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Terrazas del Rodeo

ABC - Tenis

Tenis
  • Habla, como siempre, pausado, tranquilo, reflexivo, como así se expresa en el libro que acaba de publicar, 'Mentalidad ganadora' (Ediciones Península). Un manual metodológico pero también vital en el que Juan Carlos Ferrero (Onteniente, Valencia, 46 años) recorre su vida personal y profesional, sustentadas en la disciplina, sí, pero a la que ha aprendido a sumar flexibilidad y más disfrute, y que mantiene en su trayectoria de entrenador. Una que proseguirá pronto, con un nombre todavía sin desvelar , toda vez que ha recuperado el gusanillo de la competición tras un año de recogimiento y retrospección tras su ruptura con Carlos Alcaraz el pasado 17 de diciembre. ¿Cómo está? Muy bien, tranquilo. Disfrutando de esta etapa un poquito más tranquila. Y con nuevas aventuras. ¿Quién me iba a decir a mí que estuviera presentando un libro este año? ¿Cómo ha sido estar tanto tiempo con la familia? Los hijos, muy contentos. Ellos también están compitiendo. Mi hija mayor compite, el mediano también. Y el pequeño también está empezando a jugar. Cada uno en su deporte. Ninguno en el tenis. Muy bien. Estoy pasando mucho tiempo en casa. Algo que en los últimos ocho años no había pasado. Disfrutando también del tiempo en la academia. Y trabajando allí, viendo a los chicos. Sin viajar prácticamente. Haciendo algunas charlas también con empresas. Te digo, bastante diferente. Y me encuentro bien. ¿Tienen móvil tus hijos? No, pero tienen doce, nueve y cinco. La de doce… sus amigas ya tienen, pero conmigo lo tiene duro de momento. ¿Se resolverá pronto su regreso y con quién? Mi intención es intentar volver el año que viene, pero de momento tengo que encontrar el jugador… o jugadora. Ya veremos. ¿Cuándo empieza sentir que quiere volver, que está preparado? Ahora hace poco. He necesitado un tiempo tranquilo, más en casa, viviendo otras situaciones y otras experiencias, para coger un poquito de fuerza y ganas. Y una vez empezaron a renacer dentro de mí las ganas de la competición, y ver un poquito más de tenis. Porque he de decir, que sí que es verdad que hasta hace no mucho no había visto mucho tenis por la televisión. Estaba un poco cansado… Y ahora otra vez veo partidos, y han nacido las ganas dentro de mí. ¿Y qué busca en un jugador: que sea buen tenista o también cuenta la parte personal? Es que la persona define al tenista; el carácter define cómo es un jugador, cómo afronta las situaciones, cómo afronta el estar solo ahí dentro, cómo te escucha. Hay que enseñar primero a la persona cómo actuar y como está acostumbrada a competir, luego es muy fácil que eso lo pueda plasmar en la pista. Yo con Carlos intentaba enseñar conjuntamente, no se intenta separar el tenis de cómo ser como persona. Pero no es su padre. No, obviamente no. Pero con 15 años ya me encuentro a un chaval que está perfectamente educado. Yo educo más a nivel deportivo: cómo competir, cómo entrenar, cómo ir a los torneos o por dónde va a pasar por la experiencia que he tenido. Educación de otro tipo, eso es la familia. Me refería a que puede ser un tenista estupendo, pero no ser una buena persona. Eso siempre lo pienso, claro que sí. Yo intento rodearme de gente buena, y si me hubiera juntado con alguien que ves muy difícil el congeniar en ese aspecto, no hubiera funcionado desde el principio. Pero me encontré con un chaval buena gente, muy fiel, con muchas ganas de evolucionar como persona y tenista. ¿Por eso congenió quizá tan bien con él? El hecho de haber entrenado a un jugador joven le hizo confiar en mí al 100%, al igual que a su familia, y parece que la metodología que implementamos tanto el equipo como yo funcionó bien. ¿Está satisfecho del proceso que tuvo con Alcaraz? De lo más satisfecho que estoy es de haberlo dado todo, de haberme vaciado absolutamente para que el jugador saliera adelante. En ese aspecto estoy muy satisfecho del trabajo realizado, de que he invertido todo el tiempo posible, me he vaciado junto con mi equipo. Ahí están los éxitos, pero ¿qué le enseñó él a usted? Me ha enseñado a que se puede ser un poquito más flexible, que se puede disfrutar más de las situaciones, y a saber parar y comenzar de nuevo. Yo siempre he sido muy perfeccionista, muy metódico, y que si no hacía lo que pensaba y como lo pensaba no me sentía bien conmigo mismo. Y me enseñó que se pueden hacer las cosas de una forma diferente. Y también a que cada uno llega hasta donde llega porque has hecho todo lo que podías hacer y con eso tienes que quedarte tranquilo. ¿Veremos entonces a otro Ferrero en el próximo banquillo que ocupe? Otro diferente no creo, seré gran parte del que he sido hasta ahora y seguro que tendré que adaptarme al jugador que tenga. Pero de lo que he vivido, trasladarlo todo para hacerlo si cabe mejor que la última experiencia. ¿Qué lecciones saca para hacerlo mejor en la siguiente etapa? He aprendido a que cuando eres entrenador te tienes que adaptar mucho también al tipo de jugador que tienes. He aprendido a que se tiene que ser un poquito más flexible con las cosas. El ser muy hermético en ciertas cosas, muchas veces no por ser cabezón en algo te tiene que salir de la forma que quieres o correcta. He aprendido a que la motivación llega hasta un momento y después de la motivación tiene que haber un esfuerzo, una disciplina, porque la motivación de jugar una final de Grand Slam ya la tienes. Es en el día a día. La experiencia te ayuda a ver las cosas más claras. Repite mucho lo de flexibilidad, ¿en qué sentido? Hay que creer en una metodología, obviamente, y a partir de ahí también hay que adaptarla al jugador que tengas. No todos los jugadores son de la misma forma de pensar. Rafa no era igual que Federer, ni Federer es igual que Novak, ni Novak igual que Carlos. Cada uno le puede ir de una manera diferente la forma de trabajar. La motivación, la disciplina y los hábitos de la manera de trabajar tienen que estar como tienen que estar. Entrenador y jugador tienen que fusionar en uno mismo para intentar ir por el mismo camino. Si cada uno piensa una cosa es muy difícil que la cosa funcione. ¿Siempre va a tener unas líneas rojas? Obviamente. Cada persona es de una manera y pone ciertos límites. Cuando tú trabajas con algo tan exigente como es la carrera de un deportista, hay que poner ciertos límites. Eso para mí es imprescindible. Pero en tenis es el jugador el que le paga, que no pasa en otros deportes. Sí, totalmente. Y te pueden decir, 'oye, esto no me interesa'. Pero tienes una persona que te escucha, y si tienes sentido común e intentas explicarle las cosas de futuro, no es que te haga caso, él puede tener su opinión, pero sí intentar llegar a un consenso. Entre el libro y este año de reflexión, ¿cambiaría algo o se arrepiente de haber hecho algo o no hecho? Siempre cambiaría algo. La experiencia te hace ver las cosas que hiciste de forma diferente. Hubiera cambiado cosas en mi carrera, y hubiera cambiado cosas en la forma de enseñar a Carlos para intentar hacerlas mejor. Pero sabes que no vas a hacer todo perfecto, pero aprendes también a asumirlo. Y no lo puedes cambiar y tampoco es bueno estar pensando en eso todo el tiempo. ¿Ahora entiende más todo? Sí, por supuesto. Con la edad ves con mucha más claridad lo que te decía tu padre en aquel entonces, lo que te decía tu entrenador aquel día, o lo que en un torneo hiciste mal y tú pensabas que lo habías hecho bien. En el libro hay mucho de usted, y se expone situaciones muy íntimas y duras. ¿Cómo ha sido ese reflexionar tanto de su vida y su pasado? Me apetecía desde hace ya un tiempo. Mientras estaba en el circuito trabajando era imposible porque le tienes que dedicar bastante tiempo. Y estos meses, apareció la oportunidad y me eché para adelante. Ha sido una experiencia bonita. Digamos que es un paseo por mi carrera, desde otra perspectiva. Mi infancia. Por qué empecé a jugar. Cómo competía. Los buenos resultados. Y te ayuda incluso a crecer, a explorar las cosas que has hecho bien, las que hice mal. Dice que puede recordar cada derrota. ¿Ha aprendido a perdonar a aquel Juan Carlos? He aprendido, he aprendido. Incluso me arrepiento de cómo me tomaba las derrotas. Como entrenador lo he sabido llevar mucho mejor. Sobre todo para enseñar a no dramatizar. Y sobre todo a analizar esa derrota. Yo me acuerdo que cuando perdía me enfurruñaba demasiado, había mucho cabreo. No pensaba en el porqué. Era un castigo más al simple hecho de perder. Y nunca conseguí mejorar en esa faceta. Y aprendí después a ver qué había detrás, el porqué, para mejorar en lo siguiente. Pero cuando ya era entrenador. En ese sentido he conseguido perdonarme. También habla y se abre de esa época negativa, muy difícil, incluso habla de depresión por bajar en el ranking, por no ganar, por las dudas. ¿Se llegó a creer que era mal jugador por esa racha? No, no eres mal jugador, es que no todo el mundo gana. No. Pero… uff, es que es difícil de explicar. Lo que saqué es que el deporte te saca de muchas cosas. Pasé una época muy mala y hubo un momento que yo lo quise dejar porque el estado de ánimo lo tenía por los suelos y es difícil motivarse para seguir entrenando y compitiendo. Pero después gané un partido y una final y superé esa situación, y volví a competir. Esa superación en sí te hace tener más callo y te ayudar en otras ocasiones complicadas. Te hace mejor. ¿Y si no hubiera vuelto a ganar nada? Pues no hubiera sido número uno, ni hubiera sido... He tenido la carrera que he tenido. Mucha gente lo intenta y no lo consigue, y existe la frustración. Tú te esfuerzas diariamente y no consigues ciertas cosas, y la decepción está ahí. Por eso hablo del proceso. Intentar aprender mucho a disfrutar del proceso y si al final no salen, quédate tranquilo con todo lo que has intentado. No todo el mundo triunfa en la vida y no por eso son perdedores, ni mucho menos. En tenis solo gana uno el torneo y pierden todos los demás. Y hay cientos de jugadores que nunca ganarán un título. Exacto. Solo hay 29 números buenos en la historia y no serlo ni es ningún fracaso desde luego. Habla de disciplina, de exigencia, de cómo era así desde pequeño y de cómo quiere seguir haciendo las cosas como entrenador. Parece un mensaje revolucionario en una sociedad en la que parece que todo es… Ganar. Ganar y todo fácil. Bueno, yo cuento mi historia. No quería plasmarlo en el hoy. Pero si alguien quiere tomar ejemplo, bienvenido sea. Si es una manera de que la gente pueda evolucionar en algún aspecto de su vida, pues superbién. Es como yo veo las cosas y las he hecho: el ser perfeccionista, el constante pensamiento de mejora, la motivación, la disciplina. Todo eso son las formas en las que los valores del deporte me han enseñado a ver la vida. En las que me sirvieron a mí en mi vida, y luego también como entrenador para hacer que un jugador suba lo más rápido posible. ¿Y cómo se llega a entrenar? Con buenos oídos. Ser una persona que escucha, que se abra en la faceta de aprender. Hay que poner una dirección en la que la persona con experiencia te puede hacer ver las cosas de una manera clara para seguir un patrón y una metodología. A mí es lo que me ha servido en la vida. Como educador y mentor he intentado plasmar lo que a mí me había funcionado. ¿Se consigue todo con disciplina y solo con disciplina? Obviamente hay que tener motivación, hay que tener ilusión, hay que tener sueños. Pero no solo por ser disciplinado te va a garantizar el éxito. Lo que sí que te garantiza, si tú trabajas mucho y eres disciplinado, es que el proceso hasta conseguir los resultados, sean buenos o malos, te hagan sentirte bien contigo mismo. ¿Ahora ve que eso es más importante que un título? Hoy en día, creo que mucha gente el proceso lo aparta un poco y no se da tanta cuenta de que ahí es donde creces, y solo piensa en la palabra ganar. Pero ese aprendizaje hasta que llegas a conseguir los resultados, o no, es lo que te tiene que dejar tranquilo contigo mismo. ¿Qué es lo más gratificante y lo más difícil de su etapa de entrenador? Lo más gratificante es ver cómo tu jugador va evolucionando, con todo el trabajo que se hace para mejorar día a día. Los resultados son una consecuencia de hacer las cosas como crees que va a ser mejor, unas mejor, otras peor. Lo más frustrante es que te sientes impotente de que no está en tu mano ayudarlo más en pista. Es el jugador el que hace que las cosas pasen. Cuando era jugador sentía que en mi mano estaba todo lo que podía hacer; cuando estás sentado en el box te sientes muy impotente. Ahora, al menos, pueden hablar con ellos un poco. Sí, en ese aspecto creo que se ha ganado. Poder comunicarte te hace estar un poco más a gusto; cuatro o cinco cosas que le puedan ayudar. Antes te diría que casi se decían parecido, pero tenías que estar escondiéndote. me alegro de que se haya cambiado esa regla. La comunicación entrenador-jugador es positiva, y a la gente le gusta escucharlo también; forma parte del espectáculo. Yo en casa también escucho lo que se dicen entre ellos. Tampoco puedes decirle muchas cosas; las decisiones de los puntos, en la grandísima mayoría de los momentos, los decide el jugador. ¿Cómo ha visto evolucionar el tenis y los tenistas? ¿Qué ha cambiado más? A nivel físico la gente es más fuerte, más alta y tiene más fuerza, le pega mucho más fuerte, y creo que el tenis ha ido un poco en involución: se juega mucho a destruir y poco a construir. Carlos es uno de los mejores porque es capaz de jugar muy rápido pero a la vez construir. Ahora es como se piensa, todo va muy rápido, se tiene poca paciencia. Y con los materiales, sé un poquito menos de tenis que antes. ¿Es una sensación o parecía que en la época suya y después con Federer, Nadal, había más exigencia o más compromiso de alguna manera que en estos momentos? Hoy en día hay más distracción. Digámoslo así. Las redes sociales, el teléfono… La gente hoy pierde mucha energía viendo mucha información del teléfono, muchas veces buena, otras mala. Nosotros no teníamos ese tipo de distracciones, estábamos un poquito más ordenados en la pista y fuera de ella. A los jóvenes ahora se les ve un poquito más inconstantes en ciertas cosas. Creo que lo genera un poco el hecho de quererlo todo ya, el hecho de aburrirse muy pronto, el hecho de no tener paciencia, ese tipo de cosas que hace que cueste un poquito más trabajar en algunos aspectos. Hasta que llegaron Alcaraz y Sinner, había un grupo de jugadores que fluctuaban, no sé si faltaba consistencia, más madurez... Sí, se echa un poco de menos. En mi época había siete u ocho jugadores, Hewitt, Safin, Federer, Roddick, Agassi, yo, que nos hacíamos mucha competencia. Después, con los tres más grandes y ahora con Jannik y Carlos, hay menos emoción en cuanto a quién va a ganar. Zverev, que ha roto esa barrera emocional y mental y le va a ayudar a competir de tú a tú con Carlos y Jannik, lo está intentando y ojalá tire de los demás; Shelton también puede ser una apuesta muy interesante de futuro; Fonseca, Mensic, que son jugadores muy jóvenes que pueden estar ahí. Y hay como una generación entre medias que no llegó a explotar del todo. Estaban esperando que se marcharan estos tres para tener el reinado y no. Nunca sabes. Ahora ha salido Jódar, Landaluce, Mérida, que en España igual no lo esperábamos. Cuantos más jugadores haya mejor, aunque peor para nosotros los entrenadores porque lo que quieres es que tu jugador gane de continuo. Jugadores como Rublev, Medvedev, Tsitsipas... los veo un pasito más atrás, aunque Rublev siempre ha sido muy competitivo y ha puesto en problemas a todos. Pero en un Grand Slam, veo a los otros un peldaño más arriba. ¿Es verdad que en tenis según la mentalidad ganadora que tengas puedes entrar en un partido con un 1-0 abajo o arriba? Puede pasar que a nivel motivacional para el que vaya a jugar contra ti sea el partido de su vida y se crezca. Y si vas ganando un set y 'break' arriba, viendo lo difícil que puede ser remontar, que baje un poquito los brazos. Carlos siempre ha tenido la sensación de que contra él se crecían porque era el partido del año para el rival, y le costaba más ganar, porque ponían un nivel superior al que tenían normalmente. ¿Se arrepiente uno de retirarse en algún momento? Yo lo dejé porque mentalmente me sentía cansado y ya no me sentía competitivo, ni sentía la competición como antes. Sentí que lo tenía que dejar. ¿Me arrepiento de haberlo dejado tan pronto? Tal vez sí, porque luego una vez visto cómo las carreras han ido evolucionando a cada vez más largas, quizá podría haber estirado. Pero hay que ver el porqué. Yo empecé con 18 años y jugué hasta los 32. Son muchos años sin parar, en un deporte que te genera un estrés difícil de aguantar durante tanto tiempo. Yo me acuerdo hablar con Sergi Bruguera que decía: 'es que las carreras más largas de diez años no son buenas porque tu cabeza no aguanta tanto estrés'. Y hoy hay carreras de 15, 18, 20 años. Por la forma en que se trabaja, que igual no se entrena tanto, se está un poquito más fresco, se trabaja más la prevención de lesiones, no llegas tan cascado al final de tu carrera. Y que todo el mundo termine tan tarde quizá te haga pensar que es lo normal, pero antes eran unos 10 años, y yo estuve 15 y era 'wow, ¡cuántos años! Ahora es lo normal. Hay quejas por el calendario, pero más o menos ustedes jugaban los mismos partidos que ahora. Sí, igual. Digamos que ahora se atreven un poquito más a decir que quieren parar. Antes es verdad que seguíamos sin parar mucho tiempo. Pero yo, hasta que no me llegó el momento final de carrera, nunca pensé en parar. Hizo muchas cosas bien: Roland Garros, número 1, ¿eso es el éxito? ¿O qué es para usted? El proceso de cómo hacer las cosas. El esforzarte, el dar cada día lo mejor de ti mismo, con pasión, con ganas, con ilusión, intentar conseguir los objetivos que uno se marca en el presente y en el futuro. Para mí ese proceso de esfuerzo, que no es nada fácil, es ser ganador. Solo gana uno el torneo, pero la manera de hacer las cosas en el camino es una forma de tener éxito en la vida.
  • Hace apenas unos meses, Jannik Sinner emprendió un proceso de transformación física y técnica que le permitiese aumentar su competitividad, e inició un programa para el desarrollo de su masa muscular con el objetivo de adaptarse a las pistas rápidas. También diseñó un mayor control sobre sus calendarios de competición que disminuyese las sobrecargas en sus articulaciones, especialmente en las rodillas. Realizó importantes cambios en su equipo de preparación física y médica, prescindiendo de su preparador físico y el fisioterapeuta que le acompañaba. Entre las causas de dichos ceses no se puede argumentar que los resultados deportivos hubieran empeorado. Todo ello, lógicamente, conlleva un cambio en los protocolos de entrenamiento en busca de un «nuevo Sinner». Hoy se anuncia que Jannik Sinner da por terminada la temporada 2026 para realizarse un tratamiento en su rodilla derecha. La lesión que se maneja en los medios es un síndrome de la cintilla iliotibial, conflicto biomecánico que se produce en la cara externa de la articulación entre elementos tendinosos y óseos, y que produce un dolor intenso en la interlínea externa. Dicho síndrome no se debe, generalmente, a un episodio o accidente deportivo agudo sino a micro lesiones traumáticas en la zona. Podría decirse que Sinner, como Ícaro, quiso acercarse demasiado veloz al sol de una nueva era. En cualquier caso, las causas no han sido comunicadas específicamente. Y claro, el hueco que deja la noticia lo ocupa inmediatamente el rumor.
  • A Novak Djokovic se le agotaba el tiempo. Principios de octubre, 39 años, un grupo cada vez más numeroso de jugadores capaces de vencerlo... Pero el serbio llegó a uno de sus paraísos para aumentar su leyenda: 102 títulos y 21 años consecutivos levantando, al menos, un trofeo de la ATP. Tuvo que ser en Pekín, donde suma ya siete títulos en otras tantas participaciones y un balance impecable de 34 victorias y ninguna derrota, récord absoluto de cualquier tenista en cualquier torneo, por encima del 31-0 que Rafa Nadal llegó a acumular en Roland Garros. Djokovic, que venía de eliminar a Alexander Zverev y Daniil Medvedev en las dos rondas anteriores. logró la corona tras imponerse a Alex de Miñaur por 7-6(3) y 0-1, antes de que el australiano tuviese que retirarse por un problema muscular en la pierna izquierda. Una dura primera manga pasó factura a De Miñaur, que tuvo que pasar por el vestuario tras perder el tie-break del primer set, y que regresó con un aparatoso vendaje que no pudo mitigar sus dolores. «Han pasado 11 años desde mi última visita al torneo», dijo Djokovic tras ganar. «Siempre tengo expectativas altas y siempre quiero visualizarme con el trofeo, especialmente aquí en Pekín, un lugar donde nunca he perdido. Pero también era consciente de que la realidad es algo diferente ahora. Este año ha sido algo complicado para mí, con muchos problemas físicos y de salud. Intenté encontrar buenas sensaciones sobre la pista. Sé que si me estoy sintiendo bien y golpeando bien la pelota, puedo competir al máximo nivel. Esta semana ha sido la mejor evidencia de ello». Con el triunfo en Pekín Novak Djokovic eleva su cuenta a 102 títulos en la Era Open, a solo uno de los 103 de Roger Federer, y cerca también del récord de 109 propiedad de Jimmy Connors. La victoria le hará subir del undécimo al octavo puesto en la clasificación mundial, y también hacerse un hueco entre los ocho mejores tenistas del año que acudirán a las Finales ATP de Turín, donde aprovechará el hueco que deja el lesionado Jannik Sinner. Djokovic comenzó la temporada siendo finalista en el Open de Australia, donde perdió con Carlos Alcaraz después de haber derrotado en semifinales a Sinner. Pero lo que parecía que iba a ser un buen año para él se fue complicando poco a poco por unos problemas físicos algo indefinidos, pues ni él mismo quiere ponerles nombre. «La mayoría de los partidos y torneos que he jugado este año han sido una lucha real para mí físicamente. No es un problema de resistencia, es otra cosa más relacionada con la salud», dijo esta misma semana en Pekín, tras derrotar a Bu Yunchaokete en los octavos de final. En primavera, el serbio perdió en octavos de Indian Wells ante Jack Draper y en la primera ronda de Roma ante su compatriota Dino Prizmic antes de despedirse en la tercera ronda de Roland Garros frente al brasileño Joao Fonseca. Después de so, solo disputó Wimbledon, derrota en semifinales ante Sinner, antes de una gira americana paupérrima, con derrotas en primera ronda tanto en Cincinnati como en el US Open ante los argentinos Thiago Tirante y Mariano Navone, respectivamente. Ahora, tras ganar en Pekín, 'Nole' acudirá al Masters 1.000 de Shanghai, donde mantiene el récord de victorias, con cuatro (2012, 2013, 2015 y 2018).
  • Ahora sí Carlos Alcaraz está de vuelta. Después de firmar un buen US Open, en el que cayó ante el local Ben Shelton pero se vio capaz de competir al más alto nivel, y de disfrutar del triunfo europeo en el distendido ambiente de la Laver Cup , el murciano revalidó el título en el ATP 500 de Tokio para terminar de enterrar la lesión en la muñeca que le mantuvo cuatro meses de baja, y también las pocas dudas físicas que le pudieran quedar. En su cuarta final del curso tras las victorias en Australia y Doha y la derrota ante Sinner en Montecarlo, el español se impuso en tierras niponas por 7-6 y 6-4 a un férreo Jiri Lehecka . Como en anteriores instancias del torneo japonés, la cosa no empezó bien para Alcaraz, que se topó con un Lehecka lanzado que le rompió el servicio a la primera oportunidad. Quizás impactado aún por la noticia de la baja de Jannik Sinner lo que resta de temporada , que saltó en los instantes previos al partido, el murciano tardó tres juegos en presentarse al partido , firmando un juego en blanco después de haber sumado únicamente un punto en los dos primeros. El checo muy firme tanto en los intercambios rápidos como en los peloteos largos, reaccionó con la misma moneda, dejando claro al español que no sería un rival sencillo. Afortunadamente para el de El Palmar, la desconexión inicial terminó ahí. Cambiando constantemente los golpes, las alturas y la velocidad del juego logró incomodar al número 19 del mundo, forzando tres bolas de break hasta conseguir igualar de nuevo el partido en el sexto juego. Ese fue el punto de inflexión de la final, el toque a rebato del murciano, que soltó por fin el brazo para encadenar varios golpes imparables y ponerse por delante en el partido. Su primer '¡vamos!' al aire dejó entrever que empezaba a disfrutar, y eso siempre es un factor diferencial en el tenis de Alcaraz. De ahí al final del set no llegó a ser un rodillo, pero sí lo suficientemente consistente para amarrar el primer parcial , sellado no sin sudar en un 'tie break' a cara de perro y en el que también fue de menos a más. El mismo desenlace que en el debut tokiota ante Michelsen, en octavos de final ante Arnaldi y en cuartos frente a Shapovalov. Lehecka no se vino abajo tras ceder el primer set y siguió plantando cara al número 3 del mundo, hasta que en el séptimo juego de la segunda manga Alcaraz consiguió romperle de nuevo el servicio con varios restos de auténtico genio consecutivos. Fue la sentencia ante un checo que, pese a conquistar una vez más su saque, acabó rendido a la superior calidad del español , en la pista y en el discurso posterior, en el que destacó la «manera de volver» de Carlos. «Lamentablemente se ha vuelto a demostrar que eres uno de los mejores del mundo», bromeó. Por su parte el murciano celebró con rabia la victoria, destacando su importancia tras la lesión. « Vaya viaje hemos tenido, ha sido un proceso realmente largo y lento, con altibajos, dudas y también momentos muy buenos . Pero el trabajo duro que todos habéis hecho por mí para estar listo, en buena forma y sano físicamente para la vuelta ha sido increíble», dedicó a su equipo Alcaraz. «Tengo que daros las gracias por todo lo que habéis hecho, no solo durante este tiempo, sino por estar siempre detrás apoyándome y haciendo lo necesario para que sea mejor dentro y fuera de la pista . Me siento una persona muy afortunada de estar rodeada por vosotros», agregó antes de los típicos agradecimientos a la organización y el público local. Después de convertirse en el primer tenista español en revalidar el título en el torneo japonés, donde el último en repetir éxito había sido el estadounidense Pete Sampras en 1993 y 1994, a este renacido Carlos Alcaraz le quedan por delante los Masters 1.000 de Shanghái y París, los dos únicos de esa categoría que aún no tiene en sus vitrinas, y más allá la Copa de Maestros y la Davis. Y sin Jannik Sinner de por medio . La primera parada para el tenista de 23 años será en Shanghái, que se disputa a partir del miércoles. Un torneo en el que no compitió el año pasado, también tras ganar en Tokio, debido a «problemas físicos» que entonces atribuyó al apretado calendario de la ATP.
  • Sigue en directo la última hora con el resultado del partido y el ganador de la final del ATP 500 de Tokio del entre Carlos Alcaraz y Lehecka.
  • Jannik Sinner , número uno del mundo del tenis, ha anunciado este martes que pone fin de forma prematura a la presente temporada debido a una lesión persistente en la rodilla que ya le ha mantenido alejado de las pistas durante los últimos meses. «Junto con los médicos, hemos decidido que necesito un tratamiento para mi pierna, lo que significa que la temporada de 2026 está oficialmente terminada . Los últimos años, especialmente el final en Turín, me dio muchos sentimientos y emociones hermosos, pero este año será muy diferente. Pero en este momento también necesito pensar en mi futuro», ha explicado el propio tenista italiano en un vídeo publicado en las redes sociales, donde aseguró que hará «todo lo posible para volver al cien por cien» Sinner, ausente del circuito ATP desde el pasado mes de julio, cuando se proclamó campeón del torneo de Wimbledon por segunda vez consecutiva, tras derrotar al alemán Alexander Zverev, podría pasar incluso por el quirófano para intentar corregir unas molestias en la rodilla que se están alargando más de lo previsto. «Siguiendo el consejo de su equipo médico, Jannik Sinner se someterá a un tratamiento por una inflamación en la rodilla», confirmó el entorno del tenista en un comunicado. «Se ha decidido aplicar ahora ese tratamiento para darle a Jannik el tiempo de recuperarse antes de empezar la preparación de 2027. Por tanto, Jannik no podrá competir» en lo que queda de la temporada 2026. Antes de la lesión, durante el presente curso Sinner conquistó cinco títulos ATP Masters 1000 consecutivos en Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid y Roma para completar el 'Career Golden Masters' y, durante ese período, registró la mayor racha de victorias de su carrera ganando 30 partidos consecutivos hasta la segunda ronda de Roland Garros. El tenista de 25 años ocupa la segunda posición en la PIF ATP Live Race To Turín, a 800 puntos de Zverev, flamante campeón de sus dos primeros títulos de Grand Slam este año ( Roland Garros y US Open). Sin embargo el de San Candido no podrá participar en las Nitto ATP Finals de Turín ni optar a revalidar el título por segunda vez consecutiva, tras imponerse en las ediciones de 2024 y 2025. Con Sinner fuera de plano, el gran beneficiado será el alemán Alexander Zverev que tendrá la oportunidad de asaltar el número 1 del mundo. Después de romper por fin a sus 29 años su techo de cristal con las conquistas de Roland Garros y US Open, sus dos primeras victorias en un Grand Slam, aún no sabe lo que es liderar el trono del tenis. Su derrota ante Djokovic en Pekín le impedirá asaltar el primer puesto de la ATP en Shanghái, aunque salga vencedor de tierras chinas, pero el número 1 es una cuestión de tiempo para él, pues Sinner tenía 3.000 puntos que defender en la recta final de la temporada. Así, el sorpaso podría ser ya en el torneo de Viena, que se disputa del 26 de octubre al 1 de noviembre. Más allá de la carrera por el trono mundial, la lucha por hacerse con una de las ocho plazas que dan acceso al Masters de final de temporada en Turín (15-22 de noviembre) seguirá estando al rojo vivo en Shanghái, pues tras la baja oficial de Sinner sólo dos tenistas tienen plaza asegurada: el propio Zverev y Carlos Alcaraz. En juego quedan cinco billetes para Turín, a los que todavía pueden aspirar una docena de jugadores entre los que destacan el francés Arthur Fils, el español Rafael Jódar, los estadounidenses Taylor Fritz y Frances Tiafoe, el ruso Daniil Medvedev, el italiano Flavio Cobolli o el australiano Alex de Miñaur.
  • Después de vencer en semifinales al también español Jaume Munar , Carlos Alcaraz tendrá en la mañana del martes la oportunidad de revalidar el título de campeón del ATP 500 de Tokio, en cuya final se medirá al checo Jiri Lehecka, actual número 19 del mundo. Frente a un Munar brillante, Alcaraz sudó más de lo previsto en semifinales, en un partido en el que fue de menos a más hasta cerrarlo con un claro 5-7, 6-3 y 3-1. Será la quinta ocasión en la que el de El Palmar se enfrente al tenista nacido en Mlada Boleslav, con un balance hasta ahora favorable al murciano con 3 victorias por solo una derrota. El último precedente entre Alcaraz y Lehecka tuvo lugar en los cuartos de final de la edición de 2025 del US Open, que terminó con triunfo del español en tres sets por 6-4, 6-2 y 6-4. Carlos Alcaraz y Jiri Lehecka se medirán este martes 6 de octubre en la final del ATP 500 de Tokio, cuyo inicio está previsto para las 11:00, hora española , en la pista Colosseum del Ariake Tennis Park de la capital japonesa. El choque entre el español y el checo, en el que Alcaraz parte por delante de Lehecka en los pronósticos, se podrá ver en directo por televisión gracias a la cobertura de Movistar Plus+  , que ofrecerá la final en el canal M+, situado en el dial 7. Por supuesto, el partido entre Alcaraz y Lehecka también podrá seguirse en vivo por internet a través de la web de ABC , donde los lectores podrán encontrar al término del encuentro la crónica más detallada.
  • No llegó a la pelota que envío Novak Djokovic, se frustró y su descarga fue un pelotazo que impactó en la cabeza de un aficionado. Ha sido motivo por el que Daniil Medvedev quedó expulsado del ATP 500 de Pekín de forma inmediata. El ruso ni siquiera replicó nada, se dirigió a la red, lo comentó con el juez de silla, saludó al serbio y recogió sus cosas. Perdía 7-5 y 5-3, y no pudo alcanzar una derecha cruzada que había enviado Djokovic. La pelota rebotó en la valla y Medvedev la devolvió hacia la grada. No iba excesivamente fuerte, pero el resultado es que la pelota alcanzó a un aficionado y es un castigo ejemplar: fuera del torneo en ese mismo instante. A pesar de las disculpas en la misma pista y que repitió el ruso después: «Lo siento muchísimo, y quiero pedirle disculpas de corazón al espectador; fue un accidente cien por cien». No es el único que ha pasado por aquí. La norma está en el Código de Conducta del tenis desde los años 90, aunque ha habido variación de sanciones con el tiempo y no es obligatorio aplicar la expulsión. En 1995, a Tim Henmann, un pelotazo de frustración que dio en la cabeza de una recogepelotas lo llevó a hacer las maletas de Wimbledon. El caso más llamativo de los últimos años lo protagonizó el propio Djokovic, que se quedó fuera del US Open de 2020 tras lanzar de pura rabia y sin mirar una pelota que alcanzó la garganta de una jueza de línea. Se acabó el torneo para él. Lo mismo le pasó a Miyu Kato en Roland Garros de 2023. Pero no a Terence Atmane, que fue absuelto de la expulsión y solo pagó una multa, lo que generó mucha polémica al compararse con otros casos. Tampoco fueron eliminadas Sara Sorribes y Cristina Bucsa tras golpear a una recogepelotas. Medvedev, no obstante, no se libró de la eliminación y acató el castigo sin rechistar. Será Djokovic, que ya tenía el partido muy encarrilado, quien juegue la final de Pekín. El serbio tiene ganas de levantar un nuevo trofeo, el 102, después de tantos meses de sequía. En este ATP 500 de Pekín superó a Alexander Zverev en cuartos, y doblegó a Medvedev en esta semifinal. Su último obstáculo por un capítulo más en su extensísimo currículo es Alex de Miñaur.
  • Habrá finalista español en el ATP 500 de Tokio. De nombre Carlos Alcaraz , que se levantó a tiempo de otra jornada con más tinieblas que luces al inicio, ante un Jaume Munar que impuso su estrategia, su capacidad de variar en cada golpe, y que maniató al murciano durante una hora y media. Después, el número 2 del mundo salió del letargo a base de derechazos, y peleará por defender su corona en Tokio. Es Munar, 29 años y 49 del mundo, un jugador tenaz, casi de vieja escuela porque no apela a la agresividad de dos tiros fuertes, sino a la versatilidad de un juego dinámico, variado, estratégico. Pero en los primeros compases del encuentro, sabía que tenía que lanzar toda su fuerza para intentar dominar a Alcaraz. El murciano, al que le está faltando soltura como decía él tras tener que remontar y sufrir en los primeros sets de sus dos anteriores partidos, ante Arnaldi y Shapovalov, salió esta vez menos renqueante del vestuario. Se conocen. El 3 del mundo sabe que Munar tiene mucho en su mano, de dulce en esta semana en Tokio, después de un curso que le ha costado encontrar su nivel. En Marbella 2021 fue la primera cita, ganada por el balear; después fueron tres triunfos del murciano: Río y Barcelona 2022 y Queen's 2025, competidísimo duelo en la hierba. Así que los primeros juegos son eléctricos, con cinco ganadores de Alcaraz, sí, pero con una seguridad desde el fondo y brillanteces varias del balear que le otorgaron el liderazgo en el ataque, con un 0-30 en el sexto juego que levantó el murciano, sí, pero obligado desde el inicio a mantener una mentalidad más ágil y férrea que en duelos anteriores. La semifinal se mantuvo en equilibrio de potencia, velocidad, firmeza y vistosidad, una delicia ver un juego con mil golpes distintos, sin un solo peloteo de transición, todo magia de un lado y del otro. Contraatacó el murciano con otro 0-30 y un 15-40, encendida la raqueta bajo la humedad japonesa, consciente de querer escapar de este ritmo vertiginoso. En la primera opción, rotura; el enésimo truco de escapismo ante el peligro. Se activa el de El Palmar, que pasa de dobles faltas a sumar tres saques directos. Pero sigue algo renqueante y lento, y a Munar hay que ganarlo tres veces; tras el estirón, vuelve a sentir la presión del balear, sus derechas se quedan cortas y sin mordiente, sus desplazamientos con algo lentos, y Munar sigue ahí, rotura en blanco para el 5-5. Y más contundencia para asegurar el 'tie break'. Y más confianza para tener tres bolas de set, que aprovecha casi sin jugar porque es Alcaraz el que no acierta con la dejada, echa una volea fuera y comete dos dobles faltas consecutivas. Una doble rotura del balear, y en blanco. Las cosas del tenis provocan que un despiste de Munar favorezca que Alcaraz logre una pronta rotura al inicio del segundo set. Pero sus gestos y su conversación con el banquillo muestran de verdad su estado de ánimo: «Así no... es imposible». Tanto es así que el balear recupera enseguida la desventaja. El bajón del murciano es evidente, por motivos internos suyos, y porque tampoco el rival le está dejando soltarse. Pero es Alcaraz. De las tinieblas encuentra una pequeña luz, casi a regañadientes, y logra una rotura a la desesperada que vuelve a cambiar el marcador aunque la dinámica se mantenga: ya no hay potencia ni táctica, es pura cabeza. Cinco turnos de saque rotos en los seis últimos juegos y más chispazos de brillantez que solidez. Tanto es así que el cuarto juego, finalmente para el murciano, casi llegó a los 10 minutos de pelea, desesperado por momentos el 3 del mundo porque no había manera de acabar los puntos pronto, ni con derechas, que Munar estaba ahí todo el tiempo. «Tócala delante, pégale una ostia», lo empujan desde el banquillo, que ven que no está siendo el Alcaraz alegre, que el balear le está robando la paciencia y la sonrisa. Y el pupilo acepta el consejo. Prueba con dos derechazos al centro para encontrar el tino y mete la tercera a la esquina a una velocidad que no recogen ni los medidores. Justo para lograr esa bola de set que completa con otro latigazo más. Ahí se resquebraja la estrategia de Munar, porque ante eso qué se puede hacer más que proteger el brazo y aceptar la realidad. Estas son las cosas que hacen de Alcaraz el jugador que es. Dominaba Arnaldi, también Shapovalov, y Munar en esta semifinal, pero es el murciano el que se levanta del susto, activa otro nivel, suelta la mano y deja en nada el esfuerzo del rival. Meneaba la cabeza el balear, lo ha hecho todo bien, y ahora Alcaraz entra en el tercer set como un obús. Dos 'breaks' consecutivos que desesperan al balear. Todavía aguanta un juego más, pero este Alcaraz ya no baja las revoluciones y se mete con un último obús en la final del ATP 500 de Tokio.

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