidas, es esta capacidad de aguantar con la mejor de las actitudes, bien sea ese punto de partido contra Tiafoe o este aluvión llamado Jódar. Paciente y activo, busca como puede el resquicio que lo haga entrar en el marcador. Hay una primera pelota de rotura que el madrileño le tumba con un saque magnífico y una derecha portentosa, pero hay otra que sí logra con esa capacidad de aguante que ha mejorado en las últimas temporadas: carrera hacia la dejada y passing para empatar a 3. Y quizá empezar otro partido. Hay tres grandes saques por parte del malagueño y aun así es una bola de rotura para el madrileño de inmediato. Pero salva Davidovich, que hace del sufrimiento su zona de confort, y del orgullo su bandera. Hay poco que hacer con este Jódar, que vuelve a meter una marcha más y encauzar la final hacia lo que él quiere y dónde lo quiere y cómo lo quiere. Pero el malagueño sabe bien qué hacer con ese 'poco'. «Fantástico. Ahora, ahora», señala Rafa Jódar sénior desde la banda. No tiene que decir mucho más porque el pupilo/hijo se ha rehecho de esa rotura que no entraba en los planes y sacude las ilusiones del rival en otra bola de 'break' en el octavo juego (4-4) que levanta con otro punto de saque y derecha como si nada. Este Davidovich, no obstante, responde, resiste, se niega a claudicar. Hace maravillas en los límites por los que se escabulle del rival. Este Davidovich que se mantiene en pie, que se saca de vez en cuando la rabia: «¡A él le entra todo y a mí nada!», que se planta con firmeza para reducir dos bolas que podían suponer el 6-5 y saque del rival con dos saques directos y una templanza que minimiza las diferencias que se han visto hasta ahora. Incluso tiene un 30-30 para llevarse el segundo set al resto con 6-5. Ahí sigue Jódar: saque directo y casi directo para confirmar el 'tie break'. Pero ahí sigue Davidovich, impertérrito esta vez para bloquear por fin los restos del madrileño e imponer su coraje, su estilo, su ritmo, sus cambios de altura, de dirección, su mentalidad y su puño en alto porque estaba desesperado hace 15 minutos y ahora se eleva en el desempate para irse al banco con la final igualada. De la adrenalina de uno y otro, se rompen los servicios nada más iniciarse el tercer capítulo. Hay cansancio en la pista, pero también mucho desgaste mental en uno y otro. Y la final, al completar las dos horas de juego, se vuelve una batalla psicológica de a ver quién aguanta mejor con la gasolina en las últimas reservas, cuando la mano ya no es tan firme ni las ideas tan claras ni la efectividad tan fácil de procesar. Ahí está Davidovich, ejerciendo de veterano, con un plus físico que parece faltarle a Jódar, que acumula errores y hasta los saques ya no lo sujetan. Es el malagueño el que se eleva con otra rotura mientras el madrileño debe pedir el fisio para que le quite la tensión del muslo derecho. Con 27 años, y en otra dimensión mental y de tenis, Davidovich aguanta mejor por físico y por confianza, que no le tiembla el pulso ni en ese juego con saque para ganar, de línea a línea y atizando a un maltrecho Jódar, que sufre las inclemencias de los calambres y la portentosa capacidad de aguante y sufrimiento de Davidovich. Este Davidovich que completa una remontada espectacular en la final del Masters 1.000 de Shanghái, donde se corona por fin con un título de esta categoría. De las cinco finales perdidas a la gloria de su tercer trofeo en este inmenso 2026. Y con una lección de creer en sí mismo que sirva de ejemplo para nuevas generaciones. «Seguramente es lo que entrenas cada día, para estos momentos, para vivir este momento. Hoy he estado más nervioso, porque era otra oportunidad para mí, pero no podría describir lo que siento. Solo decir gracias a mi familia, a mi equipo. Ha sido un año duro, pero nunca hemos dejado de sufrir ni de creer ni de trabajar duro para tener al menos una oportunidad de vivir esto otra vez», comentó Davidovich, el mejor Davidovich.
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