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Sin Alcaraz, baja desde mediados de la gira de tierra batida, y con Jódar y Davidovich eliminados antes de llegar a los cuartos de final, Wimbledon 2026 ha perdido buena parte del tirón en nuestro país. Sin embargo, las semifinales ya están a la vuelta de la esquina y una de ellas no suena nada mal. Se enfrentan Jannik Sinner , número uno del mundo, y Novak Djokovic , actual número 8 que sigue en búsqueda de su 25º Grand Slam. El duelo entre el italiano y el serbio ya se ha convertido en una especie de clásico de Wimbledon. De hecho, se trata del cuarto enfrentamiento en las últimas cinco ediciones , con mejor balance para Nole: dos triunfos (2022 y 2023) por tan solo uno de Jannik (2025). En los dos últimos precedentes se midieron en semifinales , como ocurre este viernes. Sinner ha llegado hasta semifinales, curiosamente, habiendo sufrido tan solo en primera ronda ante Kecmanović, partido en el que cedió sus dos únicos sets en todo el torneo. Lo hizo con remontada, ya que el serbio dominaba por 1-2. Desde entonces, Borges, Brooksby, Mochizuki y Struff no han podido plantar cara al número uno del mundo y defensor del título en Wimbledon. La trayectoria de Novak Djokovic ha sido menos avasalladora, pero lo cierto es que también ha ido avanzando rondas con solvencia hasta su exigente partido de cuartos ante Auger-Aliassime, que se fue a cinco sets y más de 5 horas para acabar resolviéndose en el super tie-break . Su condición de cabeza de serie número 7 también le ha cruzado con rivales potencialmente más incómodos que los de Sinner. La reedición de semifinales de Wimbledon entre Jannik Sinner y Novak Djokovic se juega este viernes 10 de julio de 2026 . La organización del torneo ha confirmado que el Sinner - Djokovic es la segunda semifinal , por lo que se disputa a continuación del Fery - Zverev , que abre la acción en la pista central a las 14.30 (horario peninsular español). Wimbledon sorprende al situar el Sinner - Djokovic en segundo lugar, ya que el italiano y el serbio obtuvieron el pase a semifinales en la jornada del martes, a diferencia de Fery y Zverev, que lo hicieron el miércoles. Sinner y Djokovic se enfrentan un año más en las semifinales de Wimbledon. Se emite en Movistar Plus+, la plataforma que cuenta con los derechos en exclusiva en España del Grand Slam de hierba. El partido se televisa en los canales Movistar Plus (dial 7) y M+ Deportes 2 (dial 64).
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Ya están definidas las semifinales masculinas de Wimbledon . Alexander Zverev confirmó su condición de favorito con una contundente victoria sobre Taylor Fritz por 6-4, 6-4 y 6-2, mientras que la gran historia del torneo la sigue escribiendo Arthur Fery. El británico arrolló a Flavio Cobolli (6-4, 7-6(4) y 6-0) y se convirtió en el segundo jugador de la Era Open en alcanzar las semifinales del torneo londinense como 'wild card' —invitado por la organización— una hazaña que solo había logrado Goran Ivanišević en 2001. El alemán firmó una de sus actuaciones más completas sobre la hierba londinense. Después de varios años quedándose a las puertas, Zverev alcanzó por primera vez las semifinales de Wimbledon tras romper una racha de siete derrotas consecutivas frente a Fritz. Dominó con su servicio, apenas concedió opciones al estadounidense y confirmó el excelente momento de forma con el que aterrizó en Londres tras conquistar Roland Garros. La otra gran noticia del día la protagonizó Fery. El británico, número 114 del ranking ATP al inicio del torneo, volvió a desafiar todos los pronósticos con una exhibición ante Cobolli. Tras un segundo set igualado, el joven de 23 años pasó por encima del italiano en la tercera ronda, desatando la euforia del público británico y asegurándose terminar el torneo dentro del top 40 del mundo. Las semifinales enfrentarán ahora a dos jugadores con trayectorias opuestas en este Wimbledon. Zverev buscará aprovechar su experiencia para alcanzar la primera final de su carrera en Londres, mientras que Fery tratará de prolongar un sueño lúcido que ya forma parte de la historia del torneo y que ha devuelto la ilusión al tenis británico.
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El partido de cuarta ronda (octavos de final) de Wimbledon entre Zverev y Lehecka dejó este lunes una imagen para el recuerdo de los aficionados del tenis. El hombre que más veces ha ganado este campeonato, Roger Federer, se quedó solo en el palco para ver hasta la última bola del partido. El encuentro, que estaba previsto para las 17.30 de este lunes, se retrasó varias horas debido al efecto dominó que provocaron los dos partidos anteriores, que, además de empezar tarde, se extendieron hasta el máximo de sets posibles y provocaron que estos octavos de final comenzaran a las 20.40, hora local de Inglaterra. Ante esta situación, el palco real en el que se encontraba Federer se fue vaciando a medida que caía la noche, hasta tal punto que apenas quedaron 4 personas en estos asientos de privilegio. Así, un tiro de cámara mostró a Roger Federer completamente aislado, disfrutando del partido con un aspecto sereno , sin importarle lo que sucediera a su alrededor. Esta imágen se viralizó rápidamente en redes sociales, donde la gente reconoció el amor del tenista suizo por este deporte, quien ha sido señalado como un romántico del tenis durante toda su trayectoria. Finalmente, el partido tuvo que suspenderse a las 22.55 hora local, ya que existe un límite infranqueable en este deporte que no permite jugar en las pistas principales después de las 23.00, con el objetivo de proteger el descanso de los vecinos de la zona. Así, la eliminatoria se reaunudó el martes a las 14.30, con un resultado de 6-4, 7-5 y 3-3 a favor de Zverev, y terminó con la victoria del tenista ruso en cuatro sets, con un 6-4, 7-5, 3-6 y 7-6(6) que le permite avanzar hasta los cuartos de final, donde le espera Taylor Fritz.
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Novak Djokovic se niega a marcharse. Cada vez que el tenis empieza a prepararle una despedida, el serbio encuentra otra noche eterna para recordar que todavía le queda cuerda. Esta vez sobrevivió a Félix Auger-Aliassime en una batalla de cinco horas y cuarto, un partido de cuartos de final que tuvo de todo y que acabó con el balcánico en semifinales de Wimbledon tras imponerse por 7-6(10), 3-6, 6-3, 6-7(4) y 7-6(4). Fue un partido de supervivencia desde el principio. Auger-Aliassime, que venía de eliminar a Alejandro Davidovich en otra maratón, volvió a demostrar que su Wimbledon estaba muy lejos de ser casualidad. El canadiense aguantó el pulso de Djokovic en el primer set y llevó la manga hasta un desempate larguísimo, de esos que empiezan a parecer medio partido. Ahí apareció la experiencia del serbio para cerrar el primer golpe por 12-10 y evitar que el choque naciera torcido. Pero el canadiense no se cayó. Al contrario. En el segundo set encontró más aire con el servicio, empezó a mandar con su derecha y consiguió igualar el partido con un 6-3 que cambiaba el ambiente de la Central. Djokovic, obligado a jugar incómodo, respondió en la tercera manga. No necesitó su versión más brillante, pero sí la más reconocible: la de los momentos importantes, la de los restos profundos, la de los puntos largos en los que parece que siempre obliga al rival a jugar una bola más. Con un 6-3 recuperó la ventaja y volvió a dejar el partido donde más le gusta, en el terreno mental. Auger-Aliassime todavía tenía una vida más. El cuarto set fue otro ejercicio de resistencia. El canadiense no dejó que Djokovic se escapara, sostuvo sus turnos de saque y volvió a llevar la manga al 'tie-break'. Esta vez fue él quien jugó mejor los puntos decisivos. Se lo llevó por 7-4 y obligó al serbio a jugarse el pase a semifinales en un quinto set que ya llegaba con los dos jugadores al límite. La última manga tuvo más tensión que juego limpio. Los dos se agarraron al servicio, midieron cada golpe y llegaron al desempate final con la sensación de que cualquier detalle podía decidirlo todo. En ese territorio, Djokovic sigue teniendo algo distinto. Con 38 años, después de más de cinco horas en pista y ante un rival que no dejó de creer, volvió a elegir mejor. Ganó el super 'tie-break' por 10-4 y cerró una victoria que no fue cómoda, pero sí muy suya. La recompensa será otra cita enorme. En semifinales le espera Jannik Sinner, que antes había derrotado a Jan-Lennard Struff por 7-5, 7-6(4) y 6-3 para meterse entre los cuatro mejores del torneo. El italiano llega más fresco, con menos desgaste y con la autoridad de quien parece haber encontrado su mejor tenis sobre la hierba londinense. Djokovic llega con cinco horas y cuarto más en las piernas, pero también con una de esas victorias que explican por qué sigue siendo Djokovic. Wimbledon tendrá otra semifinal grande. Sinner representa el presente más fuerte del circuito. Djokovic, el pasado que todavía se resiste a dejar de ser presente. El serbio volvió a caminar por el alambre, volvió a sufrir y volvió a ganar. Por eso, cuando parece que el final se acerca, siempre encuentra una forma de retrasarlo un poco más.
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Hay una hipnótica actividad que recorre el All England Tennis Club desde primera hora de la mañana. Son los cortacéspedes que, con la misma formalidad y marcial ejecución que los recogepelotas se entrenan por el recinto antes de la jornada, marchan sobre las pistas los jardineros recortando la hierba hasta la tradicional medida de los 8 milímetros. Ni uno más, ni uno menos. Para que el juego se despliegue siempre en las mismas condiciones, desde el primer hasta el último día. Pero desde hace algunas ediciones, también Londres convive con un aumento de las temperaturas en esta época del año, con olas de calor que han provocado algunos ajustes en el tradicional torneo de Grand Slam. Lo explica Neil Stubley , responsable de Pistas y Horticultura, que cumple con esta su edición número 31. En su equipo, 18 personas durante todo el año que aumenta hasta 31 durante los días en los que hay tenis. Conoce todos los detalles, todas las semillas, todos los secretos y dificultades que esconde esta superficie única, tan viva como delicada, tan atractiva para los jugadores como vistosa para los aficionados, tan complicada de manejar como de cuidar y tratar. Entre las pistas de Roehampton donde se celebra la fase previa, las 16 de entrenamiento en Raynes Park y las 14 en las que discurre el cuadro principal del Grand Slam, son 88 pistas que Stubley conoce a la perfección, que protege y mima hasta el último detalle. Desde el final de la edición anterior (se renuevan todas las pistas entre agosto y septiembre) hasta el final de la siguiente. Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche. «Todos los días probamos la altura del rebote de la pelota y la dureza de la superficie. Si se están endureciendo demasiado, podemos añadir un poco más de agua. Si se ablandan demasiado, podemos simplemente suspender el riego y dejar que la naturaleza las seque un poco más», concede como primera faena del día, sobre las 9.30 de la mañana, todas las mañanas, una vez que las pistas se descubren de la lona que las protege por la noche. Al final del torneo serán 18.240 comprobaciones; las líneas del fondo se chequearán 31.200 veces para ver el comportamiento de la superficie; y en 1.822 ocasiones se verificará la altura correcta del bote de la pelota. Hasta ese color verde característico está estudiado al detalle para que sea atractivo, pero jugable; y no solo la naturaleza puede dar ese cóctel. Ese color verde viene del nitrógeno que las plantas descomponen, pero necesitan mucha agua, por lo que no sería viable para el juego al quedar más esponjoso de lo necesario. Así que Stubley y su equipo añaden fertilizante con hierro una semana antes de que se estrene la Pista Central. A partir de ahí, el recorte diario a los 8 milímetros, y a esperar a que se vaya modificando el tapete en función de lo que digan los jugadores en cada partido, con esas 1.250 horas de juego que se estima se producen en estos 14 días de torneo. Desde hace ya unos 20 años, la característica T marrón que iba creciendo conforme los tenistas sacaban y se iban a la red a volear se fue convirtiendo en una mancha por detrás de la línea de fondo desde la que todos los jugadores ejercen su máxima presión en los cada vez más potentes intercambios. Sí, incluso en la hierba. Es una desgaste inevitable y un desafío mayúsculo, concede Stubley esa mezcla entre jugabilidad y viveza. Son seis millones de toneladas de semillas, cuyas raíces estarán a unos 200 milímetros de profundidad, en 200 toneladas de tierra. Por eso hay exámenes cada día, no solo de la dureza, sino también de la cobertura en toda la pista, el índice de clorofila, la humedad (a través de una sonda de humedad que atraviesa varias pistas) y las grietas que puedan producirse con el desgaste. Un torneo que suele ser reticente a los cambios admitió una modificación total en uno de sus componentes más genuinos: las semillas. Desde 2001, se utiliza la especie Lolium perenne, que comprobaron era más resistente al juego y tenía mayor duración. Sobre todo en un exigente ambiente como es el aire libre y en una ciudad que también vive cada año el aumento de las temperaturas. A lo largo de los años, Stubley y su equipo ha estudiado diferentes especies de césped que son más tolerantes a las condiciones secas para paliar estos cambios, con olas de calor y temperaturas que superan los 30 grados y que aumentan debido a la humedad. Pero no solo el césped vive inmerso en esta adaptación a las nuevas circunstancias de veranos más calurosos. Martyn Falconer, jardinero jefe, también estudia la manera de que las 28.000 plantas permanezcan lo más vivas posibles desde el primer hasta el último día. Por ejemplo, las 15.000 petunias aproximadas que pintan las 17 hectáreas de terreno, y las hortensias, marca de identidad del club pero que, poco a poco, van desapareciendo. Esto ha provocado que se mire hacia otras plantas como la lavanda, también moradas, y que resisten mejor la sequía. «Históricamente, siempre hemos tenido hortensias, que son plantas que necesitan mucha agua. Como parte de la tradición, no queremos eliminarlas por completo, así que nos centramos en ubicar las plantas que requieren más agua en las zonas más sombreadas», explica Stubley, que señala a plantas de hoja perenne como imagen del Wimbledon del futuro, y a ubicar a las que menos agua necesiten en zonas más soleadas. «A veces se pueden obtener ciertas variedades en la misma planta, como ocurre con el césped, que en realidad son más tolerantes a la sequía. Así que, en realidad, obtienes la misma planta y el mismo aspecto, pero vive de forma ligeramente diferente», concede Stubley, que no le tiene miedo a esta «inevitable» transformación del paisaje, y que, asegura, no trastocará los colores esenciales verde, blanco y morado del All England Tennis club.
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El último español que quedaba en Wimbledon cayó después de una batalla tremenda de cuatro horas y media. Alejandro Davidovich Fokina se despidió de la mejor actuación de su carrera en el All England Club con una derrota cruel ante Félix Auger-Aliassime, pero también con una de esas tardes que justifican una ovación. Perdió, sí, pero lo hizo después de vaciarse, de convivir con molestias en el tobillo y de obligar al canadiense a sufrir para ganar el partido varias veces. El encuentro empezó con el equilibrio que después iba a marcar casi toda la tarde. Sin roturas en el primer set, los dos caminaron hasta el 'tie-break' con la sensación de que cualquier pequeño detalle podía inclinar la balanza. Ahí Davidovich fue más valiente. Atacó, se apoyó en un buen saque y tomó distancia en el desempate para llevarse la primera manga. El malagueño había entrado mejor en la batalla y se apuntaba el primer golpe. La confianza se trasladó al inicio del segundo set. Davidovich mantuvo el nivel y llegó a tener dos bolas para ponerse con dos mangas de ventaja. Parecía un momento enorme, de esos que pueden cambiar un partido y abrir una puerta inesperada. Pero Auger-Aliassime sobrevivió con el arma que más daño hizo durante toda la tarde: el saque. El canadiense resistió, llevó el set a otro 'tie-break' y esta vez fue él quien encontró la salida. Con 8-6 en el desempate empató el partido y golpeó mentalmente al español, que había tenido muy cerca una ventaja que era enorme. A partir de ahí empezó otro partido. Davidovich acusó el golpe y también las molestias físicas. El tobillo comenzó a darle problemas y Auger-Aliassime, cada vez más firme con el servicio, encontró el camino para dominar la tercera manga. El canadiense se adelantó en sets con un 6-3 que parecía devolver el encuentro a un guion más previsible. El español, sin embargo, todavía tenía una última rebelión guardada. El cuarto set fue el tramo más emocionante de la tarde. Los dos tenistas protagonizaron el punto del torneo y uno de los mejores del año. Auger-Aliassime llegó a sacar para ganar el partido con 5-4, pero Davidovich se agarró a Wimbledon con una mezcla de rabia, tenis y orgullo. Rompió el servicio del canadiense, confirmó después su saque y forzó otro 'tie-break'. Allí volvió a aparecer su mejor versión. Mandó desde el inicio, se fue rápido en el marcador y cerró el desempate por 7-2 para mandar el partido al quinto set. El encuentro, que parecía perdido, volvía a estar vivo. La épica, esta vez, no tuvo premio. Auger-Aliassime arrancó el quinto set con autoridad, rompió pronto el servicio del español y ya no permitió otra resurrección. Davidovich, castigado físicamente y con demasiados esfuerzos acumulados, apenas pudo resistir el vendaval final del canadiense, que cerró el partido con un 6-1 mucho más duro de lo que había sido la tarde. El marcador final no explicó del todo la batalla. Davidovich se marcha de Wimbledon sin los cuartos, pero con la sensación de haber dado un paso más en un torneo que hasta ahora se le había resistido. Había llegado a octavos sin ceder un set y se fue obligando a Auger-Aliassime a jugar al límite. Su mejor actuación en la hierba londinense terminó con derrota, molestias y agotamiento, pero también con la imagen de que el malagueño se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera . El rival del canadiense en cuartos es Novak Djokovic, que hizo historia al superar a Roman Safiullin (6-7(8), 3-6, 6-3, 3-6) y sumar su victoria número 106 en Wimbledon, una más que Roger Federer. La otra noticia destacada de la jornada es la eliminación de Aryna Sabalenka a manos de Naomi Osaka (6-2, 7-6(2)). A la número 1 se le sigue resistiendo el Grand Slam que le falta junto a Roland Garros.
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Son 52 errores en la cuenta de Rafa Jódar , que resume bien estas tres horas de partido en las que voló en el primer set, pero se fue diluyendo conforme pasaban los minutos y los juegos y permitía que Shintaro Mochizuki fuera creciéndose, imponiéndose, haciéndose protagonista. El japonés, 23 años y 151 del mundo, que fue campeón de Wimbledon júnior en 2019, pero apenas contaba con pedigrí en el circuito profesional: 0-6 en partidos oficiales ATP, se cuela en sus primeros octavos de un Grand Slam con un cóctel de velocidad, reflejos, confianza y subidas a la red, desnorta y desborda al madrileño, al que frena su progresión en Londres en tercera ronda. El madrileño, que trastabilló en varias ocasiones el miércoles y respiró de alivio cuando se apagó la luz del día ante Pablo Carreño , continuó con la dinámica revolucionada en un inicio perfecto ante el japonés, a quien sacude con autoridad en un primer set inapelable. En menos de media hora, Jódar apenas deja al rival unas cuantas migajas cuando saca y muchas menos cuando resta, que está desarrollando el del club Chamartín un arma poderosísima en ese aspecto del juego. Finísimo con los reflejos, esos dos pasos hacia dentro de la pista y el saltito 'made in Jódar' ya está siendo una de las características más mortíferas de su estilo. En un solo movimiento, le quita tiempo de reacción al japonés, que empieza con ímpetus, pero nota que Jódar le minimiza las destrezas casi sin esfuerzo. Es un 'break' detrás de otro porque apenas ha caído al suelo del sato del saque y ya tiene la pelota a los pies. Imposible reaccionar a tiempo para poder mantener la iniciativa. Y así, Jódar atrapa el 6-1 en 28 minutos. El madrileño, no obstante, sigue aprendiendo, y asume los altibajos propios y el aumento de nivel del japonés, que se libera después del atropello y empieza a hacer daño con su derecha, con su reacción, con sus defensas, con sus tiros que desequilibran, con su poderío en la red. Se suceden las roturas, pues atienden mejor ambos al resto que al saque cuando se cumple una hora de juego. Con ganadores al primer golpe encauza Jódar la obligación de remontar el 3-5 y saque del rival. No hay alteración en su rostro, no obstante, que acepta que esto consiste en aprender, a pesar de las dificultades. «Ahora no sé exactamente qué fallos he hecho, pero miraré los errores que he cometido, para aprender de ellos. Este tipo de partidos me ayudarán para no volver a cometer los mismos fallos que he hecho hoy», aceptaría después, a la espera de que esta experiencia le sirva también para el año que viene. Porque prosigue el bajón de contundencia y el subidón del japonés, que asegura el 'tie break' y en el desempate quiebra la seguridad de Jódar, que concede dos errores más de la cuenta, y Mochizuki ejecuta dos líneas más de la cuenta. Sobre todo cuando el madrileño se atreve a subir a la red y no le dan los brazos para los ajustadísimos tiros del rival, que consigue cerrar el puño con un exigido segundo set de 58 minutos; y con mejores sensaciones. Está incómodo Jódar, que multiplica los ánimos y los puños al aire, incluso los aspavientos a su palco, más lleno que nunca con su pandilla de amigos. Parece recuperarse, y recuperar también el control a la mitad de tercer set, que lo lleva con algo más de tino y tranquilidad. Pero se le vuelven a escurrir los fallos (16, por 10 de su rival) y no le sostiene el saque (55 % de primeros) en el séptimo juego. Mochizuki, por el contrario, sigue sin errar, con la cabeza más fría y la mano más firme y agresiva, doce puntos ganados de doce subidas a la red, desde donde aprieta a Jódar hasta llevarse también el tercer capítulo en casi otra hora de juego. La pregunta es si el japonés aguantará a ese nivel otra hora más. Pero responde Mochizuki con una valentía y una velocidad de piernas que lo lleva a conseguir una rotura en el tercer juego. Jódar no encuentra soluciones, que se le escapan las derechas ante un rival desatado de lado a lado, que saca mejor, que no falla una en la red, que le lee tanto los servicios como los restos, y que le obliga a jugar demasiado en el riesgo, y de ahí a los errores (52 al final). Aunque recupera la compostura, y el 'break', pero no hay manera, que Mochizuki es una roca que pelea y está en todas partes, más firme, con menos miedo, más efectivo, con menos dudas. Vuelve a desequilibrar el saque de Jódar en el séptimo juego y vuelven los aspavientos, el ceño fruncido, las quejas a su palco, donde además de sus amigos sigue impertérrito su padre y entrenador. Mochizuki se crece, estirado en la red para cazar todas las esquinas, aunque mida 1,75, aunque lleve dos horas y media de paliza, aunque apenas tenga en su haber un par de apuntes: campeón júnior de Wimbledon 2019, un par de rondas de Grand Slam, en Londres y en el US Open de 2023; pero también un 0-6 en partidos oficiales este curso. Y de repente, el partido del redescubrimiento para el personal, porque domina a la estrella joven del momento, este Jódar que se pelea con sus fantasmas y su derecha, pero que no encuentra el tempo que lo llevó a arrollar al japonés en aquel ya lejano primer set. Falta la prueba definitiva de que Mochizuki va en serio: el último juego, y con saque, que lo metería en la cuarta ronda de un Grand Slam por primera vez en su carrera. Y confirma el japonés que no es casualidad, porque sigue apretando de lo lindo desde el fondo ante un inestable Jódar, que ni siquiera con la presión del triunfo en mano ajena sabe plantar bien sus pies en la pista 18. Dos errores más, y dos aciertos más del Mochizuki, impertérrito con su saque, con otro magistral ascenso a la red, e incluso en el triunfo. El mayor de su carrera: en octavos de su primer Grand Slam, en octavos de Wimbledon, y tras atajar a este Jódar del que se espera tantísimo. Y contra todo un Jannik Sinner, que se ganó su pase ante Jenson Brooksby por 6-4, 6-3 y 6-4. Se desata Alejandro Davidovich en este Wimbledon. Después de romper la barrera mental de su primer título, con el ATP 250 de Mallorca, se planta en octavos de final del Grand Slam londinense con toda la confianza del mundo. Supera al húngaro Marton Fucsovics en la tarde del viernes, (7-6 (3), 6-2 y 6-3 en dos horas y 23 minutos, valiente y muy superior desde el fondo de la pista. Enorme con el servicio (85 % de puntos ganados con el primer saque y un 75 % de efectividad), se destapó también subiendo a la red, con un 75 % de puntos ganados en esa franja de la pista (21/28). Y sumó 35 ganadores, por los 23 de su rival, limitando los fallos a 27, por 44 de Fucsovics. Y espera rival entre Felix Auger-Aliassime y Michael Zheng. No pudo alcanzar esa ronda Jessica Bouzas , que se vio superada por Jessica Pegula por 6-1 y 6-3. Hoy se juega el pase a la siguiente ronda Jaume Munar contra Jiri Lehecka (sobre las 14.00 horas).
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Se le hizo de noche a Rafa Jódar el miércoles ante Pablo Carreño, que lideraba el encuentro por dos sets a uno y el ritmo de los intercambios, pero se despertó el madrileño con ganas, agresividad y fuerzas para revertir el marcador en la reanudación al día siguiente. Remonta el jugador de 19 años para clasificarse para la tercera ronda por primera vez en su carrera, en su primer Wimbledon y citarse con el japonés Shintaro Mochizuki. El madrileño aceptaba que Carreño le había encontrado las debilidades en la primera parte del encuentro, y no había conseguido poner su ritmo ante la consistencia y la derecha del asturiano. Además, había aprendido a las malas la inestabilidad de la hierba, con varios resbalones que hicieron temer lo peor dados los gestos de dolor en una caída en el primer juego del partido, y otra más al final, por la que tuvo que ser atendido en el último juego antes del parón por falta de luz. Pero nada de eso apareció al día siguiente, reanudado el encuentro en la misma pista, pero en horario de sobremesa en España. Seguridad, saque, potencia, piernas rápidas y velocidad para doblegar la resistencia de Carreño, que ya no encontró la fiabilidad de su derecha ni la efectividad de su servicio. Y así, es Jódar quien pone su nombre en la tercera ronda de Wimbledon y vuelve a salir este viernes a pista a enfrentarse con el japonés Mochizuki, jugador que se ha ganado la plaza tras superar la fase previa y ganar, de carrerilla, a Sachko (6-3 y 7-6 (4)), Onclin (6-2, 4-6 y 6-3), Tabur (1-6, 7-5, 2-6, 6-3 y 6-1), y ya en el cuadro final, a Basing (6-3, 6-0 y 6-0) y a Ethan Quinn (6-2, 7-6 (6) y 7-5). El japonés, 23 años y 151 del mundo, tiene sus mejores actuaciones de Grand Slam precisamente en Londres, donde fue campeón júnior en 2019; estrenó cuadro final en 2023 y alcanzó la segunda ronda en 2025, y también en el US Open de ese mismo curso. Aunque este año llegaba al All England Tennis Club sin victorias en partidos ATP en seis encuentros. El partido entre Rafa Jódar y Shintaro Mochizuki está programado para este viernes 3 de julio, en el segundo turno de la pista 18, después del partido de dobles entre Heliovaraa/Patten y Trhac/Patten, así que empezará no antes de las 12.30 horas en España. El partido entre Jódar se emite por Movistar+, plataforma que tiene los derechos de Wimbledon. Y podrá seguir el minuto a minuto y toda la información sobre el torneo en ABC.es