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La mayoría de los niños superan el Covid-19 sin afectaciones graves. Sin embargo, más de un 10% desarrollan síntomas persistentes que pueden prolongarse durante meses y afectar significativamente a su calidad de vida. Es lo que se conoce como Covid persistente . Los mecanismos biológicos de esta condición han sido hasta ahora poco estudiados en población pediátrica. En este contexto, un equipo de IrsiCaixa –centro impulsado conjuntamente por la Fundación La Caixa y el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña– ha descrito por primera vez en profundidad las alteraciones inmunitarias asociadas al Covid persistente pediátrico. El estudio, publicado en la revista científica 'JCI Insight', revela una desregulación de la primera línea de defensa contra el virus y una menor capacidad de generar anticuerpos eficaces contra el SARS-CoV-2. Además, entre los diferentes marcadores analizados mediante herramientas computacionales, el equipo ha demostrado que la molécula CCR6 se expresa de forma claramente distinta entre los niños con y sin la condición, lo que la sitúa como posible marcador biológico de la enfermedad. «Estos resultados proponen marcadores para identificar qué niños presentan Covid persistente. Además, conocer las alteraciones inmunitarias asociadas nos permite empezar a pensar en estrategias para revertirlas y, potencialmente, tratar esta condición», afirma Sara Morón-López, investigadora asociada de IrsiCaixa y líder del proyecto, que ha sido financiado por el legado del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP), el Ayuntamiento de Barcelona y el proyecto europeo Undine. La investigación se ha llevado a cabo en el marco de la cohorte pediaCovid del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona (Barcelona), que desde 2021 puso en marcha la primera Unidad funcional de Covid persistente pediátrica de Cataluña, e incluyó a 99 menores con Covid persistente y 18 que no presentaban la condición. Todos ellos fueron evaluados tres meses después de la infección aguda por SARS-CoV-2. «Hemos realizado un estudio en gran profundidad de su sistema inmunitario. A partir de muestras de sangre, hemos analizado decenas de poblaciones celulares y moléculas implicadas en la respuesta inmunitaria de cada paciente», explica Jon Izquierdo-Pujol, investigador predoctoral en IrsiCaixa y primer autor del artículo. Los resultados muestran que los niños con Covid persistente presentan una alteración de la inmunidad innata, la primera línea de defensa contra el virus y la que coordina y activa el resto de respuestas. «Esta primera respuesta actúa como un sistema de alarma: moviliza las células b inmunitarias hacia el lugar de la infección y pone en marcha la estrategia defensiva. En estos niños, creemos que esta activación no se produce de manera adecuada», señala Morón-López . Según el equipo investigador, esta desregulación podría estar afectando a la respuesta adaptativa, la más específica contra el SARS-CoV-2 . «De hecho, uno de los resultados más relevantes –y que describimos por primera vez en población pediátrica con Covid persistente– es que estos jóvenes presentan niveles más bajos de anticuerpos con capacidad neutralizante, es decir, capaces de bloquear el virus de manera efectiva, una de las funciones clave de la respuesta adaptativa», detalla Izquierdo-Pujol. Mediante modelos computacionales que integraban todos los parámetros inmunológicos analizados, el equipo identificó la molécula CCR6 como el factor con mayor capacidad para diferenciar los dos grupos. Los niños con Covid persistente mostraban una menor expresión de esta molécula, fundamental para dirigir las células inmunitarias hacia el lugar de la infección y coordinar una respuesta adecuada. En el modelo predictivo desarrollado por el equipo investigador, CCR6 permitió identificar los casos con una precisión del 79%. Este resultado sitúa a CCR6 como un posible biomarcador objetivo para ayudar en el diagnóstico de una condición que, actualmente, se basa principalmente en criterios clínicos y en la persistencia de síntomas. Se estima que el Covid persistente afecta a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, no es la única infección capaz de desencadenar un síndrome posviral. «Entender qué hay detrás de los síntomas persistentes tras una infección no solo nos permite reconocer y validar la enfermedad en niños, sino que también abre la puerta a explorar si estas alteraciones se comparten con otros síndromes posvirales», concluye Javier Martínez- Picado , investigador ICREA en IrsiCaixa.
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El tratamiento de las enfermedades oculares crónicas, con el glaucoma a la cabeza, se enfrenta a un desafío persistente: la falta de adherencia al tratamiento. Muchos pacientes olvidan sus colirios o no acuden a las revisiones necesarias para detectar las fluctuaciones de la presión intraocular (IOP), el principal factor de riesgo de ceguera. En este contexto, un equipo de científicos del Instituto Terasaki para la Innovación Biomédica (Los Ángeles, EE. UU.) ha presentado en ' Science Translational Medicine ' un avance que, aunque todavía en fase experimental, propone una solución radical: una lente de contacto que monitoriza y medica el ojo de forma autónoma. El dispositivo, desarrollado por el equipo del doctor Yangzhi Zhu, utiliza un sistema de «bucle cerrado». Esto significa que la lente no es un simple reservorio de fármaco, sino que incluye sensores que detectan picos de presión y, mediante algoritmos de inteligencia artificial, activan la liberación de la dosis exacta de medicamento. Es una suerte de «páncreas artificial» para el ojo, diseñado para intervenir antes de que el aumento de presión cause daños irreversibles en el nervio óptico. Hasta ahora, los intentos de crear lentillas inteligentes chocaban con la ergonomía. El uso de componentes electrónicos rígidos y baterías las hacía inviables para el uso diario. La propuesta de Zhu se diferencia por estar fabricada íntegramente con polímeros biocompatibles, integrando una estructura microfluídica y una esponja de seda que actúan como sensor sin necesidad de cables . «Nuestro objetivo era crear una plataforma que no solo monitorizara la enfermedad, sino que respondiera a ella de forma inmediata», explica el doctor Yangzhi Zhu. Según el investigador, este enfoque podría reducir drásticamente la carga que suponen los tratamientos tradicionales para el paciente. No obstante, los autores reconocen que, aunque los resultados en modelos preclínicos (animales y ojos ex vivo) son positivos, la transición a la práctica clínica requerirá validar su seguridad y eficacia en humanos a largo plazo. El éxito de las pruebas en modelos preclínicos ha demostrado que la lente es capaz de estabilizar la presión ocular de forma mucho más eficaz que los métodos convencionales. Al actuar de forma preventiva y localizada, se evitan los picos de presión que son, en última instancia, los responsables de la ceguera progresiva en los pacientes con glaucoma. Stewart Han, presidente del Instituto Terasaki, califica el hallazgo como un «momento decisivo» para la institución, que en los últimos años ha desarrollado también prototipos de lentilla con capacidad de tratar el ojo seco o realizar diagnósticos tumorales. «Este logro establece un nuevo estándar de lo que es posible cuando el impacto en el mundo real impulsa la investigación interdisciplinar», subraya Han. El siguiente paso, sin duda el más complicado, será escalar la producción de estas lentes para iniciar los ensayos en humanos, lo que podría convertir esta «farmacia invisible» en el nuevo estándar de cuidado para millones de personas.
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Los fármacos como Ozempic o Wegovy (semaglutida) y Mounjaro (tirzepatida), agonistas del receptor GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1), han supuesto una auténtica revolución en el tratamiento de la obesidad. Son medicamentos que imitan las hormonas intestinales naturales y ayudan a regular el apetito, la liberación de insulina y la digestión. Sin embargo, no funcionan igual en todas las personas. No solo en cuanto a su efectividad sino también en los efectos secundarios. Al menos uno de cada tres usuarios experimenta náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento, mientras que otros reportan efectos mínimos o ninguno. Si bien con algunas de estas presentaciones se pueden conseguir pérdidas de peso de hasta el 20% , como es el caso de Mounjaro, las respuestas son muy variables. La mayoría de los participantes en ensayos clínicos pierden más del 10% de su peso corporal, pero aproximadamente uno de cada diez logra menos del 5% y se considera no respondedor. Las razones por las que algunas personas consiguen adelgazar más que otras o experimentan más o menos efectos secundarios siguen siendo desconocidas. Un nuevo estudio, que se publica este miércoles en la revista 'Nature', ha identificado variaciones en dos genes implicados en las vías hormonales intestinales que regulan el apetito y la digestión que pueden explicar estas diferencias. Para ello, científicos de la compañía de test genéticos 23andMe realizaron estudios de asociación del genoma completo utilizando datos autoinformados de 27.885 personas que tomaban medicamentos con GLP-1. Los autores hallaron que la variante rs10305420 del receptor GLP1 se asoció con una disminución ligeramente mayor del índice de masa corporal (pérdida del 0,641 %), lo que corresponde a una pérdida de peso adicional de aproximadamente 0,76 kg por alelo en individuos portadores de esta variante en comparación con aquellos que no la tienen. Por otra parte, la variante rs1800437 , en el gen del receptor del polipéptido inhibidor gástrico, se asoció con náuseas y vómitos relacionados con la medicación en personas que tomaban tirzepatida, pero no con la cantidad de peso perdido. Sin embargo, los autores advierten de que varios factores no genéticos también están fuertemente asociados con los resultados del tratamiento —incluidos el sexo, la edad y el fármaco GLP1 que toman— y siguen siendo predictores importantes de cuánto peso se pierde. Los efectos de la genética parecen modestos, y se necesita más investigación con conjuntos de datos más amplios y a largo plazo para comprender cómo la información genética podría respaldar las decisiones clínicas en el futuro. «El estudio es muy relevante y pertinente porque aporta claridad a una problemática actual en consulta. Esto se enmarca en lo que denominamos medicina de precisión, un auténtico sueño: que en el futuro el apoyo genético nos permita elegir el mejor fármaco o diseñar el tratamiento más adecuado para cada persona según su perfil genético», señala, en declaraciones al SMC España, el doctor Cristóbal Morales, responsable de la Unidad Salud Metabólica, Diabetes y Obesidad Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO). No obstante, advierte, «la genética no lo es todo». «Como hemos dicho, se trata de una enfermedad muy compleja. Con los datos actuales, sabemos que variables biológicas como el sexo (las mujeres pierden más peso), la presencia de diabetes tipo 2 (las personas con diabetes pierden menos peso), la edad (a mayor edad, menor pérdida de peso) o el hígado graso (también asociado a menor pérdida) influyen significativamente. En el futuro, utilizaremos variables clínicas predictoras tanto de la eficacia del tratamiento como de los efectos secundarios, junto con variables biológicas. Estamos en el inicio, en el despertar, de una nueva medicina: la medicina de precisión», concluye.
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Para quienes conviven con la enfermedad celíaca , el mundo es a menudo un campo de minas invisible. La vigilancia extrema no se limita a la etiqueta de un producto en el supermercado o a la contaminación cruzada en una cocina ajena; a veces, el miedo se traslada a la esfera más íntima. ¿Puede un beso transmitir suficiente gluten como para desencadenar una respuesta autoinmune? Hasta ahora, la respuesta navegaba entre la precaución anecdótica y la falta de evidencia científica. Un nuevo estudio publicado en la revista ' Gastroenterology ' arroja luz y, sobre todo, mucha tranquilidad: aunque la transferencia existe, los niveles son ínfimos y fácilmente controlables. La celiaquía afecta aproximadamente al 1% de la población y su único tratamiento es una dieta estrictamente sin gluten de por vida. La ingesta de una cantidad mínima, incluso si no produce síntomas inmediatos, puede provocar daños en las vellosidades del intestino delgado. Este escenario de «riesgo cero» suele derivar en cuadros de ansiedad, hipervigilancia y, en muchos casos, una evitación social que afecta directamente a las relaciones de pareja y las citas. Para desentrañar este enigma, un equipo de investigadores analizó la transferencia de gluten en diez parejas «discordantes», formadas por una persona celíaca (en dieta sin gluten desde hace al menos un año) y otra que no lo es. El diseño del estudio fue tan directo como riguroso: el miembro de la pareja sin la enfermedad debía ingerir diez galletas saladas —una carga de unos 590 miligramos de gluten— para después proceder a un beso francés de un minuto de duración, con intercambio de saliva. Los científicos plantearon diversos escenarios para medir la persistencia de la proteína. Analizaron la saliva en intervalos de 5, 15 y 30 minutos tras la ingesta, además de recoger muestras de orina y realizar un seguimiento de síntomas mediante un diario clínico. Los resultados han sido determinantes para rebajar la alarma : en el 90% de los casos de contacto directo tras solo cinco minutos, los niveles detectados en el miembro celíaco estuvieron por debajo de las 20 partes por millón (ppm), el estándar internacional para considerar que un producto es apto para el consumo seguro. Anne R. Lee, investigadora de la Universidad de Columbia y una de las autoras principales, destaca que incluso en los dos únicos casos donde se superó ese umbral tras el beso —alcanzando picos de hasta 153.9 ppm—, la cantidad total de gluten que llegó a ingerirse fue despreciable. «Esta investigación ayuda a entender que, aunque el gluten está presente en la saliva de la pareja no celíaca tras comer, la transferencia real es mínima », explica la doctora Lee. El estudio confirma que la boca del no celíaco puede albergar concentraciones masivas (superiores a 2500 ppm) justo después de comer, pero estas no se trasladan de forma peligrosa a la pareja. El hallazgo más práctico del estudio reside en la eficacia de una medida preventiva tan común como la higiene oral básica. Cuando el miembro de la pareja que había consumido gluten bebía unos 120 mililitros de agua (medio vaso) antes del beso, el riesgo se desplomaba por completo. En este escenario, el 100% de las muestras tomadas a la pareja con celiaquía se mantuvieron por debajo del umbral de seguridad de las 20 ppm. Este dato es fundamental para la gestión emocional de la enfermedad. Al demostrarse que un simple vaso de agua elimina el riesgo de una exposición significativa, se reduce la carga de estrés que soportan muchos pacientes. La investigación concluye que beber agua después de ingerir gluten ofrece una protección total, permitiendo que la intimidad no se convierta en una preocupación médica. Desde la Asociación Americana de Gastroenterología (AGA), subrayan la importancia de normalizar la vida social. El miedo a lo invisible a menudo conduce al aislamiento, y evidencias científicas como esta ayudan a derribar barreras que no son biológicas, sino psicológicas. El mensaje para la comunidad celíaca es tranquilizador: con un gesto tan simple como un enjuague o un vaso de agua, el beso deja de ser un factor de riesgo.
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Cuando se habla de alzhéimer , el síntoma más característico que a uno le viene a la cabeza es el de la pérdida de memoria. Tener olvidos del tipo: «¿y yo a qué venía aquí?» no es preocupante. La ausencia de recuerdo característica de esta enfermedad neurodegenerativa es la de la memoria episódica, aquella que se refiere a la reminiscencia de momentos, lugares, emociones y detalles de contexto de episodios de la vida que se pueden evocar de forma muy nítida. Otras señales que nos deben llevar a consultar, tanto si nos pasa a nosotros como a un familiar, son la dificultad para recordar eventos o citas importantes y la pérdida de objetos. Pero las primeras señales de alarma pueden ser mucho más sutiles. Ahora un nuevo estudio señala otro síntoma: no recordar los sueños podría estar relacionado con los primeros cambios cerebrales asociados a la enfermedad de Alzheimer. Así lo señala esta investigación, recientemente publicada en 'Alzheimer's & Dementia: Diagnosis, Assessment & Disease Monitoring', en la que participan la Fundación Reina Sofía y CIEN (Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas), con datos y análisis del Proyecto Vallecas, una de las principales cohortes europeas para el estudio del envejecimiento cognitivo. La investigación siguió durante más de una década a 1.049 personas mayores mentalmente sanas a las que se realizó test cognitivos, análisis de sangre y resonancias magnéticas con el objetivo de identificar señales tempranas de la enfermedad. Los resultados de este trabajo revelan que aquellas que no recuerdan sus sueños presentan con mayor frecuencia biomarcadores asociados al alzhéimer , como niveles elevados en sangre de proteína tau y la presencia del gen APOE ε4 , principal factor genético de riesgo en el desarrollo de la patología. Esta relación se mantiene con independencia del rendimiento en pruebas de memoria, lo que refuerza su posible valor como señal temprana. Además, las personas que no recordaban sus sueños al inicio del estudio presentaron un deterioro cognitivo más rápido y una mayor probabilidad de desarrollar demencia durante el seguimiento, de hasta diez años. Esta relación podría deberse alteraciones en la denominada red neuronal por defecto, un sistema cerebral implicado en la generación del contenido de los sueños y que se ve afectado en las fases iniciales del alzhéimer, apuntan los investigadores. De forma que la dificultad para recordar los sueños no se explicaría por problemas de memoria, sino por la afectación de su contenido, un fenómeno aún más precoz. «Este estudio sugiere que algo tan cotidiano como recordar los sueños puede estar relacionado con procesos cerebrales muy tempranos asociados al alzhéimer. No es un criterio diagnóstico, pero sí una pista relevante para avanzar en la detección precoz, que es una de las áreas de trabajo clave en la actualidad», señala Pascual Sánchez-Juan, director científico de CIEN y autor senior del estudio. En España, la Sociedad Española de Neurología estima que más del 50% de los casos que aún son leves (formas prodrómicas) están sin diagnosticar. A día de hoy ni existe una cura por lo que adelantarse a la enfermedad para poder retrasar o prevenirla por completo es una de las líneas fuertes en la investigación de patologías neurodegenerativas. El alzhéimer está ligado al envejecimiento. La edad es el factor de riesgo más importante. Existen también factores genéticos. Pero hay otros relacionados con el estilo de vida que sí está en nuestra mano modificar . Practicar ejercicio físico de forma regular, no fumar, evitar el abuso del alcohol, controlar el peso corporal, seguir una dieta sana y mantener la presión arterial, el azúcar en sangre y el colesterol en niveles adecuados reduce el riesgo de padecer esta enfermedad. Es fundamental también mantenerse intelectualmente activo y socializar.
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Cada vez hay más miopes y, aunque lo fácil es echarle la culpa solo a las pantallas, existe otro fenómeno, relacionado con éstas, que pasa más desapercibido: el poco tiempo que los niños están al aire libre. Ya lo vienen advirtiendo los expertos en visión . Ahora, un estudio del Departamento de Oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra ha concluido que pasar al menos 7 horas a la semana al aire libre se asocia con una disminución del 50% del riesgo de desarrollar miopía en infancia. La investigación, publicada en 'Frontiers in Medicine', ha examinado a 2.262 escolares de la Comunidad de Madrid en colaboración con la asociación AMIRES (Asociación de Miopía Magna con Retinopatías de España) y ha demostrado que el CUVAF —huella solar de la superficie ocular que sirve para determinar el tiempo de exposición al sol— es un biomarcador objetivo, rápido, no invasivo y útil para estimar la incidencia de la luz exterior en la infancia y, por lo tanto, es una herramienta fiable para contextos de prevención ocular. Los autores han comparado los datos de los niños que pasaron más y menos de 7 horas a la semana al aire libre y han descubierto que el porcentaje de los que padecían miopía era significativamente menor entre los que realizan más actividades al aire libre. «Hemos detectado que un 18% de los participantes del estudio que pasan más tiempo en el interior tienen miopía. El porcentaje de los que han estado más expuestos al sol ha sido del 9%, por lo que podemos concluir que pasar más horas al aire libre se asocia con una reducción del 50 % del riesgo de sufrir esta enfermedad», señala el doctor Sergio Recalde, investigador del Laboratorio de Oftalmología Experimental de la Clínica Universidad de Navarra. Los pequeños se sometieron a un examen oftalmológico para medir el error refractivo y cumplimentaron un cuestionario sobre antecedentes familiares y hábitos de vida. Asimismo, a una submuestra de 1.129 participantes se le realizó una medición del CUVAF. «Este biomarcador apareció con más frecuencia en los niños que pasaban más tiempo al sol. Hemos comprobado que se asocia inversamente a la miopía, es decir, cuanto mayor sea esta huella, menor es el riesgo de padecer la enfermedad», apunta la doctora Miriam de la Puente, especialista en Oftalmología de la Clínica, quien añade: «el CUVAF nos puede ayudar a identificar el riesgo de desarrollar este problema de la vista en programas de cribado y a monitorizar si se cumplen las recomendaciones preventivas». El CUVAF podría ser además un buen biomarcador de salud en diferentes patologías. «No descartamos que pueda tener otras aplicaciones más allá de la miopía. De momento, hemos detectado que hay personas con un CUVAF mayor que tienen menos índice de grasa y mejores valores en aspectos como las horas de sueño o la capacidad de memoria. Esto reafirma que toda la población debería apostar por las actividades al aire libre como prevención frente a diferentes enfermedades», concluye el doctor Recalde. Visión borrosa, entrecerrar los ojos para ver de lejos, acercarse mucho a objetos, parpadear excesivamente o tener dolores de cabeza. Son algunos de los signos de aparición de la miopía en niños a los que tienen que estar atentos los padres. Los pequeños, a diferencia de los adultos, tienen más dificultades para expresar qué problema presentan o si ven bien o no. También suelen detectarlo los profesores en clase si no siguen las instrucciones marcadas o miran al compañero cuando se les dice algo. Cuando la miopía aparece en niños más pequeños, su progresión es más rápida. A menor edad de inicio, mayor es el riesgo de desarrollar miopías más altas . Y por eso es importante detectarla y tratarla a tiempo. La prevalencia de la miopía en niños de entre 5 y 7 años en España en 2023 fue del 20,3%, según el 'Barómetro de la Miopía en España', elaborado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Fundación Alain Afflelou. Mientras que entre los universitarios de entre 17 y 27 años, coincidiendo con la etapa donde se pasa más tiempo estudiando, se reducen las actividades al aire libre y aumenta el tiempo dedicado frente a pantallas de dispositivos electrónicos, la cifra de miopes se eleva hasta el 62%, según el informe 'Prevalencia de la miopía en los jóvenes en España' de la organización Visión y Vida.
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La medicina busca desde hace años el «Santo Grial» del diagnóstico: una prueba sencilla, rápida y, sobre todo, económica, capaz de decirnos qué ocurre en el rincón más remoto de nuestro cuerpo sin necesidad de abrirlo. Hasta ahora, las llamadas biopsias líquidas —que buscan rastros de tumores en la sangre— tropezaban con dos muros: el altísimo coste de secuenciación y la dificultad de encontrar una aguja minúscula en un pajar de datos genéticos. Un nuevo estudio publicado este lunes en ' Proceedings of the National Academy of Sciences ' (PNAS) por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) parece haber derribado ambos obstáculos con un nuevo método bautizado como MethylScan. No promete milagros, como aquel fiasco de Theranos , sino que describen con cautela un método novedoso para llegar al gran objetivo. Esta técnica no se limita a buscar mutaciones específicas de un cáncer, sino que analiza los patrones de metilación del ADN , unas etiquetas químicas que actúan como interruptores de nuestros genes. Cuando una célula enferma o se vuelve tumoral, estos interruptores cambian de posición. Al morir, estas células vierten sus fragmentos de ADN al torrente sanguíneo, dejando un rastro que MethylScan es capaz de rastrear para identificar, aseguran, no solo la presencia de cáncer de pulmón, hígado, ovario o estómago, sino también diversas patologías hepáticas no cancerosas. El principal problema de analizar el ADN circulante en la sangre es que la gran mayoría, entre el 80% y el 90%, proviene de células sanguíneas sanas. Esto genera un «ruido» de fondo que obliga a los científicos a realizar secuenciaciones muy profundas y costosas para encontrar la señal de un órgano enfermo. La innovación de la UCLA consiste en el uso de enzimas especializadas que eliminan selectivamente el ADN no metilado (que mayoritariamente procede de la sangre sana) antes de pasar por el secuenciador. «Cada día mueren en nuestro cuerpo entre 50.000 y 70.000 millones de células. No desaparecen sin más, su ADN va a parar al torrente sanguíneo», explica la doctora Jasmine Zhou, autora principal del estudio y profesora de patología en UCLA. Para Zhou, esta técnica permite aprovechar una información que ya circula por nuestras venas de forma natural: «Ya tenemos información de todos nuestros órganos circulando en la sangre; el reto era cómo leerla de forma eficiente». Al limpiar la muestra de la información irrelevante, los investigadores han logrado reducir drásticamente la cantidad de datos necesarios. Estiman que el coste de la secuenciación para cada muestra podría caer por debajo de los 20 dólares (17 euros) una cifra disruptiva si se compara con los cientos o miles de euros que cuestan las pruebas genéticas actuales. «La detección precoz es crucial . Las tasas de supervivencia son mucho más altas cuando los cánceres se detectan antes de que se propaguen», recuerda la investigadora. La investigación, que analizó muestras de 1.061 personas, demostró una precisión notable. Con una especificidad del 98% (lo que significa que apenas hay falsos positivos), el test detectó el 63% de los cánceres en todas sus etapas y el 55% de los casos en estadios iniciales. Pero la mayor ventaja de MethylScan es su capacidad para actuar como un GPS biológico, identificando lo que los médicos llaman el « tejido de origen ». «Ser capaz de rastrear las señales hasta su fuente es fundamental, porque un análisis de sangre positivo debe ir seguido de imágenes u otros procedimientos diagnósticos dirigidos al órgano correcto», señala el doctor Wenyuan Li, profesor de patología en la UCLA y coautor del trabajo. En las pruebas realizadas, el sistema no solo detectó tumores, sino que pudo distinguir entre diferentes tipos de enfermedades del hígado, como la hepatitis viral o la enfermedad hepática metabólica, con una precisión del 85%, algo que en el futuro podría evitar muchas biopsias invasivas. A pesar del optimismo de los resultados, los autores mantienen la cautela y subrayan que serán necesarios ensayos clínicos a mayor escala para confirmar su eficacia en la población general. Sin embargo, el potencial de MethylScan como un «radar de salud» es innegable. Al no buscar una mutación concreta, sino observar cómo están «marcados» los genes de los órganos sólidos, el test puede detectar cuando un tejido está bajo estrés o dañado antes incluso de que el paciente presente síntomas claros. Para el equipo de la UCLA, este avance nos acerca a la visión de un análisis de sangre único y universal que forme parte de los chequeos rutinarios. «Este estudio demuestra que el perfil de metilación basado en la sangre puede ofrecer información clínicamente significativa en múltiples enfermedades», concluye la doctora Zhou. En un mundo donde el diagnóstico tardío sigue siendo el principal aliado de la mortalidad, conseguir una prueba barata y precisa que actúe como un centinela de nuestra salud interna podría cambiar las reglas del juego en la medicina preventiva.
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El encuentro internacional ha reunido a más de 600 especialistas, en su mayoría procedentes de Latinoamérica, en torno a los últimos avances científicos y clínicos en el ámbito de la urología funcional y suelo pélvico. Tal y como ha emitido el Gobierno andaluz, en esta edición, el centro sevillano ha ejercido como representante andaluz, llevando la voz de la comunidad autónoma a un foro de referencia internacional. La participación española se ha completado con otros tres especialistas procedentes de Cataluña, Canarias y Castilla. Al hilo, dicho congreso está consolidado como un «espacio de referencia para el intercambio de conocimiento multidisciplinar y la actualización profesional», con un programa académico de «alto nivel» que combina «teoría avanzada con la demostración y aplicación de tecnologías de última generación». En este contexto, el jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario de Valme, Pedro Blasco, ha participado como ponente en dos sesiones científicas de especial relevancia y en espacios selectos integrados en sesiones plenarias. La primera de ellas, bajo el título 'Incontinencia de esfuerzo: ¿fácil de resolver o no?', abordó desde una perspectiva editorial los principales retos en el manejo de esta patología. Durante su intervención, analizó «aspectos clave» como la técnica quirúrgica, la necesidad de estandarización de procedimientos, el correcto diagnóstico y la importancia de la toma de decisiones compartidas con el paciente. Como conclusión, ha destacado que, si bien la técnica quirúrgica puede ser razonablemente accesible en su aprendizaje y desarrollo, la mayor complejidad reside en la adecuada indicación del tratamiento y en la consideración de las expectativas y satisfacción de los pacientes. Asimismo, presentó un vídeo demostrativo sobre la estandarización de las cirugías desarrolladas en el hospital sevillano, poniendo en valor la experiencia acumulada del centro. Finalmente, la segunda ponencia, titulada 'Microbioma y bacteriófagos', se centró en las terapias emergentes y en el «papel creciente» del microbioma vesical en la comprensión y abordaje de las infecciones urinarias. En este sentido, se puso de relieve la necesidad de incorporar este conocimiento en la práctica clínica para hacer frente al desafío global de la resistencia a los antibióticos, «abriendo la puerta a estrategias terapéuticas más personalizadas y eficaces».
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En los pasillos de la unidad de Neumología del Hospital 12 de Octubre, Maite Ríos sabe que un inhalador es mucho más que un dispositivo plástico; es la llave para que un paciente recupere su autonomía. Sin embargo, para los cuidadores de niños o personas mayores con fragilidad o demencia, enfrentarse a estos aparatos puede generar inseguridad. La clave, según explica esta experta, no reside en la complejidad técnica, sino en la cercanía : «Hay que intentar no darles mucha teoría de qué es el inhalador o para qué sirve; es mejor usar instrucciones sencillas, como decirles: 'esto te va a ayudar a respirar mejor y a que tengas menos ahogo'». Para Maite, el papel de quien acompaña al paciente es determinante, transformando un acto médico en un gesto de cuidado diario. «Lo ideal es intentar que siempre lo hagan a la misma hora y en el mismo lugar, convirtiéndolo en un hábito más, como desayunar o lavarse los dientes», señala. Bajo esta premisa de normalización, el cuidador se convierte en un supervisor atento que no solo recuerda la toma, sino que prepara el dispositivo y verifica que la inhalación se realice correctamente, repasando los pasos con frases simples y demostraciones prácticas para que el paciente pueda imitar el proceso. Esta labor de acompañamiento cobra una importancia vital si observamos las cifras de salud respiratoria en España. Según datos del Consejo General de Enfermería (CGE), se estima que el asma afecta a entre el 8% y el 10% de los niños, siendo una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia. Por su parte, la EPOC tiene una prevalencia del 11,8% en adultos de entre 40 y 80 años. En ambos casos, junto a otras patologías como las bronquiectasias o la fibrosis quística , el objetivo es el mismo: abrir los bronquios y reducir la inflamación para que el aire entre y salga sin dificultad. La gran ventaja de los inhaladores es que actúan de forma directa en las vías respiratorias, lo que permite un alivio más rápido y con menos efectos secundarios generales que las pastillas por vía oral. No obstante, la técnica debe ser impecable para que el fármaco llegue a su destino. Para facilitar esta tarea, especialmente cuando hay dificultades de coordinación, las enfermeras recomiendan el uso de cámaras espaciadoras acopladas al inhalador de cartucho presurizado o «spray». Este tubo permite que el medicamento quede suspendido y pueda ser absorbido al ritmo del paciente, asegurando que la dosis llegue realmente a los pulmones. Entender el inhalador como una herramienta de libertad y no como una imposición médica es el primer paso para mejorar la calidad de vida de quienes más queremos. Con paciencia, rutinas claras y el apoyo constante de los profesionales de enfermería, respirar hondo vuelve a ser una posibilidad real para miles de familias. Para asegurar que el tratamiento sea efectivo, es vital que el cuidador realice una demostración previa para que el paciente pueda observar y luego imitar los movimientos paso a paso. Asimismo, en el caso de usar cámaras espaciadoras, debemos asegurar que la mascarilla selle perfectamente sobre la cara para evitar cualquier fuga del medicamento. Por último, un consejo práctico esencial: es fundamental enjuagar la boca del paciente tras el uso de inhaladores que contienen corticoides para prevenir ronqueras o pequeñas infecciones locales, garantizando así un cuidado seguro y confortable.
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Irene Nevado siempre dice que tiene tres cumpleaños . Además del suyo propio, esta enfermera mallorquina guarda en su corazón como efeméride la fecha de sus dos trasplantes de pulmón , 26 de marzo de 2008 y 7 de enero de 2019. A estos días tan señalados, Nevado añade otra fecha: el 29 de diciembre de 2023. Nevado sufría una infección de 'Pseudomonas aeruginosa' resistente a todos los tratamientos antibióticos conocidos y que empezó a provocarle un rechazo agudo en sus recién estrenados pulmones. Se sometió ese día a una singular terapia: virus bacteriófagos , creados en el Instituto de Biología Integrativa de Sistemas (I2SysBio) de la Universidad de Valencia específicamente contra la bacteria que estaba acabando con su vida. El tratamiento, realizado bajo la dirección de la viróloga Pilar Domingo-Calap , fue un éxito. Bastó con inhalar el fago en unas cuantas nebulizaciones para que, diez días después, la bacteria que la había atormentado durante años fuera ya indetectable en el organismo de Nevado, aquejada desde su nacimiento de fibrosis quística. Sus pulmones estaban limpios y sin flema. Hoy vive sus casi 47 años con una envidiable vitalidad. «A mí los fagos me salvaron la vida, lo digo así de claro», confirma a ABC. La noticia de su curación, por supuesto, dio la vuelta a España y al mundo. Para cientos de pacientes aquejados de enfermedades crónicas y expuestos a una posible infección por bacterias resistentes a los antibióticos, el caso de Nevado abría un horizonte de esperanza: un tratamiento absolutamente personalizado, asequible y de fabricación 100% nacional , sin depender de precios, aduanas o farmacéuticas. «A raíz de los fagos me ha escrito muchísima gente, que si tienen resistencia a tal antibiótico, que si llevan toda la vida con esto… yo les digo que por probar no pierden nada», explica Nevado. «Lo bueno de los fagos es que son inocuos, son proteínas que luego se deshacen». Lo mismo le sucede, desde entonces, a Domingo-Calap. Hace unas semanas, un sábado salieron ambas en 'Informe Semanal' (TVE) hablando del tema y, al encender el ordenador de su despacho al siguiente lunes, lo encontró a rebosar de correos electrónicos. El teléfono de su despacho sonaba sin parar. A la viróloga le encantaría darles la respuesta que anhelan a todos esos interesados, pero no puede. «Lo peor es que los pacientes se enfadan conmigo y me preguntan por qué no lo hago, y yo hago todo lo que puedo, de verdad», confiesa a ABC. Tras el periodo de gracia que le concedió la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps), de repente el grifo se cerró. Además de a Nevado, les dio tiempo a tratar exitosamente con fagos a una quincena de pacientes. Desde entonces, la agencia dependiente del Ministerio de Sanidad no volvió a autorizar un tratamiento de fagoterapia en humanos (sí se han permitido en perros, gatos o caballos) en nuestro país. Entre mayo de 2023 y el verano de 2024 se habían logrado aprobar para un uso compasivo, en casos en los que cualquier otra alternativa terapéutica había fracasado y siempre con el consentimiento informado del paciente. Ella, no obstante, sigue insistiendo a la Agencia del Medicamento. «Ayer me contestaron otra vez que requieren de ensayos clínicos, que no van a dejar hacer más usos compasivos y que ahora mismo no hay un marco para una fagoterapia personalizada», explica. Los virus bacteriófagos no son ninguna novedad. Fueron identificados por primera vez hace más de un siglo por Félix d'Herelle , del Institut Pasteur de París, que junto al microbiólogo georgiano George Eliava descubrieron el potencial de los fagos para combatir infecciones. En aquellos primeros años del siglo XX su potencial era especialmente llamativo en el contexto militar, pero el fusilamiento de Eliava en 1937 y el descubrimiento de la penicilina confinaron toda investigación sobre estos virus a un oscuro reducto tras el telón de acero. Sólo décadas más tarde, con el colapso de los antibióticos —los actuales son cada vez más ineficaces y la industria farmacéutica es incapaz de encontrar alternativas— y la aparición de las superbacterias, la ciencia occidental comenzó a mirar de nuevo hacia estos virus bacteriófagos en busca de respuestas. Hasta hace una década, los fagos interesaban principalmente a la ciencia básica. El grupo de Francis Mojica en la Universidad de Alicante, por ejemplo, lleva años observando cómo las bacterias emplean el sistema de modificación genética Crispr-Cas para defenderse de estos virus. Mientras, se oían historias como la de aquel hijo que viajó a Georgia para traerse en una maleta hasta el sur de España unos viales de fagos que pudieran ayudar a su anciano padre a superar una infección de SARM (Staphylococcus Aureus Resistente a la Meticilina), una de las superbacterias más difíciles de tratar. «En algunos trabajos previos realizados en otros países, la fagoterapia fallaba porque no se usan terapias específicas», explica Domingo-Calap. «Está claro que si le pones a un paciente un fago que no reconoce a su bacteria, no funciona». Sin embargo, en los últimos años, gracias a iniciativas como el Grupo de Trabajo en Terapia Fágica y a una mayor colaboración internacional, la eficacia de este tipo de tratamientos ha dado un salto. Ya no se dispara a las bacterias con perdigones georgianos, sino con precisión submilimétrica. En el caso de Irene Nevado, por ejemplo, los investigadores del I2SysBio obtuvieron una muestra de la 'Pseudomona aeruginosa' que la estaba torturando y trabajaron con expertos en terapia fágica de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, para crear un antídoto idóneo, perfeccionado además para ser más efectivo y generar menos resistencias. Además, los fagos no son una antítesis al tratamiento con antibióticos, sino que pueden ser complementarios. Como destacaba hace un año María del Mar Tomás, vocal de comunicación de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas (Seimc) en una jornada sobre estas terapias, «lo más importante que tienen los fagos es su acción sinérgica con los antibióticos y es clave, porque nos permite recuperar antibióticos que eran resistentes como son los betalactámicos», es decir, la amoxicilina clavulánico, el meropenem o el imipenem, asequibles y consolidados en la práctica clínica pero cuya eficacia frente a determinadas amenazas se ha ido reduciendo. El uso actual de los fagos como terapia antimicrobiana es muy dispar en Europa . Bélgica o Polonia se han postulado como estandartes, mientras que otros países observan con cautela la evolución de la fagoterapia amparándose en su uso compasivo. El año pasado, la Comisión dio un empujón a probar la seguridad y eficacia de los tratamientos con fagos concediendo 45 millones de euros a tres únicos proyectos. La paradoja es que, para arrancar, la terapia con fagos no necesita tanto dinero —de hecho, el tratamiento de Nevado fue financiado de forma altruista por asociaciones de pacientes de fibrosis quística y llevado a cabo en la sala de bioseguridad del instituto valenciano— pero para reunir los requisitos que la Aemps exige a Domingo-Calap para aplicar los fagos a los 150 pacientes que ya tienen caracterizados, se necesitan varios millones de euros: desarrollar un ensayo clínico en varias fases, construir infraestructuras como una sala blanca, solo al alcance de grandes farmacéuticas, que la empresa que administre los fagos tenga capacidad de fabricación farmacéutica, etcétera. De ahí la frustración. Para facilitar la transferencia del laboratorio al mundo real, Domingo-Calap fundó en 2023 Evolving Therapeutics, una 'spin-off' de la Universidad de Valencia. Pero sin el aval regulatorio de la Aemps todo proyecto que involucre usar fagos entra sin remedio en un bucle kafkiano: para eliminar las trabas se exige un ensayo clínico, pero eso requiere financiación, que ni la industria ni Europa va a facilitar si en el país existen trabas burocráticas. Este periódico se puso en contacto hace unos días tanto con la Aemps como con el Ministerio de Sanidad para conocer su versión, sin obtener respuesta a la fecha de publicación de este reportaje. Incluso con su fago personalizado bajo el brazo y en una situación tan apremiante, a Nevado tampoco le resultó sencillo que en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid aceptaran darle el tratamiento. «Mi impresión es que era por desconocimiento, los médicos no sabían qué era», explica. «De hecho, desde que me lo pusieron nunca me han preguntado qué tal me fue con los fagos». «Un fago no es como un fármaco, una molécula que sale de una cadena de producción y que se valida para todos por igual: es un producto biológico que debería seguir otras normas», argumenta la viróloga. De hecho, otra alternativa para tratar las infecciones de bacterias resistentes como la terapia fecal está siendo desplegada con alfombra roja. Recientemente, la biofarmacéutica vasca Mikrobiomik logró de la Aemps la autorización para su terapia biológica basada en microbiota fecal tras varios años siendo aplicada como uso compasivo. «Estoy, por supuesto, a favor de que se apruebe el trasplante fecal », explica Domingo-Calap, «pero lo que más tiene son fagos, ¿por qué entonces no se permite usar un vial de suero salino con el fago que mata la bacteria diana del paciente? Ese fago lleva un 'pasaporte', lo secuenciamos, lo analizamos y los resultados en el laboratorio avalan su uso. Sabemos que ese fago no afecta a la microbiota. ¿Cómo es posible que no nos dejen utilizarlo? Literalmente no lo entiendo». La intención de los investigadores que trabajan con fagos en España sería disponer de una «fagoteca » , si no en cada hospital al menos en algunos centros de referencia. Allí tendrían la oportunidad de testar los fagos disponibles con las cepas que van llegando de los pacientes en apuros. Y, como en Tinder, si hay un 'match', poder realizarlo. «Hay gente que dice que si les tocaran diez millones de euros en la lotería viajarían por el mundo o dejarían de trabajar», reflexiona Domingo-Calap. «Yo me lo gastaría todo en financiar ese ensayo clínico».