


Trump no aclara cuánto durará la campaña de bombardeos ilegales contra Irán que está sacudiendo los mercados internacionales y que algunos de sus asesores temen que le pueda salir muy cara, mientras Netanyahu quiere prolongarla lo máximo posible
El ataque de EEUU a la estratégica isla iraní de Jarg amenaza con agravar la crisis petrolera mundial
Cuando se han cumplido dos semanas de los ataques ilegales lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán, no se divisa una salida rápida del conflicto ni victoriosa para sus precursores. Donald Trump no ha podido repetir en Irán una operación veloz y relativamente fácil como la de principios de año en Venezuela, donde capturó al presidente Nicolás Maduro y sometió a su régimen a las órdenes de Washington en pocos días.
El presidente de EEUU no ha podido o no ha querido fijar una fecha para concluir la ofensiva contra Irán —en la que ya han muerto más de 1.300 personas, según las autoridades locales—, pero cada día que pasa se complica una salida del conflicto que Trump pueda vender como una victoria, sobre todo en casa.
A diferencia de los bombardeos que llevó a cabo EEUU el pasado junio contra instalaciones nucleares iraníes, en apoyo a la ofensiva lanzada por Israel contra su archienemigo persa, ahora Trump tiene que demostrar la necesidad y la utilidad del mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003 y ofrecer unos resultados concretos que justifiquen el coste económico y humano para su país (seis militares estadounidenses murieron esta semana, elevando el total de bajas de EEUU en la guerra a 14).
Los ataques de junio de 2025, muy limitados en el tiempo y en su objetivo, fueron presentados por su Gobierno como un éxito, aunque no destruyeron por completo las instalaciones atómicas de Irán. Ahora, Washington no puede decir aún que ha ganado la guerra porque no ha conseguido, de momento, derrocar o someter al régimen iraní, que sigue respondiendo con drones y misiles por toda la región.
El viernes, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reiteró en una rueda de prensa que acabar con el programa nuclear iraní sigue siendo una “misión fundamental” de la ofensiva conjunta de EEUU e Israel, pese a que en junio del año pasado Trump declaró haber eliminado el mismo. Hegseth afirmó que Trump está centrado en acabar de una vez por todas con la posibilidad de que Irán fabrique armas nucleares. Ese es el pretexto que Israel empleó en junio del año pasado para atacar Irán, afirmando que estaba a punto de lograr la bomba atómica, y es el fantasma que Benjamín Netanyahu ha agitado desde hace décadas para convencer a su principal aliado de que Irán representa una amenaza existencial, no solo para el Estado judío sino para todo el mundo.
Ocho meses después de aquella primera ofensiva conjunta, no está claro que EEUU e Israel puedan acabar con el programa nuclear iraní —ni que ese sea el principal objetivo de su aventura militar—. Hegseth dijo el viernes que la aviación de guerra estadounidense, junto con la israelí, había atacado “15.000 objetivos del enemigo” en 15 días de operaciones, esto es, unos 1.000 objetivos por día. Una cifra altisonante pero poco concreta, ya que no detalló qué objetivos eran ni su relevancia militar y estratégica. “Tenemos previsto derrotar, destruir e inhabilitar todas sus capacidades militares importantes a un ritmo que el mundo nunca ha visto antes”, afirmó sin ofrecer más información.
El bombardeo más mortífero y más sonado de las dos semanas de campaña fue el que acabó con la vida de 175 personas, la mayoría de ellas, niñas en edad escolar. EEUU negó tener cualquier responsabilidad, en un primer momento, y ahora dice estar investigando lo sucedido, pero todo apunta a que fue uno de sus letales misiles Tomahawk el que impactó en la escuela que, según The Washington Post, estaba entre los objetivos militares del Ejército estadounidense.
Por su parte, el Ejército de Israel está efectuando intensos bombardeos a diario contra Teherán y otros puntos del país, que se han dirigido contra la Guardia Revolucionaria y la Basij (una fuerza policial afiliada al primer cuerpo de élite), las infraestructuras y centros “de mando” del régimen o instalaciones energéticas. Las autoridades locales han denunciado que los objetivos son civiles en muchas ocasiones; según la Media Luna Roja iraní, han sido dañadas 17.000 viviendas y 4.000 edificios comerciales.
Tras bombardeos contra depósitos de combustible esta semana, la ONU alertó del riesgo para salud de los iraníes y para el medio ambiente derivado de los gases tóxicos que se elevaron sobre Teherán. La portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, consideró que existen “serias dudas sobre si se cumplieron las obligaciones de proporcionalidad y precaución previstas en el derecho internacional humanitario”, agregando que los lugares atacados “no parecen ser de uso exclusivamente militar”. Después de los ataques, cayó sobre la capital “lluvia ácida”, muy nociva para la salud por los daños que puede causar en las vías respiratorias y la piel, tal y como advirtió la Organización Mundial de la Salud.
No sorprenden los bombardeos masivos y contra todo tipo de objetivos de Israel, dada su actuación en la Franja de Gaza desde 2023 y en Líbano, en la ofensiva de 2024 y en la actualidad —el país árabe está siendo duramente golpeado y más de 100 niños han sido asesinados en menos de dos semanas—. Según varias fuentes militares y de Inteligencia israelíes consultadas por The Guardian, Israel no tenía un plan para acabar con el régimen iraní cuando dio comienzo a la guerra el 28 de febrero.
Antiguos y actuales miembros del Ejército y de la Inteligencia israelíes señalaron al periódico británico que, si el nuevo liderazgo iraní consigue mantenerse en el poder, el éxito a largo plazo de la campaña militar dependerá del destino de los aproximadamente 440 kilos de uranio enriquecido que posee Irán, de acuerdo con los informes del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA). Joab Rosenberg, ex subdirector de la división de investigación de la Inteligencia militar israelí, consideró que “el peor resultado de esta guerra sería una declaración de victoria como la de junio de 2025, dejando al régimen iraní débil y con 450 kilos de uranio enriquecido en sus manos”.
La prestigiosa revista The Economist es todavía más tajante a la hora de definir un final exitoso de la empresa bélica de Trump y Netanyahu: “Si la guerra desatada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero puede considerarse un éxito, aunque sea limitado, sin duda tiene que frenar las ambiciones nucleares de Irán durante años e, idealmente, para siempre”. En un artículo de opinión, plantea tres opciones para que EEUU logre poner fin al programa nuclear de Irán.
La primera opción —respaldada por algunos en Israel, según The Economist— es enviar fuerzas especiales para apoderarse del uranio enriquecido, lo cual requeriría “una ocupación masiva de varios días, con una fuerza de asalto especializada protegida por más de 1.000 soldados y apoyo aéreo constante”. “Si bien es factible, resulta exigente y arriesgado”, apunta, y EEUU ya ha perdido el factor sorpresa y el uranio podría estar en varios lugares, por lo que una parte podría quedar atrás.
Una segunda opción es “bombardear Irán cada vez que represente una amenaza”, aunque “esta guerra ha demostrado lo costoso que sería”, dice The Economist. El Pentágono ha calculado que ha gastado 11.300 millones de dólares (9.700 millones de euros) en los primeros seis días. Descarta esta opción porque los votantes estadounidenses seguramente rechazarían ir a la guerra de forma periódica y “los estrategas no querrían verse atrapados en Oriente Medio cuando su atención se centra en China”.
La tercera y única opción viable para The Economist es un acuerdo con el régimen para poner fin a su programa nuclear —lo cual devuelve a EEUU e Irán a la situación anterior a la guerra, esto es, a la mesa de negociación—. “Es una opción difícil: el señor Jamenei podría rechazar el acuerdo. El régimen podría aceptarlo y luego incumplirlo. Y, sin embargo, sigue siendo la mejor opción. Irán está exhausto tras los bombardeos. Para reconstruir su economía necesita que se levanten las sanciones. A cambio, podría estar dispuesto a alcanzar un acuerdo permanente como parte de un alto el fuego, en el que el régimen acepte el fin del enriquecimiento, la supervisión de su programa nuclear y la dilución o eliminación del uranio altamente enriquecido”, concluye.
Sin embargo, esa opción no gustaría a Netanyahu, quien hizo todo lo posible para que Trump no siguiera negociando con Irán y optara por la vía militar, cumpliendo así el sueño que 'Bibi' llevaba décadas persiguiendo. Para el israelí la guerra es una forma de mantenerse en el poder y mejorar su popularidad, pero al estadounidense le puede salir muy cara políticamente. Mientras que en Israel la mayoría de los ciudadanos respaldan la ofensiva iniciada por su Gobierno contra Irán —porque lo conciben como una amenaza directa—, en EEUU la actual guerra goza de muy poco apoyo popular (por debajo de la guerra de Irak de 2003), según varias encuestas.
Esa impopularidad y el gran impacto económico están llevando a que asesores de Trump intenten que el presidente mande un mensaje claro sobre la duración y el alcance limitados de la guerra, según revela la agencia Reuters.
Un asesor de Trump y otras dos personas cercanas a esas conversaciones dijeron a Reuters que asesores económicos y funcionarios de la Administración han advertido al republicano de que una crisis petrolera y el aumento de los precios de la gasolina podrían reducir más el apoyo a la guerra en EEUU. Según esas fuentes, asesores políticos de Trump, incluida su jefa de gabinete, Susie Wiles, están planteando al mandatario las repercusiones políticas del impacto económico e instando a Trump a acotar la definición de victoria y a decir públicamente que la operación es limitada y está casi terminada.
Según las fuentes de Reuters, algunos de sus principales asesores le han aconsejado que trabaje hacia una salida del conflicto que pueda calificar de triunfo, al menos desde el punto de vista militar, incluso si gran parte del régimen iraní sigue en el poder, con un malherido programa nuclear.
De momento, Trump no ha mandado el tipo de mensaje que le gustaría ver a sus asesores. Este sábado, ha vuelto a alardear de los logros militares y a rechazar una solución negociada: “Los medios de comunicación que difunden noticias falsas odian informar sobre lo bien que lo ha hecho el Ejército de Estados Unidos contra Irán, que está totalmente derrotado y quiere un acuerdo, ¡pero no un acuerdo que yo aceptaría!”, ha escrito en su red Truth Social.

El bombardeo ha tenido como objetivo las instalaciones militares de la isla, pero Donald Trump ha advertido de que podría atacar también las terminales petroleras, lo cual tendría un impacto directo en los mercados energéticos. Irán ha amenazado con tomar represalias contra las empresas petroleras vinculadas a EEUU en toda la región
Nadie toca Jarg: por qué la terminal petrolera de esta isla sigue intacta tras los bombardeos en Irán
Estados Unidos ha atacado “la joya de la corona de Irán”: la isla de Jarg, por donde pasa el 90% de las exportaciones de crudo de la República Islámica y clave para el mercado del petróleo internacional.
El presidente Donald Trump ha anunciado en la madrugada del sábado (en España) que en el ataque, uno de los “más poderosos de la historia de Oriente Medio”, se han eliminado “por completo todos los objetivos militares en la isla”. “Nuestras armas son las más poderosas y sofisticadas que el mundo haya conocido jamás, pero, por razones de decencia, he optado por NO destruir la infraestructura petrolera de la isla”, ha agregado el republicano en su red social Truth Social.
Sin embargo, ha advertido de que “si Irán o cualquier otro país hiciera algo que interfiriera en el tránsito libre y seguro de los barcos a través del estrecho de Ormuz”, EEUU podría atacar esa infraestructura clave para el régimen iraní y también para la estabilidad de los mercados energéticos.
Un ataque que pusiera fuera de servicio las terminales de Jarg diapararía aún más el precio del crudo, ya que equivaldría a sacar del mercado la totalidad de las exportaciones diarias de petróleo de Irán. “Es demasiado importante para los mercados energéticos mundiales”, dijo a The Guardian Neil Quilliam, experto del centro de estudios Chatham House.
Lynette Nusbacher, exoficial de Inteligencia del Ejército británico, también coincidió en que destruir Jarg o dañar las instalaciones de exportación “acarrea el riesgo de provocar un aumento del precio del petróleo que afectaría a la economía y que no bajaría rápidamente”.
Este sábado, las autoridades iraníes han asegurado que las instalaciones petroleras no se han visto afectadas por el ataque de EEUU, que se limitó a las instalaciones militares, según la agencia de noticias semioficial Fars.
“Las operaciones de exportación e importación, así como las actividades de las empresas con sede en la isla, continúan con normalidad”, ha afirmado Ehsan Jahaniyan, vicegobernador de la provincia de Bushehr, de la que forma parte Jarg, en declaraciones recogidas por Nour News, un medio cercano al Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán. Jahaniyan también ha asegurado que la vida transcurre con normalidad en la isla y que los ataques no causaron víctimas.
Fuentes oficiales iraníes, citada por la agencia Mehr, han señalado que la isla permanece bajo control total de Irán tras el ataque, que “no logró sus objetivos”. Las mismas fuentes han afirmado que la infraestructura petrolera esencial no sufrió daños y que todas sus operaciones continúan con normalidad. Por su parte, la agencia Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria, ha asegurado que no se registraron bajas entre las fuerzas armadas, los empleados de las compañías petroleras ni los residentes de la isla.
El propio Comando Central del Ejército de EEUU ha dicho en un comunicado que el ataque de la madrugada “destruyó instalaciones de almacenamiento de minas navales, búnkeres de misiles y otros emplazamientos militares”, hasta un total de 90 objetivos militares, pero “sin dañar la infraestructura petrolera”.
Habitualmente, pasan por Jarg entre 1,3 y 1,6 millones de barriles de petróleo al día, aunque Irán aumentó el volumen a 3 millones diarios a mediados de febrero, según el banco de inversión JP Morgan, en previsión de un ataque liderado por EEUU. Esa entidad financiera calcula que en las instalaciones de la isla se guardan 18 millones de barriles de reserva.
Por su parte, el Ejército iraní ha respondido al bombardeo de EEUU con una amenaza poco tranquilizadora para los mercados mundiales.
“En caso de un ataque contra la infraestructura petrolera, económica y energética de la República Islámica de Irán, todas las infraestructuras petroleras, económicas y energéticas pertenecientes a compañías petroleras de toda la región que tengan acciones estadounidenses o cooperen con Estados Unidos serán destruidas y convertidas en un montón de cenizas”, ha advertido el portavoz del Cuartel General Central.

La UE mira hacia otro lado ante las violaciones de dos de sus grandes aliados internacionales, EEUU e Israel, y evita condenar la ilegalidad de sus ataques mientras anuncia más sanciones contra Teherán
Trump intenta culminar décadas de ofensiva estadounidense contra Irán mientras desmonta el orden mundial
Los ataques ilegales estadounidenses e israelíes contra Irán y los bombardeos de Israel contra Líbano han aumentado seriamente la escalada regional, con riesgos internacionales. Este viernes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, volvía a subrayar que la guerra contra Irán pretende consolidar “el estatus de Israel como superpotencia global, más que nunca”.
Israel busca reforzar su hegemonía regional para proseguir con la anexión ilegal de territorio palestino, sirio y libanés, en su idea del Gran Israel. Por eso sigue anexionándose tierras en Cisjordania, incrementa sus agresiones contra civiles en ese territorio, ocupa más de la mitad de Gaza y avanza en sus ataques contra Líbano, donde nunca respetó la tregua establecida en 2024.
Según datos de las fuerzas de paz de la ONU en Líbano, el Ejército israelí ha violado ese alto el fuego en más de 10.000 ocasiones. Tal y como hizo en Gaza, ahora pretende vaciar grandes zonas de población en el sur del país, a través de órdenes de desplazamiento y bombardeos. Unos 800.000 libaneses han tenido que abandonar sus hogares y más de setecientos han muerto por ataques israelíes, entre ellos un centenar de niños y niñas, así como trabajadores médicos y profesores universitarios.
Los ataques contra territorio iraní del pasado 28 de febrero no ocurrieron de forma inesperada. Cualquiera que siga la actualidad de Oriente Próximo sabía que Estados Unidos llevaba semanas enviando tropas, barcos y aviones a la zona, haciendo uso para ello de algunas de sus bases militares en Europa, incluidas las de Rota y Morón.
Tal y como hizo en Gaza, Israel pretende vaciar amplias zonas de población en el sur de Líbano, a través de órdenes de desplazamiento forzado y bombardeos.
Israel buscó la participación de EEUU en esta ofensiva por dos razones. Una, para contar con el respaldo de sus fuerzas aéreas, navales e incluso terrestres. Otra, para evitar una crisis parecida a la de 1956, cuando Israel invadió el Sinaí egipcio y Gaza, con el apoyo secreto de Francia y Reino Unido, como respuesta a la nacionalización del canal de Suez por el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser.
El pacto —Protocolo de Sèvres— contemplaba usar esa invasión como excusa para el envío de tropas francesas y británicas al canal de Suez, con el objetivo de retomar su control y derrocar a Abdel Nasser. Londres y París enviaron efectivos militares pero Estados Unidos se interpuso en sus planes, oponiéndose a aquella operación.
El presidente de EEUU, Dwight D. Eisenhower, quiso dejar claro que, tras la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido y Francia ya no tenían las riendas de Oriente Próximo. Ejerció presión diplomática, impuso sanciones económicas y maniobró políticamente en Naciones Unidas para exigir resultados. Los dos países europeos captaron el mensaje y se retiraron del Sinaí y de Gaza en 1956. Poco tiempo después, en marzo de 1957, también lo hizo Israel.
A partir de entonces, Israel entendió que en el futuro necesitaría tener a Estados Unidos de su lado, como su principal aliado estratégico. Con gran consenso académico, ese episodio marca la consolidación de EEUU como sucesor del imperialismo francés y británico en la región, hasta hoy.
Al igual que en 1956 con el Canal de Suez, una ofensiva israelí es usada como pretexto para intentar intervenir en una de las rutas comerciales más importantes
Es interesante detenerse en la resolución Unión Pro Paz (377A), empleada por EEUU en 1956, para exigir resultados en la Asamblea General de Naciones Unidas, esquivando en el Consejo de Seguridad de la ONU el veto de Reino Unido y Francia, dos integrantes permanentes del Consejo. A través de ella, la Asamblea aprobó la creación de la Fuerza de Emergencia de Naciones Unidas (FENU), la primera operación de mantenimiento de la paz destinada a supervisar el cese de hostilidades y la retirada de fuerzas extranjeras de Egipto.
La resolución Unión Pro Paz ha sido propuesta por la relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, a lo largo de estos dos últimos años, como iniciativa para detener el genocidio en Gaza. A través de ella se podrían acordar mecanismos para presionar a Israel, entre ellos, su suspensión de la Asamblea de la ONU, como se hizo con el régimen del apartheid sudafricano en 1974.
Esta herramienta también podría utilizarse actualmente para empujar a una desescalada en la región, esquivando así el derecho a veto de Estados Unidos, uno de los dos autores de los ataques ilegales contra Irán.
Se sabía que Irán podría lanzar ataques contra barcos en el estrecho de Ormuz para defenderse ante una agresión y que esto provocaría una subida de precios, lo que ha sido usado por EEUU para justificar más envíos de barcos y tropas
El ataque israelí contra el Sinaí y Gaza en 1956 fue el pretexto fabricado para la entrada en escena de las tropas francesas y británicas, al igual que ahora los bombardeos ilegales de Israel contra Irán han sido la excusa esgrimida para justificar la participación estadounidense.
Así lo enunció el propio secretario de Estado, Marco Rubio, cuando dijo hace unos días que el ataque israelí provocaría una respuesta iraní y que, por ello, EEUU decidió que tenía que intervenir. En vez de actuar para presionar a su mayor socio en la región para que no lanzara esa guerra ilegal, optó por sumarse a ella, porque la Administración Trump buscaba pretextos para la escalada.
Entre los objetivos del Protocolo de Sèvres de 1956 estaba el de hacerse con esa vía marítima que Egipto había nacionalizado. En los objetivos de ahora está, entre otros, obtener más control en el estrecho de Ormuz.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha propuesto una coalición liderada por la marina estadounidense para que escolte buques petroleros a través de Ormuz. Irán indica que no ha cerrado el paso fluvial, pero señala que esta ruta es clave para la cadena global del petróleo y que, mientras duren los ataques contra su territorio, no permitirá el paso de crudo que beneficie a Washington, Tel Aviv o sus aliados.
Esto se sabía ya antes del inicio de esta guerra contra Irán. Expertos y analistas advirtieron de la posibilidad de ataques de Teherán contra barcos en el estrecho de Ormuz como forma de defenderse ante una eventual agresión. También era previsible que eso provocara una subida mundial del precio del crudo, ante la cual Washington aprovecharía para justificar más envíos de barcos de guerra o de efectivos militares, como ya está haciendo, en nombre de la necesidad económica internacional.
Si Irán permite el paso y garantiza protección a transacciones en yuanes, otros países podrían unirse al pago de petróleo en moneda china, algo que EEUU pretende evitar para mantener el predominio del dólar
Así lo ha expresado Trump hace unas horas, invitando a “China, Francia, Japón, Corea del Sur, Reino Unido y otros países afectados por esta restricción artificial” a enviar “buques a la zona” para que el estrecho de Ormuz “deje de ser una amenaza usada por una nación totalmente decapitada”. El presidente de Estados Unidos ha añadido que, “mientras tanto, EEUU seguirá bombardeando sin piedad la costa”. También ha hecho un llamamiento “a los países del mundo que reciben crudo de Ormuz”, diciendo que “deben encargarse de ese paso” marítimo, y que EEUU “ayudará mucho” en ello.
Una desescalada y una negociación que garantice el fin de las agresiones contra Irán volverían a garantizar la navegación por Ormuz. Sin embargo, la apuesta por una mayor presencia militar estadounidense y de otros aliados aumenta las probabilidades de más tensión, de un escenario enfangado y el riesgo de una guerra de desgaste, con consecuencias en el precio y el flujo de materias energéticas en el mercado internacional y con efectos sobre Europa, económicos y en materia de seguridad.
En el mensaje de Trump es llamativa la invitación a China, el único país de los que menciona que no pertenece a la órbita de influencia de Washington. De hecho, Pekín es percibido por la Administración Trump como máximo adversario económico. Estados Unidos pretende anular el uso de moneda china en la compra de petróleo iraní, contemplado como una amenaza al predominio del dólar.
China ha seguido adquiriendo crudo de Irán pagándolo principalmente en yuanes. Si Irán permite el paso y garantiza protección a este tipo de transacciones, otros países podrían unirse al pago de barriles en moneda china, algo que Estados Unidos pretende evitar para mantener el predominio del dólar.
Una vez desestabilizado el mercado energético, Washington apela a una coalición internacional para tomar el estrecho de Ormuz, intentando legitimar así una guerra ilegal
Hace unas horas se supo que Washington ha enviado a la región más efectivos, 5.000 marines –que llegarán en una semana– y otros tres barcos de guerra. El Gobierno estadounidense está jugando en ese tablero. Una vez desestabilizado el mercado energético, Washington apela a una coalición internacional para tomar el estrecho de Ormuz, intentando legitimar así una ofensiva nacida de forma ilegal. Trump provocó el bloqueo parcial del estrecho y, tras ello, pide a diferentes países que lo abran, a través de la vía militar.
De paso, abre camino al proyecto del Gran Israel, permitiendo que su gran aliado regional avance en su proyecto colonial. Trump también pretende reforzar su presencia militar en la región, como hizo en los años noventa con la excusa de la Primera Guerra del Golfo, momento en el que consolidó y amplió bases militares estadounidenses en países como Kuwait, Qatar, Emiratos y Arabia Saudí.
Sin embargo, los ataques iraníes contra sus bases en la región y la inestabilidad que está provocando esta guerra puede terminar teniendo el efecto contrario, con naciones árabes que podrían plantearse cuántos beneficios y cuántos riesgos conlleva albergar en su territorio bases militares estadounidenses.
La apuesta por una mayor presencia militar estadounidense y de otros aliados en la región aumenta las probabilidades de más tensión y de un escenario enfangado con efectos para Europa
El coste de esta guerra ilegal es ya enorme. La falta de acción de los socios de Israel para prevenir, detener y sancionar el genocidio en Gaza contribuyó activamente a este escenario actual. Esto incluye a la Unión Europea, el mayor socio comercial de Israel en el mundo, que ha ignorado el derecho internacional, ha incumplido lo solicitado por la Corte Internacional de Justicia ante los crímenes en la Franja y mantiene sus acuerdos preferenciales con Tel Aviv. La UE eligió estar en ese bando desde hace décadas y desde entonces no ha diversificado relaciones suficientemente ni se ha alejado del guión de Washington cuando éste debilitaba a países europeos.
Cuando la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, declaró esta semana que “ya no podemos confiar en el sistema basado en reglas como la única forma de defender nuestros intereses ni asumir que sus normas nos protegerán” se armó un gran revuelo. Ese escándalo no surgió ante más de dos años de desprecio y violación del derecho internacional por parte de Bruselas y de varios Estados de la UE. Cuando Von der Leyen reculó al día siguiente, afirmando que “siempre defenderemos el derecho internacional”, la hipocresía europea respiró aliviada. El emperador no está desnudo y en el Café de Rick, en Casablanca, no hay casino clandestino ni se juega.
La agresión contra territorio iraní, al igual que el genocidio israelí, era previsible y evitable. Pero la Unión Europea sigue mirando hacia otro lado ante las violaciones de dos de sus grandes aliados internacionales, Estados Unidos e Israel, y evita condenar la ilegalidad de sus ataques mientras anuncia más sanciones económicas contra Teherán. Lejos de usar las herramientas posibles para lograr una desescalada, Bruselas está dejando actuar, como hizo ante Gaza, poniéndose del lado de la agresión.
La única diferencia es que aquí las economías europeas se ven afectadas, por lo que las declaraciones públicas han llegado mucho antes. Pero, como ha denunciado el exdirector general de la Organización Internacional para la Energía Atómica, Mohamed El Baradei, “al igual que ocurre con Gaza, estas siguen siendo declaraciones vacías que no van acompañadas de ninguna acción concreta para detener la guerra”.

Sánchez se agarra a la imposibilidad de calcular la dimensión de la crisis para justificar el retraso, quiere escuchar a sus homólogos de la UE antes de detallar el paquete fiscal, que sopesa aprobar incluso tras la cumbre europea de jefes de Estado y de Gobierno del día 19 de marzo
Por qué el “no a la guerra” de España y la oposición a Trump han desatado una ola de furor en Turquía
La retórica confusa y contradictoria de Donald Trump se ha convertido en un problema añadido para la toma de decisiones de los gobiernos europeos frente a la guerra. A golpe de improvisación, el presidente de los EEUU es capaz de dar por terminados los ataques sobre Irán y, el mismo día, sostener lo contrario. Tan pronto defiende que la invasión coordinada con Israel será una “breve incursión”, como escribe en sus redes sociales que intensificará los ataques si el régimen de los ayatolás cierra el estrecho de Ormuz, lo que supondrá que una cuarta parte del petróleo mundial y el suministro de gas dejará de llegar al mercado. Un día defiende que los objetivos de la operación militar están “casi completados”, y al siguiente que “la operación no ha hecho más que comenzar” y que los bombardeos pueden durar hasta ocho semanas.
La imprevisión del inquilino de la Casa Blanca es el principal motivo que la Moncloa arguye para no haber aprobado aún el paquete de medidas con el que afrontar la nueva crisis, según versión de varios ministros socialistas. Todos, por cierto, en perfecta sincronía para criticar la precipitación con la que la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, aseguró el pasado jueves que el próximo martes el Consejo de Ministros aprobaría el decreto con las medidas anticrisis. Los titulares de Presidencia y Economía, Félix Bolaños y Carlos Cuerpo, tuvieron que salir de inmediato a rectificar las palabras de la también ministra de Trabajo y enfriar los plazos que ella había fijado.
“Salvo que la ministra [Díaz] se empeñe en precipitar alguna medida de su Departamento para que vaya al próximo Consejo, lo que incluya el decreto que tendrá que convalidar después el Congreso no parece que vaya a estar listo para entonces”, aseguran desde la Presidencia del Gobierno. El empeño de la vicepresidenta en anunciar decisiones que le trascienden es algo, además de habitual, que ha motivado no pocos enfrentamientos de los socialistas con la ya exlíder de Sumar. El de esta semana tenía especial relevancia porque en la parte socialista del Gobierno la consigna era aguardar a valorar el alcance de la crisis y, después, proceder a la activación de distintos planes de contingencia con los que paliar sus efectos en los colectivos más afectados.
La única certeza en este momento es que Trump se ha embarcado en la guerra sin una hoja de ruta definida y arrastrado por Benjamín Netanyahu a una ofensiva que puede desestabilizar aún más Oriente Medio en un momento de profunda división en Europa. A la ya habitual cacofonía entre los diferentes estados miembros en materia de Defensa y Seguridad se han sumado esta semana unas declaraciones de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, con las que animaba a no derramar una lágrima por el régimen iraní y expedía el certificado de defunción del viejo orden internacional sin una sola una mención a los Derechos Humanos ni a la vulneración del Derecho Internacional. Palabras que se vio, más tarde, obligada a rectificar ante las críticas que desató en el seno de la UE.
De alargarse en el tiempo, la guerra puede provocar una crisis energética global y afectar gravemente al suministro de petróleo y gas, si bien lo único que puede frenar al presidente de los EEUU es que empiece a acusar problemas internos como consecuencia de una subida del tipo de interés del dólar y de la inflación. Esto además de que crezca la contestación del partido republicano, temeroso de que la ofensiva militar afecte a sus resultados en las elecciones de mitad de mandato el próximo noviembre.
En este contexto, el Gobierno achaca a la incertidumbre del factor Trump las dificultades para cerrar el paquete de medidas frente a la guerra. Y Pedro Sánchez se agarra a la imposibilidad de calcular la dimensión de la crisis para justificar el retraso en la aprobación de un decreto que la oposición ha exigido prácticamente desde el primer día de los bombardeos. El presidente, aseguran en su entorno más cercano, prefiere escuchar a sus homólogos europeos antes de detallar el paquete fiscal y no descarta incluso aprobarlo tras la cumbre europea del día 19, en la que los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea abordarán la respuesta a la escalada militar en Oriente Medio, así como la agenda comunitaria de competitividad, cuya aplicación se ha vuelto más urgente ante el impacto económico del conflicto.
En el gabinete presidencial lo explican en los siguientes términos: “Los canales diplomáticos con EEUU ya no sirven para tener información precisa sobre los planes de Trump y Netanyahu, por lo que el presidente quiere escuchar, el próximo jueves en la cumbre de Bruselas, la opinión del resto de líderes europeos y explorar posibilidades de articular posiciones comunes. Hasta entonces, lo lógico es contener la impaciencia y no precipitarse en la toma de decisiones”.
Los ministros del PSOE sostienen, sin embargo, que trabajan con el objetivo de aprobar las medidas cuanto antes, aunque reconocen la dificultad para hacerlo el próximo martes, como anticipó Yolanda Díaz. Lo que no descarta ninguno es que las ayudas se aprueben de forma gradual en función de la evolución de la crisis y que Trabajo precipite para esta semana medidas de protección a los trabajadores.
“Tenemos el plan sobre la mesa y lo estamos acabando de perfilar”, asegura el ministro Cuerpo, en referencia a los contactos con los sectores afectados, los agentes sociales y los grupos parlamentarios para que el paquete de medidas tenga el mayor consenso posible. Economía ya ha tenido contactos con las distribuidoras de comercio minorista, que de momento no han detectado afectación a los precios en la alimentación. En la Moncloa defienden que la situación no es tan grave como cuando se produjo la guerra en Ucrania, algo que se refleja en el hecho de que la Comisión Europea no permite saltarse las reglas fiscales, tal y como ocurrió también con la pandemia.
Lo que se pretende evitar en todo caso es una lluvia de millones en ayudas y beneficios fiscales como se hizo con motivo de la crisis inflacionaria que desató la guerra de Ucrania. Entonces, la reducción, aprobada por el Gobierno, del IVA de la electricidad y los alimentos supuso un ahorro de más de 25.000 millones de euros. Solo el primer paquete de medidas aprobadas en marzo de 2022 supuso 6.000 millones de euros en rebajas fiscales y ayudas más otros 3.600, en junio de 2022, con la rebaja al 5% del IVA de la luz y el gas natural. Todo frente a una oposición que repite sin cesar el mantra de una necesaria rebaja de impuestos, como si el gobierno de España no hubiera hecho nada al respecto.
Ahora, Economía está dispuesta también a aprobar rebajas en la fiscalidad de la electricidad para hacer frente al impacto de la guerra de Irán, pero no a que la medida se extienda a los alimentos de primera necesidad como se aprobó en enero de 2023. Tampoco está prevista una rebaja al precio de la gasolina y el diésel, salvo para el transporte profesional, la pesca y la agricultura.

'Política para supervivientes' es una carta semanal de Iñigo Sáenz de Ugarte exclusiva para socios y socias de elDiario.es con historias sobre política nacional. Si tú también lo quieres leer y recibir cada domingo en tu buzón, hazte socio, hazte socia de elDiario.es
“Si alguna vez fuimos faro moral del mundo, está enterrado bajo las ruinas de Gaza”, ha dicho esta semana Josep Borrell en TVE. Ursula von der Leyen arrojó esta semana unas cuantas paladas más de tierra con su discurso en el que básicamente decía que Europa debe unirse al carro de Trump y Putin y abandonar la idea de un mundo con principios democráticos. “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá”, dijo. Lástima que no sea ella la que se largue y no vuelva a aparecer.
No es extraño que sea una política alemana la que diga estas palabras después de haber dado luz verde a Israel para que cometiera un genocidio y convirtiera Gaza en un lugar inhabitable. Algunos países –como España, Irlanda y Bélgica– alzaron la voz contra esta carnicería. Alemania se ocupó de impedir que la UE tomara alguna decisión efectiva contra el Gobierno ultranacionalista de Netanyahu.
Con la guerra contra Irán, el panorama es diferente, porque las economías de los países europeos también se ven perjudicadas. Cuando Pedro Sánchez denunció que el asalto de EEUU e Israel vulneraba los principios del Derecho internacional, el Partido Popular se apresuró a acusarle de levantar una cortina de humo con la que tapar los problemas del Gobierno. La ceguera de este partido y su proverbial ignorancia de la política internacional quedaron pronto en evidencia. Reino Unido, Francia e Italia terminaron uniéndose al mensaje de Sánchez, cada país con sus propios matices.
Algunos medios dijeron que Sánchez se iba a quedar solo. No tardaron mucho en virar en redondo ante las dimensiones económicas que podría tener el cierre del estrecho de Ormuz a los petroleros que surten de crudo a Europa y Asia. Quien se ha quedado en una esquina ha sido el PP, encerrado en su propaganda. Es un caso único en Europa. Resulta irónico que Giorgia Meloni respondiera a las críticas de la oposición italiana con esta frase: “No entiendo por qué la izquierda de nuestro país elogia a España cuando está haciendo exactamente las mismas cosas que Italia”. Que no se lo cuenten a Feijóo que ya lleva bastante encima.
La campaña de bombardeos de EEUU en Irán convierte en comparación a la desastrosa invasión de Irak de 2003 en un prodigio de estrategia. La última revelación que hemos leído es que el Gobierno de Trump subestimó la opción de Irán de bloquear el estrecho de Ormuz. Se empezó a hablar de esta posibilidad en los años 80 durante la guerra de Irán e Irak. Parece que en Washington no se habían enterado de esta amenaza, que es en realidad la única carta estratégica a disposición de Irán en el peor de los casos para sus intereses.
Pero no nos quedemos sólo en lo que está haciendo EEUU. Israel está aprovechando esta ofensiva para atacar Líbano, sin que una vez más los países europeos hagan nada relevante al respecto. El Ejército israelí ha avisado a los habitantes de todo el tercio sur libanés, incluidas las ciudades de Tiro y Sidón, de que abandonen la zona. Allí viven más de un millón de personas. Los ataques a la infraestructura civil del país se suceden cada día. Al igual que hicieron en Gaza, amenazan a los libaneses con la destrucción total si no eliminan a Hizbolá, el grupo shií aliado de Irán, lo que sólo pueden hacer con una guerra civil.
No hay distinción entre objetivos militares y civiles. El jueves, un dron israelí atacó una playa de Beirut convertida en un campamento improvisado de refugiados del sur del país. Murieron siete personas y hubo 31 heridos. “Fueron dos misiles. El primero mató a tres personas junto a la playa, pero cuando la gente se acercó a ayudarles, volvieron a tirar otro y eso creó el caos”, contó un testigo a Javier Espinosa, corresponsal de El Mundo.
Hasta ahora han muerto 773 personas desde el inicio de los bombardeos israelíes, de las que 103 son niños y adolescentes. Las personas que han huido de las zonas castigadas por los ataques son 800.000, que es el 14% de los habitantes de todo el país (5,8 millones).
Según medios israelíes, su Gobierno se prepara para lanzar una operación masiva por tierra en territorio libanés en una semana. Lo que viene a ser una invasión. Los mensajes de los políticos y los que se escuchan en la televisión israelí repiten las amenazas que se hicieron sobre Gaza, y que luego se cumplieron. “Necesitamos golpear y eliminar todo lo que haya en Dahiya, Baalbek, Tiro, Sidón, Nabatieh, todo”, dijo el exministro de Defensa Yoav Galant, refiriéndose a toda la zona sur del país.
Esa política de tierra quemada en la que los civiles son prescindibles es la que ha inspirado las cuatro invasiones realizadas en décadas anteriores y que nunca solucionaron nada. Hay que recordar que la fundación de Hizbolá fue una de las consecuencias de la invasión israelí de 1981. Cuarenta y cinco años después, los israelíes continúan creyendo que no hay problema que no se pueda solucionar matando gente. La diplomacia es una pérdida de tiempo, creen.
Israel sabe que los bombardeos aéreos no provocarán un cambio de régimen en Irán. Sólo acarrean sufrimiento a los civiles. Las guerras no se ganan desde el aire, contra lo que pensaban Hitler y Goering cuando lanzaron sus aviones sobre Inglaterra. Israel no quiere la paz en Oriente Medio, ha dicho Trita Parsi, del 'think tank' Quincy Institute. Lo que busca es la hegemonía regional a través de la destrucción o desestabilización de todos los demás países: “Para que Israel tenga seguridad total, todos los demás deben tener inseguridad total”.
En España, hay algunos que niegan los hechos con la intención de que centenares de millones de personas en Oriente Medio vivan o perezcan en función de las necesidades políticas del Estado de Israel. José Antonio Zarzalejos escribe en El Confidencial que “Israel tiene que ganar la guerra”. Eso queda justificado por “la angustia existencial que anida en la sociedad israelí” causada por “la amenaza existencial” que supone Irán. En este tipo de artículos, ni se molestan en contrastar ese sentimiento psicológico, convenientemente manipulado por los políticos, con los hechos.
En 1992, Israel anunció que Irán estaba a muy poco tiempo, menos de un año, de conseguir la bomba nuclear. Han pasado 34 años. El acuerdo nuclear promovido por Obama hace una década garantizaba que Irán entregaría el uranio enriquecido en altos porcentajes y que su programa nuclear sólo pudiera destinarse a fines civiles. Israel lo rechazó y Donald Trump lo anuló al llegar al poder en 2017. Se opusieron al pacto porque mantendría a Irán como lo que es, una potencia regional. Para Israel, era insuficiente. Sólo aceptarían la destrucción completa de su enemigo con independencia de los efectos que tuviera en toda la región, que es lo que estamos viendo ahora.
Contra lo que dice Zarzalejos, la supervivencia de Israel está asegurada. Es la mayor potencia militar de la zona, a una distancia inmensa de los demás países, está en posesión de un arsenal nuclear y cuenta con la economía más próspera. La mayor amenaza para su futuro está dentro de sus fronteras: la radicalización de la derecha y su lenguaje militarista, representados en el dominio que ejerce Netanyahu, y la confrontación entre la población ultraortodoxa y laica por los privilegios de la primera.
Los políticos que controlan la política israelí en este siglo prometen la guerra permanente y la intensificación del apartheid que niega los derechos más básicos a los palestinos. Es la institucionalización de la violencia, sobre lo que Zarzalejos no dedica una línea. Esta semana, se ha conocido la decisión de la fiscalía militar israelí de retirar los cargos contra los soldados acusados de cometer graves abusos contra un preso palestino en la base de Sde Teiman, donde llevaban a los detenidos de Gaza.
Todo se supo gracias a un vídeo filtrado (se puede ver aquí) en el que varios soldados ponen contra la pared a un preso con las manos atadas, mientras otros tres tapan la escena con escudos para que las cámaras de seguridad no desvelen lo que están haciendo. El parte médico incluía varias costillas rotas, un pulmón perforado y laceraciones en la pared del recto ocasionadas por un cuchillo.
La fiscalía ha decidido que no puede proseguir con la acusación porque las pruebas no son concluyentes (eso incluye el parte médico) y porque la víctima fue incluido por el Gobierno en el intercambio de presos con Hamás. Fue el método empleado para que no pudiera declarar en el procedimiento judicial. La única persona que será acusada será la fiscal militar que hizo público el vídeo.
Uno de los acusados fue recibido como un héroe en un programa de la televisión israelí cuando se conocieron los hechos. Esta es la ansiedad que Zarzalejos cree que deberíamos proteger al desear que Israel gane esta guerra, no importa cuántos civiles iraníes o libaneses sean asesinados.
La falla municipal de Valencia es un símbolo contra la guerra con Charlie Chaplin en su papel en la película '¡Armas al hombro!', de 1918. Mide 27 metros de altura y ha sido diseñada y construida por José y Alejandro Santaulalia.
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