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Cuando un familiar o una persona cercana recibe la indicación de someterse a una intervención quirúrgica o a un examen médico invasivo, es completamente natural que las dudas y los nervios se instalen tanto en el paciente como en quienes lo cuidan. Lejos de ser meros espectadores, los acompañantes desempeñamos un papel determinante para transformar una vivencia que suele percibirse como amenazante en un proceso mucho más humano. Al fin y al cabo, cuidar también consiste en sostener la calma cuando el entorno se tambalea . Para abordar esta preparación con garantías, desde el Consejo General de Enfermería (CGE), como colaboradores de la iniciativa ABC Cuidamos Contigo, ofrecen una serie de pautas fundamentales que convierten el cuidado previo en el mejor aliado para la recuperación . Como explica Roberto Guerrero, enfermero del Instituto de Investigación Enfermera, la clave reside en la anticipación y en el acompañamiento emocional: «Cuando alguien se enfrenta a un quirófano, los nervios nublan muchas veces la atención. Nuestro trabajo como acompañantes es ser ese mapa y ese refugio que ayuda a que nada se pase por alto». En primer lugar, resulta imprescindible revisar juntos, aproximadamente una semana antes, las instrucciones facilitadas por el equipo clínico . Comprobar la fecha, la hora exacta, las pautas de ayuno o los posibles cambios en la medicación habitual evita imprevistos de última hora y permite consultar cualquier duda con los profesionales sanitarios antes de cruzar las puertas del hospital. En este sentido, la gestión de los fármacos y la restricción de alimentos y líquidos requiere un rigor absoluto ; por ejemplo, las guías recuerdan que no deben tomarse sólidos ni bebidas opacas en las seis horas previas, limitando los líquidos claros hasta dos horas antes de la intervención. Asimismo, la logística práctica alivia una gran parte de la tensión acumulada. Conviene planificar el trayecto con antelación suficiente para esquivar contratiempos con el tráfico o el aparcamiento, y organizar con calma el regreso a casa, sabiendo que la persona intervenida no podrá conducir. La noche anterior, el esfuerzo compartido de preparar una mochila con lo imprescindible —como el documento de identidad, los informes médicos, las gafas o ropa cómoda— dota a la familia de una sensación de control muy necesaria. Ya en el día clave, la sencillez debe imperar : acudir con prendas fáciles de quitar y poner, despojarse de joyas y metales, y prescindir de maquillajes o lociones corporales. Pero más allá de la burocracia y los preparativos logísticos, el sostén emocional es el auténtico pilar invisible de la intervención. Como recuerda Guerrero, el apoyo empieza mucho antes del día clave: «A veces, una conversación serena, un gesto de cariño o simplemente sentarse a escuchar sus miedos ayuda mucho más de lo que imaginamos». Animarle a llevar algún objeto querido que le aporte familiaridad y calor humano, ocuparse de sus pertenencias durante la cirugía o convertirse en su memoria cuando despierte aturdido por la anestesia consolida un cuidado integral que continúa, con paciencia y entrega, una vez de regreso en el hogar.
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La cara, dicen, es el espejo del alma, pero para los algoritmos también empieza a ser un reflejo de nuestro estado de salud. Un equipo de investigadores del Mass General Brigham (Estados Unidos) ha desarrollado un modelo de inteligencia artificial entrenado con más de 40 millones de imágenes faciales capaz de estimar la edad biológica de una persona y predecir su riesgo de supervivencia ante un cáncer con la única referencia de una fotografía. La investigación, publicada en la revista ' Lancet Digital Health ', abre la puerta a evaluar la fragilidad de los pacientes antes de someterlos a tratamientos como la quimioterapia, la radioterapia o la cirugía mayor. La herramienta no pretende sustituir el criterio médico, sino aportar un indicador numérico rápido, escalable y objetivo para personalizar las decisiones clínicas . El desarrollo técnico se basa en la arquitectura FAHR-Face (Fundación de Inteligencia Artificial para el Reconocimiento de la Salud), una red neuronal capaz de aprender la estructura general del rostro humano para después centrarse en distintas tareas sanitarias. De este tronco común nacen dos herramientas complementarias: una destinada a calcular cuántos años representan las facciones de un individuo, y la otra diseñada para evaluar la expectativa de vida en pacientes con patologías oncológicas. Lo relevante del hallazgo es que ambas métricas, aunque salieron del mismo modelo de origen, no miden exactamente lo mismo. Sus predicciones aportan información complementaria y que no está correlacionada. De hecho, los algoritmos se fijan en zonas anatómicas completamente distintas para llegar a sus conclusiones. Mientras que la herramienta enfocada en la edad se centra en los surcos nasogenianos, la frente y las sienes, el modelo que calcula la supervivencia analiza con mayor atención la zona infraorbitaria, debajo de los ojos , y el puente nasal. «A medida que la población envejece, los médicos necesitamos mejores herramientas para estimar la reserva física y la fragilidad de un paciente antes de recomendar tratamientos intensivos como la radioterapia, la cirugía o la terapia sistémica», señala Raymond Mak, oncólogo radioterápico del Mass General Brigham Cancer Institute y coautor del estudio. Para el especialista, el objetivo es «hacer que la evaluación de la salud basada en fotografías sea más cuantitativa, consistente y escalable para respaldar decisiones personalizadas en lugar de reemplazar el juicio médico». El estudio también confirmó que la brecha entre la edad cronológica —la que figura en el DNI— y la edad biológica que detecta la máquina guarda una relación directa e independiente con la supervivencia. Los hábitos de vida dejan una huella visible que el algoritmo no pasa por alto: el consumo intensivo de alcohol, el uso de drogas y el tabaquismo aceleran el envejecimiento facial. En el caso del tabaco, la graduación es exacta, reflejando que los fumadores habituales aparentan mayor edad biológica que los exfumadores, y estos a su vez más que quienes nunca han probado el cigarrillo. «El avance técnico clave es que la arquitectura aprende una representación general del rostro a partir de más de 40 millones de imágenes, que luego puede adaptarse a distintos resultados de salud», explica Hugo Aerts, director del programa de Inteligencia Artificial en Medicina del Mass General Brigham y coautor del trabajo. Aerts destaca la trascendencia del hito médico: «FAHR-FaceSurvival da un paso más allá al aprender el riesgo de mortalidad directamente de fotos de pacientes oncológicos. Hasta donde sabemos, esta es la primera demostración de que un modelo de IA puede predecir la supervivencia al cáncer a partir de una simple fotografía». Una de las sorpresas durante la fase de validación técnica fue la robustez de las lecturas. El algoritmo mantuvo una notable estabilidad frente a variaciones habituales en fotografías del mundo real, como cambios en la iluminación, la postura de la cabeza, la expresión facial o la presencia de maquillaje . Del mismo modo, la mayoría de los procedimientos de cirugía estética analizados no alteraron de forma sustancial las predicciones de la máquina, mostrando únicamente una leve variación tras las intervenciones de rinoplastia. Para continuar refinando y validando la precisión de estos modelos biométricos en poblaciones más diversas, el equipo ha puesto en marcha, en colaboración con la Universidad de Harvard, un estudio participativo abierto al público. A través de una plataforma 'online' , cualquier usuario puede subir una imagen facial para recibir una estimación orientativa de su edad biológica , aportando datos de forma anónima para calibrar esta medicina futurista, donde un simple 'selfie' podría convertirse en el primer triaje de un historial clínico.
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Meritxell Rovira, bióloga y doctora en Ciencias de la Salud y de la Vida, trabajaba en investigación sobre regeneración del páncreas, y estaba inmersa en un posdoctorado, cuando a los 34 años, con una hija de dos, le dijeron que tenía cáncer de mama . No había antecedentes familiares y el diagnóstico fue complicado. «Me noté un bulto en el pecho, pero como seguía con lactancia lo achacaba a eso. Me llegaron a hacer 3 mamografías y 3 ecografías en 6 meses y no se veía nada. Por mi insistencia, me hicieron una biopsia del nódulo. No se imaginaban que fuera maligno y luego hubo que correr», recuerda. Pasó por una mastectomía del pecho izquierdo, quimioterapia, radioterapia, una reconstrucción y, durante una década, ha estado en tratamiento hormonal. Ahora, con 48 años, ya no tiene que tomar nada, está bien y con revisiones anuales. «Al principio, tener el conocimiento de investigadora, como paciente a mí me abrumó mucho porque sabes todo: los porcentajes, lo que es cada tratamiento... Leía mucho artículo científico. Me agobié tanto que decidí que iba a ser paciente y a confiar en el sistema», cuenta. En mitad de toda esta aventura, se quedó embarazada de forma espontánea de su segundo hijo. Para conseguirlo, y tras hablarlo con su oncólogo, dejó la terapia hormonal durante un tiempo. «Participé en un estudio clínico que hacían a mujeres en edad fértil que quisieran quedarse embarazadas y estuvieran en terapia hormonal, bajo un seguimiento muy estrecho», rememora. Aunque la quimio afecta bastante a los ovarios y ella no había congelado óvulos previamente, consiguió la gestación de manera natural. «Lo viví como un regalo», asegura. El estudio en el que participó, denominado POSITIVE, acabó demostrando que interrumpir temporalmente el tratamiento hormonal bajo control médico en pacientes jóvenes con cáncer de mama para intentar un embarazo no aumenta su riesgo de recaída. Toda esta vivencia personal le hizo también replantearse su carrera profesional. De una manera casi natural cambió su enfoque hacia la investigación del cáncer de páncreas, el órgano que por su trayectoria ella ya conocía bien. «Tenía mi propio laboratorio, estaba en tratamiento hormonal, la quimio y todo lo demás ya había pasado y yo estaba bien, había tenido mi segundo hijo y fue como un agradecimiento a todo», afirma. En este sentido, hace referencia en varias ocasiones durante la entrevista a «los equipos médicos tan excepcionales que hay en España» y a «los investigadores , que están detrás intentando aprender y descubrir cosas para ayudar a los pacientes aunque no los veamos». Actualmente, Meritxell es investigadora y profesora de IDIBELL y la Universidad de Barcelona. Además, recibe financiación de Cris contra el Cáncer para su proyecto sobre el origen del cáncer de páncreas . «Estamos trabajando para entender cómo de distintos son los tumores dependiendo de la célula en la que se originen. Si sabes el nombre y apellido del tumor, le puedes dar un tratamiento personalizado», asegura. En el caso del cáncer de páncreas, uno de los de peor pronóstico, el objetivo está en encontrar biomarcadores que permitan un diagnóstico precoz y terapias más dirigidas. «El principal problema es que es de difícil detección porque la sintomatología es muy general (pérdida de peso, dolor de espalda, más cansancio). No tenemos un marcador como sí existe en mama o próstata. Tenemos que encontrar una manera de diagnosticar antes de que sea tarde. Un tumor de páncreas de 2 centímetros tiene una supervivencia a cinco años de menos del 10%, frente al 95% de supervivencia que tiene un tumor del mismo tamaño de mama. También hay que refinar las técnicas diagnósticas de imagen y se está avanzando mucho en terapias más personalizadas », considera la investigadora. A ella le tocó vivir el cáncer siendo muy joven, un fenómeno que ya no es anecdótico. «Nos está dando miedo a los investigadores el aumento de tumores malignos en menores de 40 años . Se está incrementando mucho este porcentaje, especialmente en los gástricos. Incluso en el pancreático, cuyo diagnóstico es más típico en personas mayores, a partir de los 60-65 años», señala. Entre las hipótesis de este descenso en la edad, los cambios en el estilo de vida de las últimas décadas (peor alimentación, más sedentarismo y estrés) ganan terreno. También que hoy en día haya técnicas más avanzadas permite diagnósticos más precoces. «Se está estudiando todo: microbiota , ambiente, nutrición, el ejercicio... Somos mucho más sedentarios. En cáncer de mama está muy descrito que el ejercicio durante y después del tratamiento mejora los resultados. También hay estudios que apuntan a que los embarazos tardíos pueden tener cierta influencia en la aparición de los tumores de mama», confirma. El hecho de haber estado en los dos lados, como paciente e investigadora, le ha dado otra perspectiva en su trabajo: «Me siento mucho más cercana a todos los pacientes. Tengo bastante contacto con ellos y entiendo su sufrimiento y el de sus familias. El cáncer es muy duro. En el laboratorio recibimos muchas muestras de enfermos de páncreas y no los veo como un número, realmente veo a la persona», asegura. Por eso, reconoce que le gusta ser «súper detallista y que no falle nada, que el experimento funcione porque detrás hay una vida y una familia. Lo vivo casi como algo personal».
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El tratamiento de las arterias coronarias obstruidas podría estar a punto de experimentar un cambio de paradigma. Durante décadas, la colocación de un stent (un pequeño muelle o tubo de malla metálica que se expande para mantener abierta la arteria) ha sido la solución estándar en las angioplastias . Sin embargo, una investigación liderada por la Universidad de East Anglia (Reino Unido) demuestra que un dispositivo temporal, el balón recubierto de fármaco, logra exactamente los mismos resultados en los eventos cardíacos más graves sin necesidad de implantar una prótesis permanente. El trabajo, que analiza los datos de diez ensayos clínicos aleatorizados con un total de 7.832 enfermos de cardiopatía isquémica, concluye que los balones recubiertos de fármaco no presentan diferencias significativas frente a los stents liberadores de medicación a la hora de prevenir infartos de miocardio o muertes por causas cardiovasculares. La gran ventaja de este procedimiento es que, tras inflarse durante unos segundos para transferir la medicación directamente a la pared del vaso sanguíneo y prevenir que vuelva a estrecharse, el balón se retira por completo del organismo. «Los stents liberadores de fármacos son pequeños tubos de malla que se introducen en las arterias bloqueadas y constituyen actualmente el tratamiento estándar para muchos pacientes que se someten a una angioplastia», explica la doctora Natasha Corballis, investigadora principal del estudio en la Escuela de Medicina de Norwich de la Universidad de East Anglia. «Sin embargo, los balones recubiertos de fármaco ofrecen un enfoque alternativo . A diferencia del stent, que permanece en la arteria de forma permanente, el balón se retira tras el tratamiento. Al inflarse, libera el medicamento en la pared arterial para ayudar a evitar que el vaso vuelva a estrecharse». Los resultados del análisis, publicados en la revista científica ' eClinicalMedicine ' (del grupo The Lancet) mantuvieron su consistencia incluso cuando los científicos excluyeron de la muestra los estudios centrados únicamente en arterias pequeñas, un escenario donde este tipo de balones ya contaba con evidencia científica sólida y uso clínico consolidado. No obstante, la investigación también pone sobre la mesa un matiz importante. Cuando los investigadores analizaron los casos en los que la lesión se situaba en arterias de mayor calibre, observaron que los pacientes tratados con el balón recubierto de fármaco mostraban una mayor probabilidad de necesitar un segundo procedimiento con el tiempo para volver a abrir el vaso, una variable conocida en la jerga médica como revascularización del vaso diana. A pesar de este dato, los autores del trabajo piden cautela antes de extraer conclusiones precipitadas sobre los vasos grandes. «Cuando analizamos las arterias más grandes, los pacientes tratados con balones recubiertos de fármacos mostraron más probabilidades de requerir un procedimiento repetido para reabrir la arteria», admite Corballis. Sin embargo, la investigadora aclara que existía una variabilidad considerable entre los diferentes estudios analizados y que este resultado concreto estaba fuertemente condicionado por los datos procedentes de un único ensayo clínico. «Nuestra investigación demuestra que no hay una diferencia significativa entre ambos tratamientos en lo que respecta a los pronósticos más graves», concluye Corballis para contextualizar el balance global del hallazgo. «Los pacientes tratados con balones recubiertos de fármaco no tuvieron mayor probabilidad de morir por causas cardiovasculares que los que recibieron stents. Las tasas de infarto de miocardio fueron prácticamente idénticas entre ambos grupos». El hallazgo impulsa el interés de la comunidad médica internacional por la denominada estrategia de «no dejar nada atrás» (en inglés, 'leave nothing behind'), una corriente de la cardiología intervencionista que busca restaurar el flujo sanguíneo natural evitando la presencia permanente de cuerpos extraños dentro de la vasculatura. «Este enfoque podría reducir algunas de las complicaciones a más largo plazo asociadas a los stents, al tiempo que preserva las opciones de tratamiento futuras si los pacientes desarrollan una progresión de la enfermedad en el mismo vaso», señala el profesor Vassilios Vassiliou, coautor principal del estudio e investigador en la misma universidad. La presencia de un stent metálico puede dificultar cirugías futuras o intervenciones complejas si la arteria vuelve a enfermar con el paso de los años, además de requerir en ocasiones pautas prolongadas de fármacos antiagregantes para evitar que se formen coágulos en la propia malla. A pesar de los prometedores resultados del metaanálisis, el equipo investigador subraya que será necesario poner en marcha ensayos clínicos aleatorizados de mayor envergadura y con periodos de seguimiento más prolongados en el tiempo. Solo así se podrá certificar si la estrategia de liberar fármacos mediante balón sin dejar prótesis es igual de segura y eficaz a largo plazo cuando se aplica a arterias principales o a lesiones coronarias de alta complejidad.
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La leche materna es el primer sistema de defensa que la naturaleza pone a disposición de un recién nacido. Sin embargo, su potencial inmunológico podría no estar restringido únicamente a los lactantes . Un equipo de investigadores de la Universidad McMaster (Canadá) ha logrado purificar un complejo de anticuerpos procedentes de la leche de más de un centenar de donantes para transformarlo en una suerte de escudo nasal capaz de neutralizar de forma directa varios de los virus respiratorios más comunes y peligrosos. El tratamiento, denominado LCTG-001, está compuesto por inmunoglobulina A secretora (sIgA) policlonal . En ensayos de laboratorio, este concentrado demostró una notable capacidad para bloquear el virus de la gripe A (tanto las cepas H1N1 como H3N2), el virus respiratorio sincitial (VRS) y el adenovirus humano tipo 5. Según los resultados del trabajo, publicado en la revista ' Science Advances ', la administración por vía nasal de este compuesto actúa como una barrera inmunológica pasiva en las mucosas, el punto de entrada habitual de los patógenos aéreos. Para comprobar su eficacia en un organismo vivo, los científicos probaron el fármaco en modelos animales expuestos a la cepa H1N1 de la gripe. Dos únicas dosis intranasales —administradas dos horas antes del contagio y 24 horas después— bastaron para reducir drásticamente la gravedad de la enfermedad, atenuar el daño pulmonar y preservar la integridad de la barrera de los tejidos respiratorios. La protección se observó tanto en animales con un sistema inmune sano como en aquellos que presentaban un déficit severo de anticuerpos. Aunque en los animales sanos las cargas virales terminaron equiparándose con el paso de los días a las de los controles no tratados, el grupo que recibió la terapia sufrió lesiones inflamatorias considerablemente menores en los pulmones. Los análisis de laboratorio mostraron además que el compuesto es capaz de inhibir la neuraminidasa del virus de la gripe —la enzima que le permite infectar nuevas células— y de estimular la respuesta de los neutrófilos humanos ante la presencia de antígenos virales. Para elaborar esta primera hornada del fármaco, los autores purificaron las inmunoglobulinas a partir de la leche donada por 120 mujeres a través de bancos de leche en Indianápolis y Pittsburgh (EE. UU.). El producto no solo mostró eficacia frente a virus estacionales ; también logró unirse con éxito a proteínas y partículas similares a virus pertenecientes al subtipo H5N1 de la gripe aviar (concretamente del clado 2.3.4.4b, el que actualmente preocupa a las autoridades sanitarias globales). Aunque en las pruebas in vitro su capacidad neutralizante directa frente a esta cepa concreta de gripe aviar fue modesta y aún no se ha testado en animales, los autores sugieren que la plataforma podría adaptarse rápidamente como respuesta preventiva ante eventuales amenazas pandémicas . El verdadero valor de la inmunización pasiva en mucosas radica en su inmediatez : a diferencia de las vacunas tradicionales, que requieren semanas para que el organismo genere sus defensas, la aplicación directa de anticuerpos en las fosas nasales aporta una protección instantánea. Esta característica convierte a tratamientos como el LCTG-001 en candidatos idóneos para proteger de urgencia a personas vulnerables con inmunodeficiencias o para contener brotes epidémicos en sus estadios más tempranos. Aunque su eficacia en seres humanos todavía debe demostrarse en ensayos posteriores, el estudio confirma que la leche materna conserva secretos inmunológicos capaces de proteger no solo a los bebés, sino a toda la población .
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El ovario ha sido considerado durante décadas un vestigio biológico destinado a quedar en silencio una vez que cesa la producción de óvulos y estrógenos . Sin embargo, una investigación que publica la revista ' Aging Cell ' acaba de desmontar esta creencia al demostrar que el ovario posmenopáusico permanece dinámico y sufre una remodelación continua a lo largo de los años. El trabajo, liderado por científicos de la Universidad Northwestern (Estados Unidos), ha detectado que este órgano acumula progresivamente marcadores de inflamación, senescencia celular y alteraciones estructurales en sus tejidos conforme la mujer envejece. El hallazgo plantea un cambio de paradigma en la salud femenina, al sugerir que la actividad biológica del ovario tras la menopausia podría enviar señales al resto del organismo e influir de forma directa en el envejecimiento sistémico y en el riesgo de padecer patologías crónicas. Francesca Duncan, profesora de ciencia reproductiva en la Escuela de Medicina de la Universidad Northwestern y codirectora del proyecto, explica la trascendencia de este giro conceptual: «Al alcanzar el punto de no retorno en cuanto a fertilidad, la mayoría de la gente asume que los ovarios simplemente se quedan ahí sin hacer nada. Sin embargo, nuestro estudio demuestra que no es un espectador inerte; la biología que observamos a través de distintas décadas muestra que está sucediendo algo verdaderamente relevante». Para desentrañar qué ocurre exactamente en el interior del tejido ovárico maduro, los investigadores analizaron más de 5.800 grupos de proteínas en muestras de ovarios sanos procedentes de 28 mujeres de entre 50 y 75 años. Obtener tejido ovárico humano sano en esta franja de edad resulta extremadamente complejo , lo que convierte este lote en una colección científica de extraordinario valor. Los resultados revelaron que el perfil biológico del ovario varía sustancialmente con el paso del tiempo: mientras que los ovarios de mujeres en la década de los 50 conservan niveles más altos de proteínas dedicadas al mantenimiento celular y la arquitectura tisular, las muestras procedentes de mujeres de 70 años o más presentan un claro predominio de moléculas vinculadas a la inflamación crónica , la respuesta inmune y la degradación del soporte extracelular. Esta alteración en la composición proteica refleja un proceso en el que el tejido pierde progresivamente su identidad original y adquiere rasgos propios de la senescencia celular , un estado en el que las células viejas dejan de dividirse pero permanecen metabólicamente activas, liberando sustancias que alteran el entorno circundante. Birgit Schilling, profesora del Instituto Buck para el Envejecimiento y coautora del trabajo, destaca la naturaleza cambiante del órgano: «A lo largo de las décadas se aprecian diferencias bastante drásticas en los niveles de ciertas proteínas, algunas aumentando y otras reduciéndose drásticamente. El ovario influye en cómo envejecemos porque se comunica con otros órganos como el cerebro o los huesos; la osteoporosis o el deterioro óseo posmenopáusico podrían guardar relación con estos cambios». Más allá de la inflamación, la investigación ha identificado una inquietante coincidencia molecular entre el envejecimiento normal del ovario y el desarrollo del cáncer de ovario. Trabajos previas del equipo de Duncan ya habían demostrado que, con la edad, el ovario experimenta un proceso de fibrosamiento y rigidez progresiva similar al de una cicatrización . Dado que las células tumorales proliferan con mayor facilidad en entornos rígidos y ricos en colágeno, los científicos buscaron si existía un vínculo a nivel molecular. El análisis confirmó que, a pesar de que todas las muestras analizadas estaban completamente libres de enfermedad, las proteínas asociadas habitualmente al cáncer ovárico mostraban una mayor abundancia en las mujeres de mayor edad , con una señal especialmente intensa a partir de los 60 años. Este hallazgo no implica que el ovario posmenopáusico sea pretumoral por definición, pero sugiere que el envejecimiento fisiológico del tejido crea un ecosistema idóneo para que eventuales células anómalas prosperen. «No significa que todas las mujeres posmenopáusicas vayan a desarrollar la enfermedad, pero sabemos que ese entorno inflamatorio y fibrótico es precisamente el que prefieren las células cancerosas para anidar», señala Duncan. «El envejecimiento ovárico podría actuar como un 'tercer impacto' en la aparición del cáncer, sumándose a la predisposición genética y a los factores ambientales. La gran pregunta ahora es si podemos intervenir terapéuticamente en este tejido para reducir el riesgo oncogénico o identificar nuevos biomarcadores tempranos». La constatación de que el ovario continúa transformándose décadas después de que se extinga la reproducción plantea nuevos interrogantes médicos y éticos sobre la gestión de la salud en la madurez. Puesto que la esperanza de vida permite a las mujeres vivir hoy varias décadas tras la menopausia, comprender el papel real de este órgano se ha vuelto prioritario. La investigación abren un debate sobre si el ovario actúa como un «canario en la mina de carbón» cuyo deterioro acelera el declive general de la salud o si, por el contrario, estas modificaciones forman parte de una respuesta adaptativa inofensiva. Los autores enfatizan que los datos actuales no justifican en absoluto la extirpación preventiva de ovarios sanos durante la posmenopausia, una práctica quirúrgica que ha sido objeto de debate médico en los últimos años. Sin embargo, sí obligan a replantearse la biología de la menopausia más allá del déficit hormonal. Como concluye la doctora Duncan, el reto inmediato es determinar si existe un punto de inflexión en la vida de la mujer en el que este órgano deja de aportar beneficios para convertirse en un factor de riesgo , abriendo la puerta a futuras terapias orientadas no a silenciar el ovario, sino a modular su envejecimiento de forma segura.
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La leucemia linfoblástica aguda de células B (LAL-B) es el cáncer más frecuente en la infancia. Afortunadamente, sus tasas de supervivencia han alcanzado cotas históricas, superando en muchos casos el noventa por ciento de curación . Sin embargo, detrás del éxito de las estadísticas se esconde un peaje invisible que se cobra en el entorno más íntimo del menor. Una nueva investigación publicada en la revista ' Journal of the National Comprehensive Cancer Network ' revela que más del 80 por ciento de las familias de niños en tratamiento sufren alteraciones drásticas en sus vidas, tales como despidos, reducciones de jornada o rupturas matrimoniales . El estudio, desarrollado en el marco del Children's Oncology Group (COG), una red que integra a más de 200 instituciones y atiende a cerca del 80 por ciento de los niños y adolescentes con cáncer en Estados Unidos, realizó un seguimiento a 420 familias de menores diagnosticados con LAL-B de riesgo estándar entre septiembre de 2010 y abril de 2013. Los resultados demuestran que el impacto es un zarpazo inmediato: a los dos meses del diagnóstico, el 56,2 por ciento de los hogares ya registraba al menos un cambio adverso de calado en la situación laboral o en el estado civil de los progenitores. Al cabo de los 26 meses que suele prolongarse la terapia, la cifra se elevaba al 81,2 por ciento. El manejo de una leucemia infantil exige una dedicación logística y emocional incompatible en muchos casos con las exigencias del mercado laboral. Hospitalizaciones imprevistas, consultas semanales y la constante vigilancia de posibles infecciones obligan a uno de los progenitores a abandonar su puesto de trabajo o a solicitar excedencias que merman drásticamente los ingresos del hogar, en un momento en que los gastos extraordinarios se disparan. Esta presión financiera prolongada actúa como un elemento de erosión directa en la pareja. «Como profesionales de la medicina, deberíamos pensar siempre en cómo minimizar los impactos secundarios de la terapia contra el cáncer», explica la doctora Rozalyn Rodwin, investigadora en el Yale Cancer Center y autora principal del trabajo. Para Rodwin, los datos ponen sobre la mesa que «la terapia no solo afecta al niño, sino que impacta de forma financiera, social y emocional en toda su familia; como el daño aparece temprano y persiste en el tiempo, el apoyo integral debe formar parte de la atención oncológica desde el primer día». El ensayo clínico evaluó asimismo si reducir la frecuencia de administración de determinados fármacos de mantenimiento —en concreto, espaciar las dosis de vincristina y dexametasona de cuatro a doce semanas— aliviaba la carga logística y familiar. Aunque las familias del grupo con pauta reducida informaron de una ligera disminución en los gastos directos superiores a los cien dólares, el resto de los indicadores de deterioro social y conyugal se mantuvo prácticamente idéntico entre ambos grupos. «Teníamos la esperanza de comprobar que reducir la intensidad del tratamiento conllevaría un menor número de consecuencias familiares adversas, pero en general no ha sido así», reconoce Rodwin. Este hallazgo demuestra que la distorsión del entorno familiar no depende únicamente del número de visitas al hospital, sino del estrés crónico que conlleva convivir con una enfermedad amenazante. Por ello, la investigadora aboga por que los oncólogos evalúen de rutina la «toxicidad financiera» y pregunten activamente por los cambios laborales o las crisis domésticas para derivar a los afectados a los servicios de apoyo social de forma temprana. La carga que soportan los cuidadores termina por repercutir en la propia evolución del paciente. La inestabilidad económica y el estrés continuado en el hogar influyen de forma negativa en la adherencia a los tratamientos orales y en el bienestar psicológico del menor durante su proceso de recuperación. En un análisis complementario publicado en la misma revista, Melissa Acquazzino, ajena al estudio, subraya la paradoja de la oncología pediátrica actual. «A pesar de las increíbles mejoras en la supervivencia de la leucemia infantil, la carga que representa el tratamiento sigue siendo un problema enorme», advierte Acquazzino, quien insiste en que las dificultades financieras y el angustioso malestar familiar terminan por impactar en la salud física y emocional del niño , lo que obliga a invertir en equipos multidisciplinares que amortigüen esta brecha social.
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Para entender la historia reciente de Estados Unidos y, por extensión, la del mundo contemporáneo, bastaría con analizar el producto más vendido de Johnson & Johnson en cada década: desde los polvos de talco para la generación del «baby boom», pasando por el analgésico Tylenol (paracetamol), los primeros antipsicóticos o el fentanilo, que desde hace años está siempre de trágica actualidad. Pero esa evolución comercial es, al mismo tiempo, el relato de cómo una multinacional ha gestionado sucesivos escándalos corporativos . En su explosivo libro 'No llores más: Los oscuros secretos de Johnson & Johnson' (Capitán Swing, 2026), Gardiner Harris —que cubrió la industria farmacéutica para 'The New York Times' o 'The Wall Street Journal'— desentraña una trama de negligencia, «marketing» ilegal y corrupción que, según sus estimaciones, ha costado la vida a más de dos millones de personas solo en Estados Unidos, con ramificaciones trágicas que también alcanzaron a España. En entrevista a ABC, Harris desmenuza los entresijos de una investigación que le ha costado amenazas, bloqueos editoriales en varios países y un exhaustivo escrutinio legal que redujo a la mitad el manuscrito original. No obstante, en las más de 500 páginas resultantes, sostiene que el gigante sanitario operó durante gran parte de su historia moderna con prácticas propias del crimen organizado , respaldado por un ejército de abogados y una Agencia del Medicamento (FDA) progresivamente colonizada por los intereses de la industria a la que debía vigilar. — Desde los años 50, Johnson & Johnson ha contado cada década con un producto superventas elevado a icono cultural, del polvo de talco al paracetamol o el fentanilo. Pero su libro también relata cómo cada producto conllevó un escándalo y, en cierta medida, sirvió de aprendizaje para tapar el siguiente. — Es una historia de la sanidad estadounidense, que, como sabe, es a la vez la mejor del mundo y la peor. Hay enormes contradicciones, servidores públicos maravillosos, pero también una cantidad ingente de corrupción. Y esa corrupción surge fundamentalmente de que, en Estados Unidos, Johnson & Johnson puede pagar a los médicos para que actúen como comerciales a tiempo parcial. Eso subyace en la corrupción de todas estas historias: la de los opioides, la del antipsicótico Risperdal... los opioides nunca habrían llegado a ser tan graves si a las grandes farmacéuticas se les hubiera prohibido pagar a los médicos. El poder corruptor del dinero es notable, porque muchos de estos médicos se engañan a sí mismos pensando que hacen lo correcto mientras aceptan dinero extra, justificando que prescribirían esos fármacos de todos modos y que el dinero es insignificante. Y eso es falso. — Pero cuando hablamos de un gigante global, esas historias dejan de ser sólo estadounidenses, ¿no? — Desgraciadamente, esa corrupción se extiende a lugares como España. Pensemos en la historia de la eritropoyetina (EPO) y el cáncer: la empresa ocultó lo que sabía sobre la EPO durante más de una década, mientras oncólogos en España la utilizaban en pacientes con cáncer. Se dejaron engañar porque una compañía mintió, y los investigadores que sabían la verdad guardaron silencio porque había contratos de confidencialidad, querían conservar el dinero o temían que el ensayo que mostraba que la EPO mataba pacientes fuera una anomalía. Fue un crimen que costó al menos 500.000 vidas allí, y con toda seguridad varios miles en España. — En el libro, usted da el cálculo de que las negligencias de J&J le habrían costado la vida a cientos de miles de personas. ¿Pero no habría que descontar las vidas que sus productos han salvado? — Estimo que mataron aproximadamente a dos millones de estadounidenses con solo tres productos, sin contar los implantes de cadera metal-metal y las mallas vaginales. Alex Gorsky es el hombre de Johnson & Johnson que estuvo detrás de muchos de estos crímenes: lideró el equipo de Risperdal, estuvo al frente de los opioides y de las prótesis de cadera. Gorsky es claramente responsable de más muertes y lesiones que casi cualquier persona viva, y creo que eso probablemente incluye a Vladímir Putin, porque no creo que haya dos millones de muertos en la guerra de Ucrania ni nada que se le parezca. Sí, tienen algunos productos que salvan vidas, ¡pero ese es su trabajo, a eso se dedican! No se puede equilibrar ambas cosas. Hubo un momento en 2003 en que seis de sus siete fármacos más vendidos estaban involucrados en actividades delictivas. Podría argumentarse que las familias mafiosas obtienen un porcentaje mayor de sus ingresos de actividades legales del que obtenía Johnson & Johnson en aquella época. Ha sido, para mí, una organización criminal durante gran parte de su historia, y no hay razón para creer que ahora sea mejor que entonces. — Lleva cubriendo a la gran industria farmacéutica desde hace mucho tiempo y muchas de estas prácticas se han repetido en otras grandes empresas. ¿Qué le hizo centrarse específicamente en Johnson & Johnson y no en Merck, Pfizer o cualquiera de sus competidoras? — Hubo un par de razones. La primera es que, con diferencia, tienen la mejor reputación de la industria. Existen todas estas encuestas sobre las marcas más admiradas; en los años ochenta, Merck y Pfizer estaban entre las más respetadas del mundo, pero a medida que los precios subieron y se empezó a escribir sobre los problemas de Big Pharma, su popularidad decayó notablemente. En cambio, Johnson & Johnson siempre se mantuvo en la cúspide. No hay otra empresa en la Tierra donde exista un contraste mayor entre su reputación y su comportamiento. Esa hipocresía es lo que más nos enciende a los periodistas: que alguien presuma de ser intachable cuando en realidad es detestable. Es sencillamente una mentira. Además, cubriendo toda la industria, sentía que Johnson & Johnson era, con diferencia, la peor de todas. — ¿Por qué? — Cuando comencé a cubrir el sector en los años noventa, la gran historia era el sida en África. Investigadores estadounidenses, financiados por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) habían descubierto los antirretrovirales y el sida pasó de ser una enfermedad mortal a una crónica. Pero en África no podían permitirse esos cócteles, que costaban 60.000 dólares al año. Las grandes empresas debían permitir a los fabricantes de genéricos indios copiar sus medicinas y venderlas exclusivamente en África por un dólar al día para salvar el continente. Tras una enorme presión internacional, con conciertos de rock y apoyo de la ONU, todos los fabricantes aceptaron ceder sus patentes... excepto uno: Johnson & Johnson. No podía creerlo, supuestamente una de las empresas más éticas del mundo, y aquello extrañamente pasó desapercibido. Todos estos factores convergieron para que decidiera escribir este libro. — ¿Tuvo problemas para publicarlo? ¿Fue rechazado por otras editoriales o sufrieron restricciones editoriales? — Random House fue muy valiente, aunque pasamos por una revisión legal exhaustiva y muchas cosas terminaron siendo eliminadas. El manuscrito original era el doble de largo e incluía más productos, y admito que aquello iba demasiado lejos. Una de las razones por las que me emociona tanto que el libro se publique en España es precisamente que no ha podido ver la luz en gran parte del resto del mundo debido a temores legales. En Gran Bretaña no se publicó porque el editor decidió que las leyes de difamación eran demasiado estrictas y corríamos el riesgo de ser demandados; tampoco se lanzó en Australia y otros países donde los «bestsellers» estadounidenses se publican de forma automática. En Estados Unidos, algunos 'podcast' que cubren el sector sanitario me han confesado que sus abogados les prohíben hablar conmigo. Y es lógico: bromeo a menudo diciendo que Johnson & Johnson es en realidad un bufete de abogados con una filial de fármacos y dispositivos, ya que desde 2011 han gastado unos 35.000 millones de dólares en gastos de litigación. Son extremadamente agresivos, demandan directamente a los testigos que declaran en su contra y son los más duros entre los duros. — Mi última pregunta trata sobre el papel de la FDA. Al leer su libro un se da cuenta de que el prestigio de la agencia no ha sido socavado recientemente por la administración Trump, sino que arrastra una degeneración de décadas. ¿En qué situación se encuentra hoy en comparación con el pasado? — Ha sido un declive gradual que comenzó realmente en 1992, cuando el Congreso creó un sistema donde la industria farmacéutica aporta la mayor parte de la financiación directamente a la agencia. Hoy en día, los funcionarios de la FDA llaman a la industria «nuestros clientes». Sus prioridades son las prioridades de la industria porque de ellos depende el dinero que paga sus salarios. Esto es culpa nuestra, del público estadounidense, por haber vendido la FDA a las farmacéuticas. No puedes tener a tus agentes cobrando de los mismos delincuentes a los que deben vigilar.
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Solo 23 de las 53 facultades de Medicina que hay en España imparten formación obligatoria en cuidados paliativos a sus estudiantes, esto es, un 43 por ciento del total, según muestra una investigación liderada por el Observatorio Global de Cuidados Paliativos 'ATLANTES' del Instituto Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra. El estudio, realizado en colaboración con el Centro Europeo de Investigación en Cuidados Paliativos del Hospital Universitario de Oslo (Noruega) y publicado este sábado, Día Mundial de los Cuidados Paliativos, en 'The Lancet Regional Health-Europe', muestra la situación formativa en los 55 países de la región europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según revela, solo 15 de 55 países, un 27 por ciento, garantiza este aprendizaje de forma obligatoria en todas sus facultades. Son Alemania, Finlandia, Francia, Irlanda, Hungría, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Moldavia, Montenegro, Países Bajos, Noruega, Tayikistán y Reino Unido. El estudio subraya la relación entre la existencia de un marco regulatorio sobre la enseñanza de cuidados paliativos, sea o no vinculante, y una mayor implementación de la docencia al respecto en las universidades. En el caso de España, el país tiene una normativa no vinculante . «A pesar de que la situación dista mucho de ser satisfactoria, se están produciendo avances importantes», ha destacado el investigador principal del estudio y director de 'ATLANTES' y del Servicio de Control de Síntomas y Medicina Paliativa de la Clínica Universidad de Navarra, Carlos Centeno, sobre el panorama nacional. Entre las mejoras, ha subrayadp el aumento de profesionales médicos que imparten docencia en este campo y el impulso de la investigación. A su juicio, España es «uno de los países que mejor ha documentado la experiencia de enseñar cuidados paliativos en el grado de Medicina». Centeno ha aseverado que las desigualdades en la enseñanza de cuidados paliativos se producen en toda Europa, de forma que el lugar donde un futuro médico cursa sus estudios sigue determinando si recibirá formación en este ámbito y si será a través de una asignatura obligatoria u optativa. En este sentido, ha lamentado que en 17 de los países estudiados ninguna facultad de Medicina imparte estas enseñanzas dentro de una materia troncal. En estos casos, el acceso a la formación varía desde aquellos en los que es inexistente hasta los que la ofrecen a través de materias optativas. Atendiendo a la perspectiva regulatoria, el estudio muestra casos de países que imparten la educación de cuidados paliativos de forma obligatoria en todas sus facultades, pero cuentan con un marco normativo dispar. Por ejemplo, Francia, tiene una regulación vinculante y aprobó en 2016 de una ley independiente que establece la adquisición obligatoria de estos conocimientos en la formación médica inicial. Además, el contenido curricular está fijado por decretos ministeriales. Mientras tanto, Finlandia, donde no existe una ley vinculante, promueve su enseñanza a través de las recomendaciones nacionales curriculares y del Ministerio de Asuntos Sociales y Salud. Centeno ha defendido que la formación en cuidados paliativos, con independencia del camino que elija cada país para impartirla, «no es opcional ni negociable, sino un requisito esencial», que cumple con las necesidades de la sociedad y con los valores de la profesión médica. «Cuando un estudiante entiende que forma parte de su genoma de médico atender la enfermedad grave y aliviar el sufrimiento, también cuando no se puede curar, su actitud dura para siempre, ya sea cirujano, especialista en trasplantes o en microbiología. Siempre va a tener una mirada paliativa», ha resaltado. Por su parte, el responsable del paquete de trabajo sobre cuidados paliativos en JANE-2, el profesor Stein Kaasa, ha señalado que, en el marco de JANE-2, se llevarán a cabo acciones para impulsar la formación de grado y de posgrado en medicina paliativa, así como para reconocer la especialidad a nivel europeo. En su opinión, «es una amenaza para los pacientes y sus familias que solo el 27 por ciento de las facultades de Medicina de Europa enseñen medicina paliativa».
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En las enfermedades neurodegenerativas, adelantarse es fundamental. A día de hoy, no hay cura ni es posible regenerar las neuronas que ya se han perdido. Los biomarcadores para predecir la patología antes de que aparezca son una línea fuerte de investigación, pero muchas de las pruebas emergentes son complejas. Ahora, un nuevo estudio, presentado en el Congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, en Múnich, y publicado recientemente en la revista 'Journal of Alzheimer's Disease', apunta a que un análisis de sangre común, que ya se realiza durante los chequeos médicos rutinarios, puede contener pistas sobre el riesgo a largo plazo de demencia. La clave podría estar en los niveles de hemoglobina, que es la proteína de los glóbulos rojos que transporta el oxígeno por todo el cuerpo. El trabajo siguió a 316.542 adultos coreanos de 40 años o más que se sometieron a un examen médico nacional entre 2004 y 2005. Posteriormente, se utilizaron los registros del seguro médico estatal para rastrear los nuevos diagnósticos de demencia hasta 15 años después , a finales de 2019. Los investigadores clasificaron a los participantes en cinco grupos, desde el 20% con los niveles de hemoglobina más bajos hasta el 20% con los niveles más altos. De esta forma, descubrieron que las personas con los niveles más bajos de esta proteína de la sangre (el 20% inferior) tenían un riesgo un 16% mayor de padecer demencia por cualquier causa que aquellas en el grupo con la tasa de demencia más baja, mientras que las que estaban en el 20% superior de hemoglobina tenían un riesgo un 7% mayor. Pero el patrón fue diferente según el tipo de demencia. En el caso de la enfermedad de Alzheimer , la mayor probabilidad se observó principalmente en el 20% de las personas con los niveles más bajos de hemoglobina, que presentaban un riesgo un 14% mayor que el grupo de referencia. En la demencia vascular (causada por la reducción del flujo sanguíneo al cerebro), el 20% con los niveles más bajos de hemoglobina tenía una probabilidad un 19% mayor, mientras que el 20% con los niveles más altos tenía un riesgo un 18% mayor de desarrollar demencia. Además, en la demencia vascular, la relación no siguió un patrón simple en los cinco grupos de hemoglobina. La asociación también fue más clara y consistente en mujeres que en hombres. Un nivel bajo de hemoglobina suele estar asociado con anemia, mientras que un nivel inusualmente alto puede reflejar factores como el tabaquismo, la deshidratación, enfermedades pulmonares o cardíacas, u otras afecciones médicas. «Los resultados no demuestran que la hemoglobina en sí misma cause demencia, sino que sugieren que los niveles anormales de hemoglobina pueden ser un marcador visible de una vulnerabilidad física más amplia relevante para la salud cerebral», aclara el doctor Hyun Soo Kim, profesor asistente en la Facultad de Medicina de la Universidad Dong-A, Busan, Corea del Sur e investigador principal. En un contexto en el que la demencia es uno de los problemas de salud que más rápidamente está creciendo en las sociedades envejecidas, y no existen muchos tratamientos ni cura, «identificar marcadores sencillos y accesibles de riesgo futuro podría ayudar a los investigadores y a los médicos a comprender mejor cómo se relaciona la salud general con la salud cerebral a lo largo del tiempo», afirma. A diferencia de las pruebas especializadas o los biomarcadores emergentes, la hemoglobina ya se mide en análisis de sangre estándar en todo el mundo , por lo que es una prueba económica, conocida para médicos y pacientes, y a menudo está disponible en los historiales médicos rutinarios. Los investigadores recalcan que se trata de un estudio observacional, por lo que presenta varias limitaciones. Si bien puede identificar asociaciones, no puede probar que los niveles bajos o altos de hemoglobina causen directamente demencia. Los procesos de demencia precoz y no diagnosticada también pueden influir en la nutrición, la fragilidad, la pérdida de peso o la anemia, factores que podrían contribuir a la relación observada. «Queremos recalcar que estos hallazgos no deben interpretarse como una recomendación para tomar suplementos de hierro, aumentar los niveles de hemoglobina o disminuir los niveles elevados de hemoglobina con el fin de prevenir la demencia. Un resultado anormal de hemoglobina debe consultarse con un médico , ya que podría indicar problemas de salud subyacentes que requieren atención», advierte el doctor Kim. Por su parte, la doctora Lindsey Sinclair, investigadora clínica en psiquiatría geriátrica en la Universidad de Southampton, que no participó en el estudio, afirma que cada vez hay más evidencia de que la salud física y la salud cerebral están interrelacionadas. «También somos cada vez más conscientes de que los cambios que favorecen una mejor salud cerebral, ya sean médicos o de estilo de vida, son importantes en la mediana edad para reducir el riesgo de demencia en la edad adulta. Si bien este estudio muestra una posible relación entre los niveles de hemoglobina y el riesgo de demencia, se necesita más investigación para comprender si esta relación se presenta en personas de una gama más amplia de perfiles y qué se puede hacer para reducir el riesgo de demencia en personas con los niveles más bajos y más altos de hemoglobina», concluye.