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Carlos Alcaraz necesita dos cosas para conseguir la hazaña de ganar en Nueva York tras cuatro meses y medio alejado de las pistas: que el físico -en especial, la muñeca que le apartó del circuito- le respete y coger ritmo. Sobre lo primero, a no ser que la procesión vaya por dentro, no muestra problemas. En lo segundo, dio un paso al frente este viernes en su victoria en tercera ronda frente al chino Wu Yibing (6-3, 6-4, 6-1). Porque el ritmo no es solo encontrar los golpes violentos y ajustados de antes, tomar las decisiones adecuadas en cada momento o recuperar la movilidad para cubrir la pista. También es saber sufrir y recomponerse cuando las cosas se ponen feas. Wu no parecía un rival complicado sobre el papel. Es el 113º del mundo , solo ha ganado un torneo ATP, y fue de bajo fuste, y hace ya tiempo (Dallas, 2023). Pero venía al partido más importante de su vida envalentonado, después de no haber concedido ningún set en las dos primeras rondas. Pero Alcaraz sabía que no debía confiarse. Se habían encontrado en una ocasión, en el torneo de Shanghái, y sabía de sus peligros. «Es difícil encontrarle huecos, tiene muy buenos golpes. Va a ser algo exigente, una buena prueba para mí», dijo a la prensa a preguntas de este periódico. El murciano salió a la pista a evitar el inicio dubitativo de su anterior compromiso, en segunda ronda frente al portugués Jaime Faria, donde entregó el primer set. Le rompió el saque a Wu a la primera de cambio y mejoró en un aspecto central, su propio servicio. Es algo que no tiene del todo afinado, pero en esa manga colocó el 77% de sus primeros servicios . Fue un set disputado, con un Wu que exigía a Alcaraz. Igual que exigía el final del verano de Nueva York, con una sensación térmica de 33 grados. Con el calor asfixiante, Alcaraz se crecía, como Induráin en los Alpes. Pero se colocó una nube sobre el sol, y ese fue el momento justo en el que Wu le devolvió la ruptura de saque e igualó la manga. Dio igual, Alcaraz volvió a coger ventaja y se llevó el set con solvencia. Esa solvencia se disipó en el segundo set, que fue lo mejor que se llevó Alcaraz del partido: la capacidad de sobreponerse. Quizá buscó elevar el nivel de agresividad, subir una marcha… y perdió finura. Y llegó una cascada de errores no forzados, hasta 17. Otro problema: la dificultad para aprovechar oportunidades . Tuvo quince ocasiones para romper el saque de Wu, solo aprovechó siete. En compromisos de más nivel, no podrá permitírselo. El murciano se desesperaba. «Coño, tío, es que es una locura», protestaba a su equipo, molesto con el bote de la pelota, mientras le pegaba una patada a la caja de las toallas. «¡No!, ¡no puedo estar jugando así!», gritaba poco después. Pero se recompuso, apagó los nervios, encontró golpes de seguridad, aprovechó fallos del rival y se llevó el set. Hasta ahí llegó Wu, que tiró la toalla en la última manga. Entre alguna sombra y muchas luces , Alcaraz está ya en octavos en Queens. Su rival será el estadounidense Tommy Paul, 21º del mundo, su primer gran examen.
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Carlos Alcaraz mantiene intacta su ambición tras superar con nota el tramo inicial de su regreso a la alta competición. Tras haber permanecido tres meses y medio alejado de las pistas por lesión, el tenista murciano ha despejado rápidamente los interrogantes sobre su estado físico en este US Open. Sus solventes triunfos ante el ruso Roman Safiullin y el portugués Jaime Faria en las dos primeras rondas no solo han certificado su rodaje sobre el cemento de Flushing Meadows, sino que confirman que ha vuelto con la firme intención de pelear por todo en Nueva York. Instalado ya en la tercera ronda, el español afronta este viernes su tercer reto del torneo con el billete a los octavos de final entre ceja y ceja. Al otro lado de la red estará el chino Yibing Wu, de 26 años y actual número 113 del ranking mundial. El jugador asiático tratará de incomodar al español buscando dar la sorpresa ante uno de los grandes aspirantes del cuadro. El historial entre ambos contendientes registra un único precedente: el duelo disputado en el Masters 1000 de Shanghái en 2024, resuelto con victoria para el de El Palmar. Aunque la diferencia de ranking y el momento de forma otorgan el favoritismo al español, Alcaraz saltará a la pista sin espacio para las concesiones, consciente de que un triunfo no solo lo situará en la segunda semana del Grand Slam, sino que consolidará su ansiado retorno a la élite mundial. El encuentro entre Carlos Alcaraz y Yibing Wu se disputará en la tarde de este viernes 4 de septiembre y no dará comienzo hasta, al menos, las 19:00 , hora peninsular (13:00, hora local). El otro español de la jornada, Dani Mérida, no comenzará su partido en el Estadio 17 ante Alex Michelsen antes de las 22:30. La hora definitiva dependerá de la duración del partido anterior y de los actos previos al inicio del encuentro. En España, el partido podrá seguirse en directo a través de Movistar Plus+. La plataforma ofrece la cobertura televisiva y online del US Open 2026, incluidos los encuentros de las principales figuras del torneo. El enfrentamiento se emitirá en los canales M+ Deportes 2 , disponible en el dial 64 , y Movistar Plus , en el dial 7 . También podrá verse mediante ATP Tennis TV, plataforma que requiere suscripción. Toda la información se podrá seguir también en ABC.es .
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Carlos Alcaraz mantiene intacta su ambición tras superar con nota el tramo inicial de su regreso a la alta competición. Tras haber permanecido tres meses y medio alejado de las pistas por lesión, el tenista murciano ha despejado rápidamente los interrogantes sobre su estado físico en este US Open. Sus solventes triunfos ante el ruso Roman Safiullin y el portugués Jaime Faria en las dos primeras rondas no solo han certificado su rodaje sobre el cemento de Flushing Meadows, sino que confirman que ha vuelto con la firme intención de pelear por todo en Nueva York. Instalado ya en la tercera ronda, el español afronta este viernes su tercer reto del torneo con el billete a los octavos de final entre ceja y ceja. Al otro lado de la red estará el chino Yibing Wu, de 26 años y actual número 113 del ranking mundial. El jugador asiático tratará de incomodar al español buscando dar la sorpresa ante uno de los grandes aspirantes del cuadro. El historial entre ambos contendientes registra un único precedente: el duelo disputado en el Masters 1000 de Shanghái en 2024, resuelto con victoria para el de El Palmar. Aunque la diferencia de ranking y el momento de forma otorgan el favoritismo al español, Alcaraz saltará a la pista sin espacio para las concesiones, consciente de que un triunfo no solo lo situará en la segunda semana del Grand Slam, sino que consolidará su ansiado retorno a la élite mundial. El encuentro entre Carlos Alcaraz y Yibing Wu se disputará en la tarde de este viernes 4 de septiembre y no dará comienzo hasta, al menos, las 19:00 , hora peninsular (13:00, hora local). El otro español de la jornada, Dani Mérida, no comenzará su partido en el Estadio 17 ante Alex Michelsen antes de las 22:30. La hora definitiva dependerá de la duración del partido anterior y de los actos previos al inicio del encuentro. En España, el partido podrá seguirse en directo a través de Movistar Plus+. La plataforma ofrece la cobertura televisiva y online del US Open 2026, incluidos los encuentros de las principales figuras del torneo. El enfrentamiento se emitirá en los canales M+ Deportes 2 , disponible en el dial 64 , y Movistar Plus , en el dial 7 . También podrá verse mediante ATP Tennis TV, plataforma que requiere suscripción. Toda la información se podrá seguir también en ABC.es .
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Imparable en Nueva York. Carlos Alcaraz está en la antesala de los octavos de final del Abierto de Estados Unidos, donde se presenta en un tercer duelo que a priori será un nuevo trámite para el murciano, pero también una cita obligada para aquellos fieles al tenista español, que defiende título como número 3 del mundo. El de El Palmar ya está en la tercera ronda del US Open 2026 y este viernes 4 de septiembre se medirá al chino Wu Yibing en la pista Arthur Ashe de Flushing Meadows. El murciano, vigente campeón y claro favorito, busca seguir vivo en la defensa del título en un cuadro en el que ya han caído nombres como Novak Djokovic, Matteo Berrettini o Andrey Rublev, y donde no está Jannik Sinner, ausente del Grand Slam neoyorquino. Alcaraz llega a este cruce tras superar en primera ronda a Roman Safiullin (6-4, 6-4, 6-4) y en segunda al portugués Jaime Faria en cuatro mangas (4-6, 6-0, 6-3, 6-2), una remontada que le permitió comprobar su estado físico después de varios meses alejado de la competición por lesión. Su rival, Wu Yibing, de 26 años y número 113 del ranking ATP, se ganó el acceso a la central tras vencer a Fabian Marozsan. El historial entre ambos favorece al español: solo se han enfrentado una vez, en la tercera ronda del Masters 1000 de Shanghái en 2024, con victoria de Alcaraz en dos sets ajustados. El encuentro entre Carlos Alcaraz y Wu Yibing está programado para el viernes 4 de septiembre en la sesión diurna de la Arthur Ashe, como segundo partido del turno. Según la organización del torneo, el inicio está previsto no antes de las 19:00 horas en España (13:00 en Nueva York), aunque el horario exacto dependerá de la duración del duelo previo entre Jessica Pegula y Leylah Fernandez que abrirá la jornada. Algunas fuentes apuntan a un arranque aproximado sobre las 19:30 en España, en línea con la programación habitual de la pista central en la tercera ronda. En cualquier caso, se trata de un partido de tarde-noche en horario peninsular, con la ventaja de que los aficionados podrán seguirlo en directo sin trasnochar en exceso. En España, el partido podrá seguirse en directo a través de Movistar Plus+. La plataforma ofrece la cobertura televisiva y online del US Open 2026, incluidos los encuentros de las principales figuras del torneo. El enfrentamiento se emitirá en los canales M+ Deportes 2, disponible en el dial 64, y Movistar Plus, en el dial 7. También podrá verse mediante ATP Tennis TV, plataforma que requiere suscripción.
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Quizá no importa cómo se gana, pero sí cómo se pierde. Paula Badosa se despidió este jueves del US Open, pero su tenis ha vuelto. La española perdió en segunda ronda frente a Coco Gauff (6-4, 7-6), pero mostró una gran versión, un tenis que invita a confiar en que puede volver a aspirar a todo. Badosa regresaba a uno de los grandes escenarios del tenis mundial . Gauff, cuarta del mundo en estos momentos, es favorita y jugaba en casa. Así que la organización llevó el partido a la pista central, Arthur Ashe, el mayor estadio de tenis del mundo. Era una oportunidad de oro para que Badosa se volviera a presentar ante el mundo como la jugadora que fue, la que se encaramó al número 2 mundial, la que merodeaba levantar algún día un 'grande'. Desde enero de 2025, cuando alcanzó las semifinales en Australia, su carrera se ha desbaratado entre problemas físicos -en especial, la espalda- y dudas mentales. Ahora había vuelto a Nueva York con la intención de disfrutar y de ser capaz de competir. «Si estoy bien físicamente, puedo competir con cualquiera», dijo en la previa, preguntada por un enfrentamiento con Gauff. En Arthur Ashe, salió con intensidad y no tardó en mostrar que podía hacerlo, que podía competir. Intensa, ágil y con fuerza en los golpes, se adjudicó con su saque el primer juego y se colocó 15-40 contra el servicio de Gauff. La central todavía estaba medio vacía, con la gente quemando la tarjeta con los 'Honey Deuce' , el cóctel tradicional del US Open, y Badosa ya había puesto en aprietos a la estadounidense. Pero Gauff lo levantó después de un peloteo de mucha pelea y le dio la vuelta. La cuestión era si esto tendría un peaje mental en Badosa, que perdía la ocasión de inclinar el set a su favor. La española siguió concentrada, pero delante tenía una jugadora muy dura. Consistente, rápida, con un revés que no falla. Una pared, por mucho que Badosa percutiera con pelotazos agresivos desde el fondo. Con 3-3 y saque de Badosa, ambas se fajaron en un juego largo y disputado. Pero se lo llevó Gauff, que celebró con rabia. Badosa lo intentó, pero no logró dar la vuelta al 'break'. Se desesperaba la española con algunos fallos en el final, gritando al cielo, tocándose la nariz, que este verano tuvo que operarse por un problema en el tabique. Muchos en la Arthur Ashe creían que hasta ahí había llegado Badosa. Pero, en una dinámica que invita al optimismo, mejoró cuando peor se le pusieron las cosas. Tiró su saque con golpes innecesarios, se puso contra el límite… Pero siempre reaccionó y logró dar la vuelta a la situación. Incluso en el último juego del set, cuando tuvo que romper el servicio de Gauff para seguir viva: jugó a tumba abierta, con agresividad confiada y lo logró. Fue una Badosa desmelenada, que soltaba el brazo como nunca, que escupía restos violentos. Pero que también se enredó en errores que acabó pagando. Por ejemplo, en el 'tie break' del segundo set, con una doble falta cuando iban 4-4. Al final, la agresividad que le mantuvo en el partido la acabó condenando: el punto definitivo fue una bola blanda, traicionera de Gauff, que Badosa respondió con un latigazo innecesario que se perdió más allá de la línea. «Ella subió el nivel , no fue una sorpresa para mí», dijo Gauff sobre Badosa después del partido. Ahora, se las tendrá que ver en tercera ronda con otra española. De hecho, con la única que queda en el cuadro: Cristina Bucsa. La cántabra jugó un partido de la máxima dureza contra Himeno Sakatsume, una japonesa peleona, que la llevó al límite, a lo máximo que se puede jugar en un partido de tenis femenino: 7-6, 6-7, 7-6. Tres desempates , incluido el 'super tie break' final, a diez puntos, en el que Bucsa también sufrió. «Estoy muy contenta por cómo lo he solventado en lo mental y en lo físico», dijo después del partido. «Hasta el final he estado creyendo en mí, en mis posibilidades». La victoria le devuelve a Bucsa a la central de Nueva York, donde se medirá este sábado a Gauff. Necesita un descanso merecido para esa cita. Quien no tuvo ninguna posibilidad fue la tercera española que quedaba en el cuadro en segunda ronda, Jessica Bouzas Maneiro. Se la llevó por delante Elena Rybakina (6-2, 6-4). La número dos del mundo está recuperando su forma y la gallega solo pudo ofrecer una reacción tímida en el segundo set.
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Hay pequeños detalles en el tenis que lo cambian todo. Uno de ellos se desliza por el antebrazo derecho de Carlos Alcaraz cada vez que salta a la pista estos días en Nueva York . Una malla o manguito blanco, fino y técnico que cubre desde el codo hasta cerca de la muñeca. No es un adorno. Tampoco es moda. Es, en esencia, un gesto de prudencia que se va a convertir en hábito. El doctor López Capapé, traumatólogo de BiClinic Madrid, indica a ABC que «estas mallas tienen un efecto multifactorial. Es muy importante la labor de compresión que ejercen sobre la musculatura del antebrazo. Pero no es lo único. Aquí hay también alivio de molestias y prevención de una recaída de su lesión de muñeca. No sabemos si se estará infiltrando o no pero lo que sí es decisivo en el momento en el que está Alcaraz es el trabajo de fisioterapia. Eso es clave ahora». No está muy convencido, sin embargo, de los efectos beneficiosos de la malla protectora el doctor Ricardo Rodríguez de Oya, también traumatólogo y jefe médico del Hospital Asepeyo Coslada. «La evidencia de que una manga de brazo prevenga lesiones de muñeca es limitada», explica. «Lo que sí es cierto es que algunos deportistas perciben así menos molestias o una mayor sensación de seguridad». El murciano ya lució la malla con insistencia en la primavera de 2024, durante el Mutua Madrid Open y después en Roland Garros. Entonces venía de molestias en el músculo pronador redondo del brazo derecho, esa estructura que permite la rotación del antebrazo y la flexión del codo, y que en el golpeo de derecha de Alcaraz soporta cargas brutales. El manguito —una prenda de compresión— no cura por sí sola. Mejora el flujo sanguíneo, genera un calor localizado, reduce microvibraciones y, sobre todo, ofrece una sensación de contención. El propio jugador lo explicó con la sinceridad que le caracteriza. Su fisioterapeuta se la había prescrito y él confiaba ciegamente: «No sé exactamente en qué me ayuda, pero si él me dice que la lleve, la llevo». Dos años después, la imagen se repite. Tras la lesión de muñeca derecha sufrida el 14 de abril en el Conde de Godó frente a Otto Virtanen, Alcaraz ha vuelto a entrenar en El Palmar con esa misma protección. Las imágenes del club ya lo mostraban ejecutando saques y peloteos con la malla puesta. No es casualidad. La muñeca es, según los especialistas, el eslabón débil de muchos tenistas: hasta un 30 % de las lesiones del miembro superior afectan a esa articulación. Y el golpe de derecha de Alcaraz, ese latigazo que combina potencia, topspin (golpe liftado) extremo y aceleración de muñeca, es especialmente exigente. El murciano es un maestro de la dejada y la finura en los giros de muñeca. Eso también puede pasar factura. La malla no es un invento reciente. Deportistas de élite de distintas disciplinas (es muy habitual en los baloncestistas) la utilizan desde hace años. En tenis ha pasado de ser un elemento meramente terapéutico a convertirse en un accesorio casi habitual para quienes buscan recuperar sensaciones tras una sobrecarga. Mejora la propiocepción (sentido que permite al cerebro conocer la posición exacta y el movimiento de cada parte del cuerpo sin necesidad de mirarla), mantiene la temperatura muscular y, en no pocos casos, actúa como un ancla psicológica. El jugador siente que el brazo está «protegido» y eso le permite soltar el golpe sin el pensamiento intrusivo de que algo puede romperse otra vez. Alcaraz lo ha verbalizado en más de una ocasión: el miedo a volver a lesionarse es, a veces, más difícil de gestionar que el dolor físico. En 2024, incluso cuando ya no sentía molestias, siguió llevándola. En Madrid reconoció que todavía no se fiaba del todo del antebrazo y que eso le obligaba a jugar de una manera distinta, con menos derechas al máximo de potencia, más profundidad y subidas a la red. El pensamiento estaba ahí. La malla le ayudaba a silenciarlo. Días después, en Roland Garros la mantuvo durante toda la quincena y terminó levantando el título. La protección había cumplido su función. Estos días, en el US Open, el mensaje es claro: no se trata solo de la lesión concreta del momento, sino de un protocolo de cuidado preventivo. Juanjo Moreno, su fisioterapeuta de confianza, y el resto del equipo médico han convertido esa pieza de tela técnica en parte del ritual diario. Calentamiento específico de la zona, trabajo de fuerza controlado y, encima, la malla de protección. Alcaraz ha insistido en que la muñeca ya no le duele y que sólo volvería a competir si se sentía en condiciones. La presencia de la malla en los entrenamientos y la posibilidad de usarla también en los partidos confirman que la prudencia sigue mandando. El manguito no multiplica la potencia ni corrige la técnica. Lo que hace es más sutil y, en el tenis moderno, casi tan importante: permite que el cuerpo y la cabeza trabajen en la misma dirección. Es algo casi mágico. Alcaraz ha aprendido a convivir con las molestias recurrentes de la muñeca derecha, las ha tenido antes y, como él mismo ha dicho, «nunca han llegado a más». Pero cada vez que reaparece esa malla blanca, el aficionado entiende que el tenista más espectacular del circuito sigue caminando sobre una línea fina. Porque el tenis de Alcaraz no es solo talento. Es también gestión del cuerpo. La potencia de la derecha del tenista de El Palmar, la agresividad de sus subidas y la intensidad con la que disputa cada punto exigen un cuidado extremo de las estructuras que sostienen ese estilo. El manguito es el símbolo visible de ese cuidado. Un recordatorio constante de que, detrás del espectáculo, hay un trabajo silencioso de prevención, recuperación y gestión mental. En el tenis, las lesiones pueden truncar temporadas enteras y la repetición de gestos técnicos genera microtraumatismos acumulados. Por ello, cualquier herramienta que aporte seguridad se convierte en aliada. Alcaraz lo ha entendido y su equipo también. Y el aficionado, al ver esa franja blanca sobre el antebrazo derecho, se pregunta por la capacidad del jugador para seguir dominando el circuito mientras protege el instrumento que le permite hacerlo: su brazo. La malla, discreta y blanca, es hoy uno de los símbolos más elocuentes de esa gestión. No llama la atención de forma exagerada. Simplemente está ahí, haciendo su trabajo, mientras Carlos Alcaraz intenta volver a ser el mismo de siempre. O, al menos, lo más parecido posible.
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Dicen que Carlos Alcaraz ha vuelto al tenis, pero no es el que arranca contra el portugués Jaime Faria en el partido de segunda ronda del US Open. Todavía es otro. No es el juego eléctrico, violento, sonriente que ha enamorado al mundo. La pregunta que flota en el recinto de Flushing Meadows, que discuten los aficionados, que disecciona la prensa, es si el 'Carlitos' que ha venido a Nueva York, tras un parón de cuatro meses y medio, puede ser una versión cercana al de siempre . Eso le convierte en favorito inmediato al título. El primer set ante Faria ofrece dudas al respecto. Lo que viene después sirve para creer que puede lograr una nueva barbaridad : pasar veinte semanas fuera de las pistas, sin jugar a cinco sets desde enero, sin preparación en la temporada de pista dura y levantar el 'grande' de la Gran Manzana. Tras ese primer set preocupante, la remontada es autoritaria y llega a tercera ronda pisando fuerte (4-6, 6-0, 6-3, 6-2). No es que la primera manga empiece torcida para Alcaraz. Gana sus dos primeros servicios en blanco, más por las facilidades de Faria que por la contundencia de su saque. Su servicio, indispensable para aspirar a todo, falla. Poca colocación y potencia. Y eso enturbia su juego: en el primer set, apenas gana la mitad de los puntos con su saque. Reconoce después que sus problemas en el saque le llevan a la «precipitación» , a sentirse «cada vez peor». Su derecha no es potente, ni mandona. Le falta finura en los golpes, las dejadas se atragantan en la red. Intenta movimientos extraños, como subidas a la red a destiempo. Hay reveses que se marchan a mucha distancia de la línea. Su juego no está y no lo encuentra. Tiene la oportunidad de romper el saque del portugués y falla una derecha fácil. «Estaba con prisas, me costó el 'break'», reconoce tras el partido. Faria, tres meses más joven que él, aprovecha el regalo desde la seriedad y con un saque potente que le deja muchos puntos bajo control. Materializa uno de los dos puntos de 'break' que le concede el murciano. Cuando Alcaraz tiene que responder y romperle el saque, se descompone: un resto malo a un segundo saque blando, impotencia frente a la derecha de Faria, fallo de derecha e incapacidad de conectar el resto. Juego en blanco y set para el portugués. Nadie en Arthur Ashe, la central del US Open, se preocupa en exceso. Una señora pasa buena parte del set pegada a su móvil, haciendo 'scroll' en Instagram. Un grupo de chicas con posibles hablan a gritos desde uno de los palcos, dando la espalda a la pista, compartiendo una de esas cajas de 'chicken nuggets' -pollo rebozado- con caviar, que se venden a cien dólares. Tampoco se ve excesiva preocupación en Alcaraz ni en su equipo. El murciano ha reconocido tras su partido de primera ronda que tiene dudas sobre su capacidad física para aguantar partidos de cuatro y cinco sets. Ahora va a tener la oportunidad de comprobarlo. Y no tarda en dar la respuesta: no hay miedo frente al susto que le pega Faria. Pero salta de la silla para el segundo set y vuelven los problemas. En su primer saque, el luso se pone 15-40. Por fin aparece una dejada exitosa y acaba levantando el juego. El «¡vamos!» que grita suena a punto de inflexión. Faria contribuye con dobles faltas y con una pelota violenta de Alcaraz que deja pasar y que, también se necesita un punto de fortuna, toca la línea. Es un golpe demoledor para el joven portugués. Ha estado muy cerca de empezar el segundo set con ventaja y la ha desperdiciado. A partir de ahí, Alcaraz juega cuesta abajo. Aparece la sonrisa, se suelta y su tenis lo celebra. Llegan los globos ajustados, la derecha coge velocidad. Se divierte y le mete lo que aquí se llama un 'bagel' o un 'donut', un 6-0. En la tercera manga, el español mete una marcha más . Asoman los puntos espectaculares, esbozos del Alcaraz de siempre. La estadística muestra que ha afinado la escopeta: coloca quince golpes ganadores en ese set. Con 2-1 a favor del español, Arthur Ashe se vacía. La gente ya sabe cómo acaba este cuento y no quieren lío de tráfico ni perder sueño. El cuarto y definitivo set cae de maduro y Alcaraz celebra con su esquina. Ha pasado un nuevo examen: remontar un set, cumplir con un partido largo, de mayor exigencia física. Y jugando de menos a más. Cada vez con más ritmo, lo que siempre ha dicho que necesita para encontrar su mejor nivel. Ya está en tercera ronda, donde se enfrentará al chino Wu Yibing , que debería ser un rival asequible. Las dudas pesan menos, la ilusión vuela más alto .
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Ha sido tan formidable la temporada de Rafael Jódar que el joven madrileño se plantó esta semana en Nueva York con la etiqueta de aspirante. Se la pusieron otros, no él. Y se la quitó de un zarpazo este miércoles Bu Yunchaokete, un tenista chino, desconocido para el gran público. Le pegó un revolcón tremendo, en un partido en el que Jódar quedó desarbolado por la intensidad de Bu (6-2, 6-1, 6-1). «Me enfoco en el primer partido», dijo el de Leganés a este periódico en un encuentro previo con los medios, en medio de un runrún cada vez más fuerte en el recinto de Flushing Meadows: en una de las ediciones más abiertas que se recuerdan del US Open, él aparecía en la lista de quienes podían dar la sorpresa. Sin Jannik Sinner, lesionado; con un Carlos Alcaraz cuyo rendimiento, tras cuatro meses en el dique seco, todavía es una incógnita; con Novak Djokovic ya en Serbia, después de una dolorosa derrota en primera ronda; con Alexander Zverev sufriendo en su debut; con Arthur Fils, otro joven prodigio, también de despedida a las primeras de cambio… ¿Por qué no podía soñar Jódar? «Si no hago las cosas bien en el primer partido probablemente se acabe mi camino aquí en Nueva York», insistió el madrileño antes de su debut. Quizá sabía cosas que los demás no conocían y anticipaba problemas. La realidad es que en la pista 17 del US Open apareció un Jódar irreconocible. La intensidad de sus golpes, el control del juego y la profundidad desde el fondo habían desaparecido. Delante tenía a un rival, sobre el papel, ideal para empezar con buena andadura su primer US Open. A sus 24 años, Bu es un jornalero del tenis, que se faja en torneos ATP de nivel inferior, los Challenger, para tratar de entrar en las previas de las grandes citas. Desde Australia y hasta este US Open no había conseguido meterse en el cuadro de ningún 'grande' ni de ningún torneo Masters 1000. Y logró su billete en Nueva York por ser un 'lucky loser', uno de los perdedores de la ronda final de las previas que por sorteo rellenan el cuadro o sustituyen a bajas en primera ronda (el rival de Jódar iba a ser el australiano Thanasi Kokkinakis, retirado por lesión). Pero el Bu que salió a la pista parecía un 'top 10' mundial. Este año, Carlos Alcaraz decía que estaba cansado de «jugar contra Roger Federer en cada ronda», por el nivel que los rivales mostraban contra él. Bu sin duda parecía alguien que quería ser el suizo. Jugó a tumba abierta, con disparos alucinantes desde el fondo. Le salía todo. Y Jódar no tenía respuesta. Quizá le faltaba, para empezar, gasolina. Viene consumido de su primera temporada como profesional, en la que arrancó en enero en el puesto 170º del mundo y ahora merodea el 'top 10'. Ha jugado tres torneos en la temporada de pista dura de Norteamérica, a gran nivel. Pero cada vez con menos combustible. Llegó a la final de Washington, a la semifinal en Canadá y a octavos en Cincinnati. Trece partidos en un mes. Le hemos visto chorrear sudor en duelos de gran exigencia, en la humedad del verano estadounidense. Quizá también pagó la exigencia mental, el estar en las quinielas, con el recuerdo de que aquí fue cuando despuntó, cuando ganó el 'junior' del US Open en 2024. La realidad es que Jódar fue incapaz de plantar cara frente a un Bu desatado. No consiguió un solo 'break point' en todo el partido. Se perdió en errores no forzados -37- y no encontró golpes ganadores, solo 15. Su incomodidad era evidente. Pidió cambiar la tensión de su raqueta. Intentaba encontrar soluciones en su esquina, con su padre, pero no había manera. Ni siquiera la lluvia, que paró el partido en el tercer set, le sirvió para reencontrarse. La verdadera tormenta fue la de Bu, que le frena en seco. A Jódar le toca, por fin, descansar.