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Terrazas del Rodeo

ABC - Salud

Salud
  • Lecanemab y donanemab son dos fármacos dirigidos contra el alzhéimer precoz que llegaron con fuerza tras 20 años sin novedades en este campo terapéutico. EE.UU. los aprobó entre 2023 y 2024, pero a Europa, que tiende a un enfoque más conservador y exigente en la aprobación de nuevos medicamentos, le costó un poco más. Hasta el año pasado no dio su visto bueno . Y ahora, en España, la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos ha decidido no incluirlos en la financiación pública. La Sociedad Española de Neurología (SEN), que agrupa a los especialistas que tratan a diario con estos pacientes, ha pedido «encarecidamente» a la ministra de Sanidad, Mónica García, al secretario de Estado de Sanidad y presidente de la CIPM, Javier Padilla y a los representantes de las Comunidades Autónomas que «reconsideren esta resolución». Los dos fármacos son anti-amiloides, que tienen como objetivo reducir las placas de amiloide que se acumulan en el cerebro y que pueden producir deterioro cognitivo y funcional que se relacionan con la enfermedad de Alzheimer. Hasta ahora solo se contaba con fármacos dirigidos a los síntomas, pero la nueva generación de medicamentos tiene como objetivo atacar al origen de la enfermedad en estados iniciales para enlentecer su progresión. A pesar de esta promesa, lecanemab y donanemab generaron controversia porque los beneficios clínicos no parecían tan significativos en algunos casos y porque en determinados pacientes conllevaba riesgos de edema cerebral y hemorragias. Eran casos leves que se resolvían por sí solos, pero esos efectos secundarios podían tener consecuencias fatales. Hoy se sabe que el riesgo de hemorragia cerebral está relacionado con la toma, al mismo tiempo, de anticoagulantes, un tratamiento habitual en personas de edad. Tras la aprobación de estos dos fármacos por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), el siguiente paso era su posible financiación por parte de los estados miembro. Y con esto ha surgido una nueva polémica entre Lilly, laboratorio que comercializa donanemab, y el Ministerio de Sanidad, tras su decisión el pasado 15 de julio de no financiar Kisunla (donanemab). En un movimiento sin precedentes, Julio Gay-Ger, presidente y director general de Lilly España, Portugal y Grecia, publicó este jueves una carta abierta mostrando su «tristeza» por esta decisión. Ante la «sorpresa» y «desilusión» que ha causado en la compañía farmacéutica, Gay-Ger asegura que mientras se sigue trabajando por la financiación pública, donanemab estará disponible en España a través del ámbito sanitario privado para los pacientes que, tras la valoración de su especialista, cumplan los criterios clínicos establecidos. «Cuando existe una opción terapéutica autorizada para una enfermedad tan devastadora, no podemos retrasar más su disponibilidad», ha afirmado. Solo en España, el alzhéimer afecta a unas 800.000 personas y cada año se realizan unos 40.000 nuevos diagnósticos. En un 90%, en personas mayores de 65 años, ya que es una patología muy ligada al envejecimiento. Se estima, además, que más del 50% de los casos que son leves están aún sin diagnosticar. Por alusiones, el secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha contestado este viernes a través de su cuenta de X, donde califica el comunicado de Lilly de «bastante sorprendente». Asegura que nadie tiene mayor interés, «tampoco ninguna compañía farmacéutica», que el Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas en mejorar la calidad de vida de las personas con alzhéimer y sus familiares, pero que los tratamientos de los que estamos hablando «tienen un valor clínico muy dudoso y han sido puestos en duda por múltiples agencias de evaluación de todo el mundo. De hecho, ningún país de la UE los tiene financiados de manera general y solo tres (Alemania, Austria y Luxemburgo) con un programa muy muy restringido y restrictivo)». Padilla afirma tajante que «no estamos hablando de tratamientos cuyo efecto revolucione la situación clínica de las personas con alzhéimer. En absoluto. Y esto es algo que conviene dejar claro porque si no estaríamos engañando a las personas que tienen alzhéimer y a sus familiares, y eso es lo primero que no hay que hacer». Por ello, afea a la farmacéutica que el precio de estos tratamientos sea muy elevado y «por sí mismos estos medicamentos pueden no justificar los precios que se están planteando». A pesar del cruce dialéctico, ambas partes se han mostrado dispuestas a seguir negociando para que los fármacos acaben siendo financiados por el sistema público. La SEN ha expresado su «profundo pesar» por la decisión adoptada el 15 de julio de 2026 por la Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos de no incluir en la financiación pública los fármacos lecanemab y donanemab para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer inicial, limitando su acceso a la prescripción en el ámbito privado. La doctora Raquel Sánchez-Valle, coordinadora del Grupo de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), pone en valor que «las principales agencias del medicamento del mundo, entre ellas la europea (EMA), han dictaminado que el balance eficacia-seguridad es positivo y por eso se comercializa ». «Múltiples agencias regulatorias abalan este balance positivo, y en este sentido, por ejemplo, en Estados Unidos, estos tratamientos están disponibles desde hace unos 3 años, con datos que avalan la seguridad y satisfacción de su uso en práctica clínica habitual», apunta. Aunque reconoce que los primeros fármacos que llegan al mercado no son los que cambian el campo y se quedan como óptimos, «ahora mismo es lo que tenemos, están aprobados y permiten abrir una puerta a que vengan otros más eficaces y baratos». En su opinión, el hecho de que este fármaco vaya a estar disponible en España en la sanidad privada pero no a nivel público tiene «implicaciones clínicas para los pacientes» y supone una «situación de inequidad». «Habrá pacientes que lo puedan recibir si pueden financiárselo. Esto nos pone en una situación inédita hasta el momento a los neurólogos», advierte la especialista de la SEN en conversación con ABC. Los neurólogos consideran que esta barrera económica «vulnera el principio de equidad del Sistema Nacional de Salud (SNS), creando diferencias inaceptables según la capacidad económica de los pacientes y sus familias y rompe los principios de universalidad y cohesión que inspiran nuestro sistema sanitario y del que estamos tan orgullosos. Además, enfrentará a los profesionales del SNS ante un dilema ético en cuanto a las recomendaciones que deben realizar a los pacientes que pudieran beneficiarse de estas terapias». Excluir estos fármacos del SNS, señalan desde la SEN, « retrasa la modernización de la atención pública a la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, así como la formación de nuestros profesionales, que fundamentalmente, se forman en centros públicos y la investigación en el campo». La incorporación ordenada de estos fármacos, supondría «la mejora de circuitos diagnósticos y redes asistenciales especializadas que no sólo beneficiarían a los pacientes que reciben estos fármacos, sino a todos aquellos con sospecha o afectados por algún tipo de deterioro cognitivo, como hemos presenciado los neurólogos en las últimas décadas con la introducción de novedades terapéuticas en ictus, esclerosis múltiple o migraña». 
  • Tras el éxito de los fármacos para perder peso como Ozempic o Wegovy se esconde una bomba de relojería financiera cuya onda expansiva amenaza con desestabilizar tanto los presupuestos públicos como los seguros privados. Un nuevo estudio liderado por la Universidad Northwestern (Estados Unidos) advierte de que el coste total de estos tratamientos —la factura real que suma lo que abona el paciente, las aseguradoras y el Estado— se ha multiplicado de forma insostenible en apenas un lustro. La investigación, publicada este jueves en el ' Journal of the American Heart Association ' analiza de manera pormenorizada la evolución de estas terapias entre 2017 y 2022 para poner cifras a un fenómeno que ha dejado de ser solamente clínico; se ha convertido también en un desafío macroeconómico. En el caso de los adultos que consumen estos agonistas del receptor de GLP-1 sin tener un diagnóstico de diabetes , es decir, solo para reducir su obesidad, el coste medio total por usuario se incrementó en un 157% en estos cinco años. Este aumento coincide en el tiempo con la aprobación por parte de las agencias reguladoras de la semaglutida, primero para la diabetes tipo 2 en 2017 (bajo la marca Ozempic) y posteriormente para el control del peso en 2021 (Wegovy). Por el contrario, la tirzepatida, comercializada posteriormente como Mounjaro o Zepbound, quedó fuera del rango temporal de este análisis. El impacto de estas aprobaciones disparó el uso de los fármacos GLP-1 un 230% en pacientes con diabetes y un 643% en personas no diabéticas. El estudio revela una paradoja: mientras la factura total de los medicamentos no ha dejado de subir, el gasto directo del bolsillo del paciente disminuyó significativamente durante el mismo período. En concreto, el desembolso directo de los usuarios bajó un 26% entre quienes no tenían diabetes y hasta un 39% entre los diagnosticados con la enfermedad. Esta aparente ventaja para el consumidor es, en realidad, un traspaso de la carga económica a los intermediarios del sistema de salud. Alguien tiene que pagar la diferencia , y el coste se acaba diluyendo en la estructura colectiva del sistema sanitario a través de impuestos o cuotas mensuales más elevadas. El doctor Michael Hammond, primer autor de la investigación y residente de medicina interna en el Centro Médico McGaw de la Universidad Northwestern, advierte de que las consecuencias de esta escalada terminarán afectando a toda la sociedad, independientemente de si consumen o no estos tratamientos. «Los elevados costes totales de los fármacos GLP-1 podrían acabar provocando un aumento de los impuestos y un incremento en las primas de los seguros médicos, tanto para las personas que toman estos medicamentos como para las que no», explica Hammond. El investigador recalca que el hallazgo sitúa en el punto de mira la sostenibilidad a largo plazo de unos tratamientos diseñados para tomarse de forma continuada durante años o incluso décadas. La popularidad de estos fármacos ha creado un debate sobre la viabilidad de su cobertura. En sistemas de salud mixtos o privados como el estadounidense, las aseguradoras y las empresas que ofrecen cobertura médica a sus empleados están empezando a aplicar medidas drásticas para frenar la sangría de recursos que suponen estas recetas mensuales, que a menudo superan los mil dólares por paciente . Las consecuencias de esta presión presupuestaria ya se están dejando sentir en diferentes niveles de la administración y el sector asegurador, que buscan limitar las condiciones de acceso o exigir requisitos más estrictos a los médicos antes de autorizar el tratamiento. La doctora Xiaoning Huang , profesora de medicina en la división de cardiología de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern y autora principal del trabajo, señala que el impacto ya está rebotando directamente sobre los ciudadanos. «Por el lado comercial, empleadores y aseguradoras que se enfrentan a un mayor gasto en medicamentos tienden a trasladarlo en forma de primas más altas o normas más estrictas de acceso», detalla Huang. En el ámbito público, añade la investigadora, «esto se traduce en un mayor gasto de programas estatales financiados por los contribuyentes, lo que ya ha llevado a algunos programas a retirar la cobertura debido a la presión presupuestaria». Según Huang, de una u otra forma, el coste final acaba recayendo sobre los contribuyentes y sobre aquellos pacientes que, de repente, se ven perdiendo su cobertura o se topan con trabas burocráticas insalvables para continuar su terapia.
  • La dieta cetogénica o keto es uno de los planes estrella de alimentación para adelgazar de forma rápida, más allá de los fármacos como Ozempic . Este régimen induce una pérdida rápida de peso a costa de reducir al máximo los hidratos de carbono (menos de 50 gramos al día). Es decir, se evitan los cereales (pan, pasta, arroz, harinas, maíz), patatas, legumbres, alcohol, azúcar, bebidas azucaradas, dulces o miel. Las frutas también están eliminadas en las primeras fases de la dieta (solo las bayas tipo fresas o arándanos estarían permitidas en pequeñas cantidades) y en las siguientes fases se van reintroduciendo. Se apuesta todo a las proteínas y las grasas. Esta forma de comer obliga al cuerpo a quemar grasa como combustible en lugar de azúcar. El mecanismo es sencillo. Los hidratos son la fuente de energía del organismo. Si no consumes los suficientes, el cuerpo tiene que buscar otro combustible y, en este caso, tira de las grasas almacenadas. Durante este proceso de combustión de lípidos se producen cuerpos cetónicos. Éstos también se generan cuando las personas ayunan o siguen dietas muy bajas en calorías. En los últimos años, los científicos han estado explorando cómo este tipo de dieta podría influir en otros aspectos de salud y en las enfermedades, incluido el cáncer. Si bien algunas investigaciones han demostrado que este régimen puede proteger contra el desarrollo de cáncer de colon, un nuevo estudio realizado por investigadores del MIT sugiere que, en el intestino delgado, una dieta cetogénica podría aumentar el riesgo de cáncer. Los resultados se publican en 'Nature'. «Las dietas cetogénicas tienen efectos distintos en diferentes tejidos, incluso dentro del tracto gastrointestinal. Creo que el mensaje aquí es que debemos ser muy cuidadosos al generalizar los efectos que estas dietas pueden tener, porque lo que puede ser beneficioso para un tejido puede ser perjudicial para otro », afirma Omer Yilmaz, director de la Iniciativa de Células Madre del MIT, profesor asociado de biología y miembro del Instituto Koch para la Investigación Integrativa del Cáncer del mismo centro. Otro estudio publicado en 'Nature' en 2022 sugirió que las dietas cetogénicas tienen un efecto protector contra el cáncer de colon y que el BHB —el cuerpo cetónico más abundante— es el responsable de este efecto. En el nuevo estudio, el equipo del MIT quiso explorar si podrían tener un efecto protector similar en el intestino delgado. Los investigadores alimentaron a ratones genéticamente predispuestos a desarrollar cáncer intestinal con una dieta cetogénica, una dieta de control o una dieta alta en grasas y calorías. Descubrieron que los ratones con dieta cetogénica tenían mayor probabilidad de desarrollar tumores en el intestino delgado que aquellos con dieta de control. Si bien no llegaron a tener obesidad, los ratones con dieta cetogénica desarrollaron tumores a tasas similares o incluso superiores a las de los ratones con dieta obesogénica alta en grasas y calorías. Estudios adicionales revelaron que los cuerpos cetónicos no desempeñaban ningún papel en el cáncer . El crecimiento tumoral tenía que ver con la forma en que las células intestinales metabolizan la grasa de la dieta para obtener energía, una vía metabólica denominada oxidación de ácidos grasos. Esta forma activa una familia de proteínas llamadas PPAR, que indican a las células madre que se multipliquen más rápidamente, aumentando así la probabilidad de que algunas se vuelvan cancerosas. Esta proliferación de células madre puede ser beneficiosa en ciertas situaciones, como cuando es necesario reparar la mucosa intestinal tras una enfermedad o lesión. Sin embargo, una proliferación excesiva puede predisponer a las células a volverse malignas. «Tener más células madre significa que, cuando se lesiona el intestino delgado, este puede repararse mejor, pero la desventaja es que tener más células madre activas puede provocar la formación de tumores», asegura Yilmaz. Sorprendentemente, la misma dieta cetogénica que promovía tumores en el intestino delgado tuvo el efecto contrario en el colon. Los investigadores descubrieron, al igual que en el estudio publicado en 'Nature' en 2022, que este plan de alimentción suprimía el desarrollo de tumores de colon. Sin embargo, los nuevos hallazgos sugieren que los cuerpos cetónicos no son responsables de este efecto protector. «Dado el gran interés que han despertado los cuerpos cetónicos como el BHB, tanto por su relevancia comercial en el ámbito de la salud como por estudios recientes de gran repercusión que sugieren que el BHB suprime el cáncer de colon, esperábamos que fueran los responsables directos. Sin embargo, nuestros experimentos con ratones modificados genéticamente revelaron que estas moléculas son, en esencia, meros espectadores metabólicos. La verdadera sorpresa reside en que la aceleración tumoral se debe enteramente a cómo las células madre procesan y metabolizan la gran cantidad de grasa dietética», señala Yilmaz. Los investigadores quieren ahora profundizar en el estudio de por qué las dietas cetogénicas tienen efectos tan diferentes en el colon y el intestino delgado.
  • Todos mentimos alguna vez: para evitar un conflicto, proteger nuestra intimidad, quedar bien o para escapar de una situación incómoda. Pero, ¿qué ocurre cuando la mentira se convierte en un patrón repetido que deteriora las relaciones y genera una realidad difícil de sostener? Aunque el término 'mentiroso compulsivo' lo usamos con frecuencia en nuestro día a día, no se corresponde con un diagnóstico propio de la Psiquiatría. «Desde un punto de vista clínico, es preferible hablar de conductas de mentira o de engaño, no de una enfermedad llamada 'ser mentiroso'. La mentira es una conducta humana. Puede ser puntual, social, defensiva, interesada o manipuladora. Sólo en situaciones muy concretas puede formar parte de un cuadro clínico más amplio, pero mentir mucho no convierte automáticamente a alguien en paciente psiquiátrico», subraya el doctor Sergio Benavente , jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica del Hospital Universitario Infanta Elena . Comenta, por ejemplo, que en determinados perfiles de personalidad, como aquellos con rasgos antisociales o narcisistas marcados, la mentira puede aparecer como una herramienta para obtener beneficio, evitar consecuencias, proyectar una imagen idealizada, manipular o mantener poder y control sobre los demás, algo que puede ser especialmente dañino porque puede generar culpa, sometimiento y relaciones de dependencia. Así, el doctor Benavente, explica que, en líneas generales, y detrás de las mentiras persistentes puede haber desde conductas aprendidas o estrategias para evitar consecuencias, hasta la presencia de otros problemas psicológicos. «Lo más riguroso es decir que la mentira puede aparecer en contextos muy distintos, como conducta social aprendida, como estrategia para evitar consecuencias, como forma de manipulación o dentro de algunos trastornos concretos. Pero la mentira, por sí sola, no diagnostica nada», reitera. Reconoce, además, que la mentira puede cumplir muchas funciones, entre ellas proteger la autoestima, evitar la vergüenza, conseguir atención, evitar un conflicto, mantener una imagen idealizada o influir en la conducta de los demás; si bien afirma que el hecho de que una mentira tenga una función emocional no la justifica. «Entender por qué alguien miente no significa disculpar el daño que produce. En clínica intentamos comprender las conductas humanas, pero comprender no equivale a justificar», asegura el doctor Benavente. En este contexto, este experto reseña que la mentira, con frecuencia, si es una estrategia que funciona para lograr los objetivos antes descritos puede repetirse y consolidarse. Eso sí, precisa este psiquiatra que sólo hablaríamos de patología cuando la mentira se integra dentro de un cuadro clínico más amplio, con otros síntomas, deterioro significativo y una evaluación profesional rigurosa. En este sentido, y más que hablar de «síntomas», tal y como puntualiza, se debería hablar de 'patrones de conducta', ya que puede haber mentiras frecuentes, contradicciones repetidas, relatos cambiantes, exageraciones, ocultación de información o distorsión de los hechos. «A veces las mentiras buscan evitar responsabilidades y otras obtener admiración, controlar una situación o proteger una imagen personal. Pero es importante no patologizarlo automáticamente. Una persona que miente de forma reiterada puede estar actuando de manera deliberada. Que una conducta sea dañina, persistente o moralmente reprobable no significa necesariamente que sea una enfermedad», agrega. De hecho, admite el jefe del Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica del Hospital Universitario Infanta Elena que la persona es consciente de que miente todo el tiempo en la mayor parte de los casos. No obstante, sí precisa que, «en algunos casos raros» la frontera entre la fantasía, el deseo y la realidad puede volverse más confusa. «Pero estos casos son excepcionales y muy infrecuentes y no deben utilizarse para explicar cualquier conducta mentirosa. La mayoría de las mentiras, incluidas muchas mentiras repetidas, son conductas conscientes. En la pseudología fantástica se han descrito mentiras elaboradas sin una ganancia externa evidente. Pero en la vida cotidiana la mayoría de las mentiras sí tienen una función, aunque sea emocional o social. No ver el beneficio no significa que no exista, e insisto en que la pseudología fantástica es una condición clínica discutida y muy infrecuente», insiste. Aquí descarta que un 'mentiroso compulsivo' acabe creyendo sus propias mentiras, aunque sí reconoce que algunas personas sostienen tanto una versión falsa de los hechos que acaban defendiéndola con enorme convicción, aunque precisa que eso no significa que todas crean sus mentiras. «Muchas personas saben perfectamente que están mintiendo. En algunos fenómenos clínicos muy raros puede haber una mezcla más compleja entre fantasía, identidad y relato personal, rozando la sintomatología psicótica. Pero, de nuevo, hay que evitar una idea peligrosa y es pensar que todo mentiroso 'se cree sus mentiras'. Muchas veces sabe lo que hace», insiste este psiquiatra. En última instancia, el doctor Benavente pone sobre la mesa uno de los principales impactos que puede tener el mentir de forma constante a otros, «un impacto muy destructivo», donde la mentira erosiona la confianza de la relación, de forma que, según prosigue, la persona engañada empieza a dudar de los hechos, de su propio criterio, y de la seguridad del vínculo. «Esto puede generar ansiedad, enfado, distancia emocional, rupturas, y aislamiento. Además, cuando la mentira se usa para manipular o controlar, el daño no es sólo interpersonal, sino que puede convertirse en una forma de abuso psicológico. Por eso hay que ser muy cuidadosos con no suavizar la mentira bajo un lenguaje excesivamente clínico», añade este psiquiatra. Dice en última instancia que este fenómeno puede trabajarse en terapia si la persona reconoce el problema y quiere cambiarlo, pero que no se «trata al mentiroso» como si ser mentiroso fuera una enfermedad, sino que se trabajan aspectos concretos como la impulsividad, la evitación, la vergüenza, la necesidad de aprobación, la baja autoestima, o los patrones de manipulación. «Tenemos que recordar que la mentira puede estudiarse desde la psiquiatría y la psicología, pero no debe medicalizarse sin más. Mentir no es un diagnóstico, y comprender los mecanismos de la mentira nunca debe servir para justificarla ni para quitar responsabilidad a quien engaña deliberadamente», concluye.
  • El día en que un familiar pasa a ser dependiente por la edad, un accidente o una enfermedad crónica, la vida da un vuelco absoluto. De la noche a la mañana, el tiempo se fragmenta y surge una pregunta que planea sobre miles de hogares: ¿cómo voy a compaginar mi trabajo con la atención que mi madre, pareja o hijo necesita ahora? La sensación de soledad y desamparo ante el mundo laboral puede ser abrumadora, pero la legislación contempla mecanismos específicos para que el empleo no sea otra víctima de la enfermedad. Saber qué derechos nos asisten es el primer paso para aliviar una carga ya de por sí sumamente pesada y aprender a gestionar el día a día del cuidador sin renunciar a todo lo demás. A raíz de la iniciativa ABC Cuidamos Contigo , el equipo creado por la Fundación Fernando Pombo y Gómez-Acebo & Pombo para este proyecto aborda los derechos laborales que genera una persona cuando es cuidador no profesional . Para comprender este complejo mapa legal y rebajar la angustia que provoca la incertidumbre, lo primero que debemos hacer es separar dos realidades muy distintas que a menudo se confunden en el entorno familiar. Por un lado, encontramos a los cuidadores no profesionales que se dedican en exclusividad a atender a su familiar. Estos se situarían en el marco del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia. En este caso concreto, no existe una relación laboral con una empresa ni se aplica el Estatuto de los Trabajadores, sino que la situación está vinculada a una prestación económica específica por cuidar en el entorno familiar. «Sin embargo, esto no significa que queden desprotegidos ante el futuro, ya que el sistema les permite suscribir un convenio especial de la Seguridad Social cuyas cotizaciones asume directamente el Estado, garantizando así que ese tiempo dedicado al cuidado compute para su futura jubilación», señala Rodrigo Falero Cruces, abogado del área de laboral de Gómez-Acebo & Pombo y colaborador pro bono de la Fundación Fernando Pombo. Por otro lado, se sitúa la situación más común y difícil: la de aquellos trabajadores que mantienen su empleo en una empresa pero que, a la vez, deben cuidar de un ser querido. Es aquí donde la ley se convierte en un aliado indispensable , desplegando una serie de herramientas de conciliación que se adaptan a las necesidades de cada hogar. Para facilitar la conciliación existen dos vías distintas. La primera herramienta es la reducción de jornada , que permite al empleado disminuir su tiempo de trabajo —con la correspondiente reducción proporcional del salario—, cuando tenga a su cuidado directo a un menor de doce años, a una persona con discapacidad que no trabaje o a un familiar de hasta segundo grado que no pueda valerse por sí mismo y no desempeñe actividad retribuida. En estos casos el Estatuto ampara este derecho frente a decisiones arbitrarias y, además, protege especialmente al trabajador al declarar nulo cualquier despido motivado por haber pedido esta reducción. «Todo esto salvo que la empresa acredite que esa decisión responde a causas reales, objetivas y totalmente ajenas a dicha solicitud o ejercicio», puntualiza este abogado. Sin embargo, a veces el problema principal no es la cantidad de horas, sino cómo se distribuyen a lo largo del día. Para ello se puede recurrir a la segunda herramienta: la adaptación de jornada . Esta medida no supone necesariamente trabajar menos ni reducir salario. Puede consistir, por ejemplo, en cambios de horario, una distribución distinta de la jornada, flexibilidad horaria, modificación de turnos o trabajo a distancia. A diferencia de la reducción, la adaptación de la jornada no es un derecho automático, pero sí obliga a la empresa a abrir un proceso de negociación de buena fe para valorar las distintas fórmulas. «La persona trabajadora debe formular una solicitud concreta y razonada, explicando la necesidad de conciliación, y la empresa debe analizarla ponderando las necesidades familiares que se han alegado frente a sus propias razones organizativas», señala Falero, recordando la importancia de justificar bien cada paso. Para contextos extraordinarios y de corta duración, como casos de accidente o enfermedad grave, hospitalización o incluso intervención quirúrgica sin hospitalización pero con reposo domiciliario, el Estatuto de los Trabajadores contempla un permiso retribuido de cinco días . El empleado lo puede solicitar si necesita prestar cuidados a su cónyuge o pareja de hecho, también a familiares hasta el segundo grado por consanguinidad o afinidad o a cualquier otra persona con la que conviva. A esto se le suma el permiso por causa de fuerza mayor , que permite ausentarse del trabajo por motivos familiares urgentes. Este permiso está pensado para situaciones imprevistas y de corta duración. Debe comunicarse a la empresa tan pronto como sea posible y justificarse posteriormente, teniendo carácter retribuido hasta el límite legal de cuatro días al año. Por otro lado, aunque no se trata de un permiso retribuido, otra medida relevante que amplía las opciones de conciliación en el entorno del hogar es el permiso parental . Está pensado para el cuidado de hijos menores de ocho años, aunque actualmente no es retribuido, y es un permiso de hasta ocho semanas. Puede disfrutarse de forma continua o discontinua, a tiempo completo o parcial, y debe comunicarse a la empresa con la antelación establecida legal o por convenio, concretando la fecha de inicio y fin del disfrute. La enfermedad, lamentablemente, no avisa y las crisis de salud requieren una presencia inmediata. Para responder a estos imprevistos graves, la legislación actual recoge un permiso retribuido de cinco días en casos de accidente, enfermedad grave u hospitalización que requieran reposo domiciliario. A este alivio se suma el permiso por causa de fuerza mayor, diseñado precisamente para situaciones urgentes donde la presencia del cuidador en casa es totalmente indispensable. Este permiso permite ausentarse del puesto de trabajo de manera retribuida hasta un límite de cuatro días al año. Cuando la situación familiar exige una dedicación más intensa y sostenida en el tiempo, la persona trabajadora puede solicitar una excedencia por cuidado de familiares . Esta medida permite suspender temporalmente la relación laboral durante un periodo máximo de dos años, salvo que el convenio colectivo prevea una duración superior. Durante este tiempo no se percibe salario, pero el periodo computa a efectos de antigüedad. El gran respiro para el cuidador es que, durante el primer año, conserva derechos de reserva , es decir, podría regresar a su puesto de trabajo exacto. Transcurrido ese tiempo, la reserva se mantiene, si bien queda referida a un puesto del mismo grupo profesional o a una categoría equivalente. En todo caso, el Estatuto de los Trabajadores marca siempre los mínimos que se deben respetar, pero los especialistas recuerdan que es de vital importancia revisar el convenio colectivo de cada sector. Muy a menudo, la negociación colectiva mejora estos derechos , ampliando los días de los permisos o flexibilizando las excedencias para asegurar que cuidar a quienes más queremos no se convierta en una cuerda floja laboral.
  • La preocupación por la invasión de los microplásticos se ha centrado principalmente en los océanos, los estómagos de la fauna marina o la degradación de los ecosistemas. Sin embargo, el vertedero más problemático para estos productos puede estar mucho más cerca de lo que pensábamos: en nuestro propio torrente sanguíneo. Un nuevo estudio internacional publicado en la revista ' European Heart Journal ' acaba de revelar que las personas que sufren un infarto agudo de miocardio presentan niveles significativamente más altos de micro y nanoplásticos en la sangre que suministra directamente al corazón, en comparación con pacientes sanos o con dolencias crónicas estables. El hallazgo, liderado por científicos de las universidades de Roma, Verona y Campania en Italia, supone un salto cualitativo en la comprensión de cómo los contaminantes ambientales afectan a nuestra salud cardiovascular. Ya no se trata solo de que estas partículas microscópicas —fruto de la degradación de envases, ropa y neumáticos— viajen por nuestro cuerpo; la investigación demuestra una asociación directa entre la acumulación de estos materiales en la circulación coronaria y la aparición de eventos cardíacos graves. Pasquale Paolisso, investigador en el Hospital Sant'Andrea de la Universidad Sapienza de Roma y primer autor del trabajo, explica la relevancia de este mapa de circulación interna. «Los micro y nanoplásticos se encuentran prácticamente en todas partes, en el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que consumimos», detalla. «Sin embargo, sabíamos muy poco sobre si estas partículas estaban presentes en la circulación coronaria o si factores como el tabaco y la contaminación influían en su presencia». Para responder a esto, el equipo analizó las muestras biológicas de 61 pacientes clasificados según su gravedad cardiovascular. Los resultados del análisis microscópico arrojaron una brecha abrumadora entre perfiles de pacientes. Entre aquellos que habían ingresado en el hospital sufriendo un infarto agudo, los micro y nanoplásticos se detectaron en el 84% de los casos. Por el contrario, la cifra caía al 40% en los pacientes diagnosticados con enfermedad isquémica crónica y a apenas un 32% en las personas que mantenían arterias coronarias completamente sanas. Además, la variedad de polímeros hallados en los infartados era mucho mayor, con una clara presencia del polietileno, el plástico estrella de la industria del embalaje y los productos de consumo diario. ¿Cómo consiguen estas partículas plásticas colonizar las arterias del corazón con tanta eficacia en unos pacientes y no en otros? Los investigadores descubrieron que el estilo de vida y el código postal juegan un papel definitivo. El análisis estadístico desveló que los fumadores tenían hasta seis veces más probabilidades de albergar microplásticos en su torrente sanguíneo que los no fumadores. Asimismo, vivir en zonas expuestas a concentraciones elevadas de contaminación ambiental por partículas finas (PM2.5) correlacionaba de forma directa con un corazón más «plastificado». El profesor Emanuele Barbato, director de la Unidad de Cardiología del Hospital Sant'Andrea de Roma y coautor de la investigación, aporta la hipótesis que explica esta peligrosa sinergia. «Nuestros hallazgos sugieren que el tabaquismo podría dañar el tejido pulmonar facilitando que los micro y nanoplásticos atraviesen la barrera respiratoria y entren con mayor facilidad en la corriente sanguínea a través de los pulmones», sostiene Barbato. La contaminación del aire de las ciudades actuaría utilizando exactamente el mismo mecanismo de demolición de nuestras defensas naturales. La combinación de ambos factores resulta letal: el cien por cien de los pacientes que eran fumadores y que, a la vez, residían en entornos con alta contaminación del aire presentaban plásticos en su sangre coronaria . En el extremo opuesto, entre quienes esquivaban el humo del tabaco y la polución urbana, solo un 12.5% daba positivo en presencia de estos materiales. Pese a la contundencia de los datos, el equipo médico insiste en mantener la cautela. «Estos resultados no prueban de forma matemática que los microplásticos causen un infarto de manera directa, pero revelan una asociación fortísima que no podemos ignorar», matiza el profesor Barbato. El impacto del hallazgo va más allá de la mera presencia de un cuerpo extraño en las arterias. En un editorial que acompaña a la publicación del estudio, el profesor Andreas Daiber, del Centro Médico Universitario Johannes Gutenberg de Mainz (Alemania), señala el verdadero peligro de esta invasión silenciosa. Según Daiber, los datos apuntan a que estas concentraciones elevadas de plásticos coinciden con un repunte severo de marcadores inflamatorios en el organismo, como el factor de necrosis tumoral alfa y la interleucina-6. Al igual que ocurre con la grasa visceral acumulada en la cintura , las partículas de plástico atrapadas en los vasos sanguíneos parecen comportarse como un agente irritante constante, una «fábrica» de inflamación sistémica. Esta respuesta inflamatoria debilita las paredes internas de los vasos, favorece el estrés oxidativo y propicia la disfunción endotelial, que es el paso previo a que una placa de ateroma se rompa y tapone la arteria, desencadenando el infarto. La salud de nuestro corazón ya no depende exclusivamente del colesterol o la tensión; ahora también se mide en el plástico que inunda nuestros pulmones.
  • Durante el último año, la popularidad de los fármacos agonistas del receptor de GLP-1 —conocidos en las farmacias por nombres comerciales como Ozempic o Wegovy— ha venido acompañada de un minucioso escrutinio sobre sus posibles efectos secundarios. Entre las alertas más llamativas surgidas recientemente se encontraba la sospecha de que estos medicamentos podían estar vinculados a la neuropatía óptica isquémica , una enfermedad poco frecuente pero grave en la que el flujo sanguíneo hacia el nervio óptico se interrumpe, provocando una pérdida súbita e irreversible de la visión en un ojo. Esta semana, dos estudios internacionales publicados de forma independiente en la revista ' Annals of Internal Medicine ' aportan ahora la dosis de contexto necesaria para interpretar esta alarmante noticia. Las investigaciones, lideradas desde la Universidad de Rutgers (Estados Unidos) y en el Instituto Karolinska (Suecia), coinciden en sus conclusiones fundamentales . Existe, en efecto, una asociación estadística que vincula a los fármacos GLP-1 con un riesgo ligeramente mayor de sufrir este tipo de infarto ocular si se comparan con otros tratamientos tradicionales para la diabetes. Sin embargo, ambos equipos insisten en un matiz crucial que a menudo se pierde en los titulares, y es que el riesgo absoluto para los pacientes sigue siendo extraordinariamente bajo , situándose muy por debajo de un caso por cada mil personas. Para llegar a estas conclusiones, los científicos recurrieron a la epidemiología de precisión, analizando historiales médicos reales a través de metodologías que simulan ensayos clínicos a gran escala. En el caso estadounidense , el equipo de investigadores de la Universidad de Rutgers, dirigidos por Chintan Dave, rastreó las reclamaciones de seguros médicos de miles de adultos de entre 18 y 65 años con diabetes tipo 2 diagnosticada entre los años 2017 y 2022. El objetivo era medir cuántos de ellos desarrollaban la patología ocular tras iniciar el tratamiento con GLP-1 frente a los que tomaban otras familias de fármacos. Tras un seguimiento minucioso de 18 meses, los números hablaron con claridad en las pantallas de los ordenadores. La incidencia de la neuropatía óptica isquémica afectó a menos de uno de cada mil pacientes en todos los grupos de estudio. Aunque las tasas fueron sutilmente más elevadas en el grupo que consumía los nuevos fármacos de moda, la rareza de la afección disipa cualquier motivo de alarma generalizada en las consultas de endocrinología. El análisis norteamericano aconseja interpretar estos datos con suma prudencia. En las conclusiones del trabajo, los autores advierten de que, si bien se observa esta correlación estadística , el riesgo absoluto continúa siendo muy bajo. Además, los investigadores apuntan a que estos resultados podrían no deberse a un efecto biológico directo de la medicación en sí, sino reflejar en parte las diferencias en el estado de salud previo de los propios pacientes que reciben un tratamiento u otro. Al otro lado del Atlántico, el equipo del Instituto Karolinska decidió validar estas sospechas utilizando los exhaustivos registros sanitarios nacionales de Suecia, diseñando un estudio de cohorte que emula un ensayo clínico. El grupo de trabajo, que cuenta con el epidemiólogo Peter Ueda como autor principal, abarcó una muestra de pacientes de entre 35 y 84 años diagnosticados con diabetes tipo 2 a los que se realizó un seguimiento entre los años 2013 y 2024. Su análisis comparó directamente la evolución de 107.518 personas que iniciaron terapias con GLP-1 contra 185.898 pacientes que optaron por otros fármacos, como los inhibidores de SGLT-2 o la metformina. Los resultados suecos replicaron con precisión matemática el escenario norteamericano. Al cabo de un año de tratamiento, el riesgo de sufrir neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica fue del 0,04% para el grupo de GLP-1 frente al 0,02% detectado en el grupo de comparación. Si bien estadísticamente el riesgo relativo se duplica, en la práctica un 0,04% se traduce en un evento anecdótico en el día a día clínico.
  • Ponerse enfermo y conseguir una cita con el médico de familia en menos de 24 horas es una misión complicada en la sanidad española. La primera oleada del Barómetro Sanitario 2026, elaborado por el Ministerio de Sanidad en colaboración con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), refleja el alto nivel de utilización de los servicios sanitarios públicos por parte de la población adulta en España, con el centro de salud como puerta de entrada principal al sistema. El 83,9% de las personas de 18 y más años acudió a un médico de atención primaria en el último año (el 94,7% fueron atendidas en la sanidad pública y el 5,3% por un médico privado), el 57,4% consultó a un especialista del ámbito hospitalario y el 13,5% estuvo ingresado en un hospital, según la encuesta. Pero solo el 21,8% de los pacientes fueron atendidos por su médico de familia el mismo día o al día siguiente de pedir cita. El 71,2% asegura haber tenido que esperar más de un día porque no había cita disponible antes, con una espera media de 10,27 días. En cualquier caso, el 84% de los usuarios de la atención primaria pública valoran positivamente el trato recibido. Los aspectos mejor puntuados son la confianza y seguridad que transmite el personal de enfermería, con 8,16 puntos sobre 10, y el personal médico, con 7,98 puntos. El 22,4% de las personas entrevistadas dispone de un seguro médico privado contratado por ellos o alguna persona de su familia, y el 7,1% un seguro médico contratado por su empresa. Pero seis de cada diez de ellos creen que, en caso de tener un problema de salud grave, la sanidad pública les puede proporcionar un mejor tratamiento. Estos son los resultados de primera oleada, con 2.602 entrevistas realizadas en marzo de 2026. Son provisionales puesto que el Barómetro Sanitario tiene previstas tres oleadas para completar la muestra representativa del estudio. La valoración definitiva de la ciudadanía sobre el funcionamiento de los servicios sanitarios se conocerá cuando concluya el conjunto del trabajo de campo y se complete la recogida de encuestas. Poco más de la mitad de la población adulta (57,4%) consultó a un especialista del ámbito hospitalario en los últimos doce meses. En la mayoría de los casos (81,7%), la atención se produjo en la sanidad pública. Ocho de cada diez personas usuarias valora positivamente la atención especializada. Entre los aspectos mejor valorados destacan la información recibida sobre el problema de salud y la confianza y seguridad transmitida por el personal médico. En cuanto a la hospitalización, el 13,5% de los encuestados afirma haber estado ingresado en el último año. En la gran mayoría de los casos (82,3%), el ingreso se produjo en un hospital público. Casi la mitad de los ingresos fueron programados para una cirugía o prueba diagnóstica, el 45,8% se debieron a una enfermedad o problema de salud urgente y el 4,4% a un parto. La hospitalización en centros públicos es el servicio mejor valorado entre los pacientes: el 88,3% destaca la atención recibida durante el ingreso. En concreto, los cuidados de enfermería y medicina obtienen puntuaciones de notable (8,45 y 8,41 sobre 10, respectivamente). Un poco más de la mitad de la población (53,5%) valora positivamente el funcionamiento del sistema sanitario en España. Solo uno de cada diez (12,4%) considera que funciona bastante bien, el 41,1% que funciona bien, aunque son necesarios algunos cambios, el 24,9% opina que, aunque algunas cosas funcionan, necesita cambios fundamentales; y un 20,6% opina que el sistema sanitario necesita cambios profundos. La satisfacción media con el sistema sanitario público se sitúa en 6,16 puntos sobre 10. Entre los servicios mejor valorados se encuentran las urgencias del 061/112, con 7,38 puntos, y la asistencia a pacientes ingresados en hospitales públicos, con 7,13 puntos. En el caso de las urgencias, la mitad de la población (53,1%) refiere haber acudido a algún servicio de este tipo en el último año y el 93% fue atendido en la sanidad pública. En conjunto, los servicios de urgencias del SNS reciben una valoración positiva del 74,2% de las personas que los utilizaron. Los servicios con valoraciones más bajas son las urgencias en hospitales públicos (6 sobre 10) y las consultas de atención especializada (5,8 sobre 10). El Barómetro también recoge que el 18,2% de las personas entrevistadas tuvo necesidad de consultar a un profesional sanitario por un problema de salud mental o malestar psicológico o emocional en el último año. Entre quienes fueron atendidos por la sanidad pública, el 43,1% lo hizo principalmente por su médico de familia, el 31% por psiquiatría y el 16,9% por psicología. En pruebas diagnósticas, el 19,2% de los encuestados asegura haberse realizado una ecografía en los últimos doce meses, el 14,1% un TAC, el 14% una resonancia y el 4,8% una colonoscopia. Ésta última es la prueba con mayor tiempo medio de espera reportado, con 129 días. El menor tiempo medio de espera (65 días) lo reportan quienes se habían hecho una ecografía. El porcentaje de personas a quienes les realizaron las pruebas en menos de un mes tras la indicación médica fue de 56,2% en el caso de las ecografías, 54,6% en el TAC, 50,5% en las resonancias y de 47,3% en las colonoscopias. Casi cuatro de cada diez entrevistados opina que el problema de las listas de espera ha empeorado, el 43,1% que sigue igual, y solo un 10% opina que ha mejorado. Los resultados muestran que los tiempos de espera son percibidos como poco o nada aceptables por una proporción mayoritaria de la población en todos los niveles asistenciales, especialmente en las consultas de especialistas (69,4%) y en las pruebas diagnósticas (62,4%). La intervención quirúrgica programada presenta también una valoración mayoritariamente negativa (55,4%), mientras que la atención primaria registra una percepción más equilibrada, con una mayor proporción de valoraciones positivas (46,1%), aunque con niveles aún relevantes de insatisfacción (48,0%). Predomina la percepción de que las autoridades sanitarias no están llevando a cabo acciones suficientes para mejorar los tiempos de espera en todos los ámbitos analizados, con porcentajes de respuesta negativa que superan el 50% en todos los casos y alcanzan su valor más alto en las consultas de especialistas (59,0%). La encuesta incorpora también datos sobre el conocimiento y uso de tecnologías sanitarias. Cuatro de cada diez personas ha accedido a su historia clínica electrónica de la sanidad pública, mientras que el 63,1% sabe que puede retirar medicamentos recetados por la sanidad pública fuera de su comunidad autónoma gracias a la receta electrónica interoperable. Por primera vez, el Barómetro explora el grado de alfabetización sanitaria de la población. Los resultados muestran una elevada facilidad declarada para seguir los consejos de profesionales sanitarios, con un 94,4% de respuestas «fácil» o «muy fácil», aunque casi la mitad de la población (48,8%) identifica dificultades para encontrar información sobre salud mental.
  • Carlos Rodríguez-Galindo (Reus, 1962) siguió la tradición familiar. Su padre, sus tíos, sus abuelos..., todos eran médicos. Su destino estaba marcado y él no se resistió. «Era difícil hacerlo cuando veías a tanta gente a tu alrededor ayudando a los demás», recuerda en Madrid, invitado por la Fundación Aladina. No solo estudió Medicina. Decidió especializarse en Pediatría y en una rotación en el servicio de Oncología entendió cuál era su verdadera vocación: tratar la enfermedad que más sufrimiento causaba. Y quiso ser como otros oncólogos infantiles que, cuando terminaban su turno, se quedaban en el hospital vigilando a sus niños, inquietos por que la fiebre les subía o el tratamiento empezara a funcionar. «Les admiraba, pero en España no había posibilidad de formarse bien. O eras pediatra y aprendías sobre la marcha en oncología o te especializabas como oncólogo y tratabas de adaptarte a los pacientes infantiles». Así que Rodríguez-Galindo puso rumbo a Estados Unidos. Se fue por un año y ya lleva más de tres décadas al otro lado del Atlántico. En el hospital St. Jude (Memphis, Tennessee), la meca de la oncología infantil, emprendió una carrera imparable que le llevó a otros centros de prestigio: la Universidad de Harvard, el Instituto oncológico Dana-Farber, el Hospital Infantil de Boston y de vuelta al St. Jude, donde su agenda pasó a ser global. Allí todos los niños con cáncer del mundo se convirtieron en sus potenciales pacientes. Porque este médico de Reus lidera un proyecto internacional que procura avances para todos los niños con enfermedad oncológica. La Alianza Global del St. Jude que dirige trabaja en cien países con medio millar de instituciones donde tratan cada año a miles de niños. Su modelo consiste en procurar el mejor tratamiento, adaptado a los recursos de cada país y, cuando no es posible, facilitar su evacuación. Así ha salvado los últimos años a niños enfermos de Gaza y Ucrania, «con operaciones casi secretas» y la ayuda de gobiernos como el español. —El objetivo del St. Jude es que ningún niño con cáncer muera sin tratamiento. ¿Cómo se aborda esto desde un solo hospital? Parece una labor ingente. —El 86 % de los niños con cáncer se curan cuando hay un equipo médico, un diagnóstico y tratamientos de calidad. El problema es que más del 80% de los niños que desarrollarán un cáncer no viven en zonas con estos recursos. Cada año se detectan 400.000 casos en el mundo, 200.000 de estos niños fallecen casi tras el diagnóstico y de los otros 200.000 quizá solo la mitad de ellos sobreviven. Por eso es tan importante nuestra labor. En nuestro departamento de medicina pediátrica global intentamos a través de distintos métodos de investigación desarrollar soluciones, implementarlas y escalarlas. No estamos solos. Trabajamos con instituciones en cien países, además de agencias como la Organización Mundial de la Salud y Unicef. Hemos creado una comunidad, un ecosistema para generar evidencia científica, manejar guías de tratamiento, crear registros y dibujar bien el problema de cada zona. —Pero a un niño con cáncer en mitad de una guerra no le sirve mucho ese apoyo académico. —Tiene razón, pero entonces organizamos la evacuación. Hasta ahora más de 1.400 niños de Ucrania con cáncer se han trasladado a diferentes países de Europa, incluida España. Fue posible porque facilitamos la logística. No actuamos como Médicos Sin Fronteras, no ponemos ambulancias ni tenemos equipos sobre el terreno. Involucramos a oncólogos pediatras y a sus países. Ahora mismo estamos trabajando con pacientes de Gaza, acogidos por España e Italia. —A veces son operaciones casi secretas. —Sí, lo son, pero simplemente porque nadie quiere llamar la atención. En la región de Gaza todo es políticamente muy complicado. Pero hemos encontrado muy buena colaboración de todas las administraciones, tanto del Gobierno de Estados Unidos, como el israelí, Egipto o Jordania. —Y en países donde no hay guerras, ¿cómo ayudan? —Adaptamos las terapias a los recursos de la zona. Las guías que facilitamos están ajustadas a cualquier eventualidad. No importa que el médico esté en Bombay o en Tanzania, pueden adaptar el tratamiento a los recursos que tengan en el hospital. Quizá no sea lo mejor que podría recibir ese niño, pero sí será una terapia basada en la evidencia y en el consenso médico. —Usted se fue de España por no poder formarse en oncología infantil y esa especialidad aún no existe. ¿Por qué es tan importante? —La formación en oncología infantil no se puede dejar al azar, a la voluntad del pediatra que quiere formarse en cáncer infantil. Aunque tengas médicos con mucha vocación y pasión, debes proporcionarles una estructura educacional. Deben aprender a ser buenos médicos, buenos psicólogos, buenos paliativistas, genetistas… Es un proceso formativo muy importante y la comunidad de oncología pediátrica aquí en España está muy interesada en que esto ocurra. —¿Tan diferente es el cáncer en los niños respecto al de los adultos? —Biológicamente son muy diferentes. Una especialización en oncología médica no te prepara para los tumores infantiles. Además el paciente y su contexto es muy distinto. Pueden ser niños de meses, de uno, dos o tres años... Debes afrontar una terapia para una enfermedad mortal en un cuerpo en desarrollo. Solemos decir que cuando un niño desarrolla cáncer, toda la familia enferma, por el impacto que genera. Son muy vulnerables, dependientes y esto golpea a la familia. —Una vez un colega suyo, experto en radioterapia, me decía que anímicamente un profesional soporta mejor ver estas enfermedades complejas en niños pequeños, más que en una madre joven. ¿Tiene usted esa misma experiencia? —Es curioso, pero muchas veces el servicio más alegre de un hospital es la unidad de oncología infantil. No quiero decir que las familias afectadas sean las más alegres, pero generalmente el ambiente que se crea alrededor de estos niños es único, el amor que les acompaña, los profesionales que los rodean, la manera que ellos también tienen de afrontar la adversidad. A quienes trabajamos en cáncer infantil esto nos hace más fuertes, no más vulnerables. —Si tuviera que elegir, preferiría a un oncólogo de adultos reciclado para tratar niños o a un pediatra que se especializa en oncología infantil? —Siempre a un pediatra que se recicla como oncólogo. —¿Por su mayor sensibilidad? —Sí. Lo importante es saber cómo manejar al paciente y a la familia, saber comunicar..., y eso que creo que los pediatras lo adquieren durante su formación. —¿Cómo ve el futuro del cáncer infantil? ¿Con esperanza? —El futuro es muy prometedor. Hemos avanzado tanto que ya estamos curando aproximadamente al 85 por ciento de los niños que enferman. —Ese porcentaje de curación es mayor que en adultos. —Es cierto, está por encima del 65% de los adultos, incluso con las terapias inmunológicas y terapias diana que han impactado sobre todo en la cronificación de tumores de adultos. La oncología infantil ha aprendido a manejar los tumores de los niños. Los que tratamos a los niños con cáncer hemos sido muy estrictos en aplicar la investigación a todas nuestras decisiones. Además, como el número de pacientes es más pequeño, trabajamos bien en grupos cooperativos para avanzar. Soy optimista y creo que las nuevas terapias van a seguir ayudando a mejorar nuestros resultados. Pero uno de los retos más importantes que tenemos es manejar bien a los supervivientes. Hay muchos problemas médicos, psicosociales, asociados a pacientes jóvenes y adultos que tuvieron un cáncer en su infancia. Se está creando una nueva enfermedad entre los supervivientes y éstos deberían tener un tratamiento preferencial en los sistemas sanitarios y en los seguros médicos.
  • Cuando los pacientes de la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa sufren un brote inflamatorio, los médicos recurren frecuentemente a los antibióticos para tratar de frenar a las bacterias que desencadenan la patología. El problema es que estos fármacos actúan como una bomba de racimo : destruyen tanto los microbios dañinos como las bacterias beneficiosas, agravando aún más el desequilibrio de la flora intestinal y dejando secuelas a largo plazo. Ahora, un innovador estudio internacional parece haber encontrado la clave para solucionar este dilema clínico mediante el uso de virus bacteriófagos o fagos, inocuos para el paciente ya que solo atacan a aquellas bacterias para las que están programados . La investigación, publicada en la revista 'Science Translational Medicine', revela cómo un fago específico llamado HER259 puede mitigar la severidad de la colitis al 'apagar' los factores de virulencia de la bacteria Escherichia coli adherente-invasiva (AIEC), un patógeno estrechamente ligado al desarrollo del Crohn. Lo fascinante de este enfoque es que el fago no busca la erradicación total del microbio , solo quiere desarmarlo. Al modificar su comportamiento, disminuye drásticamente la inflamación de la mucosa intestinal sin desestabilizar el frágil ecosistema del microbioma, un hito que abre la puerta a terapias personalizadas de precisión. La doctora argentina Elena Verdú, profesora del Instituto Farncombe de Investigación de Salud Digestiva de la Universidad de McMaster (Canadá) y coautora principal del trabajo, explica el cambio de paradigma que supone este avance. «Al reducir los mecanismos de virulencia bacteriana sin alterar sustancialmente el equilibrio microbiano, los tratamientos basados en fagos se alinean con las terapias microbianas personalizadas en las enfermedades inflamatorias intestinales», señala la investigadora. El hallazgo resulta crucial, ya que hasta ahora el éxito de la terapia con fagos se medía únicamente por su capacidad para eliminar por completo una población bacteriana, ignorando que la desaparición abrupta de un taxón puede empeorar un entorno intestinal ya de por sí dañado. Pese a sus éxitos documentados en el tratamiento de infecciones bacterianas que presentan resistencias antibióticas, la terapia fágica resulta controvertida por su origen biológico y no farmacológico. En muchos países se ofrece solo como uso compasivo; como informó ABC, en nuestro país la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, no autoriza su uso desde 2024 . Para descifrar el mecanismo subyacente, el equipo de científicos desarrolló complejos modelos de ratones gnotobióticos —animales con microbiotas controladas y definidas— para evaluar cepas de E. coli aisladas directamente de pacientes con Crohn. Descubrieron que el fago HER259 contrarresta la agresividad de la cepa NRG857c infectándola y forzando la inversión de un promotor genético llamado fimS hacia su posición de 'apagado'. Este interruptor genético regula la expresión de la proteína FimH, una especie de 'ancla' molecular que permite a la bacteria adherirse a las células epiteliales del intestino e invadir los tejidos profundos para desencadenar la tormenta inflamatoria . Al verse privadas de esta herramienta de anclaje por la presión del virus, las bacterias supervivientes pierden su capacidad de formar biopelículas (biofilms) defensivas y quedan confinadas a la superficie de la mucosa, perdiendo su potencial colitogénico. Los análisis inmunohistoquímicos confirmaron que, mientras en los sujetos de control la E. coli penetraba profundamente en la lámina propia del intestino causando estragos, en los ratones tratados con fagos el patógeno quedaba completamente neutralizado en la superficie luminal. Más allá de demostrar su eficacia de forma aislada, el estudio abordó uno de los grandes desafíos de la práctica clínica actual: el hecho de que las terapias farmacológicas convencionales para el Crohn, como los corticosteroides, suelen requerir dosis elevadas que acarrean severos efectos secundarios. Además, hasta la mitad de los pacientes experimentan una pérdida de respuesta terapéutica a los doce meses. En este sentido, los investigadores descubrieron que la administración del fago HER259 potencia sustancialmente la eficacia de dosis subterapéuticas de budesonida , un corticoide habitual para tratar la colitis moderada. Al combinar una dosis muy baja del fármaco con el tratamiento viral, los ratones mostraron mejoras clínicas e histológicas significativamente mayores que al aplicar cualquiera de las terapias por separado. Mediante análisis de cromatografía líquida de alta resolución (HPLC), el equipo demostró que este beneficio no se debe a que el fago altere el metabolismo del fármaco aumentando su disponibilidad en el lumen, sino a que la atenuación de la agresividad bacteriana devuelve al intestino un estado más permisivo para que el antiinflamatorio actúe con éxito. La relevancia traslacional de este mecanismo se confirmó al analizar muestras fecales humanas pertenecientes a la cohorte del estudio. Los científicos hallaron que los pacientes con enfermedad de Crohn activa presentaban ratios del interruptor fimS marcadamente más elevadas en comparación con aquellos en remisión clínica o voluntarios sanos. Este hallazgo sugiere que este marcador de virulencia bacteriana podría ser utilizado en el futuro como un biomarcador selectivo para identificar qué pacientes se beneficiarían más de una intervención dirigida a desarmar la bacteria. No obstante, los autores advierten de que el efecto terapéutico exige una constancia cronificada: tras suspender temporalmente el tratamiento con fagos en los modelos animales, el interruptor genético de la E. coli volvió a revertirse a su estado activado , lo que reactivó los síntomas de la colitis.

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