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Terrazas del Rodeo

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  • A Jódar le bastó con arrasar al principio y al final para ganar al tenista local Arnaldi en la tercera ronda del Masters 1000 de Roma. Los primeros cinco juegos del partido fueron para el jugador de Leganés de 19 años y también los cinco últimos, cuando Arnaldi dominaba por 3-1 en el tercer y definitivo set. Así, Rafa Jódar da un paso más en su brillante trayectoria en sus primeros cinco meses como profesional, con Rafael Jódar padre de nuevo solo en el box. Y ahora en los octavos de final le espera un rival al que ya se ha enfrentado, algo que, como es lógico, apenas le ha ocurrido al madrileño en los primeros meses del año. Jódar se mide este martes a Learner Tien, que compite bajo la bandera estadounidense (nació en Irvine, California) aunque posee ascendencia vietnamita. Ambos se vieron las caras en la fase de grupos de las Next Gen ATP Finals 2025 con triunfo para Jódar, aunque se trata de una competición con un sistema diferente. Tien es el cabeza de serie 19 del torneo (número 21 del mundo) y se impuso en tercera ronda a Bublik. Este lado del cuadro ya ha perdido a algunos favoritos, sobre todo Djokovic, aunque restan otros como Musetti, Ruud o Zverev. El alemán, precisamente, o Darderi sería el hipotético adversario de Jódar en cuartos. El partido entre Rafa Jódar y el estadounidense Learner Tien, correspondiente a los octavos de final del Masters 1000 de Roma, está programado para este martes 12 de mayo alrededor de las 12.30 horas . La organización ha fijado el tercer encuentro del madrileño en Roma en el segundo turno de la BNP Paribas Arena, la segunda pista en importancia del Foro Itálico, a continuación del duelo de dobles con protagonismo español en la figura de Marcel Granollers, junto a Zeballos, ante Galloway y Santiago González. El Masters 1000 de Roma se emite en España en exclusiva en la plataforma de Movistar Plus+, que cuenta con los derechos del torneo en nuestro país. El partido de octavos de final entre Jódar y Tien se televisa en el canal Movistar Plus+ (dial 7), por lo que está incluido en el plan libre que se puede contratar por 9,99 euros al mes. También en M+ Deportes 2 (dial 64). Igualmente, se podrá seguir el desarrollo del encuentro, las estadísticas y toda la información sobre el torneo en ABC.es .
  • El año 1976 no fue uno cualquiera. Mientras Nadia Comaneci hacía historia en los Juegos Olímpicos, al mercado salía el artefacto Apple para cambiar el mundo. Además, ya se había descubierto el virus del Ébola cuando Argentina acababa de sufrir un lacerante golpe militar. Lejos de todo, entre la tierra batida de Roma y París, se movía con ese aire desenfadado, indolente y rebelde -el clásico divo italiano- Adriano Panatta (Roma, 75 años), quien atiende al diario ABC para hablar precisamente del Máster, que ya transita por el Foro Itálico. Lo ganó hace cincuenta años en una final épica contra Guillermo Vilas. Desde entonces, ningún italiano ha vuelto a romper esa virginidad que ya dura medio siglo. «Me acuerdo más o menos de ese partido, porque ha transcurrido demasiado tiempo. Fue durísima, pero al final lo conseguí. Es, sin duda, el torneo que más deseé ganar en toda mi vida. Desde siempre», asevera. Se resolvió así en favor del romano: 2–6, 7–6, 6–2, 7–6. Recogía el trono dejado, un año atrás, por el mexicano Raúl Jiménez, quien se impuso en la muerte súbita a Manuel Orantes . «No es fácil para los italianos aquí, porque notan mucho la presión. Además, el público te anima si vas ganando, pero te masacra si no lo haces», subraya. La historia es larga, en Roma. Mientras que en el cuadro femenino es detentora del título Jasmine Paolini (la italo-argentina Gabriela Sabatini ganó cuatro veces), al otro lado se presenta un solar. Un terreno baldío, en barbecho. Y es que a la espera de lo que haga Jannik Sinner (finalista en 2025 contra Alcaraz), la otra nota de color la protagonizó solo Lorenzo Musetti, cuando alcanzó las semifinales el año pasado. La némesis, además del feroz Panatta -siempre con un tenis de ataques mordientes para frenar el hastío-, la conforman Rafa Nadal, Djokovic, Ilie Nastase o Thomas Muster, grandes, homéricos, emperadores eternos en ese polvo de arcilla que sacude el Abierto de Roma. Ahora pide sitio con ahínco Sinner, dispuesto a lograr su sexto Máster 1.000 consecutivo, algo nunca visto. Para más inri, en tierra batida, una superficie lenta con bote alto, tan en sincronía con las características del ex genio de Manacor y otros tótems pasados: Björn Borg, Guillermo Vilas, Ivan Lendl o el propio Nole. Ahí es donde quiere colarse el altoatesino, quien llega de la Caja Mágica tras aniquilar a Zverev y jugar un 'match' heroico contra el nuevo fenómeno del tenis español: Rafa Jódar. «El nivel de Sinner es increíble, pero no todavía comparable al 'Big Three'. Sí que tiene todo para llegar pronto, sin duda. Respecto al año pasado, ha mejorado el servicio y la bola corta. ¿El resto? Su mente es única. Nadie como él. Sí, Alcaraz es más fantasía, genialidad… Dispone de múltiples soluciones, pero la ventaja de Sinner es que su repertorio siempre lo lleva a cabo bien. No tiene apenas errores y momentos de desconcentración. Muy hábil en corregir cualquier desliz o desconexión», explica el último rey del Foro Itálico, paisaje custodiado por esas esculturas marmóreas envueltas en un amasijo de músculos ideadas bajo la génesis de Benito Mussolini. Cuando la pelota de tenis ya se mancha de tierra roja, hay una grieta -sin embargo- que no termina de cerrarse en Italia. Radica en torno a la figura mastodóntica de Sinner, nacido en San Cándido (corazón de Los Dolomitas), aunque criado en Sesto, diminuta localidad de la provincia autónoma de Bolzano, en el Alto-Adige. Un lugar donde se come crauti y salchicha, strudel de manzana y Vinschger Paarl (pan negro). Ese territorio, lleno de austriacos y alemanes, fue el botín que pidió Italia tras la I Guerra Mundial. ¿El motivo? Necesitaba montañas, y estas fueron subastadas en el tablero geopolítico. Ese pasaje, de alguna manera, es un peaje para el número uno actual. Una grieta en la obra de arte. Eso, además de la residencia en Montecarlo y alguna que otra renuncia a la Davis hace que una pequeña parte del país, cada vez más minuta, lo vea con cierto recelo aún. No ayuda el delicado e inestable segmento histórico: la Italia unificada es joven, y siempre tuvo dificultades para ponerse de acuerdo en algo. Tiene un punto, a veces, masoquista y de autolesionarse. Necesita crear rivales, enemigos, establecer comparaciones, incluso buscar dobles u opuestos para engalanar el relato. Sí, como Rómulo o Remo, Coppi o Bartali, Mazzola o Rivera. «Es nuestra naturaleza. Siempre hay alguien que toca las narices. Somos así, nos gusta. Lo necesitamos. Por suerte, la gente en su mayoría ama a este fenómeno», reconoce. Porque, incluso, representa un salvoconducto para liberar un alma llena de sinsabores futbolísticos causados por la selección. Hay siempre una letra pequeña. Es cierto que el tenis masculino de hoy, en el 'belpaese', ha derribado muros, pero sigue siendo monocolor. No entonces, cuando en ese mágico 1976 Panatta se convirtió en el número 4 del ranking mundial (años antes, Nicola Pietrangeli ya había hecho de las suyas). Su corolario fue la victoria en Roland Garros contra Harold Solomon, tras haber dejado en la cuneta antes al propio Borg. Ese zarpazo definitivo lo hizo con las zapatillas que le acaba de traer, minutos antes, el comandante de Alitalia. Las había intercambiado con las suyas, por error, Paolo Bertolucci, su media naranja en dobles. Estaban en Roma, principio y final de todo. «La competencia era feroz entonces. También en Italia. En el circuito había una decena de raquetas con varios Grand Slams en el bolsillo». Hoy, sin Alcaraz o Sinner, el nivel es como la temporada regular en la NBA: muy poco atractiva. Vistosa, pero sin chispa. Hay un capítulo más por desempolvar en la vida movida de Adriano Panatta, cuyo romance en los insignes setenta con la célebre cantautora -Loredana Bertè- dio la vuelta al mundo. Aunque exprés, fue una reedición de La Dolce Vita, esta vez en unos años de plomo salvajes. «Te olvidas de la Copa Davis», advierte al teléfono. «Antes habíamos disputado las semis, en el preciado Foro, contra Austria». La final fue en Chile, en la cara del dictador Augusto Pinochet. Justo antes se produjo la victoria -dobles- en Montecarlo contra McEnroe y Vitas Gerulaitis, la única Azzurra allí en la era Open. Su pareja de baile era Paolo Bertolucci. Ambos, junto a Tonino Zugarelli y Corrado Barazzutti, conquistaron la primera Ensaladera del país. Liderados por Pietrangeli (capitán no jugador), esa banda díscola era el 'Big Four' del tenis. Estaban, todos, entre los mejores veinte del mundo en ese momento. Arrasaron. 4-1 contra Jaime Fillol, Patricio Cornejo y compañía. Al volver, no había nadie en el aeropuerto para recibirles. Casi tuvieron que pedir perdón por ganar, y es que esa cita desencadenó una crisis de estado en la que muchos intelectuales de izquierdas, como Domenico Modugno, sacaron colmillos para que no se disputara. Era como homologar el régimen dictatorial, decían. Al final, ante el silencio de Giulio Andreotti, tuvo que mediar Enrico Berlinguer (líder del PCI). Con la tensión rebajada, la gente ya no les apuntaba con el dedo. Trajeron el trofeo al un país afligido, dividido y genial. «Decidimos ir a jugar en medio de un ambiente enrarecido. Al volver, no estaban ni siquiera los perros para darnos la enhorabuena. Pese a que muchos se empeñaron, nadie nos podrá quitar esa maravillosa victoria», espeta. Se construyó gracias al ímpetu de Pietrangeli, quien medró ante una opinión pública irritada. En el gobierno estaba la Democracia Cristiana, fría y cínica, pero siempre con su crucifijo. Luego, ya en le época contemporánea, el viento traería más Davis, pero ninguna tan legendaria como esa, condimentada en territorio kamikaze, delante de un general político, en medio de un clima italiano de atentados, rabia y contradicciones… En ese fulgurante y maravilloso 1976, la última vez que un rey romano besó la arcilla de la pista central. En su casa, a la sombra del Estadio Olímpico, una zona adocenada por los pinos marítimos que mandó plantar Il Duce. Allí siguen, impertérritos, esperando heredero.
  • Noche de domingo en la Ciudad Eterna. Último turno en la Pista Centrale. Rafa Jódar y Matteo Arnaldi se juegan una plaza en octavos del Masters 1000 de Roma. La lluvia retrasa veinte minutos el comienzo de un partido que acabaría convirtiéndose en otra prueba de carácter para el español. Porque Jódar ya no solo gana por tenis. También por personalidad. Y en Roma, ante un italiano lanzado y una grada completamente entregada a su rival, volvió a demostrarlo. Victoria de muchísimo mérito del madrileño por 6-1, 4-6 y 6-3 para meterse entre los dieciséis mejores del torneo. El inicio fue un vendaval del español. Sin adaptación ni tanteo. Jódar salió a la Centrale dominando desde el fondo, agresivo con la derecha y muy sólido con el saque. Rompió el servicio de Arnaldi en el primer juego y volvió a hacerlo poco después para colocarse 0-3 arriba tras ceder solo cuatro puntos. El italiano no encontraba respuestas y la sensación era de dominio absoluto del español, que llegó a colocarse 0-5 después de otra rotura. Solo un pequeño despertar de Arnaldi evitó el rosco. Con tres bolas de set para Jódar, el italiano reaccionó empujado por la grada y logró romper el saque del madrileño después de un juego larguísimo. Fue un aviso de lo que vendría después. Porque aunque Jódar terminó cerrando el parcial por 6-1, el encuentro empezó a cambiar completamente en el segundo set. Arnaldi elevó el nivel, la Centrale se encendió y el español empezó a perder agresividad. También aparecieron molestias en el hombro que condicionaron especialmente su derecha. El italiano lo aprovechó para crecerse y llevarse el segundo set en medio del ruido constante de la grada romana. Incluso se llevó el dedo a la oreja para pedir todavía más apoyo del público antes de romper de nuevo el saque de Jódar. El tercer set arrancó con el italiano desatado. Arnaldi se colocó 3-1 y atravesaba sus mejores minutos del partido. Desde el banquillo, su padre trataba de sostenerle constantemente, dándole indicaciones y animándole en cada cambio de lado. Pero entonces apareció la fortaleza mental del español. Cuando peor estaba el encuentro, se agarró a él. Recuperó agresividad, volvió a dominar desde el fondo y enlazó cuatro juegos consecutivos para silenciar la Centrale. Con 3-5 y saque para cerrar el partido, Jódar dispuso de tres bolas de encuentro. La primera se escapó con una doble falta. La segunda no. Buen saque, mal resto de Arnaldi y otra victoria enorme para el madrileño, que ya está en octavos de final de Roma. El martes le espera Learner Tien por un puesto en cuartos.
  • Rafa Jódar cambió rápidamente el chip a las condiciones diferentes que presenta el Foro Itálico en relación a la Caja Mágica. El tenista madrileño de 19 años superó al portugués Nuno Borges en su estreno en el Masters 1000 de Roma en dos sets, aunque fue una victoria trabajada y nada apabullante como alguna que sí protagonizó en Madrid. Rafael Jódar padre , de nuevo solo en el box del jugador revelación en el circuito ATP en estos primeros meses del año, asistió a la victoria de su hijo que le planta en la tercera ronda, donde se mide este domingo a un tenista local, Matteo Arnaldi, presente en el cuadro principal del torneo por una invitación de la organización. Arnaldi justificó la wild-card otorgada por el Masters 1000 de Roma al vencer a Álex de Miñaur con remontada incluida, una de las mejores victorias de su carrera al producirse contra un top-10 (el australiano era el cabeza de serie número 6 del torneo tras las ausencias de Alcaraz y Fritz) y, además, levantando un set en contra. Fue fundamental para el italiano el apoyo del público, un factor que tendrá en contra este domingo Rafa Jódar, al contrario que en sus dos últimos torneos (Conde de Godó y Mutua Madrid Open) o, incluso, en su debut en Roma, con una pista llena para observar de cerca su progresión. Tras Borges, un rival incómodo que obligó a Jódar a emplearse a fondo para cerrar el encuentro, otra prueba importante más para el madrileño, aunque, a priori, más duro habría sido De Miñaur. No es el único cabeza de serie que se ha quitado en el horizonte el de Leganés tras la disputa de la segunda ronda. Djokovic, hipotético adversario en semifinales, cayó a las primeras de cambio a manos del croata Dino Prižmić. El partido entre Rafa Jódar y el italiano Matteo Arnaldi, correspondiente a la tercera ronda del Masters 1000 de Roma, está programado para este domingo 10 de mayo en el último turno del Campo Centrale, la pista central del Foro Itálico, no antes de las 20.30 horas . Se jugará a continuación del duelo entre Cocciaretto y Świątek, que abre la sesión de tarde no antes de las 19.00 horas. El Masters 1000 de Roma se emite en España en exclusiva en la plataforma de Movistar Plus+, que cuenta con los derechos del torneo en nuestro país. El partido de tercera ronda entre Jódar y Arnaldi se televisa en el canal M+ Deportes 2 (dial 64). Igualmente, se podrá seguir el desarrollo del encuentro, las estadísticas y toda la información sobre el torneo en ABC.es .
  • La presencia de Rafa Jódar en el Mutua Madrid Open fue una bendición para el torneo. Lo dijo uno de sus codirectores, Feliciano López, que lamentó un año más la ausencia de Carlos Alcaraz por lesión. No lo fue solo la participación de la nueva sensación del tenis español y mundial, sino, sobre todo, sus grandes actuaciones, con victorias contra De Miñaur y Fonseca antes de caer (pero plantando cara) contra el número uno del mundo, Jannik Sinner, en cuartos de final. De hecho, el madrileño de 19 años fue el que opuso más resistencia al italiano en las rondas finales. Ni Fils, en semifinales, ni Zverev, en la final, colocaron en mínimos aprietos a un Sinner que cumplió los pronósticos. Feliciano López no podía ocultar su orgullo por la explosión de Jódar en el torneo que codirige junto a Garbiñe Muguruza . Lo expresó el toledano en los micrófonos de 'El Partidazo de COPE', donde contó también cómo fue su primera toma de contacto con el jugador de Leganés. Preguntado por Juanma Castaño, Feliciano López rebobina al momento en el que vio por primera vez a Rafa Jódar, cuando el madrileño era prácticamente un niño. «La primera vez que le vi yo todavía estaba jugando», revela Feliciano, retirado en junio de 2023 a los 41 años de edad. «Vino a entrenar un día conmigo a la Federación de Madrid con su padre , esa fue la primera vez que supe de él. Él era muy joven, igual fue hace siete u ocho años». Más recientemente, en septiembre de 2024, un Jódar más desarrollado, que había ganado días atrás el US Open júnior, impresionó a Feliciano López. «Fue en la Copa Davis de Valencia. Yo estaba trabajando allí y me dijo David Ferrer: 'Feli, ven a ver a este chico, que flipas cómo juega'». Y el extenista toledano confirmó las previsiones de Ferrer. «Me encantó, sobre todo, cómo tocaba la bola de ambos lados. Me encantó también lo estructurado y lo hecho que está su juego para lo joven que es. Eso es muy raro de ver en un chico tan joven». Por todo ello, es natural que Feliciano califique de «bendición» la aparición de Jódar en el Mutua Madrid Open. Seguro que será el primero de muchos.
  • El mundo del tenis se revoluciona de nuevo a vueltas con el dinero que reciben de premio los jugadores en los Grand Slams. Y se han juntado grandes nombres de ambos circuitos para reivindicar una mejora sustancial al no sentirse respetados en su trabajo. Así lo indicó Jannik Sinner, número 1 del mundo y quien encabeza esta amenaza sutil que han dejado caer los tenistas y que se haría efectiva en Roland Garros (del 22 de mayo al 7 de junio). «Se trata más de respeto. Porque creo que damos mucho más de lo que recibimos. No es solo para los mejores jugadores, es para todos», declaró el italiano en su presentación del torneo de Roma. «Por supuesto, hablamos de dinero. Pero lo más importante es el respeto, y simplemente no lo sentimos», prosiguió. Se une el de San Cándido a las reivindicaciones que levantaron Aryna Sabalenka y Coco Gauff a cuenta del porcentaje destinado a los tenistas de los ingresos totales que reciben los Grand Slams. «En algún momento pensaremos en el boicot. Parece que es la única forma que tenemos para luchar por nuestros derechos. Creo que es fácil que nos unamos porque esto es una injusticia», comentó la bielorrusa y número 1 del mundo. En datos, indican que en Roland Garros, por ejemplo, van a recibir un 15 % de lo que gana en total el torneo, cuando los jugadores exigían un 22 %. La batalla entre ambos mundos se intensificó cuando los organizadores anunciaron que aumentarían un 9,5 %, hasta alcanzar los 61,7 millones de euros (2,8 millones para los ganadores; 87.000 euros en primera ronda), cuando se estima que las ganancias totales de las dos semanas del Grand Slam parisino ronden los 400 millones. «Esto no va sobre mí. Va sobre el futuro del deporte y sobre los jugadores que no consiguen los mismos beneficios que otros, sobre todo cuando no perciben los mismos ingresos por patrocinios. Cuando ves el top 50, 100 y 200, y ves lo que genera cada Grans Slam… Es triste que muchos de estos jugadores vivan día a día. En cualquier otro deporte esto no sería ni una conversación», indicó Coco Gauff, actual campeona en la Philippe Chatrier. Los diez mejores tenistas de ambos circuitos enviaron una carta a principios de año en la que señalaban ya su disconformidad toda vez que apuntaban a que su participación en los ingresos del torneo había bajado del 15,5 % en 2024 al 14,9 % proyectado para 2026. «No es agradable que después de un año ni siquiera estemos cerca de llegar a una conclusión sobre lo que nos gustaría tener», comentó Sinner recordando aquella misiva. «Así que entiendo que los jugadores hablen de boicot, porque es un punto de partida que también debemos considerar. Ya llevamos mucho tiempo con esto. Ya veremos qué pasa en el futuro». También Novak Djokovic respaldó las palabras de Sabalenka, y la elogió por asumir este rol reivindicativo: «Me alegra que haya voluntad por parte de los líderes de nuestro deporte, como Aryna, para dar un paso al frente y comprender la dinámica de cómo funciona la política del tenis y entender los matices y lo que realmente se necesita hacer no solo para su beneficio y bienestar, sino para todos», dijo el serbio, uno de los más luchadores durante su carrera para mejorar las condiciones de los tenistas. Fundó el sindicato PTPA (Asociación de Jugadores Profesionales de Tenis), y reiteró que la disputa sobre el dinero de los premios de Roland Garros demuestra que el deporte necesita una reforma.
  • Se ha ido haciendo un hueco Rafa Jódar en el corazón de los aficionados con sus pocos pero tremendos pasos hacia la élite. Después de estos cuatro meses de crecimiento pausado, ya es una estrella. Así ha sido recibido en Roma, llena su grada. Lo sabía Nuno Borges , que ya lo conoce, como el resto del circuito. Y ya no es el español un novato del que no se sabe que esperar, el portugués lo conoce ya bien, y lo teme, por eso apretó el paso para frenar los ímpetus del chaval y cerrarle el paso en el estreno. Pero no, este Jódar, de 19 años, muestra veteranía en los momentos claves para alcanzar la segunda ronda en el Foro Itálico. Camina Jódar por una senda desconocida, primer torneo como cabeza de serie, exento de la primera ronda, ya instalado entre los tenistas a batir, muchos partidos seguidos, perseguido también por los aficionados, autógrafos por doquier, un poco de vértigo que se le junta en el inicio del estreno en Roma contra el portugués, 29 años y 52 del mundo, que le roba el segundo turno de saque para ponerse con 3-1. La madurez se mide en estos términos, en estos momentos, y Jódar desprende calma incluso en esos golpes que se le escapan por viento, por incomodidad, por humedad, por nervios, recién estrenada esta condición de favorito (17 errores en el primer set). Sin alterar ni un músculo a pesar de esa desventaja que se trabaja una y otra vez para minimizar. Sin demasiados brillos, que hoy no toca, más seriedad y contención de la acostumbrada, sin buscar tanto el ganador y mucho más el intercambio para masticar el punto. Como siempre trabajo y constancia. Solo faltaba esa pizca de chispa que encuentra en unos minutos en los que el sol escapa de las nubes, cuando se escucha la música en el intercambio y cuando activa el modo demoledor en el resto ante los segundos servicios de Borges. Por fin el 'break' que había intentado en varias ocasiones anteriores y hay puño para celebrar el empate (4-4). De estar por detrás, casi tapado como el sol, a destaparse a lo grande en el siguiente juego, cada vez más contundente con la derecha y un nivel más para que el portugués note la presión: sacar para seguir en el set ante un restador tremendo como ya es el de Leganés. Y más que mete el español, que ya sabe jugar con la raqueta y todo lo demás, cuando salva un puntazo y anima a la grada a que lo anime. Borges aguanta un juego más, para que en el 'tie break' se exhiba la madurez del español. Mayor porcentaje de saques (83 % de primeros ganados), mayor potencia en los restos, más velocidad con la derecha, más contundencia y agresividad en los intercambios. Y un 7-4 para cerrar este set que comenzó trastabillado y rescata con autoridad. Propulsado ya por haber sabido aguantar hasta revertir la situación, Jódar ya no deja escapar la primera oportunidad de rotura que tiene al inicio del segundo set. Se anima por fin con puños y con golpes más de muñeca que de brazo: dejadas, voleas, florituras, divirtiéndose por fin aunque mantenga en el rostro la concentración que se requiere un estreno de esta altura, la suya. A pesar del viento, Jódar mantiene la compostura y el liderazgo. Mantiene también la rotura y aún se va a por más. Pero desatado: 'passings', globos estupendos, reveses paralelos que dejan clavado a Borges, que lo sigue intentando, pero juega con el riesgo de los servicios, que el primero tiene que salir porque el segundo es un punto perdido, pero empieza a entender que este Jódar es lo que había visto en Madrid, lo que había intuido en los entrenamientos, lo que todo el mundo le decía: un portento tenístico con una cabeza calmada y tranquila, al menos en apariencia, que no tiembla ni con la etiqueta de cabeza de serie. Tampoco cuando Borges se revuelve en el siguiente juego, se libera de la presión y consigue dos bolas de rotura que no tocaban demasiado, parece pensar Jódar. Vuelve a trastabillar un poco su tenis, pero cuando escucha el peligro, manos y madera de veterano: tres saques directos y otro más casi directo. Al resto muestra cómo ha crecido: una dejadita finísima que no sabía hacer hace apenas unos meses, una derecha angulada sin demasiada velocidad pero sí dirección, saltitos hacia delante en el segundo servicio de Borges para amenazarlo todavía un poco más. Y aunque aguanta el portugués, la renta del 'break' le es suficiente. Con un poco más de calma, a pesar de que él consideró que un saque suyo tocó la cinta, pero la máquina no lo vio, se recompone de maravilla para asestar dos últimos saques certeros que lo llevan en volandas a la segunda ronda. Apagada la presión del estreno y de ser cabeza de serie por primera vez, Jódar cierra a lo grande. «No he empezado muy bien, pero he sabido aguantar el 'break', en el 'tie break' he sabido jugar bien los puntos importantes. Y muy contento porque me da la oportunidad de jugar otra vez aquí. He jugado muchos partidos seguidos, así que tengo que recuperarme lo mejor posible para estar preparado para la siguiente ronda», comentó a pie de pista. Regresaba a las pistas Novak Djokovic después de 57 días de descanso y recuperación y era por supuesto noticia. Tras perder en octavos del torneo de Miami ante Jack Draper, aterrizaba en Roma con la vista puesta en París, y quería en este torneo del Foro Itálico calibrar fuerzas, salud y tenis. "Estoy lo suficientemente preparado para competir", decía en la previa. Aunque es Dino Prizmic, 20 años y 79 del mundo, un estreno complicado, y nota el serbio tanto la anarquía del juego del croata como su propia falta de rodaje. Cae en primera ronda después de dos horas y cuarto de batalla (2-6, 6-2 y 6-4) y hay cierta sensación en la pista de que ya no quedarán muchas tardes como esta. Es Djokovic, el 4 del mundo, 24 Grand Slams, 40 Masters 1.000, 39 años el 22 de mayo, seis veces campeón en esta pista. Y hay un tenis descomunal que aturde a Prizmic en la primera media hora. Sin velocidad, pero con mordiente, sin grandes potencias pero con ángulos imposibles, devora al croata en el primer set en el que es el Djokovic que se espera siempre. Pero hay un bajón, y de los grandes. Entre arcadas, signos evidentes de malestar físico, el serbio comparece en el segundo set sin fuerzas. Lo mantiene un poco el tenis, que tiene de sobra y que le vale para ganar al 80 % de los jugadores del circuito, pero no le da para evitar que Prizmic aproveche esta oportunidad y consiga desfondarlo con dejadas y carreras. Para el tercer set es el croata el que también tiene que salir de pista para ser atendido por el fisioterapeuta, así que la victoria se juega en los límites de ambos. Prizmic aprovecha ese masaje para activarse en el quinto juego y doblegar el servicio del serbio, que había encadenado diez puntos consecutivos con su primer saque. Se resiste Djokovic, que si no no sería él, y por fin suelta un grito de rabia cuando logra el 4-3. Exhausto, rojo, agotado, pero queda lo más difícil para Prizmic, y cuando se cumplen ya dos horas de juego, que es cerrar un partido ante el mejor tenista. Hay tensión, y un cierto temblor en la mano al principio, que Djokovic es mucho Djokovic, pero se mantiene firme el croata, que despeja la rabia con un grito desaforado cuando suma el 5-3. Sabe que es su gran oportunidad, batir al rey de los récords, al que todos en Roma apoyan sin discusión. Ahí se nota el crecimiento de Prizmic, porque aprieta la mano ante un restazo del serbio, para imponer su criterio en el siguiente intercambio, larguísimo, en el que Djokovic falla con el revés. Ejecuta un gran servicio para el 40-15 y otro mejor aún para sellar su pase a la tercera ronda, ante un Djokovic que se lo ha dejado todo en estas dos horas y 15 minutos, que le regala en la red un abrazo y una sonrisa, que firma autógrafos a los aficionados que lo aman, que se marcha del Masters 1.000 de Roma con mano al pecho y ovacionado. Porque se sabe cuánto ha conseguido ya, pero no cuánto le queda. Roland Garros lo dirá.

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